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Andrea Tornielli, "Hitler ordenó destruir el Vaticano y secuestrar a Pío XII", 27.VIII.01 PDF Imprimir E-Mail English Spanish
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Hitler ordenó destruir el Vaticano y secuestrar a Pío XII, en venganza por la ayuda que ofreció el Papa a los judíos.
RIMINI, 27 agosto 2001 (ZENIT.org).- El escritor e historiador italiano Andrea Tornielli, desvela en su nueva obra «Pío XII, el Papa de los judíos» las destructivas intenciones del líder nacionalsocialista, Adolf Hitler, que ordenó a sus subordinados arrasar «a sangre y fuego» el Vaticano y secuestrar y confinar al obispo de Roma y jefe de la Iglesia católica en algún lugar del Principado de Liechtenstein, donde permanecería retenido como rehén del ejército alemán.

Adolf Hitler ordenó en 1943 la destrucción del Vaticano y la deportación del papa Pío XII como represalia por la presunta ayuda del Pontífice a los judíos y por la oposición de la Iglesia al régimen nazi, según el historiador italiano Andrea Tornielli.

Tornielli explica en su libro, que acaba de salir a la venta en Italia, que el «Führer» montó en cólera tras la firma del armisticio entre el Gobierno italiano del mariscal Badoglio y los aliados el 8 de septiembre de 1943, y ordenó al cuerpo de élite de las SS arrasar «a sangre y fuego» la Santa Sede.

El líder nacionalsocialista habría dispuesto el traslado del Papa al principado de Liechtenstein, donde debería haber permanecido como rehén de los alemanes.

El plan no llegó a cumplirse gracias a la firme oposición del oficial que iba a dirigirlo: el general Karl Wolff, entonces comandante de las SS en Italia, quien logró disuadir a su superior.

El ex primer ministro italiano Giulio Andreotti ha defendido la validez de la tesis de Tornielli en una intervención que pronunció el pasado 22 de agosto en el «Mitin» del Movimiento católico «Comunión y Liberación», extendido por todo el mundo, que se concluyó este sábado en la localidad costera de Rimini, en el norte de Italia.

Andreotti defendió la figura de Pío XII y rechazó las críticas que recibió el Pontífice al final de la Segunda Guerra Mundial sobre su pasividad ante el holocausto judío realizado por los nazis.

«La hostilidad contra el papa Pacelli no se debió a su debilidad contra el nazismo, sino a su rechazo del comunismo», aseguró.

Los argumentos expuestos por Tornielli ya habían sido apuntados por historiadores y estudiosos en los últimos años, que citaban testimonios y documentos de la etapa de la ocupación nazi de Roma. Entre ellos figura Antonio Gaspari, autor de «Los judíos, Pío XII y la Leyenda Negra», en los que se narran testimonios de judíos que fueron salvados en Roma de la persecución nazi-fascista, gracias a la ayuda de hombres y mujeres de Iglesia, por petición misma del Papa.

Este libro sale a la luz cuando está en marcha el proceso de beatificación de Pío XII, rechazado por algunos sectores de la comunidad judía y por exponentes de derechas del actual Gobierno de Israel.

Eugenio Pacelli, Pío XII, falleció el 9 de octubre de 1958 en la residencia veraniega papal de Castel Gandolfo, tras diecinueve años de intenso pontificado.

Su acción concreta y eficaz a favor de los judíos salvó, directa e indirectamente, a 800.000 de ellos, según testimonio del investigador israelí Pinchas Lápide.

Lejos de tener afinidad con Hitler, como sugirió maliciosamente Rolf Hochhuth en su obra teatral «El Vicario», el Papa se vio implicado activamente en las conspiraciones de la resistencia alemana para derribar al tirano, como demuestran los documentos del Foreign Office británico acerca de la llamada «Schwarze Kapelle», a la que estaban vinculados el Almirante Canaris, el conde Von Stauffenberg y otras personalidades alemanas contrarias al Führer.

Pacelli había leído «Mein Kampf» y calibró en repetidas ocasiones el peligro de las doctrinas en este libro contenidas. No es extraño, pues, que fuera el autor intelectual de la encíclica contra el nazismo «Mit brennender Sorge», escrita por su predecesor, cuando él era secretario de Estado vaticano.


Zenit, ZS01082705, 27.VIII.01




Andrea Tornielli, «Pío XII. El Papa de los judíos», 30.V.01
Un libro publicado en Italia ofrece detalles inéditos

CIUDAD DEL VATICANO, 29 mayo 2001 (ZENIT.org).- Los silencios de Pío XII, ¿fueron simplemente silencios o más bien una manera de ayudar con más eficacia a los judíos? Es más, ¿se puede hablar realmente de silencios? A estas preguntas responde un nuevo libro publicado en Italia con algunas revelaciones inéditas.

«Pío XII. El Papa de los judíos» («Pio XII. Il Papa degli ebrei», editorial Piemme), escrito por el corresponsal en el Vaticano del diario milanés «Il Giornale», Andrea Tornielli, reconstruye con documentos que hasta ahora no habían sido publicados la polémica entorno al papa Eugenio Pacelli, quien en vida y tras su muerte recibió el reconocimiento unánime del mundo judío.

Desde los años sesenta, sin embargo, se ha puesto en discusión su figura con la obra teatral «El Vicario», en un primer momento, y, recientemente, con la publicación del libro del periodista británico John Cornwell, «El Papa de Hitler».

Pero, realmente, ¿se puede decir --como tratan de hacerlo sus acusadores-- que Pío XII fue en cierto sentido cómplice de la persecución nazi? ¿No fue más bien una estrategia para ayudar con más eficacia y libertad a los judíos perseguidos por los nazis, como el mismo Papa confió a don Pirro Scavizzi?

«Tras muchas lágrimas y muchas oraciones --dijo el Papa al capellán que recogía noticias sobre los perseguidos--, he considerado que mi protesta habría suscitado las iras más feroces contra los judíos y multiplicado los actos de crueldad, pues están indefensos. Quizá mi protesta me hubiera traído la alabanza del mundo civil, pero habría ocasionado a los pobres judíos una persecución todavía más implacable de la que ya sufren».

Presentamos, a continuación, la entrevista que ha realizado a Andrea Tornielli el informativo internacional de Radio Vaticano.


--¿Cómo se explica los silencios de Pío XII?

--Andrea Tornielli: Los documentos muestran con claridad que los «silencios no fueron propiamente silencios»: en el libro, cito todos los pasajes de los mensajes radiofónicos en los que el Papa Pacelli afirma explícitamente cosas muy claras. De todos modos, Pío XII no denunció públicamente a Hitler, pues trató de salvar el mayor número posible de vidas humanas. Gracias a su actitud prudente, la Iglesia, los nuncios, el Vaticano, lograron salvar, como ha calculado el historiador judío Pinchas Lapide, a unos 850 mil judíos de la persecución y de la muerte.


--Uno de los aspectos más interesantes recogidos en el libro es el que se refiere a un documento en el que el Papa Pacelli condenaba el nazismo; documento que después prefirió quemar, tras ver lo que había sucedido en Holanda. ¿Existen pruebas de la existencia de este documento?

--Andrea Tornielli: En 1942, el Papa estaba a punto de publicar un documento muy duro contra los nazis, contra Hitler, contra la persecución de los judíos. Pero le impresionó profundamente lo que sucedió en Holanda. En aquel país, tras la protesta de los obispos, se agravaron las persecuciones contra los judíos. La prueba de la existencia de este documento viene de muchos testimonios, como el de sor Pasqualina Lehnert, sor Konrada Grabmeier, el padre Robert Leiber e incluso el del cardenal francés Eugène Tisserant. Estos testigos revelaron que el Papa había escrito aquel documento y que decidió quemarlo personalmente en la cocina y esperar hasta que no quedara totalmente destruido. La conmoción que le ocasionó el caso holandés fue tan profunda que prefirió quemarlo a provocar ulteriores daños a los judíos.


--Usted menciona también la amonestación al arzobispo de Viena, Theodor Innitzer, que le hizo Pacelli, cuando todavía era secretario de Estado vaticano, en 1938…

--Andrea Tornielli: El caso de Innitzer es muy interesante, pues en ese año este arzobispo, junto a otro prelados austríacos, había acogido con entusiasmo la llegada de Hitler. Pues bien, Eugenio Pacelli y Pío XI convocaron urgentemente a Innitzer en Roma. Pacelli fue muy frío y obligó a Innitzer a firmar en su presencia una retractación, que fue publicada en «L'Osservatore Romano». Esto demuestra que tanto Pacelli, como el Papa, que en aquel entonces era Pío XI, rechazaron la posición de la Iglesia austríaca.


--Usted habla también un complot contra Hitler con el apoyo de Pío XII.

--Andrea Tornielli: Es un caso muy importante. En noviembre de 1939, y en los primeros meses de 1940, se dio el intento por parte de algunos generales alemanes de abatir el régimen de Hitler y de volver a instituir la democracia. Los alemanes hicieron que la noticia llegara al Vaticano y el Papa se comprometió personalmente, corriendo un gran riesgo, para hacer de trámite y lograr que la noticia llegara a los aliados ingleses y estadounidenses. Luego aquellos generales no pudieron hacer nada, pero el Papa participó activamente en este proyecto.


--¿Por qué se acusa ahora al Papa de connivencia con el nazismo?

--Andrea Tornielli: Se ha creado una auténtica «leyenda negra» que no tiene nada que ver con el debate histórico. Una cosa es discutir seriamente sobre la actitud del Papa y los motivos por los que decidió no hacer una denuncia pública; y otra, muy distinta, tratar de hacer de él un chivo expiatorio. Esto es lo que se ha hecho con Pío XII. Hay que reconocer que el Papa hizo todo lo posible, mientras que otros no hicieron lo que hubieran podido…


--¿Cuál es el gesto de Pío XII que más le ha impresionado al realizar su investigación?

--Andrea Tornielli: Los gestos son muchos: de las negociaciones que realizó, utilizando todos los canales posibles e imaginables para detener las inspecciones en el ghetto de los judíos en Roma, hasta las instrucciones precisas que se dieron a los nuncios, sin olvidar el hecho de que él mismo gastó sus bienes personales para enviar dinero a los nuncios con el objetivo de aliviar los sufrimientos de los judíos.

Es importante, además, la revelación que el Papa Pacelli hizo a don Pirro Scavizzi, el capellán que recorrió Europa recogiendo noticias sobre los perseguidos. Pío XII le dijo: «Dígales que el Papa sufre con ellos, sufre con los perseguidos, y que si a veces no alza más la voz es sólo para no provocar daños peores».


Tomado de Zenit, ZS01052907
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