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Angel García Prieto, "Falsas homosexualidades", PUP, 3.VI.02 |
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El “trastorno obsesivo-compulsivo” es una afección psíquica que padece aproximadamente un 2 por ciento de la población, según diversos estudios epidemiológicos. Se caracteriza fundamentalmente por el sufrimiento de “obsesiones y compulsiones”, que son ideas y actos repetitivos y ritualizados que el paciente vive como absurdos y exagerados, pero que se ve obligado a realizar a su pesar por la enorme ansiedad con que van acompañados. Llegan, en los peores momentos a suponer una notable dificultad para la realización del trabajo y la vida cotidiana del paciente y también alteran la relación de éste con las personas con quien convive.
Este trastorno, por lo general, comienza a presentarse en la adolescencia o en la primera juventud - aunque pueda, en menos casos, también hacer su primera aparición en la edad adulta-. Como no es nada infrecuente que en determinados momentos de la adolescencia las chicas y los chicos se planteen problemas interiores respecto a su identificación sexual, este tema puede - y de hecho llega a serlo en un buen número de casos - hacerse obsesivo: bombardea con insistencia el pensamiento, la imaginación y los sentimientos del adolescente, creándole una notable inquietud y desasosiego interiores que le hacen dudar de su heterosexualidad, e incluso a sentirla perdida.
En esas situaciones la verdadera realidad del mundo psicológico de dichos adolescentes o jóvenes es que padecen un trastorno obsesivo - acompañado o no de compulsiones - y así debería ser considerado y tratado. Pero, lamentablemente, algunos se sienten influidos por compañías, ambientes y situaciones de práctica homosexual y acaban intentando aplacar su ansiedad en conductas propias de ese peculiar modo de orientación sexual.
Este planteamiento no es una cuestión teórica, sino una realidad clínica que se ve en la práctica psiquiátrica con cierta frecuencia. Y que nos hace suponer a los profesionales de la especialidad que existen un número de casos aún mayor que no han acudido nunca a la consulta psiquiátrica, ya que es normal que sólo un porcentaje mayor o menor - “la punta del iceberg”, como se dice coloquialmente - de personas que padecen unas u otras afecciones psiquiátricas busquen la ayuda de esta especialidad médica.
Es una lástima que esas personas elijan un camino vital equivocado, abocados por un trastorno psíquico, cuando el tratamiento del problema obsesivo de base les podría permitir su verdadera orientación heterosexual.
Ángel García Prieto. Psiquiatra.
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