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Beatriz Comella, "La leyenda sobre la Inquisición", Palabra, IX.97 PDF Imprimir E-Mail English Spanish
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Para los especialistas, la leyenda negra de la Inquisición está ya superada. No así entre el gran público, que no entiende cómo durante tres siglos y medio algo menos de 5.000 personas pudieron ser ajusticiadas por motivos religiosos. El fenómeno es comprensible, sin embargo, teniendo en cuenta el erróneo concepto de libertad religiosa vigente en aquella época. La Iglesia aclaró en el Concilio Vaticano II que es la dignidad humana, no la verdad, el fundamento de la libertad de conciencia y lamentó el uso de la violencia al "servicio" de la verdad.

El origen de la Inquisición española se remonta a 1242 y su abolición definitiva data de 1834. Sin embargo, el Santo Oficio adquirió mayor auge desde su refundación por los Reyes Católicos en 1478 y hasta el advenimiento de la dinastía borbónica a inicios del XVIII.

La Inquisición española es no sólo una entidad polémica, sino también poco conocida por el gran público. Aproximarse a su actuación no significa, obviamente, realizar una apología. Divulgar su trayectoria equivale más bien a contrastar datos, interpretándolos en un contexto y también saber cómo valora la Jerarquía de la Iglesia en la actualidad su actuación global.

Muchos y renombrados expertos contemporáneos han dado por zanjadas posturas de defensa a ultranza o condena total: "la controversia ideológica, el enfrentamiento religioso, tan agudos en tiempos lejanos, han dejado paso a una actitud serena y ecuánime que comparten hombres de las más diversas tendencias. No se trata de ensalzar ni de abominar, simplemente comprender, lo que no implica deplorar determinados comportamientos", ha afirmado el académico de la Historia A. Domínguez Ortiz.



DE LA LEYENDA NEGRA AL RIGOR HISTÓRICO

No cabe duda de que toda leyenda negra posee cierto fundamento y parte de falsedad, por ejemplo, en cuanto a su origen, que no es medieval ni español. La muerte en hoguera fue utilizada del Imperio Romano. Con la progresiva cristianización de Europa se fue fraguando la mentalidad de que la herejía, atentado grave contra la fe, era equivalente al delito de "lesa majestad" (en el que se incurría, por ejemplo, al atentar contra la vida del rey). En el caso de la herejía, se consideraba agraviada la majestad divina.

Además, las autoridades civiles tomaron en consideración el indudable peligro social que entrañaba la disidencia religiosa de los bautizados que, de hecho, solían provocar divisiones, tumultos, guerras (como en el caso de los cátaros o albigenses en el siglo XIII).


EL PRIMER TRIBUNAL

El primer tribunal inquisitorial propiamente dicho no fue español: nació en Sicilia en 1223, con licencia papal, a petición del emperador Federico II Hohenstaufen, interesado en congraciarse con Roma. En España no se introduce hasta veinte años más tarde; como en otros paises europeos, los tribunales dependían de los obispos diocesanos y fueron generalmente benévolos.

Es cierto, sin embargo, que el Santo Oficio español se convirtió con los Reyes Católicos en un tribunal eclesiástico supeditado a la monarquía; fue un instrumento represivo de la herejía y de la disidencia religiosa, influido con frecuencia por lo política, de un modo poco comprensible para la mentalidad actual.


EMPIEZA LA LEYENDA NEGRA

La leyenda negra inquisitorial se inicia en la primera etapa de su actuación durante el reinado de Isabel y Fernando (1480-1500): se dio un excesivo celo en la persecución de falsos conversos de origen judío y abusos en la confiscación de sus bienes.

Estos hechos contrastan, en general, con las medidas religiosas que impulsaron a lo largo de su reinado: desde la postura propia de las monarquías renacentistas de entonces (control de lo eclesiástico), contribuyeron a la reforma del clero regular y secular, antes de las propuestas del Concilio de Trento, preparando de ese modo a los artífices de la cristianización de América. Si ésta es la cara de sus medidas eclesiásticas, la Inquisición puede considerarse la cruz.

A finales del siglo XVI, exiliados politices españoles como González Montano en Alemania o Antonio Pérez, ex-secretario de Felipe II, en Francia e Inglaterra, difundieron el germen de la leyenda negra. Media Europa acogió de buen grado los libelos anti-españoles, según el hispanista H. Kamen, bien por su rivalidad en el dominio marítimo (Gran Bretaña, Francia), o por su deseo de librarse del dominio politice español (Paises Bajos, norte de Italia).

La Ilustración y los afrancesados del XVIII continuaron la campaña y desde el siglo XIX, otro exiliado español, Juan Antonio Llorente, ex-secretario del Santo Oficio madrileño, fue el mejor difusor de la leyenda negra, a través de su "Historia critica de la Inquisición española", que contiene algunos elementos de interés, junto a errores de bulto de carácter estadístico.


DESENMASCARAMIENTO

Para desenmascarar la leyenda negra, según el académico L. Suárez Fernández, no es necesario aludir a ejemplos paralelos o más crueles como las persecuciones promovidas, por ejemplo, por los anglicanos y calvinistas de entonces. Quizá sea preferible, y no es poco, aproximarse a los datos históricos, con sus luces y sombras.

Desde principios de siglo muchos historiadores occidentales se han interesado por el fenómeno inquisitorial español. Aunque actualmente no faltan opiniones sumamente criticas, en general, entre los expertos el tema se aborda desde aspectos no beligerantes, más cercanos a la reconstrucción de la mentalidad de control religioso de una sociedad, que pretendió unificar la fe de nuestros antepasados (ante judíos y musulmanes) y defenderla de la ruptura protestante.

Son numerosos los expertos anglosajones, franceses, centroeuropeos, escandinavos, judíos y españoles, pertenecientes a escuelas y tendencias diversas, quienes han realizado análisis sin el sesgo antihispánico o anticatólico de otras épocas. Puede afirmarse que entre muchos especialistas en la Inquisición española su leyenda negra está asimilada y superada, aunque no ocurra algo paralelo entre los estudiantes de Humanidades y el gran público.


HABLA LA IGLESIA

Por su parte, la jerarquía católica ha dado a conocer su postura en el Concilio Vaticano II al clarificar el concepto de libertad religiosa ("Dignitatis humanae" ;7-12-65) y las relaciones con los no cristianos ("Nostra aetate" 28-10-65), que coincide sustancialmente con la postura de los primeros teólogos cristianos (Tertuliano, San Ambrosio de Milán, San Juan Crisóstomo), para quienes "no es licito que una religión aplaste a otra con violencia". Juan Pablo II se refirió a la Inquisición española en su primer viaje pastoral a nuestro país, aludiendo a las "tensiones, errores y excesos" que protagonizó. En su Carta Apostólica "Terbio Millenio Adveniente" (1011-94), el Santo Padre hace mención a los métodos intolerantes

y violentos que han sido utilizados a veces por eclesiásticos. En la misma linea, la Conferencia episcopal española se ha lamentado del "uso de la violencia al servicio de la verdad" dentro de la Iglesia.

Obviamente los cristianos actuales no tienen culpa subjetiva por las actuaciones de otros bautizados en siglos pasados, de modo semejante mutatis mutandis, los Ministros de Justicia de ahora no tienen responsabilidad ante los errores y abusos de los tribunales civiles de los siglos XVI y XVII, aunque tanto unos como otros pueden sacar conclusiones de hechos pasados. Se debe tener en cuenta, por otra parte, que a la Iglesia, de la que se espera santidad, siempre se la mira con lupa para señalarla con dedo acusador, olvidando que sus miembros son falibles.


LAS ESTADÍSTICAS HABLAN

Para hacerse una idea cabal del control religioso que ejerció la Inquisición es preciso afrontar los datos estadísticos. Hasta finales de los años 70 ha existido cierta confusión sobre el número de victimas mortales del Santo Oficio. Es preciso aclarar, no obstante, que los ajusticiados por herejía no son las únicas víctimas: existían penas menores (cárcel, multas, penitencias, etc.) y además, las familias de los reos quedaban marcadas por la infamia durante generaciones (de ahí la importancia que se dio en la España del XVII a la "limpieza de sangre", es decir, a no tener antepasados falsos conversos del judaísmo o islamismo, perseguidos por la Inquisición).

Desde la perspectiva actual, para un cristiano es inconcebible la pena de muerte por motivos ideológicos o religiosos: una sola muerte por esas causas es rechazable para nosotros. Pero las circunstancias de hace quinientos años eran otras: también la legislación civil aplicaba con frecuencia la pena capital y la religión era un valor preciado a defender incluso de modo cruento. Es necesario, sin embargo, conocer realmente el alcance de la violencia inquisitorial desde el siglo XV.

Las primeras cifras sobre victimas son de cronistas de la época (Pulgar, Palencia, Bernáldez): entre 1481 y 1488, etapa rigurosa en Andalucía, fueron ajusticiadas unas 2000 personas, en su mayoría judíos bautizados que renegaban de su nueva fe. A partir del siglo XIX, se consideraron válidas (aunque más tarde se demostraron erróneas) las cifras globales aportadas por J.A. Llorente, el citado secretario del tribunal de Madrid: el 9,2% de los juzgados.


En 1986, Contreras y Henningsen, dos expertos, publicaron las conclusiones de un estudio realizado sobre 50.000 causas inquisitoriales sobreseidas entre 1540 y 1700, etapa de gran influencia social de la Inquisición: su conclusión es que el 1,9% del total de encausados fueron condenados a hoguera. Referido a una etapa más amplia, Escandell afirma que entre 1478 y 1834 (refundación y abolición del Santo Oficio), se condenó a muerte al 1,2% de los juzgados.


¿FUE LA INQUISICIÓN ANTISEMITA?

El Santo Oficio persiguió esencialmente la herejía y algunas desviaciones morales (bigamia, blasfemia, incumplimiento del celibato, etc.). Entre los juzgados por razón de la fe destacan los falsos conversos del judaísmo, del islamismo y los seguidores de Lutero. Los hebreos bautizados con escasa sinceridad que mantenían los ritos mosaicos (criptojudaísmo) constituyeron un problema religioso de primer orden desde finales del siglo XV hasta principios del XVII.

Las relaciones entre judíos y cristianos hablan sido desiguales antes del reinado de los Reyes Católicos. Los hebreos no siempre pudieron convivir en paz en Sefarad (España). Perseguidos por algunas leyes visigodas, hallaron tranquilidad con reyes castellanos y aragoneses como Alfonso X el Sabio o Pedro IV el Ceremonioso. Pero a finales del siglo XIV diversas ciudades (desde Sevilla a Barcelona) se levantaron de modo violento contra los prestamistas judíos, odiados por unos acreedores que debían pagar un interés del 33% anual, máximo permitido por la ley. Esta tensa situación propició la salida de población hebrea y otra oleada de bautismos por conveniencia de algunos, denominados "cristianos nuevos".


COMUNIDADES JUDÍAS Y SU EXPULSIÓN

Los Reyes Católicos fueron, inicialmente favorables a los judíos (el rey Fernando tenía sangre hebrea por linea materna) y un buen grupo de ellos servia en la Corte. En Castilla y Aragón existían unas 220 aljamas (comunidades hebreas) con cerca de 100.000 habitantes. Estos dependían directamente de los reyes, eran protegidos por leyes singulares y aportaban tributos especiales: constituían, sin embargo, una clase de súbditos de segunda categoría.

Como es sabido los sefardíes (judíos españoles) fueron expulsados por los Reyes Católicos en 1492, siguiendo una línea politice adoptada anteriormente en reinos europeos como Inglaterra y Francia. Bien conocían Isabel y Fernando que su decisión no era "rentable" desde el punto de vista económico, ya que muchos hebreos se dedicaban al comercio y al mundo financiero, pero en su postura tuvo gran peso un motivo religioso y social: se temía la efectividad del proselitismo hebreo y se quiso evitar la violencia popular de los acreedores contra las aljamas. La alternativa era recibir el bautismo o el exilio forzoso, elegido por la inmensa mayoría de los sefardíes.

Algunos autores contemporáneos han comparado la acción del Santo Oficio contra el criptojudaísmo al holocausto nazi.

Es cierto que los sefardíes vivían en barrios especiales y que el Concilio IV de Letrán (1215) instó a que utilizaran una marca externa para distinguirlos de los cristianos (algo que podría recordar a la estrella de David bajo Hitler) pero la citada medida conciliar se difundió poco en España y tenía carácter religioso, no estrictamente racista.


TORTURA Y AVARICIA

Cabe subrayar que si las victimas del holocausto nazi fueron unos seis millones de seres humanos en pocas décadas, las de la Inquisición fueron menos de 5.000 en tres siglos y medio. El motivo de la persecución es también distinto: por una parte, los Reyes Católicos aplicaron una de sus máximas: la unidad territorial está unida a la unidad de la fe, un principio que ejercieron las monarquías renacentistas y el propio Lutero.

Por otro lado, el odio popular hacia los judíos, sin excluir cierto racismo de tipo religioso, tenía relación con la falta de solvencia de los acreedores cristianos, mientras que en el III Reich la aversión poseía unas profundas raíces de racismo pagano.

La leyenda negra de la Inquisición se asocia al abuso de la tortura y al enriquecimiento de los tribunales mediante la confiscación de bienes a los reos.

Durante el siglo XVIII, se difundieron unos grabados sobre la tortura inquisitorial del francés Picart que no corresponden a la realidad por exceso. Los tormentos eran, no obstante, terribles, tenían como finalidad producir un gran dolor físico a los acusados, sin llegar a la mutilación o muerte, para conseguir su confesión (en el caso de herejía, el reo confeso era librado de la pena capital). El Santo Oficio utilizó de hecho con menor frecuencia la tortura que otros tribunales coetáneos (era ordinario usarla en todos). Hispanistas como Lea o Kamen confirman con estadísticas que en épocas "duras" (hasta 1530) en tribunales muy activos se utilizó el tormento en el uno o dos por ciento de los casos.

A veces se presenta al Santo Oficio como una organización de rapiña. Es cierto que a los acusados se les confiscaban los bienes para cubrir los gestos del arresto y del tribunal, pero según estudiosos como R. de Carande o F. Braudel nunca constituyeron un negocio, aunque se dieron abusos contra los falsos conversos judíos hacia 1480 y 1 725.

La Inquisición siempre tuvo interés en acallar los rumores sobre avaricia, mientras fue solvente hasta mediados del siglo XVI; más tarde, los hechos se encargaron de desmentirlo: tuvo que buscar vías alternativas de financiación (asignación de canonjías, préstamos hipotecarios, compra de minas, etc.)


SIN PREJUICIOS

Acercarse sin prejuicios a la historia de la Inquisición española es necesario para tomar posición de modo adecuado sobre realidades pasadas.

Sería interesante que muchos cristianos "de a pie", supieran encarar este polémico asunto con datos y argumentos, viajando mentalmente a la mentalidad de entonces. Si ahora la democracia, la tolerancia o la ecología son valores compartidos ampliamente en la sociedad occidental, para los hombres y mujeres de los siglos XIII al XVII, la religión, el honor de Dios y la defensa de la fe eran considerados bienes comunes, patrimonio de la mayoría, aunque tanto antes como ahora se cometan injusticias y abusos.
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