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Dr. Fitzgibbons, "Psicología y tendencias homosexuales", Zenit, 16.I.06 PDF Imprimir E-Mail English Spanish
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WEST CONSHOHOCKEN (Pensilvania, EE. UU.), lunes, 16 enero 2006 (ZENIT.org).- El reciente documento vaticano sobre los candidatos al sacerdocio y las tendencias homosexuales diferencia entre tendencias profundamente arraigadas y las que son expresión de un problema transitorio. Para profundizar en los diversos aspectos relativos a estas tendencias y en la forma de afrontarlas, Zenit ha entrevistado al doctor Richard Fitzgibbons, psiquiatra que ha contribuido a la redacción del documento «Homosexualidad y esperanza» (disponible en inglés en cathmed.org/publications/homosexuality.html) de la Asociación Médica Católica (de los Estados Unidos y Canadá). --¿Cómo distinguiría entre personas atraídas por otras del mismo sexo y aquellas que tienen tendencias homosexuales profundamente arraigadas? --Dr. Fitzgibbons: Las personas con tendencias homosexuales profundamente arraigadas se identifican a sí mismas como personas homosexuales y son frecuentemente reacias a examinar los conflictos emocionales que han provocado esta tendencia. Presentan una fuerte atracción física por los demás hombres y por la masculinidad de otros debido a una profunda debilidad en la seguridad masculina. Estas personas, en el ámbito sacerdotal, tienen una significativa inmadurez afectiva con excesos de ira y celos respecto a los hombres no homosexuales, una inseguridad que les lleva a evitar amistades cercanas con tales hombres y a una desordenada necesidad de atención. La mayor parte de estos hombres tuvieron en la adolescencia dolorosas experiencias de soledad y de tristeza, sintieron inseguridad en su masculinidad y una pobre imagen corporal. Algunos estudios de investigación bien realizados han demostrado una incidencia de enfermedades psiquiátricas muy superior en aquellos que se identifican como homosexuales. Sometidos a una gran tensión, pueden también manifestar una fuerte atracción física y sexual hacia los adolescentes, como ocurrió en relación con el período de crisis en la Iglesia. Al trabajar con hombres heterosexuales se encuentran con frecuencia en dificultad en situaciones de colegialidad o en ambientes de menor formalidad. Un conflicto no resuelto con la figura paterna normalmente es mal manejado como una rebelión contra el magisterio y la doctrina de la Iglesia sobre la moral sexual. Lamentablemente la actitud de rechazo, de defensa y de rabia no les permite abrirse a buscar la ayuda del Señor en sus debilidades emocionales y de comportamiento. Las personas con tendencias homosexuales moderadas no se identifican como homosexuales. Se trata de hombres motivados a identificar y superar sus conflictos emocionales. Normalmente buscan ayuda en la psicoterapia y en la dirección espiritual. El objetivo de la ayuda es sacar a la luz conflictos tempranos, perdonar a quien les ha dañado y aumentar su seguridad masculina --un proceso que con el tiempo puede llevar a resolver la atracción hacia personas del mismo sexo. Estos hombres aceptan y quieren vivir y enseñar la doctrina de la Iglesia sobre moral sexual en plenitud. No apoyan la cultura homosexual, sino que la consideran antitética respecto a la llamada universal a la santidad. --¿Existen test psicológicos que puedan ser útiles para identificar a los candidatos con atracción homosexual o con tendencia homosexuales profundamente arraigadas? --Dr. Fitzgibbons: Sí. Existe el «Boy Gender Conformity Scale» --elaborado por la Universidad de Indiana-- y el «Clarke Sexual History Questionnaire»: pueden identificar con una precisión del 90% a varones con atracciones hacia el mismo sexo. Además, un análisis profundo de las experiencias de la infancia y de la adolescencia con el padre, con los compañeros varones y con el propio cuerpo puede identificar una homosexualidad profundamente arraigada. Limitarse a preguntar al candidato sencillamente si es heterosexual u homosexual, como se hace en muchos seminarios y comunidades religiosas, no basta. --¿Qué recomendaría en el caso de un candidato que presente atracciones hacia el mismo sexo o demuestre tendencias homosexuales? --Dr. Fitzgibbons: Cuando la evaluación revela probables atracciones hacia el mismo sexo, se da la recomendación de emprender el duro trabajo de resolver su dolor emocional con un profesional de la salud mental competente y el director espiritual. Después de que la seguridad masculina del candidato haya aumentado significativamente y ya no tenga atracción homosexual, podría volver a solicitar el ingreso en el seminario. En nuestra experiencia clínica, aquellos con tendencias homosexuales profundamente arraigadas carecen de una comprensión de los orígenes de sus conflictos y de la posibilidad de curar. Muchos de estos hombres también se comprometen en trabajar en sus conflictos emocionales. --¿Qué recomendaría en el caso de seminaristas que tienen atracciones hacia el mismo sexo o demuestran tendencias homosexuales o una inmadurez afectiva significativa? --Dr. Fitzgibbons: Dada la presente crisis en la Iglesia, con el 80% de los casos de abuso que son de naturaleza homosexual relativos a varones adolescentes, los seminaristas y aquellos que se encuentran en formación en las comunidades religiosas que tengan atracciones hacia el mismo sexo tienen una grave responsabilidad para proteger a la Iglesia de más escándalos y sufrimientos. Deberían intentar comprender y resolver sus conflictos emocionales con un profesional de la salud mental cualificado y un director espiritual. Los seminaristas con actitudes afeminadas –una señal clara de grave inmadurez afectiva-- frecuentemente, en su infancia, no fueron capaces de identificarse suficientemente con la figura paterna y con sus coetáneos. Se pueden beneficiar de la terapia para eliminar los comportamientos afeminados y fortalecer su aprecio por la masculinidad que han recibido de Dios, a fin de que se puedan convertir en verdaderos padres espirituales. Los seminaristas con tendencias homosexuales profundamente arraigadas deberían hablar de sus conflictos honradamente con su director espiritual y tomar como guía el reciente documento de la Iglesia. En los últimos 30 años hemos visto a muchos jóvenes superar estas tendencias en el momento en que se ha introducido un elemento espiritual en su plan de tratamiento, así como sucede en el tratamiento de la toxicomanía. La investigación realizada por el Dr. Bob Spitzer, del Departamento de Psiquiatría de la Facultad de Medicina de la Columbia University, ha dado esperanza a muchos jóvenes sobre la curación de sus conflictos emocionales. --¿Cuáles son los principales temas emocionales y de carácter que considera que se deben afrontar en los programas de formación humana de los seminarios? --Dr. Fitzgibbons: Según un estudio nacional de 2005, el 28,8% de los americanos padecerá trastornos de ansiedad en el curso de su vida, el 24,8% trastornos de impulsividad y el 20,8% trastornos de humor. El origen más frecuente de estos trastornos emocionales en los hombres surge de una falta de cercanía y de afirmación en la relación con la figura paterna y con los coetáneos. Estos conflictos emocionales generan debilidad en la seguridad masculina, tristeza, soledad, rabia y a menudo un desprecio del propio cuerpo. Además, los hijos de familias divorciadas presentan mayor problema de confianza. La principal debilidad de carácter en nuestra cultura es la del egoísmo, que es un obstáculo mayor para la donación de uno mismo en toda vocación. Un buen examen psicológico y una anamnesis profunda podrían identificar varios tipos de dolor emocional que el candidato podría afrontar en su vida espiritual con su director espiritual, y si fuera necesario con un profesional de la salud mental cualificado. Las conferencias para seminaristas sobre el tema del crecimiento en la madurez afectiva y en la donación de uno mismo puede ser útil para la identificación y la resolución de los conflictos que interfieren en la maduración afectiva. --¿Qué criterios indicarían que un seminarista ha alcanzado madurez afectiva? --Dr. Fitzgibbons: Por mi experiencia profesional, el mayor indicador de madurez afectiva de toda vocación es la sana y equilibrada donación de uno mismo, que comprende la capacidad de acoger a Dios y a los demás. La madurez afectiva se demuestra también por la capacidad de dirigir las tensiones emocionales más comunes, como la ansiedad, la débil confianza, la ira, la soledad y la tristeza. La ansiedad puede ser superada con el crecimiento en la confianza; la ira con el crecimiento en la virtud del perdón, y la soledad o la tristeza con el crecimiento en la capacidad de recibir el amor de Dios y de otros de una forma normal, y de darse uno mismo. Puede ser oportuno, además, hacer emerger y afrontar también los conflictos de la infancia y de la adolescencia. Asimismo, un compromiso para crecer en numerosas formas es necesario para el desarrollo de una personalidad sana. --¿Cómo pueden ayudar los directores espirituales a los seminaristas o a los sacerdotes que experimentan atracción hacia el mismo sexo? --Dr. Fitzgibbons: Los directores espirituales pueden ayudar a los seminaristas y a los sacerdotes comprendiendo que las atracciones hacia el mismo sexo se pueden tratar y que no están genéticamente predeterminadas. Pueden alentar a los seminaristas y a los sacerdotes a afrontar su sufrimiento emocional con la ayuda del Señor, en particular su soledad. Los directores espirituales que se comprometen activa y honestamente en la oración de sanación interior, y que pueden ayudar a hacer eficaces las gracias de sanación, a través de la regla para el discernimiento espiritual de San Ignacio de Loyola, pueden facilitar el proceso de sanación. --La nueva Instrucción del Vaticano afirma que las tendencias homosexuales que sean sólo la expresión de un problema transitorio, como, por ejemplo, el de una adolescencia todavía no terminada, deben ser claramente superadas al menos tres años antes de la Ordenación diaconal. ¿Qué opina al respecto? --Dr. Fitzgibbons: En mi opinión esta declaración significa que no es suficiente para un seminarista ser casto durante tres años. También debe primero conocerse a sí mismo, esto es, comprender sus conflictos emocionales que ocasionan atracciones hacia el mismo sexo y haber trabajado para resolver esos conflictos. La castidad por tres años no es suficiente porque, en los momentos de mayor tensión en el ministerio sacerdotal, los problemas no resueltos de soledad, aislamiento o inseguridad derivados del período de la adolescencia podrían conducir a atracciones hacia el mismo sexo –incluso atracción hacia chavales adolescentes, en un intento inconsciente de huir del propio sufrimiento. Los hallazgos de la reciente investigación del Dr. Robert L. Spitzer y muchos otros estudios clínicos sostienen esta perspectiva de que las tendencias homosexuales pueden ser transitorias y ser solucionadas. --¿Qué recomienda en el caso de sacerdotes que experimentan atracciones hacia el mismo sexo o tendencias homosexuales? --Dr. Fitzgibbons: Recomendaría que se hagan más conscientes de los orígenes emocionales de la atracción hacia el mismo sexo y de la posibilidad de curarla, además de la incidencia de graves enfermedades físicas y psiquiátricas asociadas a la homosexualidad. También, visto que según el informe del Jay College of Criminal Justice de Nueva York el 80% de los casos de abuso por parte de sacerdotes se refiere a chicos adolescentes, los sacerdotes con atracciones hacia el mismo sexo tienen una grave responsabilidad en proteger a la Iglesia y a los jóvenes de más escándalos, cosa que les impone el deber de trabajar para comprender y resolver sus atracciones hacia el mismo sexo. Los chavales adolescentes necesitan ser protegidos de la agresión homosexual. Hemos visto a muchos sacerdotes crecer en santidad y en felicidad en su ministerio como resultado de la sanación de la inseguridad masculina, soledad e ira de su infancia y adolescencia y, sucesivamente, de su atracción hacia el mismo sexo. Este proceso de curación ha sido descrito en la declaración de la Asociación Médica Católica, «Homosexualidad y esperanza». Nuestra experiencia de más de 25 años nos ha convencido de la relación directa entre rebelión e ira contra la enseñanza de la Iglesia y comportamientos sexualmente promiscuos. Parece que se trata de un camino de doble dirección: los que son sexualmente activos disienten de la enseñanza de la Iglesia sobre la sexualidad para justificar sus propias acciones, mientras que aquellos que adoptan ideas rebeldes sobre la moral sexual son más vulnerables a hacerse sexualmente activos porque carecen de defensas contra las tentaciones sexuales. Crecer en el perdón y en la humildad es esencial en el tratamiento de tales sacerdotes. --¿De qué manera pueden los obispos y los superiores religiosos ayudar a sus sacerdotes que presenten tendencias hacia el mismo sexo? --Dr. Fitzgibbons: Si los obispos alentaran a los sacerdotes con tendencias homosexuales a seguir terapia apropiada y dirección espiritual conforme a la doctrina de la Iglesia, también serían testigos de la sanación de sus sacerdotes. Además, los sacerdotes serían ayudados si los programas para hacer frente a los momentos de crisis no enmascararan el papel de la homosexualidad en los fenómenos de abuso sobre chicos adolescentes. En lugar de ello, estos programas deben describir por qué los varones adultos pueden estar sexualmente atraídos hacia adolescentes y cómo este conflicto puede ser resuelto. En vista del informe del John Jay College, los obispos deberían considerar proteger a los jóvenes impidiendo a los sacerdotes con una homosexualidad profundamente arraigada enseñar o desarrollar otros ministerios en escuelas, centros superiores y seminarios. Finalmente, los obispos deberían estar alerta de que existen muchos «expertos» que ignoran la ciencia médica o que están influidos por lo «políticamente correcto». El Dr. Paul McHugh, miembro del National Review Board de la Conferencia Episcopal estadounidense (USCCB, por sus siglas en inglés. Ndr), ex jefe de psiquiatría del Hospital John Hopkins, declaró recientemente: «Me sorprende el hecho de que esta bomba» --la del abuso sobre chavales adolescentes-- «no haya sido objeto de mayor interés y debate». McHugh refirió al «National Catholic Register» que estaba «asombrado por el hecho de que la gente por todos los Estados Unidos no estuviera hablando de ello, ni estuviera reflexionando preguntándose por los mecanismos que lo generaron». Existe toda razón para esperar que, con este nuevo documento, la Iglesia progresará en la necesaria vía de la purificación descrita por Juan Pablo II en su encuentro de abril de 2002 con los cardenales y obispos a propósito de la crisis. Tomado de Zenit, ZS06011720
 
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