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Juan Vicente Boo, "El Papa convoca a los cardenales de EE.UU.", ABC, 16.IV.02 |
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Decidido a resolver el peor escándalo de la Iglesia en Estados Unidos, Juan Pablo II ha convocado la próxima semana en Roma a los trece cardenales y al presidente de la Conferencia Episcopal para abordar a fondo el problema de la pederastia de sacerdotes y de falta de respuesta de buena parte de las diócesis americanas.
ROMA. A grandes males, grandes remedios. Como hizo al principio de su pontificado con el desastre de las finanzas vaticanas, el Papa ha convocado a los más altos responsables para buscar juntos una solución a un problema que en estos momentos ha desbordado ya los confines de Estados Unidos. Juan Pablo II ha dado cita a comienzos de la próxima semana a los trece cardenales norteamericanos, tanto a los diez de Estados Unidos como a los tres que forman parte de la Curia Romana.
En las últimas semanas, el Papa no sólo condenó la «traición» de estos sacerdotes en su carta del Jueves Santo sino que ese mismo día, tan significativo, anunció la dimisión anticipada del arzobispo de Poznan, Julius Paetz, tristemente famoso por abuso de seminaristas. Y hace una semana, Juan Pablo II aceptó la renuncia del obispo irlandés Brendan Comiskey por no haber cortado con firmeza los abusos de un sacerdote de su diócesis de Ferns.
Sentido de colegialidad
En las reuniones de trabajo con el Papa y altos cargos de la curia participará tambien el obispo de Belleville (Illinois) Wilton Gregory, presidente de la Conferencia Episcopal norteamericana, así como el secretario, monseñor William Fay. De este modo se subraya el sentido de colegialidad justo cuando el Vaticano ha exigido información inmediata y está asumiendo un papel mayor en estos problemas, según las indicaciones transmitidas hace unos meses a todas las diócesis del mundo y a todos los superiores generales de familias religiosas.
La iniciativa de convocar a todos los prelados americanos maduró a finales de la pasada semana durante la visita al Papa del obispo Wilton Gregory, el primer prelado negro que asume la presidencia de la Conferencia Episcopal estadounidense. Al término del encuentro, monseñor Gregory manifestó que el Santo Padre estaba «profundamente conmovido» por el daño que los sacerdotes pederastas han causado a sus jóvenes víctimas, a las familias y a la buena fama de todos sus hermanos en el sacerdocio. El presidente de los obispos americanos adelantó la posibilidad «de que parte de las medidas que vamos a tomar necesiten la aprobación de la Santa Sede», pero reiteró que el problema va a resolverse de una vez por todas. «Tenemos que garantizar -dijo- que en el futuro, ningún sacerdote acusado verosímilmente de abusar de un niño vuelva a recibir un encargo pastoral en que esto pueda repetirse».
Propuesta de nuevas normas
La reunión de cardenales de la próxima semana servirá para transmitir directrices al comité de cinco obispos americanos que propondrá nuevas normas en la asamblea plenaria de los casi 300 obispos norteamericanos en Dallas el mes de junio. La idea de la Santa Sede y de los propios obispos americanos es que una parte de la discusión y de los métodos de trabajo sean públicos. Puesto que el escándalo ha minado la confianza de los fieles, es necesario hacer ver que se está buscando una solución.
El enfoque es similar al seguido con el problema de las finanzas vaticanas a consecuencia de la quiebra fraudulenta del Banco Ambrosiano. El temor a hablar en público de los problemas retrasa su solución y paraliza a quienes deberían mostrar liderazgo. Como reconoció la pasada semana el cardenal Bernard Law en la carta a los sacerdotes de su diócesis de Boston, la primera gravemente afectada por el problema, «ahora nos damos cuenta de que tanto en la Iglesia como en la sociedad en general, el secretismo inhibe la cura y pone a otras personas en peligro».
Aparte del descrédito sufrido, las diócesis católicas americanas que han sido condenadas por los tribunales o han llegado a acuerdos privados con las víctimas deberán pagar indemnizaciones cuyo total supera ya los 1.000 millones de dólares y sigue creciendo. Una serie de casos en Irlanda han llevado a 18 órdenes religiosas a pagar indemnizaciones por valor de 112 millones de dólares, una cantidad bastante alta para la Isla Esmeralda.
Quizá lo más triste del caso es que el problema es conocido y reconocido desde hace diez años. A principios de los años noventa, la diócesis de Santa Fe se quedó sin fondos al tener que pagar unos 50 millones de dólares a 165 víctimas de abusos cometidos por una veintena de sacerdotes. En 1993, el Papa invitó en público a obispos y sacerdotes a dar ejemplo de diligencia y respeto a las leyes, un consejo que solo siguieron algunas diócesis mientras otras continuaron con la política de secretismo y de no informar a Roma.
Deben ser entregados
El presidente de los obispos americanos precisó la pasada semana después de sus encuentros en el Vaticano que los sacerdotes pederastas «deben ser entregados a la Justicia. Tenemos que distinguir entre delito y pecado. Los delitos son competencia de las autoridades civiles, y deben serlo. El pecado, podemos abordarlo nosotros». Wilton Gregory aseguró que la mayoría de las diócesis, siguiendo las normas aprobadas por la Conferencia Episcopal hace diez años, han cumplido bien las leyes, mientras que unas pocas están haciéndolo con retardo ahora, en plena ebullición del escándalo.
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