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"Los psicólogos de EE.UU. podrán ayudar a combatir los impulsos homosexuales", The Wall Street Journ PDF Imprimir E-Mail English Spanish
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La noticia, publicada por Stephanie Simon en The Wall Street Journal, explica que la revisión de las líneas generales de actuación de la APA, la asociación de mayor implantación mundial –150.000 psicólogos–, se produce para introducir más respeto hacia las creencias religiosas de las personas, que hasta ahora se dejaban de lado. “No estamos intentando animar a la gente a pasar a ser ex gays”, afirma Judith Glassgold, directora del grupo de trabajo implicado, “pero tenemos que reconocer que para algunas personas, la identidad religiosa es una parte muy importante de sus vidas y puede trascenderlo todo”.
Según las nuevas orientaciones de la APA, el terapeuta debe dejar claro que la homosexualidad no es un trastorno mental. “Pero si el cliente cree que reafirmar su atracción por personas del mismo sexo podría ser una ofensa a Dios o resultar destructivo para su fe, los psicólogos deben ayudarle a construir una identidad que rechace el poder de esos impulsos”, recoge Simon en su artículo, “lo que puede requerir vivir en celibato, aprender a desviar los impulsos sexuales o proponerse una vida de lucha como una oportunidad de acercarse más a Dios”.

La asociación tiene previsto promocionar este nuevo enfoque para la sexualidad a través de una campaña de vídeos en You Tube, charlas en colegios e iglesias y presentaciones a terapeutas cristianos. Según la doctora Glassgold, de la APA, hay muy poca investigación sobre los efectos a largo plazo que supone el rechazar una identidad gay, pero no “hay ninguna prueba de que esto haga daño” y “algunas personas parecen estar contentas con ese camino”.

La decisión de la APA ha sido recibida con mezcla de elogios y críticas por parte de la National Association for Research and Therapy of Homosexuality (NARTH), de Estados Unidos, formada por psicólogos y médicos que ofrecen asistencia terapéutica a quienes desean dejar de tener conductas o tendencias homosexuales. En una nota de prensa, la NARTH, por un lado felicita a la APA por subrayar la necesidad de respetar las creencias religiosas, lo cual exige que “los psicólogos y profesionales de la salud mental den tanta importancia a la fe como a la identidad sexual”.

Por otro lado, la NARTH critica la uniformidad ideológica de la comisión de la APA que ha elaborado el informe sobre el tratamiento a homosexuales. “No se admitió a formar parte de la comisión –señala– a ningún miembro de la APA que practicara la terapia de reorientación” sexual. La NARTH reprocha también a la comisión un uso y una interpretación selectivos de los estudios disponibles, con exclusión de los que no abonan la tesis de que la homosexualidad es un rasgo prácticamente innato e inamovible. Si la comisión hubiera adoptado un enfoque más imparcial, dice la nota de prensa, habría concluido que “la homosexualidad no es algo fijo en todas las personas, y algunas pueden cambiar, y de hecho cambian, no solo su comportamiento e identidad, sino también elementos centrales de la orientación sexual como la fantasía y la atracción”.

La NARTH añade que la APA no tiene en cuenta los “importantes riesgos médicos, emocionales y físicos ligados al comportamiento homosexual”. Esos riesgos, y no solo razones religiosas, mueven a algunas personas a buscar asistencia para cambiar sus tendencias homosexuales.

La posibilidad de cambiar

Las asociaciones gays repiten como si fuese una verdad indiscutible que la “terapia de reorientación” es dañina para el sujeto. Roberto Marchesini, en el artículo "¿Quién teme a la terapia de reorientación?", publicado en Studi Cattolici (nº 581-582, julio-agosto 2009), da un repaso a algunos estudios científicos que se citan al respecto.

A menudo se cita, en apoyo de la tesis de la peligrosidad de esta terapia, el documento denominado Position Statement on Therapies Focused on Attempts to Change Sexual Orientation, de la American Psychiatric Association (APA). En realidad, en este documento se lee: “Actualmente no hay resultados científicamente rigurosos que determinen ni la eficacia ni la peligrosidad de la terapia de reorientación”. El documento termina diciendo: “La APA anima y sostiene la investigación por parte del Instituto Nacional de Salud Mental y de la comunidad académica que se ocupa de la investigación para indagar ulteriormente sobre los riesgos y beneficios de la terapia de reorientación” (American Journal of Psychiatry , nº 157, 2000, pp. 1719-1721).

Siguiendo esta invitación, el doctor Robert Spitzer –célebre por haber promovido en 1973 la eliminación de la homosexualidad del manual diagnóstico del APA– decidió entrevistar a 200 personas (143 hombres y 57 mujeres) que se habían sometido a la terapia de reorientación al menos cinco años antes. La mayor parte de los entrevistados (el 66% de los hombres y el 44% de las mujeres) no manifestaban ya atracción hacia personas del mismo sexo (cfr. Aceprensa 30-05-01). (Archives of Sexual Behavior, vol. 32, n. 5, pp. 403-417).

“Obviamente –comenta Marchesini– este estudio fue ferozmente atacado por la comunidad gay, y Spitzer, que hasta la publicación de este estudio era considerado una estrella por parte del movimiento para los derechos de los homosexuales, fue tildado de homófobo”. Ciertamente su estudio era retrospectivo en vez de prospectivo, no era longitudinal y había examinado una muestra autoseleccionada, lo cual son limitaciones en una investigación, pero los mismos defectos tenían otros estudios que eran admitidos sin dificultad en sentido contrario. Por otra parte, Spitzer lo único que se planteaba es si el cambio era posible con la terapia de reorientación, y su estudio encontraba que sí.

Aumento del bienestar

Las limitaciones del estudio de Spitzer fueron superadas en otro realizado por Stanton Jones y Marc Yarhouse, a través de un diseño prospectivo, longitudinal, con una muestra amplia y representativa de la población estudiada. Así seleccionaron a 98 sujetos (72 hombres y 26 mujeres) antes de que se sometieran al tratamiento de reorientación, y les entrevistaron tres veces después del tratamiento, del 2000 al 2003, para valorar su identidad, orientación y comportamiento sexual. El 38% de los sujetos manifestaron un cambio favorable, el 29% un cambio en marcha y el 33% ningún cambio. (Ex­ gays? A Longitudinal Study of Religiously Mediated Change in Sexual Orientation, InterVarsity Press, 2007).

También analizaron si la terapia había producido en ellos eventuales problemas psicológicos o espirituales. El resultado fue que “no solo no encontraron ningún daño, sino que por el contrario la terapia de reorientación tenía una correlación positiva con un incremento del bienestar general, tanto psicológico como espiritual (en sintonía con los resultados de Spitzer).”

En consecuencia, afirma Marchesini, “no existe ninguna prueba científica de la peligrosidad de la terapia de reorientación. Las referencias que se aducen para probar tal peligrosidad solo son anécdotas contadas por pacientes desilusionados con la terapia o alarmas provenientes de la comunidad gay”.

Un dogma en peligro

La reacción de la comunidad gay, que no es representativa de todas las personas con tendencias homosexuales, sino de una minoría ideologizada e identificada con una cultura y un estilo de vida, considera el presunto daño de la terapia de reorientación como una “peligrosidad social”, lo que confirma su naturaleza ideológica”.

Una reacción significativa es la de P. Rigliano: “Cometeríamos un grave error si menospreciáramos el extremado peligro de la difusión de las terapias de reorientación. (...) Los terapeutas que quieren convertir a los homosexuales representan una oposición formidable a la modernidad y a la democracia afectiva [sic] de amplios sectores de la población, sobre todo en EE.UU., inspirados por valores fundamentales de la fe, de lo sacro y de la certeza de unos esquemas particulares transmitidos por una determinada interpretación de la tradición (...) Quieren lanzar un desafío fundamentalista al pluralismo, a la diversidad, al proceso de liberación de la moral monolítica, imponiendo a la esfera político-legislativa la restauración del Orden sagrado y natural”. (P. Rigliano, “Le terapie riparative tra presunzioni curative e persecuzione”, en Gay e lesbiche in psicoterapia, Rafaello Cortina Editore, Milano, 2006).

Marchesini concluye así: "No existe por el momento ninguna prueba científica de la peligrosidad de la terapia de reorientación, antes bien este tipo de terapia parece asociada a un cierto aumento del bienestar en los sujetos que se someten a ella".

“La aversión que le demuestra el movimiento gay parece justificada no tanto por el deseo de proteger a los homosexuales de eventuales riesgos, sino por el de quitar de en medio la más evidente demostración de uno de los dogmas gays: la inmutabilidad (y por tanto la ‘naturalidad’) de la homosexualidad”.
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