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Ron Rychlak, "Hitler, la guerra y el Papa", Zenit, 13.X.02 PDF Imprimir E-Mail English Spanish
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La figura del Papa Pío XII y las tensas relaciones entre la Santa Sede y el Tercer Reich son el argumento de este artículo escrito por el profesor de Derecho de la Universidad de Mississippi, Ron Rychlak, autor de “Hitler, the War and the Pope”, quien ha dedicado la última década a estudiar la figura del Papa Eugenio Pacelli. Antes del reciente escándalo de abusos de sacerdotes, la controversia más grande en que estaba envuelta la Iglesia católica tenía que ver con toda probabilidad con el Papa Pío XII y la relación entre la Santa Sede y el Tercer Reich durante la Segunda Guerra Mundial. La Iglesia está considerando la proclamación de la santidad de Pío XII y el postulador de la causa lo califica de ejemplo excelente de santidad.

El Papa Juan Pablo II ha llamado a Pío XII “un gran Papa”. Golda Meir y otros numerosos líderes judíos de esta era elogiaron a Eugenio Pacelli por su apoyo a las víctimas durante el Holocausto. Los críticos, sin embargo, le acusan de mirar a otro lado ante el sufrimiento judío en el Holocausto. Algunos incluso han alegado que era un simpatizante de la causa de Hitler.

Buena parte de la discusión se centra en las actividades de los nuncios papales y de otros hombes de Iglesia por toda Europa. Es incuestionable que muchos de ellos arriesgaron sus vidas y mucho más para proteger a las víctimas judías de la persecución nazi. El debate en los últimos años se ha enfocado sobre si estos salvadores actuaron por su propia cuenta o con el beneplácito del Papa.

Según algunos, Pío XII dio instrucciones a sus representantes por toda Europa, diciéndoles que hicieran todo lo que pudieran para ayudar a los judíos y a todos los que estaban sufriendo. Muchos autores han observado que actividades similares, llevadas a cabo por diferentes individuos en áreas remotas, sugieren un plan común, pero no han aparecido copias de una carta del Papa de este tipo y muchos de los testigos de primera mano hace ya tiempo que fallecieron. Recientemente, sin embargo, un testigo ocular con credenciales impecables ha dado un paso adelante.

Tibor Baranski, secretario ejecutivo, durante la Segunda Guerra Mundial, del Movimiento de Protección Judío de la Santa Sede en Hungría, ha recibido del Yad Vashem (la autoridad de Israel que recuerda a los mártires y héroes del Holocausto), el reconocimiento de “justo entre los gentiles” por su arriesgada labor. Oficialmente salvó 3.000 judíos. Extra oficialmente muchos más.

Baranski trabajó mano a mano con el arzobispo Angelo Rotta, el nuncio papal en Hungría durante la guerra (que también ha sido reconocido por el Yad Vashem como un “justo entre los gentiles”). Baranski deja claro, sin embargo, que su obra de salvaciòn de vidas no fueron acciones solitarias de él mismo o del nuncio Rotta. “Yo estaba actuando en realidad siguiendo las órdenes del Papa Pío XII”. Las acusaciones de que Pío XII no estaba involucrado son “simples mentiras; nada más”, y las acusaciones de que Pío XII debería haber hecho más por los judíos son, según Baranski “calumniosas”.

Baranski vio personalmente al menos dos cartas de Pío XII dando instrucciones a Rotta para que actuara de la mejor manera posible para proteger a los judíos, pero que evitara hacer declaraciones que pudieran provocar a los nazis. Añade: “Estas dos cartas no fueron escritas por las autoridades del Vaticano, sino a puño y letra por el mismo Papa Pío XII”. Continúa haciendo notar que “todos los demás nuncios de los países ocupados por los nazis recibieron cartas similares”. Los judíos italianos, por ejemplo, fueron recogidos en monasterios, seminarios y otros edificios de la Iglesia bajo la “orden directa del Vaticano”.

Baranski explica que para Pío XII, la primera y más importante preocupación era salvar vidas humanas. “Y es precisamente por ayudar a los judíos” por lo que se contuvo para no hacer repetidas condenas públicas. Pío XII “intervino de una manera muy equilibrada”, intentando salvar vidas sin provocar venganzas. Sin embargo, no actuó de manera diferente dependiendo del status de las víctimas. Baranski observa que esta misma preocupación llevó al Papa a no hacer repetidas llamadas públicas cuando los nazis asesinaron a miles de sacerdotes católicos.

“El Pontífice no sólo animó al nuncio a proteger a los judíos vaticanos (bautizados)”, explica Baranski, “sino, en lo posible, a cualquier persona perseguida, en el gheto o donde fuera”. El nuncio hizo que Pío XII estuviera bien informado de los esfuerzos llevados a cabo en colaboración con otras embajadas, incluyendo el trabajo conjunto con el diplomático sueco y salvador, Raoul Wallenberg, también declarado “justo entre los gentiles” por el Yad Vashem.

Baranski, que afirma que estuvo “increíblemente cerca” de Wallenberg, informa que si Wallenberg viviera hoy, defendería al Papa Pío XII. De hecho, Baranski explica que la Iglesia católica estuvo colaborando con Wallenberg en sus esfuerzos de rescate. “Mira, no hubo problema alguno o desavenencia entre la Iglesia católica y Wallenberg. Yo personalmente concerté encuentros no oficiales y privados entre Wallenberg y el Nuncio Rotta”. Baranski informa de que Wallenberg “sabía que Pío estaba de su lado”. Rotta, Baranski, Wallenberg y –sí- Pío XII trabajaron juntos como un equipo.

Baranski trabaja ahora en un libro sobre su vida. Será una importante contribución no sólo porque se dispondrá de la historia de primera mano, sino también por la moralidad y dignidad fundamental del autor. Ha rechazado o desviado las alabanzas que se le han ofrecido: “Mira, querido profesor –el buen Señor ha sido tan humilde de permitir a un pequeño don nadie (yo) trabajar en su misión salvadora...”. También cuenta la historia de un nazi que le preguntó una vez: “¿Por qué usted, un cristiano, protege y defiende a los judíos?”. Él contestó decidido: “Usted o es tonto o es idiota. Es porque soy cristiano por lo que ayudo a los judíos”.

Baranski reconoce que los católicos pueden tener razones para disculparse ante los judíos por cosas que han ocurrido en el curso de la historia. Deja claro, sin embargo, que el Pontífice de tiempos de la guerra no es un líder por el que los católicos necesiten disculparse. De hecho, él está de acuerdo con la opinión recientemente publicada por el rabino David Dalin de Nueva York, según el cual, el Yad Vashem debería reconocer a Pío XII, junto a Baranski, Rotta y Wallenberg, como un “justo entre los gentiles”.

NUEVA YORK, 12 octubre 2002
Tomado de Zenit, ZSI02101202
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