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Sacramentos de iniciación cristiana, 3.XI.98 PDF Imprimir E-Mail English Spanish
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PRESENTACIÓN

En consonancia con las líneas prioritarias del Plan Pastoral de nuestra Archidiócesis de Madrid, la Delegación diocesana de liturgia considera oportuno centrar en la Iniciación Cristiana el esfuerzo de acogida de quienes solicitan los sacramentos. Esta es la razón de la presente Carpeta, que se publica como «subsidia litúrgica» y contiene materiales propios de la pastoral litúrgica en su vertiente celebrativa.

Mediante los sacramentos de la Iniciación Cristiana (Bautismo, Confirmación y Eucaristía) se ponen los fundamentos de toda vida cristiana, pues por medio de ellos se comunican los tesoros abundantes de la vida divina. Desde los tiempos apostólicos, los sacramentos de la Iniciación Cristiana, con sus etapas, son el camino válido para ser cristiano.

El Bautismo es pórtico de la vida en el espíritu, el nuevo nacimiento, el sacramento de la fe.

La Confirmación es la fuerza del Espíritu, la plenitud de la gracia bautismal, el sello y marca de identidad cristiana.

La Eucaristía es el manjar de vida eterna, el alimento que culmina la iniciación cristiana, la fuente y cumbre de la vida eclesial, el compendio de la fe.

Aunque no sea sacramento propio de la Iniciación Cristiana, se incluye la primera penitencia que se celebra antes de la primera comunión, porque explicita la misericordia de Dios, el perdón de los pecados y la reconciliación con la Iglesia.

A sacerdotes y fieles comprometidos en la pastoral parroquial preocupa muy vivamente la catequesis y celebración del Bautismo de niños, de la Confirmación de los jóvenes y de la Primera Comunión de los adolescentes. Los materiales sencillos que se presentan en esta Carpeta pretenden ser una pequeña ayuda para mejorar la celebración litúrgica.

Todos sabemos que el sentido y la gracia de los sacramentos de la Iniciación Cristiana aparece claramente en los ritos de su celebración. Cuando se participa atentamente en los gestos y símbolos, y se comprenden las palabras del rito, los fieles se inician mejor en las riquezas que los sacramentos significan y causan.

Madrid, 3 de noviembre de 1998

Andrés Pardo

Delegado diocesano de liturgia











SIGNOS Y SÍMBOLOS DE LA INICIACIÓN CRISTIANA



Una celebración sacramental está tejida de signos y de símbolos. Según la pedagogía divina de la salvación, su significación tiene su raíz en la obra de la creación y en la cultura humana, se perfila en los acontecimientos de la Antigua Alianza y se revela en plenitud en la persona y la obra de Cristo.

Signos del mundo de los hombres

En la vida humana, signos y símbolos ocupan un lugar importante. El hombre, siendo a la vez corporal y espiritual, expresa y percibe las realidades espirituales a través de los signos y símbolos para comunicarse con los demás, mediante el lenguaje, gestos y acciones. Lo mismo sucede en su relación con Dios.

Dios habla al hombre a través de la creación visible. El cosmos material se presenta a la inteligencia del hombre para que vea en él las huellas de su Creador. La Luz y la noche, el viento y el fuego, el agua y la tierra, el árbol y los frutos hablan de Dios, simbolizan a la vez su grandeza y su proximidad.

En cuanto creaturas, estas realidades sensibles pueden llegar a ser lugar de expresión de la acción de Dios que santifica a los hombres, y de la acción de los hombres que rinden su culto a Dios. Lo mismo sucede con los signos y símbolos de la vida social de los hombres: lavar y ungir, partir el pan y compartir la copa pueden expresar la presencia santificantes de Dios y la gratitud del hombre hacia su Creador.

Las grandes religiones de la humanidad atestiguan, a menudo de forma impresionante, este sentido cósmico y simbólico de los ritos religiosos. La liturgia de la Iglesia presupone, integra y santifica elementos de la creación y de la cultura humana, confiriéndoles la dignidad de los signos de la gracia, de la creación nueva en Jesucristo.

Signos de la Alianza

El pueblo elegido recibe de Dios signos y símbolos distintivos que marcan su vida litúrgica: no son ya solamente celebraciones de ciclos cósmicos y de acontecimientos sociales, sino signos de la Alianza, signos de las grandes acciones de Dios en favor de su pueblo. Entre estos signos litúrgicos de la Antigua Alianza se pueden nombrar la circuncisión, la unción y consagración de reyes y sacerdotes, la imposición de manos, los sacrificios y, sobre todo, la Pascua. La Iglesia ve en estos signos una prefiguración de los sacramentos de la Nueva Alianza.

Signos asumidos por Cristo

En su predicación, el Señor Jesús se sirve con frecuencia de los signos de la creación para dar a conocer los misterios del Reino de Dios. Realiza sus curaciones o subraya su predicación por medio de signos materiales o gestos simbólicos. Da un sentido nuevo a los hechos y a los signos de la Antigua Alianza, sobre todo al Exodo y a la Pascua, porque él mismo es el sentido de todos estos signos.

Signos sacramentales

Desde Pentecostés, el Espíritu Santo realiza la santificación a través de los signos sacramentales de su Iglesia. Los sacramentos de la Iglesia no anulan, sino purifican e integran toda la riqueza de los signos y de los símbolos del cosmos y de la vida social. Aún más, cumplen los tipos y las figuras de la Antigua Alianza, significan y realizan la salvación obrada por Cristo, y prefiguran y anticipan la gloria del cielo.

Catecismo de la Iglesia Católica, no. 1145-1152

Bautismo

• Señal de la cruz en la frente

• Oleo de los catecúmenos

• Agua

• Vestidura blanca

• Luz

• Effeta

Confirmación

• Imposición de las manos

• Crismación

Eucaristía

• Pan y Vino

• Comida y Bebida





Señal de la cruz en la frente. Signaciòn

El celebrante, los padres y los padrinos signan al niño en la frente «con la señal de Cristo Salvador». Con este signo culmina la acogida que la comunidad cristiana hace al neófito.

La signación es uno de los ritos más tradicionales de acogida. De esta manera el que es presentado queda ya orientado en la línea de aquello que vendrá a ser por el agua y el Espíritu: un cristiano. Todo esto bajo el signo de la cruz gloriosa de Jesucristo, donde está «nuestra salvación, vida y resurrección».

Desde que Jesucristo murió en ella, la Cruz se ha convertido en el símbolo primordial de los cristianos. De instrumento de tortura para ajusticiar a los malhechores pasó a ser el símbolo por excelencia de la muerte salvadora. Para San Pablo la Cruz es como el resumen de toda la obra redentora de Cristo. La Cruz ilumina toda la vida del cristiano, da esperanza y asegura la victoria. Es señal de fidelidad: hay que tomar la cruz, cada uno la suya, y seguir a Jesús.

La señal de la Cruz en la frente es un gesto sencillo, pero de hondo significado. Es una verdadera confesión de nuestra fe: Dios nos ha salvado en la Cruz de Cristo. Es como si dijéramos: «estoy bautizado, pertenezco a Cristo, él es mi Salvador». A la hora de empezar a ser cristiano, esa señal es como una marca de fe y de posesión en Cristo Salvador. Por eso, siempre que hacemos la señal de la Cruz estamos recordando de algún modo nuestro Bautismo. La Cruz de Cristo es el origen y la razón de ser de la existencia cristiana. Esta señal nos acompañará durante toda nuestra vida.

Los cristianos hacemos con frecuencia la señal de la Cruz: unas veces nosotros mismos sobre nuestras personas, otras nos la hacen como en el caso de los sacramentos, invocando a la Santísima Trinidad. La Eucaristía, por ejemplo, comienza y termina con la señal de la Cruz.

Oleo de los catecúmenos. Unción

Con el óleo de los catecúmenos se hace sobre el pecho la unción del Bautismo. «Para que el poder de Cristo Salvador os fortalezca, os ungimos con este óleo de salvación en el nombre del mismo Jesucristo, Señor nuestro». Es un gesto que recuerda a los atletas y luchadores, que ya desde antiguo se daban este masaje, preparándose para el combate y el esfuerzo.

En los primeros siglos esta unción tuvo sentido de exorcismo, de renuncia y de invocación contra todo mal. Ahora quiere transmitir la fuerza de Dios para el que empieza la vida cristiana, que probablemente será difícil. «Concede fortaleza a los catecúmenos que han de ser ungidos con él, para que, al aumentar en ellos el conocimiento de las realidades divinas y la valentía en el combate de la fe, vivan más hondamente el Evangelio de Cristo, emprendan animosos la tarea cristiana, y admitidos entre los hijos de adopción, gocen de la alegría de sentirse renacidos y de formar parte de la Iglesia». (Bendición del óleo de los catecúmenos).

«La unción, en el simbolismo bíblico y antiguo, posee numerosas significaciones: el aceite es signo de abundancia y de alegría; purifica (unción antes y después del baño) y da agilidad ( la unción de los atletas y luchadores); es signo de curación, pues suaviza las contusiones y las heridas, y el ungido irradia belleza, santidad y fuerza. Todas estas significaciones de la unción se encuentran en la vida sacramental. La unción antes del Bautismo con el óleo de los catecúmenos significa purificación y fortaleza>> (Catecismo de la Iglesia Católica, no. 1293-1294).

Agua. Baño

El agua del Bautismo debe ser agua natural y limpia, para manifestar la verdad del signo y hasta por razones de higiene, dice el Ritual en la Introducción.

El bautismo no es el agua, sino el baño del agua, que toma sentido en la fe, como acción regeneradora de Jesucristo. En el fondo, el que realiza la renovación y la regeneración es el Espíritu de Jesús Resucitado. El agua es el símbolo, el signo eficaz de este misterio de vida y de gracia que Dios nos comunica en el Bautismo.

«Oh Dios, que realizas en tus sacramentos obras admirables con tu poder invisible, y de diversos modos te has servido de tu criatura el agua par significar la gracia del Bautismo... Que esta agua reciba, por el Espíritu Santo, la gracia de tu Unigénito, para que el hombre, creado a tu imagen y limpio en el Bautismo, muera al hombre viejo, y renazca, como niño, a nueva vida por el agua y el Espíritu Santo» (Bendición del agua).

El agua sacia la sed, limpia y purifica. Se ha convertido en el signo de la pureza interior del hombre. Para los israelitas lavarse las manos antes de comer o de rezar, no era sólo cuestión de higiene, sino sobre todo de purificación moral. En el Bautismo, este aspecto purificador del agua, aunque no es el más importante, está presente como signo del perdón del pecado original, en el que todos nacemos. «Dios todopoderoso,.. te pedimos que este niño, lavado del pecado original, sea templo tuyo, y que el Espíritu Santo habite en él» (Oración de exorcismo).

Jesús es el Agua viva que apaga la sed. «El que beba de esta agua no volverá a tener sed». «El que crea en mí no tendrá nunca sed». En el Bautismo los creyentes renacen del agua y del Espíritu. El agua es símbolo de fertilidad, de fecundidad, de vida. Es el tesoro más preciado, sin el agua la tierra sería un planeta muerto.

En la oración de bendición del agua del Bautismo se desarrolla una admirable catequesis del significado del agua en el misterio de la salvación. «Oh Dios,... cuyo Espíritu, en los orígenes del mundo se cernía sobre las aguas,... que incluso en las aguas torrenciales del diluvio prefiguraste el nacimiento de la nueva humanidad,... que hiciste pasar a pie enjuto por el Mar Rojo a los hijos de Abraham,... cuyo Hijo, al ser bautizado en el agua del Jordán, fue ungido por el Espíritu Santo... Mira, ahora, a tu Iglesia en oración, y abre para ella la fuente del Bautismo...»

El Bautismo de Jesús en el Jordán es el prototipo de nuestro Bautismo. Hay dos formas de realizar el gesto del baño del agua: por infusión, echando el agua sobre la cabeza del bautizando, o por inmersión, sumergiendo al bautizando en el agua. Ambas formas son legítimas. Etimológicamente «bautismo» significa «sumergirse».

El sacramento del Bautismo significa el nuevo nacimiento, la incorporación a Cristo en el misterio de su Muerte y Resurrección. «¿Es que no sabéis que los que por el bautismo nos incorporamos a Cristo, fuimos incorporados a su muerte?. Por el bautismo fuimos sepultados con él, en la muerte, para que así también nosotros andemos en una vida nueva» (Rm 6,3-4). Este misterio de incorporación a la Pascua de Cristo queda mejor expresado simbólicamente por el gesto de inmersión, y por eso lo subraya el Ritual, aunque de hecho, por razones prácticas, apenas se utiliza.

Antiguamente se consideraba «entrar en el agua» como símbolo de «entrar en la nueva vida con Cristo». La infusión de agua por tres veces sobre la cabeza expresa más bien la purificación que el agua realiza.

En la Vigilia pascual somos asperjados con el agua bautismal, después de renovar las promesas de nuestro Bautismo. Así recordamos que fuimos incorporados a la Pascua de Cristo, el paso de la muerte a la vida.

Vestidura Blanca. Imposición

Los vestidos, además de su función protectora y estética, pueden tener una intención simbólica. El presidente y los ministros de la celebración se revisten de modo simbólico para su ministerio. Contribuyen al decoro y estética de la celebración, y ayudan a comprender el misterio que se celebra.

Después de la unción con el crisma, el padrino o la madrina impone al neófito la vestidura blanca. Es claro el simbolismo de este vestido . En los primeros siglos el recién bautizado lo conservaba puesto desde la Vigilia pascual, en que se celebraba el bautismo, hasta el domingo siguiente, llamado «Dominica in albis», o de la deposición de las vestiduras.

«N., eres ya nueva criatura y has sido revestido de Cristo. Esta vestidura blanca sea signo de tu dignidad de cristiano. Ayudado por la palabra y el ejemplo de los tuyos, consérvala sin mancha hasta la vida eterna». El vestido blanco quiere ayudar a comprender en profundidad lo que sucede en el Bautismo: convertirse en nueva creatura, revestirse de Cristo.

Originariamente la octava de Pascua fue concebida como una octava del Bautismo, para asegurar a los neófitos una catequesis postbautismal y orar por los nuevos miembros de la Iglesia. Este aspecto aparece destacado también actualmente en algunas antífonas y oraciones de la Misa. «Como niño recién nacido, ansiad la leche auténtica, no adulterada, para crecer con ella sanos». «Acrecienta en nosotros los dones de tu gracia, para que comprendamos mejor la inestable riqueza del bautismo que nos ha purificado».

Luz. Vela encendida en el cirio pascual.

En nuestra civilización de la luz artificial, la luz de unas velas, aunque no hicieran falta para ver, y aunque sólo fueran de adorno, puede significar muy expresivamente la fiesta, la atención, el respeto, la oración, la presencia de lo invisible, la felicidad, el paso a una nueva existencia iluminada por Cristo.

En la Vigilia pascual celebramos con el simbolismo de la luz la resurrección de Cristo y nuestro paso de las tinieblas del pecado a la vida en Cristo. En la celebración del Bautismo durante todo el año se enciende el cirio pascual como recuerdo gráfico de que al ser bautizados participamos en la Pascua del Señor.

El padre o el padrino enciende la vela en el cirio pascual, que le muestra al neófito, mientras el celebrante dice: «Recibid la luz de Cristo. A vosotros, padres y padrinos, se os confía acrecentar esta luz. Que vuestro hijo, iluminado por Cristo, camine siempre como hijo de la luz. Y perseverando en la fe, pueda salir con todos los santos al encuentro del Señor» (Bautismo de niños). «Has sido transformado en luz de Cristo. Camina siempre como hijo de la luz, a fin de que perseveres en la fe y puedas salir al encuentro del Señor cuando venga con todos los santos en la gloria celeste» (Bautismo de adultos).

En los primeros siglos se hablaba del Bautismo como de una «Iluminación». La vida nueva que el Espíritu dio a Cristo en la Resurrección (cirio pascual) se transmite ahora a cada uno de los bautizados (cirio personal).

En la Vigilia pascual todos los años encendemos nuestro cirio en el cirio pascual, que lo mantendremos encendido durante la renovación de las promesas de nuestro Bautismo y la profesión de fe. «Por el misterio pascual hemos sido sepultados con Cristo en el Bautismo, para que vivamos una vida nueva» (Monición para la renovación de las promesas bautismales).

"Effeta" ("Abríos'). Tocar los oídos y la boca.

Si al celebrante le parece oportuno, después de la entrega del cirio, puede añadir el rito del «effeta». Tocando con el dedo pulgar los oídos y la boca del niño, dice: «El Señor Jesús, que hizo oír a los sordos y hablar a los modos, te conceda, a su tiempo, escuchar su Palabra y proclamar la fe, para alabanza y gloria de Dios Padre. Amén».

La salvación que ofreció Jesús era una salvación total, espiritual y corporal a la vez. Y lo manifestaba continuamente con gestos visibles. Al sordomudo del evangelio, «le metió los dedos en los oídos y le tocó la lengua, diciendo: «effeta, ábrete». Ese «tocar» de Jesús es como la mano de Dios, que por medio de Cristo, sana, bendice, protege, comunica vida, perdona, da seguridad.

La Iglesia, en sus sacramentos, continúa esa acción de Jesús con el mismo lenguaje y sentido de cercanía espiritual y corporal.

Además, el rito del «effeta» tiene el sentido que se desprende de las palabras que le acompañan, de «escuchar la Palabra» y «proclamar la fe». Para ello se le hace el gesto de abrir el oído y la boca, como Jesús «hizo oír a los sordos y hablar a los mudos».

El cristiano, desde su bautismo, es apto para escuchar la Palabra de Dios, y es deber suyo proclamarla. La Iglesia se edifica y crece escuchando la Palabra de Dios. La comunidad cristiana, ante todo, escucha esa Palabra de Dios, dejándose evangelizar por ella. Luego, la predica a la humanidad, dando testimonio de ella. De esta manera, la comunidad evangelizada, se convierte al mismo tiempo en evangelizadora. De creyente, en testigo misionero.

Y el cristiano celebra esta Palabra en la liturgia, dejándose iluminar y alimentar continuamente por ella. A la proclamación de la Palabra la comunidad cristiana responde con una audición llena de fe, dejándose interpelar por el Dios que le habla y traducir lo que ha escuchado en la realidad de la vida diaria. Y todo ello, «para alabanza y gloria de Dios Padre».



Imposición de las manos sobre los confirmados

La imposición de las manos es uno de los gestos más repetidos en la Biblia y en la liturgia sacramental cristiana para significar la transmisión de poderes, la bendición, el perdón o la identificación de una persona. Su sentido queda concretado por las palabras que acompañan al signo en cada caso. «Yo te absuelvo de tus pecados» en el Sacramento de la Penitencia. «Te pedimos que santifiques estos dones con la efusión de tu Espíritu, de manera que sean para nosotros Cuerpo y Sangre de Jesucristo, nuestro Señor», en la Plegaria Eucarística. «... Escucha nuestra oración y envía sobre ellos el Espíritu Santo Paráclito», en el sacramento de la Confirmación.

Jesús bendice, cura y perdona con el expresivo gesto de la imposición de los manos. La comunidad cristiana lo utiliza para transmitir el Espíritu Santo sobre los bautizados.

En el sacramento de la Confirmación, por la imposición de las manos sobre los confirmandos, hecha por el Obispo y, en su caso, por aquellos sacerdotes que van a ayudar al Obispo en la administración de la confirmación, se actualiza el gesto bíblico, con el que se invoca el don del Espíritu Santo. En la oración que acompaña a esta primera imposición de las manos se pide a «Dios todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo» para estos confirmandos «que regeneraste por el agua y el Espíritu Santo» (alusión al Bautismo) el Espíritu Santo Paráclito, con el espíritu de sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad, y finalmente, «cólmalos del espíritu de tu santo temor». Y la segunda imposición de la mano se hace con la unción del crisma.

Unas manos extendidas hacia una persona y unas palabras que oran. Las manos elevadas, apuntando al don divino, y a la vez mantenidas sobre una persona, expresando la aplicación y atribución del don divino a estas criaturas. Por una parte, invocamos humildemente la fuerza de Dios, de quien dependemos, la fuerza del Espíritu Santo. Por otra parte, nos damos cuenta de que los dones de Dios nos vienen en la Iglesia y por la Iglesia.

La Iglesia es siempre el lugar donde florece el Espíritu. La mano poderosa de Dios que bendice, consagra o inviste de autoridad, es representada sacramentalmente por la mano del ministro de la Iglesia, extendida con humildad y confianza en este caso sobre los confirmandos. Cuando el ministro realiza este gesto simbólico de la imposición de las manos, se convierte en instrumento de la transmisión misteriosa de la salvación de Dios. Y cuando los confirmandos ven realizada sobre ellos esta acción simbólica, además de alegrarse se sienten interpelados, porque se están asegurando la cercanía de Dios, y que el Espíritu Santo sigue actuando en todo momento como «Señor y dador de vida».

Crisma. Crismación.

El crisma es un ungüento aromático, mezcla de aceite y bálsamo oloroso, con el que se unge o se da masaje.

En el Antiguo Testamento se empleaba la unción para expresar la fuerza que Dios comunicaba a las personas que empezaban una misión para su pueblo: los reyes, como David, los sacerdotes, como Aarón, los profetas, como Eliseo El auténtico Ungido es Jesús de Nazaret. El ha recibido la misión de Mesías, y por eso recibe la unción del Espíritu Santo. Después, los creyentes en Cristo recibimos también la unción del Espíritu.

El crisma lo consagra el Obispo rodeado de su presbiterio en la Misa crismal. «Te pedimos, Señor, que te dignas santificar con tu bendición este óleo y que, con la cooperación de Cristo, tu Hijo, de cuyo nombre le viene a este óleo el nombre de crisma, infundas en él la fuerza del Espíritu Santo con la que ungiste a sacerdotes, reyes, profetas y mártires y hagas que este crisma sea sacramento de la plenitud de la vida cristiana para todos los que van a ser renovados por el baño espiritual del bautismo. Haz que los consagrados por esta unción, libres del pecado en que nacieron, y convertidos en templo de tu divina presencia, exhalen el perfume de una vida santa; que, fieles al sentido de la unción, vivan según su condición de reyes, sacerdotes y profetas, y que este óleo sea para cuantos renazcan del agua y del Espíritu Santo, crisma de salvación y les haga partícipes de la vida eterna y herederos de la gloria celestial.

En la celebración del Bautismo, después de la inmersión o efusión del agua, el celebrante unge con el crisma la coronilla del bautizado, significando su incorporación al sacerdocio de Cristo. «Dios todopoderoso,... te consagre con el crisma de la salvación para que entres a formar parte de su pueblo y seas para siempre miembro de Cristo, sacer- dote, profeta y rey».

El sacramento de la Confirmación se confiere mediante la unción del crisma en la frente, que se hace con la imposición de la mano, y mediante las palabras «Recibe por esta señal el don del Espíritu Santo». En Oriente este sacramento se llama «Crismación».

«La unción del santo crisma después del Bautismo, en la Confirmación y en la Ordenación, es el signo de la consagración. Por la Confirmación, los cristianos, es decir, los que son ungidos, participan más plenamente en la misión de Jesucristo y en la plenitud del Espíritu Santo que éste posee, a fin de que toda su vida desprenda «el buen olor de Cristo». Por medio de esta unción, el confirmando recibe «la marca», el sello del Espíritu Santo. El sello es el símbolo de la persona, signo de su autoridad, de su propiedad sobre un objeto, por eso se marcaba a los soldados con el sello de su jefe y a los esclavos con el de su señor. Autentifica un acto jurídico o un documento y lo hace, si es preciso, secreto. Cristo se declara marcado con el sello de su Padre. El cristiano también está marcado con un sello: «Y es Dios el que nos conforta juntamente con vosotros en Cristo y el que nos ungió y el que nos marcó con su sello y nos dio en arras el Espíritu en nuestros corazones» ( 2 Co 1,22). Este sello del Espíritu, marca de la pertenencia total a Cristo, la puesta a su servicio para siempre, indica también la promesa de la protección divina en la prueba escatológica» (Catecismo de la Iglesia Católica, no. 1294-1296).

«Ser crismado es lo mismo que ser crista, ser mesías, ser ungido. Y ser mesías y ser crista comporta la misma misión que el Señor: dar testimonio de la verdad y ser, por el buen olor de las buenas obras, fermento de santidad en el mundo» (Monición antes de la crismación).

Pan y Vino. «Este es mi Cuerpo». «Esta es mi sangre

La Iglesia, siguiendo el ejemplo de Cristo, ha usado siempre, para celebrar el banquete del Señor, el pan y el vino mezclado con agua. El pan para la celebración de la Eucaristía debe ser de trigo, según la tradición de toda la Iglesia; ázimo, según la tradición de la Iglesia latina. El vino natural y puro, sin mezclas de sustancias extrañas.

«En el corazón de la celebración de la Eucaristía se encuentran el pan y el vino que, por las palabras de Cristo y por la invocación del Espíritu Santo, se convierten en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Fiel a la orden del Señor, la Iglesia continúa haciendo memoria de él, hasta su retorno glorioso, lo que él hizo la víspera de su pasión: «Tomó pan...», «tomó el cáliz lleno de vino...». Al convertirse misteriosamente en el Cuerpo y la Sangre de Cristo, los signos del pan y del vino siguen significando también la bondad de la creación. Así, en el ofertorio, damos gracias al Creador por el pan y el vino, fruto «del trabajo del hombre», pero antes, «fruto de la tierra» y «de la vid», dones del Creador. La Iglesia ve en el gesto de Melquisedec, rey y sacerdote, «que of reció pan y vino» una prefiguración de su propia of renda» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1333).

El pan es símbolo básico de la humanidad. Satisface el hambre, da fortaleza, y es símbolo de la misma vida. Para los cristianos el pan es uno de los mejores símbolos para comprender a Jesús, que se definió a sí mismo: «Yo soy el pan de la vida». Y en la última Cena estableció el pan como signo sacramental de su donación eucarística a los suyos. El mismo ha querido hacerse pan para ser alimento sobrenatural de los creyentes. En el primer siglo la Eucaristía se llamó «fracción del pan».

El vino es la bebida festiva por excelencia. Humanamente el vino habla de amistad y de comunión con los demás, crea alegría, infunde inspiración. Ya en el Antiguo Testamento, refiriéndose a los tiempos mesiánicos se hablaba de «un festín de vinos de solera; manjares enjundiosos, vinos generosos».

La varias copas de vino de la cena pascual judía expresaban la alegría festiva de su Alianza con Dios. En Caná, el vino nuevo, reservado para el final, simboliza claramente los tiempos mesiánicos inaugurados ya por Cristo. El se presentó a sí mismo como «Yo soy la vid verdadora». Y en la última Cena pronunció por vez primera las palabras que hoy se repiten en todas las eucaristías: «Tomad y bebed todos de él, porque es el cáliz de mi Sangre, Sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por vosotros y por todos los hombres para el perdón de los pecados».

El vino, apuntando a la Sangre de Cristo, nos pone en comunión con el sacrificio pascual de Cristo en la cruz, a la vez que nos hace pregustar anticipadamente la alegría escatológica del Reino. «Os digo que no beberé del fruto de la vid hasta el día que beba con vosotros el vino nuevo en el reino de mi Padre.

El Señor glorioso se identifica con el pan y el vino para darse él mismo como alimento y bebida. No eligió cualquier bebida, como podía haber sido el agua, la bebida más ordinaria, sino el vino, lleno de vitalidad y de fuerza. Es un magnífico símbolo de la vida y de la alegría que él nos quiere comunicar, y de su sacrificio en la cruz.

Se recomienda que se consagre pan nuevo en cada misa para los comulgantes, «para que incluso por los signos, se manifieste mejor la comunión como participación del sacrificio que en aquel momento se celebra». También se recomienda comulgar bajo las dos especies: «la comunión tiene una expresión más plena por razón del signo cuando se hace bajo las dos especies».

Comida y Bebida. Comer y Beber.

Comer y beber son los gestos centrales de la Eucaristía. La comida y la bebida con otros, en comunidad, del pan y del vino, que se convierten en el Cuerpo y la Sangre del Señor Resucitado, es el gesto simbólico que más ayuda a entender la Eucaristía, que además de signo de unidad fraterna reconciliada y festiva, en ella se nos da el mismo Cristo como comida y bebida para el camino.

Si el Antiguo Testamento comienza con el «no comáis», en el Nuevo Testamento se escucha el encargo de «tomad y comed. Si entonces la consecuencia sería «el día que comieras de él, morirás», ahora la promesa es lo contrario: «el que come de este pan vivirá para siempre».

El comer, humanamente, tiene el valor de alimento y reparación de las fuerzas. Pero a la vez se come como fruto del propio trabajo, se come en familia, con los amigos, en clima de fraternidad, con sentido de fiesta. En el contexto de la Eucaristía, es el «viático», el alimento para nuestro camino.

Beber no sólo apunta a la satisfacción de la sed, sino que se entiende fácilmente en sentido simbólico, porque además de la sed física, se puede tener sed de felicidad, de amor, de sabiduría.

«Lo que el alimento material produce en nuestra vida corporal, la comunión lo realiza de manera admirable en nuestra vida espiritual. La comunión con la Carne de Cristo resucitado, "vivificada por el Espíritu Santo y vivificante», conserva, acrecienta y renueva la vida de gracia recibida en el Bautismo. Este crecimiento de la vida cristiana necesita ser alimentada por la comunión eucarística, pan de nuestra peregrinación, hasta el momento de la muerte, cuando nos sea dado como viático» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1392).

Además de unirnos con Cristo, el pan de la Eucaristía construye la comunidad. «La Eucaristía hace la Iglesia». Los que reciben la Eucaristía se unen más estrechamente a Cristo. Por ello mismo, Cristo los une a todos los fieles en un solo cuerpo: la Iglesia. La comunión renueva, fortifica, profundiza esta incorporación a la Iglesia realizada ya en el Bautismo. En el Bautismo fuimos llamados a no formar más que un solo cuerpo. La Eucaristía realiza esta llamada: «El cáliz de bendición que bendecimos ¿no es acaso comunión con la sangre de Cristo?, y el pan que partimos ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo? Porque aun siendo muchos, somos un solo pan y un solo cuerpo, pues todos participamos de un solo pan» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1396).

Con el simbolismo de la comida, Cristo expresó durante su vida terrena el perdón, la alegría del reencuentro, la fiesta, la plenitud y felicidad del reino futuro. El padre bueno acoge al hijo pródigo a su vuelta con una buena comida. Es expresiva la presencia de Jesús en comidas en casas como la de Zaqueo, de Mateo, del fariseo, de Lázaro. Lo mismo que las comidas de Jesús con sus discípulos antes y después de la Pascua.

«Los milagros de la multiplicación de los panes, cuando el Señor dijo la bendición, partió y distribuyó los panes por medio de sus discípulos para dar de comer a la multitud, prefiguran la sobreabundancia de este único pan de la Eucaristía. El signo del agua convertida en vino en las Bodas de Caná anuncia ya la Hora de la glorificación de Jesús. Manifiesta el cumplimiento del banquete de bodas en el Reino del Padre, donde los fieles beberán el vino nuevo convertido en Sangre de Cristo» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1135).





BIBLIOGRAFIA

• José Aldazábal. Gestos y Símbolos. Centre de Pastoral Litúrgica. Dossiers CPL 40. Barcelona, 1989.

• José Aldazábal. Vocabulario Básico de Liturgia. Centre de Pastoral Litúrgica. Biblioteca litúrgica 3. Barcelona, 1994

• Domenico Sartore. Nuevo Diccionario de liturgia. Voz: Signo/Símbolo, pp.1909-1920. Ediciones Paulinas. Madrid, 1987, pp. 1909-1920

• Aimé-Georges Martimort. La Iglesia en oración. Introducción a la liturgia. Capítulo IV. Los signos. Editorial Herder. Barcelona, 1987, pp. 195-238

• Dionisio Borobio. La celebración en la Iglesia I. 20. El hombre y los Sacramentos: carácter simbólico y enraizamiento antropológico de los sacramentos. Ediciones Sígueme. Salamanca 1987, pp. 409-471

• Julián López. La liturgia de la Iglesia. Capítulo XII. El simbolismo litúrgico. BAC. Madrid, 1994, pp. 141-151

• J.A. Abad - M. Garrido. Iniciación a la liturgia de la Iglesia. Capítulo III. El signo litúrgico. Ediciones Palabra. Madrid, 1988, pp. 59-73



CONSIDERACIONES PREVIAS

1.- ANTES DE LA CELEBRACION:

1.- Es muy importante la preparación previa, si se hace una buena catequesis en la que se explique a los padres el sentido del Sacramento y su compromiso de fe en nombre de sus hijos y su incorporación a la Iglesia, el Sacramento será una verdadera celebración.

2.- El domingo es el día del Señor y el día en que se reúne la Comunidad Cristiana, por eso es el día por excelencia para la celebración del Bautismo por el que se incorporan los nuevos miembros a la Comunidad.

El Tiempo Pascual es el idóneo para las celebraciones bautismales, utilizando el agua de la Vigilia Pascual. A ser posible en Tiempo de Cuaresma no se administrará el Sacramento del Bautismo.

3.-Si hay Pila Bautismal fija, se debe utilizar ésta evitando el uso de una portátil.

4.-Si es posible siempre se debe hacer una procesión hacia la Pila aunque ésta no esté muy lejana.

5.-La colocación en el Templo de los padres, padrinos y neófitos, debe tener en cuenta dónde está situado el Bautisterio.

6.- El neófito es presentado y acercado a la Pila Bautismal por los padres, educadores y fiadores de la fe de sus hijos, y ellos o los padrinos son los que a su vez reciben la luz tomada del Cirio Pascual, que preside la celebración.

7.-No es necesario hacer una monición a cada parte del rito, pues las propias oraciones explican el sentido de cada signo o símbolo realizado.

CELEBRACION

RITOS INICIALES

Después del saludo el sacerdote hace una monición presidencial sobre el gozo de la Iglesia al celebrar el Bautismo, haciendo a continuación el escrutinio en el que los padres piden el Bautismo a la Iglesia y se comprometen a educarlos en la fe, ayudados en esta tarea por los padrinos.

El sacerdote y los padres y padrinos hacen la señal de la Cruz sobre el neófito.





LITURGIA DE LA PALABRA

En el ritual viene un apéndice con las lecturas más apropiadas para la celebración, que tienen un marcado carácter bautismal. No se debe olvidar que también el salmo responsorial forma parte de la Palabra de Dios y como tal se debe respetar su estructura de respuesta dialogante y el mismo texto sagrado. Un canto, aunque sea confesante de fe no puede sustituir a la Palabra de Dios, que es el salmo.

LA HOMILIA

1.- La homilía debe ser ante todo celebrativa. Ni tan siquiera la duda con respecto al nivel de fe de bastantes de los asistentes puede justificar el reducir la homilía a un adoctrinamiento.

2.- La homilía debería estar centrada en ayudar a descubrir que para la Iglesia lo que se realiza es una celebración del amor salvador de Dios, teniendo en cuenta los textos bíblicos que se han proclamado.

3.- El bautismo no se puede presentar primeramente como un compromiso, si antes no se presenta como un don del amor de Dios que nos comunica la Vida.

4.-Habrá que esforzarse por conseguir una real adaptación a los asistentes. Para ello conviene que el que preside los bautizos haya participado en les previas reuniones con los padres o por lo menos se informe de quienes son.

5.-La adaptación de la homilía no debe infravalorar la fe y la capacidad de comprensión de los asistentes.

6.-Como en cualquier homilía se deberá escoger el tema más conveniente entre la riqueza de aspectos que el hecho del bautismo of rece.

7.-Es preferible exponer comunicativamente un aspecto que querer presentar una lección teológica.

8.-Es necesario tener en cuenta que una adecuada catequesis debe realizarse antes. Si ello no sucede o no es posible, tampoco puede pretenderse suplir la catequesis con un intento de homilía exhaustiva.

9.-Otro rasgo que caracteriza la homilía bautismal es su aspecto introductorio al rito bautismal. No se trata de convertirla en explicación ritual de todos y cada uno de los ritos. Pero sí convendrá hacer alguna referencia a los signos más importantes, especialmente el baño del agua.

10.- La homilía bautismal debe invitar a los padres y padrinos a hacerse

conscientes de la misión que por este sacramento asumen en su vida.

LA ORACIÓN DE LOS FIELES

En ella se pide especialmente para que los neófitos se incorporen a Cristo, reciban en su día los otros Sacramentos de iniciación y lleguen a la vida eterna. Se pide también por los padres, padrinos y todos los presentes.

LA ORACIÓN DE EXORCISMO Y UNCIÓN

PREBAUTISMAL

Jesucristo nos alcanzó la victoria sobre el demonio y la muerte. Con el exorcismo se pide esa victoria. Y la unción con el óleo de los catecúmenos en el pecho del niño significa la comunicación de la fuerza de Cristo para que él siga luchando y alcance la victoria.

LITURGIA DEL SACRAMENTO

BENDICIÓN E INVOCACIÓN A DIOS SOBRE EL AGUA

Es un momento importante de la celebración. La oración de bendición del agua recuerda y pone de relieve el significado del agua en la historia de la salvación.

Si se ha consagrado el agua en la Vigilia Pascual, para que no falte en el Bautismo la acción de gracias y la súplica, se hace la bendición e invocación de Dios según la fórmula de los números 217 y 218 del Ritual.

RENUNCIAS Y PROFESIÓN DE FE

Las renuncias y la profesión de fe de los padres y padrinos actualizan su propio Bautismo y su experiencia de la fe de la Iglesia, en la cual son bautizados los niños. Las contestaciones a las preguntas del celebrante se hacen en singular para demostrar el compromiso y la respuesta personal.

BAUTISMO

El Bautismo es la participación en la muerte y resurrección de Cristo. Eso se significa con el gesto de meterlo y sacarlo del agua («sacar de pila»). El celebrante invita a la familia para que se acerque a la Pila y después de pedir a los padres y padrinos su consentimiento bautiza al niño en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Después del Bautismo del niño se puede hacer una pequeña aclamación del pueblo.

UNCIÓN CON EL SANTO CRISMA

Por esta unción en la cabeza se significa el sacerdocio real del bautizado y su agregación al Pueblo de Dios. Como bautizados estamos consagrados, para que nuestra vida sea agradable a Dios en alabanza, amor, servicio y adoración.

IMPOSICIÓN DE LA VESTIDURA BLANCA

La vestidura blanca significa que el neófito es partícipe de la vida divina como hijo de Dios revestido de Cristo.

ENTREGA DEL CIRIO

Se entrega al padre o al padrino la luz tomada del Cirio Pascual que representa a Cristo Resucitado, Luz del mundo. Todos estamos comprometidos a mantener viva esa luz de la fe infundida en el Bautismo.

CONCLUSIÓN DEL RITO

RECITACION DE LA ORACIÓN DOMINICAL

El celebrante recuerda que los neófitos un día recibirán los otros Sacramentos de iniciación e invocarán ellos también a Dios como Padre. Oran todos juntos con el Padre Nuestro.

GESTO DE OFRENDA A LA VIRGEN

Antes de la bendición final los padres del bautizado se pueden acercar a una imagen de la Virgen y hacer el gesto de ofrenda de su hijo, momento que puede estar acompañado de un canto mariano.

BENDICIÓN FINAL Y DESPEDIDA

Seguidamente el celebrante bendice a la madre que tiene en sus brazos al niño, al padre y a todos los presentes según la bendición solemne que presenta el Ritual.





EL BAUTISMO DE VUESTRO HIJO

(Reflexiones para entregar a los padres antes del bautismo de su hijo)

BAUTISMO QUIERE DECIR BAÑO

PERO EL BAUTISMO ES UN BAÑO NO SOLO DE

LIMPIEZA SINO DE REGENERACIÓN.

• El que se baña no sólo se limpia sino que también se

vigoriza

• El agua y la vida están muy relacionadas.

• Donde hay agua hay vida.

• Donde falta el agua no hay vida.

POR EL BAUTISMO SE NOS COMUNICA LA VIDA DE CRISTO RESUCITADO PARA QUE VIVAMOS COMO ÉL.







EL BAUTISMO DE LOS NIÑOS, EXIGENCIA

PARA LOS MAYORES

• El bautismo es un regalo de Dios al hombre. Pero también un compromiso para toda la vida.

• En el bautismo Dios nos hace hijos suyos.

• Y nos exige que vivamos en adelante una vida digna de hijos de Dios.

• Sin ningún mérito nuestro, Dios, en el bautismo, nos incorpora a Cristo y a su Iglesia.

• El hombre tiene que llegar a conocer a Dios y amarle; tiene que aprender a vivir como hijo suyo.

• Los padres toman, al pedir el Bautismo para sus hijos, el compromiso de enseñarles a conocer a Dios y amarle con el testimonio de su vida, a vivir con un corazón como el de Cristo.



NACIDOS DEL AGUA Y DEL ESPIRITU

EL RITO DEL BAUTISMO

1.-Rito de acogida

En él se expresa la voluntad de los padres y padrinos y la intención de la Iglesia de celebrar el Bautismo. Esto se manifiesta por medio de:

• el saludo del celebrante,

• el diálogo con los padres y padrinos,

• y la signación, en la frente de los niños, hecha por el celebrante y los padres y padrinos.

La finalidad de este rito es lograr que los fieles reunidos constituyan una comunidad y se dispongan a oír como conviene la Palabra de Dios y a celebrar el Sacramento. Así mismo el Rito de acogida pone de relieve que por el bautismo se entra en la Iglesia.

-Celebrante: ¿Qué pedís a la Iglesia para N.?

-Padres: El Bautismo.

-Celebrante: Al pedir el Bautismo para vuestro hijos, ¿sabéis que os obligáis a educarlos en la fe, para que estos niños, guardando los mandamientos de Dios, amen al Señor y al prójimo como Cristo enseña en el Evangelio?

-Padres: Si, lo sabemos.

-Celebrante: N. N., la comunidad cristiana os recibe con gran alegría. Yo, en su nombre, os signo con la señal de Cristo Salvador. Y vosotros, padres y padrinos, haced también sobre ellos la señal de la cruz.

2.-Liturgia de la Palabra

La celebración de la Palabra de Dios se ordena a que, antes de realizar el sacramento, se avive la fe de los padres y padrinos y de todos los presentes, y se ruegue en la oración común, por el fruto del sacramento. Esta celebración consta de:

• la lectura de uno o varios textos de la Sagrada Escritura,

• la homilía para explicar los textos,

• un breve silencio para asimilarlos,

• la oración de los fieles,

• la unción con el óleo de los catecúmenos.

3.-Celebración del Sacramento

Es la parte culminante del rito, a la cual están ordenadas todas las demás.

Comprende:

*una preparación que consiste en:

• la bendición del agua,

• la renuncia de los padres y padrinos al pecado; la profesión de fe, seguida del asentimiento del celebrante y la comunidad,

*el bautismo con el agua,

*los ritos complementarios de:

• la crismación, por la que se significa el sacerdocio real del bautizado,

• la imposición de la vestidura blanca,

• entrega del cirio que representa la luz de la fe.

En esta parte del rito se destaca el contenido perenne y fundamental de este sacramento. El Bautismo aparece:

* como participación del Misterio Pascual,

* como nuevo nacimiento,

* como incorporación al triple ministerio de Cristo: sacerdote, profeta y rey,

* como entrega de la gracia y de la fe.

-Celebrante: Queridos padres y padrinos:

En el Sacramento del Bautismo, estos niños que habéis presentado a la Iglesia van a recibir por el agua y el Espíritu Santo una nueva vida que brota del amor de Dios. Vosotros, por vuestra parte, debéis esforzaros en educarlos en la fe, de tal manera que esta vida divina quede preservada del pecado y crezca en ellos de día en día.

Así, pues, si estáis dispuestos a aceptar esta obligación, recordando vuestro propio bautismo, renunciad al pecado y confesad vues

tra fe en Cristo Jesús, que es la fe de la Iglesia, en la que van a ser bautizados vuestros hijos.

-Celebrante: ¿Queréis, por tanto, que vuestro hijo N. sea bautizado en la fe de la Iglesia, que todos juntos acabamos de profesar?

-Padres y padrinos: Sí, queremos.

-Celebrante: N. yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

4.-Rito de Despedida

Los Sacramentos de la Iniciación cristiana son el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía.

En los ritos conclusivos aparece la estrecha relación que existe entre estos tres sacramentos:

*la oración dominical, el Padrenuestro, se dice ante el altar como anticipo de lo que será la plena participación en la Eucaristía,

*y finalmente, para terminar la celebración, el Sacerdote o Diácono bendice a los padres, a los niños, y a todos los asistentes.









MIEMBROS VIVOS DEL CUERPO DE

CRISTO QUE ES LA IGLESIA

Por el Bautismo entramos a formar parte de la Iglesia en la que vivimos como miembros y participamos de la misma vida de Cristo.

Por ser hechos hijos del mismo Padre, somos hermanos de todos aquellos que recibieron el Bautismo y se saben hijos de Dios.

La Iglesia es una realidad invisible: la fe, la gracia, la presencia de Cristo, la acción del Espíritu Santo, son realidades que escapan a nuestros ojos. Y, sin embargo, realidades vivas.

La Iglesia es también una realidad visible: ya que la fe, la gracia, la presencia de Cristo, se manifiestan visiblemente en el amor de los miembros de la Iglesia, en los Sacramentos.

Por el Bautismo, al hacernos miembros de Cristo, nos hacemos también responsables de esa Iglesia y de la misión que Jesús le ha encomendado. Todos, unidos a Cristo, tenemos que hacer que la Iglesia sea para todos los hombres presencia del ;Señor; tenemos que hacer con nuestra vida y nuestra palabra que la Iglesia crezca y haga posible el Reino de Dios.











CONSIDERACIONES PREVIAS

1.-Antes de comenzar, un catequista puede dirigirse a la asamblea para centrar el sentido de la celebración y dar la bienvenida a todas las familias y aquellos que sin pertenecer a la comunidad parroquial están allí presentes.

La presencia del Obispo o, en su defecto, del Vicario Episcopal debe ser subrayada en este momento, destacando la vinculación de esa comunidad con la Iglesia Diocesana y la apostolicidad de la fe que van a confirmar los candidatos al sacramento.

2.- El sitio más adecuado para la colocación de los confirmandos son los primeros bancos. No se deberían situar en el presbiterio, puesto que los que en este sacramento se quiere destacar es la vinculación con el Bautismo.

3.-Los padrinos de los confirmandos se situarán detrás de sus ahijados. Cada confirmando llevará un sólo padrino. En ningún caso está permitido que una o dos personas hagan de padrinos para todo el grupo.

4.-Los cantos del propio de la Misa deberían respetar las palabras bíblicas con las que así se han conservado en la liturgia de la Iglesia. Lo ideal es conservar los cantos del ordinario de la Misa, como son el Santo, el gloria, el Padre Nuestro y el Cordero de Dios, sin modificar el texto y utilizando una música con la que toda la asamblea pueda cantar.

CELEBRACIÓN

PROCESIÓN DE ENTRADA

Precedida por el turiferiario, la cruz y los ciriales, la procesión de entrada está formada por los confirmandos, uno de los cuales puede llevar el Evangeliario y otro el crisma con el que serán ungidos. Finalmente el Obispo o el Vicario cierra la procesión junto a los sacerdotes.

RITOS INICIALES

En este día conviene destacar desde el primer momento, la evocación del Bautismo. Se recomienda que el acto penitencial sea sustituido por la bendición y aspersión del agua. Para subrayar este gesto y dejar bien patente el itinerario catecumenal no estaría de más que una monición al rito de la aspersión explicitara el sentido que especialmente se le da en ese momento.

LITURGIA DE LA PALABRA

La elección de las lecturas de la Palabra de Dios se verá condicionada según se celebre el sacramento en día ordinario o en domingo. Si es en domingo siempre se deben de respetar las lecturas del día; si se celebra en día ordinario el ritual ofrece un elenco importante tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento.

No se debe olvidar que también el Salmo Responsorial forma parte de la Palabra de Dios y como tal se debe respetar el texto sagrado, así como su estructura de respuesta dialogante. No se puede sustituir por otro canto distinto.

PRESENTACIÓN DE LOS CONFIRMANDOS

Después del Evangelio el Obispo o el Vicario se sienta en su sede; entonces es aconsejable que sea el párroco quien presente al Obispo a los que han de ser confirmados. Si es posible cada uno de los confirmandos es llamado por su nombre y levantándose da un paso hacia adelante sin responder «presente». Si los confirmandos son muchos no es necesario llamar a cada uno de ellos por su nombre, sino que es suficiente que se coloquen en un lugar oportuno ante el Obispo. En todo momento, hay que evitar que la presentación de los confirmandos como su colocación se asemeje a lo que dispone el ritual para las Órdenes Sagradas.

RENOVACIÓN DE LA PROMESAS DEL BAUTISMO

La renuncia y renovación de las promesas del Bautismo tienen una especial relevancia, pueden hacerlas los confirmandos sosteniendo en su mano una vela encendida del Cirio Pascual, para destacar la unidad del sacramento de la Confirmación con el Bautismo.

El ritual propone diferentes textos alternativos que se pueden escoger en función del grupo que se confirma. Otros formularios que pueden utilizarse se encuentran en el Ritual para la Iniciación Cristiana de Adultos (RICA). No se debe cambiar la formulación por otra que no haya sido aprobada por la Sagrada Congregación para el Culto Divino o la Conferencia Episcopal Española. El texto de renuncias no puede convertirse en una declaración de principios que vaya más allá de lo que el Sacramento de Iniciación puede pretender. No es el momento de hacer públicamente una opción de vida a modo del Ritual de Órdenes o de Consagración de Religiosos.

IMPOSICIÓN DE MANOS

El gesto de la imposición de manos sólo le corresponde al Obispo o al Vicario Episcopal. Esta imposición se hace de modo general sobre todos los confirmandos a la vez. No se trata de una imposición particular sobre la cabeza de cada uno de los que van a ser confirmados. Durante la imposición de manos los confirmandos permanecen de pie.

LA CRISMACION

La crismación debe hacerse estando el Obispo o el Vicario Episcopal sentado en la sede. Los que van a ser confirmados se acercan ante él y se arrodillan, el padrino o madrina permanecen de pie a su lado poniendo su mano derecha sobre el hombro izquierdo del confirmando al tiempo que dice el nombre de su ahijado.

Una vez crismado recibe del Obispo la paz y regresa a su sitio.

Si son muchos los que van a ser confirmados, y el Obispo lo cree necesario, puede pedir a otros presbíteros que le ayuden otorgándoles esta potestad y haciéndoles entrega del Santo Crisma.

ORACIÓN DE LOS FIELES

Terminada la crismación se hace la Oración de los fieles por uno o varios de los que han sido confirmados. El esquema tradicional de intenciones: por la Iglesia, el mundo, los gobernantes, los que sufren y la comunidad allí reunida debería ser respetado. Además conviene añadir algunas intenciones por los confirmados.

LITURGIA EUCARISTICA

Acabada la Oración de los fieles, se realiza la procesión de ofrendas. Anteriormente se ha omitido el Credo, pues ya se hizo la profesión de fe antes del sacramento de la Confirmación.

Para la procesión de ofrendas, algunos de los confirmados puede llevar el pan, el vino y el agua para la Eucaristía. También pueden incluirse otros dones, como flores y cirios para el altar. Pero todo aquello que se ofrece debe acompañar al pan y al vino. No se deben presentar cosas que después no se ofrecen realmente y que sólo tienen una función simbólica muy concreta para destacar algún momento de la vida de los jóvenes que se han confirmado, pero que después no se incorporan al Sacrificio Eucarístico.

RITO DE LA PAZ

Este gesto no puede convertirse en un saludo de todos a todos, sino en un gesto eucarístico expresivo antes de la Comunión. Se comparte la paz de Cristo Resucitado. Los recién confirmados ya recibieron la paz del Obispo y ahora la intercambien entre ellos.

ACCIÓN DE GRACIAS Y POSCOMUNION

Al finalizar la celebración uno de los confirmados, en nombre de todos ellos, da las gracias a Dios, a los presentes, a los que les han transmitido la fe que han querido confirmar, y al Obispo, por haberles administrado el Sacramento.

Antes de la bendición final es el momento apropiado para recordar con una oración o un canto a la Virgen María.











MONICIÓN DE ENTRADA (Monitor o Catequista)

Antes del canto de entrada

Estamos aquí reunidos por un motivo que nos llena de alegría. Un grupo de jóvenes de nuestra parroquia recibirán hoy el sacramento de la Confirmación de manos de nuestro Obispo (Vicario) N.

Por la fuerza del Espíritu Santo darán un paso importante en su vida cristiana, que confirmará el don de Dios recibido en el Bautismo. Se han comprometido de verdad y quieren que lo que celebramos hoy marque hondamente sus vidas. Nos alegramos porque podemos experimentar que entre nosotros crece la fe y la esperanza que vienen de Jesucristo.

Puestos en pie empecemos nuestra celebración, cantando…

PRESENTACIÓN DE LOS CANDIDATOS

(Párroco)

Sr. Obispo, (Vicario), este es el grupo de jóvenes que hoy presentamos para la Confirmación. Juntos han recorrido un camino de formación en el que oyeron la voz de Jesús; han ido cambiando en pequeñas cosas, aprendiendo a vivir para los demás. Han descubierto la Iglesia como lugar de fe y de celebración. Están decididos a seguir a Jesucristo, pero son conscientes de su debilidad y nos necesitan.

Por eso se los presentamos, para que con la imposición de las manos y la unción con el óleo santo reciban ese Espíritu que les dará fuerza en el seguimiento a Jesucristo.

Estos son los jóvenes que le presentamos para ser confirmados: N., N.









CONSIDERACIONES PREVIAS

1 .-Antes de comenzar un catequista o monitor puede dirigirse a la asamblea, dándoles la bienvenida e invitándolos a participar activamente en la celebración. Será éste el momento de pedir el silencio y de rogar a los fotógrafos que actúen comedidamente, no suban al presbiterio y no impidan la visión de la asamblea.

2.-La procesión de entrada, donde sea costumbre, es precedida por la cruz y dos ciriales. Siempre estará formada por los niños que van a comulgar y el sacerdote que preside.

3.-EI sitio más indicado para la ubicación de los niños es el presbiterio si las circunstancias del lugar lo permiten. Si no es posible, otro lugar indicado son los primeros bancos de la asamblea.

4.-Si la primera comunión tiene lugar cuando habitualmente se celebra la misa con niños, a los niños que no hacen la primera comunión se les debe permitir un sitio que les ayude a una buena participación y la posibilidad de realizar los ministerios que normalmente desempeñan en la Eucaristía.

5.-Los cantos del propio de la misa deberían respetar las palabras bíblicas con las que así se han conservado en la liturgia de la Iglesia. Lo ideal es conservar los cantos del ordinario de la misa como son el Señor ten piedad, el Gloria, el Santo, el Padre Nuestro y el Cordero de Dios sin modificar el texto y utilizando una música con la que toda la asamblea pueda cantar. Un canto en el que la música esté especialmente pensada para los niños no implica la manipulación del texto sagrado.

6.-Durante toda la celebración los niños deben estar atentos a las palabras y a los gestos del sacerdote, que si es necesario subrayará o explicará brevemente los principales gestos y partes de la Eucaristía.

7.-Durante la celebración todo debe girar entorno a la participación de la asamblea y no centrarse en las diferentes intervenciones puntuales que los niños pueden realizar a lo largo de la misa.





CELEBRACIÓN

RITOS INICIALES

Después del saludo litúrgico, el sacerdote hace una monición presidencial poniendo de relieve ante la asamblea el sentido de lo que se va a celebrar.

En el acto penitencial el que preside la celebración invita a los fieles al arrepentimiento. Si se opta por mantener el acto penitencial, no puede reducirse a que todos y cada uno de los niños pida de manera particular perdón a Dios.

Sería conveniente sustituir el acto penitencial por la bendición y aspersión por el agua recordando el Bautismo.

LITURGIA DE LA PALABRA

La celebración de la Primera Comunión no es el mejor día para que los niños ejerzan el ministerio de lectores. Ese día los niños están para escuchar lo que Dios les dice a ellos y no para que proclamen a los demás la Palabra de Dios.

La celebración si es en domingo debe de seguir el ritmo habitual manteniendo las lecturas del día.

Si es en día ordinario se pueden utilizar las que propone el Leccionario para misas con niños, y concretamente las que tienen marcado carácter eucarístico. No se debe olvidar que también el salmo responsorial forma parte de la Palabra de Dios, y como tal se debe respetar su estructura de respuesta dialogante y el mismo texto sagrado. No se puede sustituir por un canto distinto a la letra del Salmo.

LA HOMILÍA

1.-La homilía de esta celebración corresponde, indudablemente, al sacerdote que preside la Eucaristía, y no a los niños o a los catequistas.

2.-En cualquier caso, después de su intervención, no larga, el sacerdote puede dialogar brevemente con los niños sobre el sentido de las lecturas o sobre lo que celebran ese día.

3.- El que preside la Eucaristía debe hacer uso de su sensibilidad para saber canalizar correctamente la expresión natural y espontánea de los niños.

4.-La homilía de la primera comunión no debería quedar aislada -ni por la forma, ni por el contenido- del resto de las Eucaristías que habitualmente se celebran los domingos con los niños.

5.- El criterio último de la celebración no puede ser el de entretener, bien porque haya una mayor presencia de niños, bien porque sintamos que la mayor parte de los que asisten no forma parte de nuestra comunidad parroquial habitual.

6.-Hay que eludir todo peligro de dramatización o teatralidad evitando, falsamente, el aburrimiento o provocando la emoción fácil de los asistentes.

7.- El sacerdote que preside la celebración no debe comportarse como un «niño mayor», sino como aquél que, con una buena pedagogía y sensibilidad, conduce la celebración.

8.-La adaptación principal de la celebración corresponde al que preside. Este debe procurar que especialmente durante la homilía los niños estén atentos a sus palabras. Por tanto, el sacerdote debe ser un gran comunicador que sabe hacerse entender por los niños y les permite vivir cada una de las partes de la Eucaristía y de los gestos y ritos que allí se realizan.

9.-La homilía debe ser de marcado carácter eucarístico. El sacerdote sabrá desvelar el sentido de sacrificio, de comunión y de acción de gracias que tiene cualquier celebración de la Eucaristía.

10.-En la celebración debería existir un tiempo para el silencio sagrado, como momento de profundización y de interiorización de lo que se está celebrando, especialmente después de la homilía.

LA PROFESION DE FE

Si es posible y el espacio del templo lo permite, las renuncias y la renovación de las promesas del Bautismo pueden hacerla los niños de pie y junto a sus padres, que son invitados a encender una vela en el Cirio Pascual (como un día hicieran en el Bautismo de sus hijos), para posteriormente entregarla a sus hijos para la profesión de Fe. Es entonces cuando se expresa simbólicamente cómo se transmite la fe dentro de la Iglesia.

LA ORACIÓN DE LOS PIELES

Uno o varios de los niños pueden leer las peticiones, el pueblo puede unirse con algún canto apropiado. El esquema tradicional de intenciones por la Iglesia, el Mundo, los Gobernantes, los que sufren y la Comunidad allí reunida no debería faltar. Es bueno también recoger la expresión espontánea de los niños en unas peticiones donde se formulen sus preocupaciones personales.

LA PROFESIÓN DE OFRENDAS

Junto al pan y al vino que ese día pueden llevarlo los niños que hacen la Primera Comunión, se pueden incluir otros dones como flores o cirios para el altar. No se deben presentar cosas que después no se ofrecen realmente y que sólo tienen una función simbólica, pero que después no se incorporan al sacrificio eucarístico.

LA PLEGARIA EUCARÍSTICA

El día de la Primera Comunión es uno de los más indicados para utilizar cualquiera de las tres Plegarias Eucarísticas de las Misas con niños. Las aclamaciones breves como respuestas cantadas posibilitan una buena participación de la asamblea a lo largo de la oración más importante de toda la Misa.

EL PADRE NUESTRO

Una monición al Padre Nuestro debería explicar el sentido que tiene ese día la oración del Padre Nuestro para los niños que hacen la Primera Comunión, después de haber expresado su deseo de vivir según el Evangelio y de haber confesado la fe de la Iglesia. Se puede recitar con las manos alzadas en oración, o con las manos cogidas en señal de fraternidad

Si se canta la música debe respetar el texto literal de la oración dominical y nunca adaptarlo, aunque el sentido sea el mismo. Rezamos con las mismas palabras que Jesús nos enseñó.

EL RITO DE LA PAZ

Este gesto no puede convertirse en un saludo de todos a todos, sino en un gesto eucarístico expresivo antes de la Comunión. Se comparte la paz de Cristo Resucitado. Lo correcto es que los niños reciban la paz del Sacerdote y la intercambien entre ellos.

LA COMUNIÓN

La solemnidad del día invita a que los niños que comulgan por primera vez lo hagan bajo las dos especies. Si sólo lo hacen con el pan, previamente se habrá hecho la preparación oportuna para recibirlo en la mano o en la boca. Pero siempre todos los niños de igual manera.

LA ACCIÓN DE GRACIAS Y POSCOMUNION

Acabada la comunión de toda la asamblea, el celebrante puede invitar a uno de los niños, para que en nombre de todos, haga públicamente una acción de gracias. Se concluye con la oración poscomunión que recita el sacerdote. Antes de la bendición final, puede tener lugar un canto mariano de todos los niños que han hecho la Primera Comunión.



MONICIÓN ANTES DE COMENZAR LA CELEBRACIÓN

(Un monitor o catequista)

Dentro de unos momentos va a comenzar la celebración de la Eucaristía. Esta de hoy es especial para todos. Lo es para vuestro hijos, que se acercan por primera vez a hacer la comunión. Lo es para vosotros, padres, que les distéis la vida y la fe y que hoy los veis dar un paso muy importante en su vida. Y lo es para nosotros, los catequistas, que los hemos ayudado a conocer y seguir a Jesús. También lo es para toda la comunidad aquí reunida, que se alegra de acogerlos, integrarlos y compartir con ellos el Pan de Vida.

Nuestra parroquia se viste de fiesta al acompañar a nuestros niños en su Primera Comunión. Fiesta importante, porque la Eucaristía ve aumentar el número de sus participantes.

MONICIÓN FINAL ANTES DE LA BENDICIÓN DEL SACERDOTE

(Un catequista)

Nuestra celebración de la Eucaristía ha concluido. Sin embargo la fiesta continúa. La paz y la alegría de Jesús, la que Él nos ha comunicado, se va a extender a vuestras casas, a vuestra familia y a vuestros amigos. Estará allí donde estéis prolongando la celebración de esta fiesta eucarística.

(Un padre)

Para nosotros, padres, recordar este encuentro con Jesús, que hemos vivido juntos, es continuar dando ejemplo de vida cristiana a nuestros hijos, para que nuestra presencia hoy, aquí, no haya sido un compromiso social o que se olvida al terminar esta celebración entrañable.

(Un niño/a)

Recordar esta Primera Comunión es para todos nosotros mantener la necesidad y el compromiso de recibir a Jesús, para ser mejores en la vida y mejorar el mundo.

















LA PRIMERA CELEBRACIÓN DEL SACRAMENTO DE LA PENITENCIA

ORIENTACIONES PREVIAS

1.- La celebración de la Penitencia, debe situarse al final de la catequesis sobre el Sacramento de la Penitencia (antes de comenzar la catequesis sobre la Eucaristía).

2.- Es importante qué el niño valore el Sacramento de la Penitencia, por sí mismo, sin vincularlo necesariamente al Sacramento de la Eucaristía.

3.- La celebración del Sacramento de la Penitencia (en su forma B), semanas antes de la primera Comunión, es compatible con la celebración del Sacramento de la penitencia (en su forma A), si el niño lo deseara, en vísperas de la Primera Comunión.

4.- El sacerdote que preside, puede oír la confesión de todos los niños, si no son muchos, aunque puede ser conveniente la asistencia de otros sacerdotes.

5.- El sacerdote que preside, y los otros sacerdotes si los hay, deben estar revestidos con alba y estola morada.

6.-Debe procurarse crear un clima de confianza y de serenidad, que aleje el nerviosismo y el miedo; clima de confianza, compatible con la dignidad, el ritmo y la belleza de la celebración. El niño tiene que percibir desde el primer momento el Misterio (Sacramento) en el que participa y debe facilitársele la vivencia de lo que celebra.

7.-Téngase en cuenta que de la grata impresión que reciba el niño, dependerá en gran medida, no solo que el niño vuelva con gusto a celebrar este Sacramento, sino el desarrollo armónico de su vida de fe.

CELEBRACIÓN

MONICIÓN INTRODUCTORIA

Aunque puede hacerla un catequista antes de que comience la celebración, es preferible que la haga el sacerdote que preside, después del saludo ritual. El sacerdote puede acompañar a los niños en su entrada procesional.

La monición puede ser espontánea, o en dialogo con los niños.

LITURGIA DE LA PALABRA

El lector (catequista, padre o madre de alguno de los niños) lleve el Leccionario al ambón. Evítese la lectura en el ritual o en otros libros; pedagógicamente es importante que el niño vea el Leccionario, que contiene la Palabra de Dios.

HOMILIA

La homilía debe hacerse muy ceñida al texto bíblico, actualizándolo al momento, entablando un diálogo con los niños.

EXAMEN DE CONCIENCIA

No es conveniente leer a los niños largos cuestionarios de examen; es recomendable dejar breves instantes de silencio. En su caso basta con apuntar algunos puntos de reflexión.

El esquema de preces apropiado para niños en el Ritual de la penitencia, n• 357, es al mismo tiempo plegaria y examen de conciencia.

RITO DE LA RECONCILIACIÓN

PRECES-PADRE NUESTRO

Las preces terminan con la oración del Padre Nuestro. Es preferible cantarlo, así sería el cántico más importante de la celebración. La oración se debe hacer pausadamente.

YO CONFIESO

Es el acto comunitario de confesión general y de petición de perdón, que recitan todos juntos.

LA CONFESIÓN SACRAMENTAL

El niño debe sentirse personalmente acogido y valorado por el sacerdote. No es aconsejable interrogar mucho al niño; es pedagógico dejarle que se exprese sin apremiarle. No es conveniente amonestar, reconvenir, instruir... Después de la confesión oral, se impone la satisfacción penitencial.

La fórmula de la absolución se debe recitar despacio y con voz clara, para que el niño pueda contestar «amén», imponiendo las manos sobre el penitente.

ACCIÓN DE GRACIAS

Se aconseja un cántico v. gr. el salmo 135 (en forma responsorial). Véase en el Ritual de la Penitencia n• 136.

RITO FINAL

DESPEDIDA

La Bendición está prevista en los números 145 ó 146 del Ritual de la Penitencia.





INTRODUCCIÓN

El espacio destinado a las celebraciones litúrgicas forma parte de nosotros mismos, como expresión de nuestra corporeidad; está impregnado de nuestra experiencia litúrgica, de tal forma que los lugares de la celebración son el «icono espacial» de nuestra fe y de la teología litúrgica.

El espacio celebrativo ha sido organizado y distribuido en cada época histórica de acuerdo con las necesidades litúrgicas y espirituales de la Iglesia.

Pero su importancia no es sólo funcional, sino que se basa también en su simbolismo, porque los espacios litúrgicos están al servicio del pueblo de Dios y favorecen la expresión de su fe y la celebración del misterio de nuestra redención y la presencia de Cristo. Por eso la Iglesia recomienda siempre el cuidado del espacio celebrativo en su construcción noble y bella con materiales auténticos, en su sobriedad y sencillez, en sus formas, y en su limpieza y decoro, que reflejan el amor de la Iglesia hacia su Señor.

ESPACIO BAUTISMAL

BAUTISTERIO

El bautisterio es el lugar donde está colocada la pila y donde brota el agua de la fuente bautismal. Puede estar situado en la entrada del templo (para simbolizar visiblemente la vinculación del Bautismo con la entrada en la Iglesia, familia de los hijos de Dios). También puede estar ubicado en alguna capilla dentro o fuera de la Iglesia, e incluso cerca del presbiterio, pero nunca en su plano alto, donde están situados el altar, la sede y el ambón. El bautisterio debe permitir y favorecer la participación de la asamblea, al menos del presidente de la celebración, de los padres y padrinos.





FUENTE BAUTISMAL

Donde sea posible, y solventadas las dificultades de su instalación, recupérese la piscina o fuente bautismal que permite el rito del bautismo por inmersión.

PILA BAUTISMAL

La pila bautismal, más extendida y utilizada en nuestra tradición latina actual, es propia de los bautismos por infusión.

Ha de ser única y fija. La Iglesia recomienda, incluso, que donde sea posible haya agua corriente, de forma que el agua brote como de un verdadero manantial. Como es la fuente de la vida, ha de cuidarse su ambientación para subrayar y resaltar el valor e importancia de este lugar, por ejemplo, con plantas, flores y la luminosidad, que ayudan a identificarlo con la vida. No conviene olvidar en la ambientación de este espacio lo importante que es colocar una imagen o cuadro del bautismo del Señor o la imagen de Juan Bautista, como testimonio visible del relato bíblico.

CIRIO PASCUAL

Debe estar presente en el bautisterio o al lado de la fuente bautismal; recuerda el misterio pascual de Cristo, vinculado al bautismo.

RECIPIENTE MOVIL

No es aconsejable, a no ser en los lugares donde no haya bautisterio o pila. Si se usa un recipiente móvil ha de ser digno, noble, de material duradero y reservado únicamente para este servicio.

ESPACIO DE LA CONFIRMACIÓN

No hay un espacio propio para este sacramento, pero sí conviene recordar la importancia que tienen los recipientes de los óleos y el santo crisma, comunmente llamados «crismeras».

Por contener una materia santa y bendecida, han de cuidarse igualmente estos recipientes, que deben ser de material noble, duradero, no frágil ni oxidable.

Pastoralmente es aconsejable que el pueblo cristiano pueda conocerlos y verlos en el espacio litúrgico del bautisterio y de la confirmación. Conviene guardarlos en un armario o alacena con una rejilla o puerta acristalada, que permiten su visión, y que podría instalarse en el bautisterio o en otro lugar digno del templo.

ESPACIO EUCARÍSTICO

En el espacio litúrgico de la eucaristía hay que distinguir el lugar reservado al presidente de la celebración y otros ministros, que es el presbiterio, y el lugar ocupado por el resto de la asamblea, el aula eucarística o nave de los fieles.

El presbiterio aunque está destacado por su altura o configuración, ha de ser un espacio unitario con la otra parte del aula eucarística, que es la nave de los fieles. No debe haber una tal separación con la asamblea que impida la comunicación, visibilidad y audición de todos. Su distinción no se debe a privilegio y honor, sino a la significación del ministerio. En el presbiterio se sitúa el altar, la sede presidencial y el ambón.

El aula eucarística o nave de los fieles, unida al presbiterio, se concibe como un espacio unitario, en el que no se divide o separa a la asamblea en lugares apartados y diferentes. Todos los fieles asistentes a la celebración deben poderse ver cómodamente.

La reforma litúrgica del Concilio Vaticano II no recomienda el capillismo sino el espacio unitario de toda la asamblea eucarística. Pero sí recomienda una capilla diferenciada para la reserva de la eucaristía en un sagrario de material duradero, digno y bello, que permita la reserva y adoración eucarística.

La asamblea está «unida» y «reunida» en torno al:

altar, que representa a Cristo Sacerdote y expresa la misión de santificar;

ambón, que representa a Cristo Profeta y la misión de anunciar el Evangelio y la enseñanza de la fe.

sede, que representa a Cristo Pastor y la misión del servicio (diaconía) de la presidencia litúrgica y de la caridad.

ALTAR

Es el ara del sacrificio de la cruz del Señor. El ara vincula la celebración eucarística al misterio pascual del Señor; por eso la presencia de las reliquias de los mártires o santos (actualmente no obligatoria) vincula el sacrificio del Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia, al sacrificio de Jesucristo, su Señor.

Es mesa del Señor que invita a todo su pueblo al banquete festivo de su Pascua.

Es centro de la acción de gracias de todo el pueblo, que eleva a Dios su oración invocando la bendición y suplicando la santificación.

El altar ha de ser único y fijo; no es necesario que sea muy grande ni es obligatorio que tenga siempre la forma rectangular. Puede tener forma cuadrangular y proporcional al espacio eucarístico del presbiterio. La Iglesia recomienda que sea de piedra o de material noble y auténtico, y que se venere como verdadero símbolo de Cristo. Por eso conviene que aparezca libre de todo tipo de objetos sobre él, a no ser al mantel, las flores y las velas, signo de veneración y de celebración festiva.

No es nada recomendable que se aproveche su parte posterior para instalar estanterías, cables o grupos de megafonía, o para colocar sobre él todo tipo de utensilios o materiales que ofuscan su simbolismo e importancia. Nunca el altar debe confundirse o suplir a la credencia, que sigue siendo necesaria.

No es obligatorio que ocupe el centro geométrico del presbiterio y, por supuesto, no debe estar separado por verjas o cancelas, que distancian y separan el altar de la asamblea.

AMBÓN

No es un atril o facistol, como estamos acostumbrados a ver muchas veces. Es el lugar de la celebración de la Palabra. Ha de ser único, fijo, no un mueble móvil. Debe instalarse en un espacio amplio, que permita la proclamación de los textos sagrados y favorezca la presencia de los ministros, en caso de que haya procesión solemne para el Evangelio. Ha de estar cerca del pueblo para que permita una correcta audición y visibilidad.

Convendría que el libro de la Palabra estuviera siempre abierto durante y después de la celebración litúrgica, como recordatorio permanente de la Palabra de Dios en medio de su pueblo.

También puede estar adornado con flores o motivos que destaquen el sentido festivo y solemne de este lugar. Su mejor ornato es el material noble y la forma auténtica con la que esté construido. Junto al ambón ha de dejarse un espacio suficiente para colocar el cirio pascual como complemento necesario, pues es el icono espacial de la resurrección del Señor, ya que la gran noticia proclamada desde el ambón es la resurrección de Cristo en la Vigilia Pascual.

SEDE

No se trata solo de una siento funcional para el descanso del presidente. La sede tiene una especial significación simbólica, pues el presidente ocupa el lugar de Cristo.

Ha de ser única (no triple), fija, de cara al pueblo, que permita la visibilidad mutua entre el presidente y la asamblea. Nunca debe aparecer como un trono o lugar de privilegio, dominio u ostentación, sino como distinción de un ministerio de servicio en la guía y presidencia del pueblo de Dios. Junto a la sede no deben colocarse los asientos para los acólitos.

Como aspecto global y final habría que buscar siempre la armonía entre el altar, el ambón y la sede. Armonía en su estilo artístico, material y decoro.
 
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