Cicatrices de madre

Un día caluroso de verano -en el sur de la Florida- un niño decidió ir a nadar en la laguna detrás de su casa. Salió corriendo por la puerta trasera, se tiró en el agua y nadaba feliz. No se daba cuenta de que un cocodrilo se le acercaba. La mamá desde casa miraba por la ventana, y vio con horror lo que sucedía. Enseguida corrió hacia su hijo gritándole lo más fuerte que pudo. Oyéndole, el niño se alarmó y empezó a nadar hacia su mamá. Pero fue demasiado tarde. Desde el muelle la mamá agarró al niño por sus brazos justo cuando el caimán le agarraba por las piernas. La mujer tiraba firmemente con toda la fuerza de su corazón. Ciertamente el cocodrilo era más fuerte, pero ella era la mamá: su amor de madre no la abandonaba. Un señor, que escuchó los gritos, se apresuró hacia el lugar con una pistola y mató al cocodrilo. El niño sobrevivió y, aunque sus piernas quedaron muy maltrechas, aún pudo llegar a caminar. Cuando salió del trauma que ello le produjo, un periodista preguntó al niño si le quería enseñar las cicatrices de los pies. El niño levantó la colcha y se las mostró. Pero en seguida, con gran orgullo se remango y señalando las cicatrices en los brazos le dijo: "Las que usted debe ver son estas". Eran las marcas de las uñas de la mamá que había presionado con fuerza. "Las tengo porque mamá no me soltó y me salvó la vida".

Echando a Dios de todas partes

En una reunión de padres de un colegio, la directora preguntó en el APA sobre la violencia en la escuela y cómo resolver las situaciones conflictivas: “¿Qué hacer frente a la instalación de lo peor de nuestra sociedad dentro del aula?” Por último, tras el repaso de algunos hechos dolorosos, se interrogó a sí misma: “¿cómo Dios puede permitir una cosa así?” Un padre interrumpió y dijo: “Al igual que nosotros, creo que Dios está profundamente triste por estos hechos, pero durante años hemos estado diciéndole a Dios que se vaya de nuestras escuelas, que se vaya de nuestro gobierno, de los medios de comunicación, de nuestras universidades, de la política, de los hospitales; que se vaya de todos lados: en definitiva lo echamos… de nuestras vidas. Y siendo tan respetuoso de nuestra libertad el Señor nos obedeció, creo que se ha retirado mansamente. ¿Cómo podemos esperar que Dios nos de Su bendición y Su protección cuando le hemos exigido que nos deje solos?” Se hizo un gran silencio en la reunión y este padre siguió entonces argumentando a la luz de los acontecimientos sabidos: ataques de chicos armados a sus profesores, suicidios, acoso, violencia racista y ataques sexuales, etc.

Dijo que que todo comenzó cuando una autoridad de la consejería se quejó porque no quería que se rezara en las escuelas… Y dijimos que estaba bien.

Y siguió: “Luego alguien dijo que mejor se suprimiese la clase de religión en las escuelas. La Biblia dice: no matarás, no robarás, amarás a tu prójimo como a ti mismo… Y dijimos que estaba bien.

Luego unos psicólogos dijeron que no debíamos poner límites a nuestros hijos cuando trasgreden las normas porque sus personalidades pueden frustarse y podríamos estropear su autoestima. Y dijimos que estaba bien.

Luego alguien dijo que no deberíamos reprender a nuestros hijos cuando trasgreden las normas de convivencia. Y dijimos que estaba bien.

Luego alguien dijo que dejemos a nuestras hijas que aborten si quieren. Y dijimos que estaba bien.

Luego algunos directores de colegios dijeron que ya que los muchachos siempre van a ser muchachos y de todos modos lo van a hacer, démosles todos los preservativos que quieran para que puedan divertirse, y así ahorramos en abortos y de paso “prevenimos” el sida y las enfermedades venéreas. Y dijimos que estaba bien.

Luego algunos de nuestros principales funcionarios públicos dijeron que no importa lo que hacemos en privado mientras cumplamos con nuestro trabajo. Estuvimos de acuerdo con ellos y dijimos que no importa lo que la gente hace con su vida privada, incluyendo los dirigentes del país, mientras yo tenga un trabajo y la economía esté bien.

Luego alguien dijo: dejemos libertad absoluta a la pornografía y neguemos que sea una afrenta a la dignidad humana, en especial la de la mujer. Otro afirmó que “Play Boy”, aparte de tener muy buenos artículos periodísticos tiene una óptica sana y realista sobre la belleza del cuerpo femenino… Y dijimos que estaba bien.

Y luego alguien publicó fotografías de sexo explícito. Y dijimos que estaba bien, que tienen derecho a la libertad de expresión.

Luego la industria del espectáculo dijo: Hagamos “reality shows” por televisión y películas que promuevan la pornografía, la infidelidad, el hedonismo sin límite, la violencia y el sexo como paradigmas de una sociedad sin valores, donde todo es cuestionable, desde la vida de un inocente hasta el derecho a la privacidad, donde la “cámara oculta” tiene el poder de dirimir sobre la fama y la honra de un indefenso ciudadano. Y dijimos que eso no era más que diversión, que no tiene efectos negativos, que de todos modos nadie lo toma en serio, así que adelante.

Ahora nos preguntamos porqué nuestros hijos no tienen parámetros para distinguir entre el bien y el mal. Si lo pensamos despacio, encontraremos la respuesta. Creo que tiene mucho que ver con que LO QUE SEMBRAMOS ES LO QUE RECOGEMOS. Es curioso cómo la gente simplemente manda a Dios fuera de la historia y luego se pregunta por qué el mundo está en proceso de destrucción.

Al final todos expresaron su acuerdo al que había pronunciado estas palabras. Todos se lamentaron de lo que estaba ocurriendo. Se acabó la sesión y alguien apuntó: “¿Por qué no empezamos por ser mejores cristianos cada uno de nosotros, por por invitar a Dios a entrar en nuestras casas, en cada una de las habitaciones, sacando y echando fuera lo que sea incompatible con Él?”.

Saber qué se quiere

Un hombre le pide ayuda a su vecino para que le ayudara al mover un sofá que se había atravesado en la puerta. Uno se fue a un extremo y el otro también. Forcejearon un buen rato hasta que quedaron exhaustos, pero el sofá no se movía. – Olvídelo, jamás podremos meter esto, dijo el hombre. El vecino lo mira con extrañeza y le pregunta: -¡Ahh! ¿Se trataba de meterlo?

Dame tu generosidad

Las palabras pueden convencer…, pero los ejemplos arrastran (Foucault) Continúa leyendo Dame tu generosidad