Fernando Sebastián, “¿Faltan vocaciones, o faltan respuestas?”, 21.IV.2002

Este domingo celebramos en la Iglesia católica el Día de oración por las vocaciones. Hay muchas formas de entenderlo. La más fácil es dejar pasar esta fecha sin tenerla en consideración. Seguramente será la mayoritaria.

Pero hay también otros riesgos, incluso entre las personas buenas dispuestas a escuchar la llamada de la Iglesia. No cumplimos si nos limitamos a rezar unas Avemarías pidiendo por el aumento de vocaciones. Con eso no podríamos quedarnos con la conciencia tranquila.

La primera eficacia de la oración recae sobre nosotros mismos. San Agustín dice que cuando pedimos algo a Dios, la gracia principal que nos concede es crear en nosotros las disposiciones para recibir sus dones y colaborar con ellos.

Cuando me comentan que no hay vocaciones, yo suelo invitar a reflexionar por qué ocurre lo que ocurre. Decimos “no hay vocaciones”, sería más exacto decir “que vocaciones sí hay, porque Dios sigue llamando para todo aquello que la Iglesia y el mundo necesitan. Lo que no hay son respuestas.
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Alfonso Sanz, “Custodiar el tesoro del celibato”, Palabra, IV.01

El don divino del amor célibe requiere una respuesta cotidiana de fidelidad.

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Entrevista a Joaquín Navarro-Valls, “El Papa no es un anciano”, El Mundo, 27.III.1999

Entrevista realizada por Ana Romero.

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José Miguel Cejas, “La vocación de los hijos”, MC

La edad del hombre
Cuando Dios llama
Dios suele llamar en la juventud
Resistencia a la entrega
La causa definitiva
La Iglesia rezuma alegría de juventud
La edad privilegiada
Otros jóvenes
El tono adolescente
La rebeldía de la juventud
La gran rebeldía
Un sabor amargo
“Jóvenes amaestrados”
Un regalo de Dios
Hijos para el cielo
Un pobre alguacil de Riese
Una solicitud que no se acaba nunca
En la hora del desaliento
La vocación y las “pruebas”
“Es casi una niña”
“No nos oponemos, pero…”
Un prototipo de intransigencia
“He perdido un hijo”
“No nos quieres”
Ley de vida
Mucho se alegrará
Aún más en el cielo

 

La edad del hombre

La edad. ¿Cuál es la edad de un hombre? Los calendarios, los relojes, las arrugas, las burbujas de champán de cada Nochevieja tejen cronologías extrañas que no coinciden con las fechas del alma.

Hay hombres eternamente niños. Otros, perpetuos adolescentes. Muchos no llegan nunca a la madurez. Hay a quienes les sorprende la vejez embriagados todavía en el vértigo de su frivolidad: tratan entonces de apurar la vida a grandes sorbos, a la búsqueda de lo que ya no volverán nunca a ser.

Unos alcanzan ese equilibrio llamado madurez en cada una de las épocas de su vida: ¡qué magnífica la madurez de un niño plenamente, verdaderamente niño! Sin embargo, otros no lo logran nunca: ¡qué tristeza entonces la del niño crecido prematuramente!; ¡qué ahogo del alma producen esos retratos velazqueños en los que aparecen los niños de la corte, envarados, rígidos y erguidos, con sus gargantillas estrechas, por las exigencias de una etiqueta severa que asfixiaba su niñez!

Por el contrario, ¡qué espléndida la niñez, o la adolescencia, si se sabe ser eso: ni niño ni adulto prematuro, sino un adolescente, es decir, un joven que sabe vivir su juventud intuida, con la mirada abierta hacia el futuro! ¡Qué plenitud la de la vejez si es quintaesencia de vida acumulada, consumación de ideal, culminación de una vida!

Si es cierto que cada uno es responsable de su rostro a los cuarenta años, ¡qué formidable testimonio dan de sí mismos –sin quererlo– los rostros de los santos! Sus ojos, sus gestos, revelan una sorprendente, una casi indestructible juventud interior. Demuestran que, sea cual sea la edad que se tenga, la edad verdadera de un hombre es la edad de su amor y de su generosidad.

Y que su calendario definitivo no es el que marca sus días hacia la muerte, sino el que señala su camino hacia Dios.

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Alfonso Aguiló, “La vocación de los hijos”

La llamada divina, un gran don de Dios

La vocación es un don divino completamente inmerecido para cualquier persona; y para los padres, que Dios llame a sus hijos supone una muestra de un especial afecto por parte de Dios. Cuando Dios llama a un hijo para que se entregue plenamente a su servicio (en cualquiera de sus formas: en el sacerdocio, en la vida religiosa, en la entrega plena en medio del mundo, etc.), deben agradecerlo a Dios como un verdadero privilegio.

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Mariano Delgado, “Concordancia del Génesis con la ciencia moderna”

Adán y Eva y el hombre prehistórico. Continuar leyendo “Mariano Delgado, “Concordancia del Génesis con la ciencia moderna””

Ron Rychlak, “Hitler, la guerra y el Papa”, Zenit, 13.X.02

La figura del Papa Pío XII y las tensas relaciones entre la Santa Sede y el Tercer Reich son el argumento de este artículo escrito por el profesor de Derecho de la Universidad de Mississippi, Ron Rychlak, autor de “Hitler, the War and the Pope”, quien ha dedicado la última década a estudiar la figura del Papa Eugenio Pacelli.

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