Jim Caviezel: Durante el rodaje de “Passion”

Esta entrevista se realizó un año antes de que Jim Caviezel fuera convocado por Mel Gibson para representar a Jesús en “Passion”, la película sobre las últimas 12 horas de la vida de Cristo.

El día que conversé con Jim Caviezel -cuenta Edel M. Cech-, comprendí que Dios realmente es capaz de hacer cualquier cosa para alcanzar a alguien donde quiera que se encuentre. La conversación telefónica de una hora, no fue sólo un hito importante en mi vida, sino también una de las conversaciones más encantadoras, inspiradoras y santas que he tenido. Y estoy dispuesto a compartir los mejor de ella con ustedes.

– Edel: No es común que las estrellas de cine sean tan religiosas como tú. – ¿Cómo es que tu fe es tan profunda? -Jim: Bien, yo pienso que Dios puede alcanzar a cualquiera. Nuestro Señor puede tocar a cualquiera en cualquier profesión. Dios nos está llamando hacia Él más que nunca.

– Edel: ¿Te sientes solo entre todos estos actores que piensan de manera tan diferente? ¿Cómo enfrentas esto? -Jim: Siempre me siento solo acerca de esto. Pero si no existe ningún actor en mi profesión que siga su fe, no importa. Sé cuál es mi responsabilidad… . Estoy dispuesto a sufrir eso, sé que no fui llamado para la vida fácil – fui llamado como todos para vivir como Jesús. Dios nos está llamando a ser la luz del mundo y nos pide que nos sacrifiquemos para ayudar a cargar la cruz de Cristo.

– Edel: ¿Hablas con los demás actores sobre tu fe? -Jim: Si lo hago…cuando el tiempo lo permite… … [pero] la mejor manera de mostrar tu fe es a través de la manera en que vives tu vida.

– Edel: ¿Quién es tu mayor apoyo en todo esto? -Jim: Mi esposa. Mi esposa, quien debe serlo… Ella es la persona más cercana.

– Edel: ¿Cuánto tiempo han estado casados? -Jim: 5 años y medio.

– Edel: ¿Tu esposa es también actriz? Jim: No, es maestra de colegio. Enseña en secundaria. Es realmente buena. Es una católica muy comprometida.

– Edel: ¿Siempre has sido tan fuerte en tu fe? -Jim: Fui criado católico, pero mientras crecía, me afectó mucho lo que sucedía en el mundo y en la sociedad, y cedí ante la media verdad que reina en el mundo. … Mi conversión ha sido lenta y me ha tomado años. Ahora sé que Dios me está pidiendo más. Y no soy la misma persona que era cuando tenía 20 o 25 años y tampoco soy el mismo del año pasado, cuando hice una película llamada Ojos de Ángel (Angel Eyes). No sé si la pusieron en cartelera por ahí.

– Edel: ¡La acabamos de ver! -Jim: Antes de hacer la película la rechacé porque había una escena de amor y era muy difícil para mí. – Le dije [al director], “No, no vas a verme desnudo, no vas a ver ciertas cosas”. – Así que me dijo, “Entonces, ¿cómo vamos a hacer esto?” – Le dije, “Tú eres el director, ¡ingéniatelas!” Así que tomaron la cámara y filmaron algunas cosas – Tenía puesta mi ropa y ella [Jennifer López] tenía puestos un top y shorts, pero luego de terminar, no me sentía bien, porque sentía que estaba dando el mensaje falso a la gente de que “si hay amor, entonces está bien.” El mensaje que realmente quiero dar a los jóvenes es este: Mírenla y digan: ¡Esto es algo que no debo hacer! ¡Aún existe mucha ambigüedad en los medios! Pero existe una sola interpretación [de la sexualidad] y se basa en la absoluta voluntad de Dios. Esto siempre es difícil y me cuestiono sobre qué mensaje estamos enviando.

– Edel: ¡Claro que no es fácil! -Jim: Pero, ¿sabes? No estamos llamados a la vida fácil… . Jesús dice, “Sean perfectos – como mi Padre es perfecto.” Y ser perfecto es intentar, tratar. Y en tu mente debes tratar de evitar el pecado. Y mientras más larga sea tu vida – debes mejorar y evitar el pecado. Y quizás no en acciones, sino en el pensamiento. Así que debes tratar en tus pensamientos – lo que quiere decir que la única manera de lograrlo es a través de la oración, y mientras más reces, más tendrás a Dios en tu vida.

Si estás buscando una vida fácil, entonces lo tuyo no es la fe católica. Por lo menos haz una opción. Si la vida católica no es para ti, entonces haz otra cosa. Pero si vas a decir que eres católico, vívelo. Vive tu vida. Eso es lo que necesitamos. Necesitamos guerreros. Necesitamos santos en la tierra ahora. Los necesitamos urgentemente. Necesitamos personas que le den la espalda al pecado.

– Edel: ¿Cómo debemos rezar? -Jim: Desde nuestro corazón y mientras más reces, mejor será tu oración. María intercede para que se nos conceda la gracia. Y cuando nos da la gracia que viene de Dios, podemos orar más desde nuestro corazón. Y mientras más oramos desde nuestro corazón, más queremos orar. Mientras más oramos, recibimos más gracia, y mientras más gracia recibimos aumenta nuestro anhelo de rezar. Entonces iniciamos el círculo de la vida. ¿Qué es el círculo de la vida? El círculo de la vida es hacer que el pecado sea raro en nuestras vidas, cuando el pecado se hace extraño en nuestras vidas, empezamos a sentir más la presencia de Dios en nuestras vidas, porque viene a nuestros corazones. ¡Hemos nacido para tener a Dios en nuestros corazones! Y entonces empezamos a vivir el Cielo, no tenemos que morir para ver el Cielo, podemos empezar a vivir el Cielo ahora en la tierra. Y mientras más sentimos el Cielo en nuestros corazones, somos más santos. Entonces, estamos cumpliendo lo que Dios nos pidió: “¡Sean perfectos como mi Padre es perfecto!” Y te conviertes en imagen de Cristo en la tierra. Mi esposa y yo rezamos el rosario todos los días, porque si rezamos permaneceremos unidos.

– Edel: ¿Cuál crees que es el mayor problema de hoy? -Jim: Ahor no se habla del pecado. Decimos, “¡Oh, no existe! No pecamos, sólo tenemos problemas.” Esa es la voz del demonio. El gran San Maximiliano Kolbe dijo que el más grande problema del siglo XX y ahora del siglo XXI es la indiferencia. ¡Piensen en eso! Indiferencia quiere decir “no saber la diferencia”. Uno dice, “Conozco la diferencia entre lo bueno y lo malo.” El diablo está diciendo, “No, no, no, no, no – no existe diferencia – todo es lo mismo. Lo que es malo es bueno – haz lo que quieras.” Pero, ¿qué nos dice Jesús? “¡Los vomitaré de mi boca! No sean tibios, el camino hacia el Cielo es angosto. El camino al infierno es amplio.” ¡Conozcan la diferencia! – Edel: ¿Cómo podemos hacer esto? -Jim: Lo escoges. Tienes que ubicarte entre personas que vayan a apoyar tu vida católica, que van a nutrirla. Cada vez que busques amigos que tienen eso, Dios te bendecirá. Debes conservar estas amistades incluso si es una sola. Y si no tienes ninguna reza, porque Dios te las pondrá en tu vida.

– Edel: Pero muchas personas vienen de hogares destruidos, así que han perdido la esperanza o no tienen la energía para iniciar tal círculo.

-Jim: Pero, ¿no crees que Dios puede alcanzar a cualquiera? La Inmaculada María puede tocar la vida de cualquiera. Dios creó todas las cosas, todas las personas son sus hijos. Empieza contigo mismo, tú puedes hacer la diferencia. Si quieres paz en el mundo, empieza en tu vida, empieza hoy. Y los que te rodean te imitarán. San Francisco de Asís decía, “Vayan y prediquen el Evangelio a todas las naciones, y si lo necesitan, ¡usen palabras!” Piensen en eso. Nos dice que prediquemos con nuestras acciones.

– Edel: ¿Tienes un mensaje final para los jóvenes? -Jim: Mi mensaje para ellos sería [nuevamente]: La Paz empieza por ti. Puedes tomar mis palabras literalmente.

– Edel: ¿Tienes algún proyecto cinematográfico actualmente? -Jim: No, no he encontrado nada que me agrade aún. Cada vez que sale una película tienes que competir con otros actores, tienen que decidir entre Russel Crowe o quien sea. Pero no puedo preocuparme por eso porque sé que Dios me pondrá donde Él quiere.

Jim Caviezel: “Después de mi primer día en la cruz, casi llego a la hipotermia” A sus 34 años de edad, Jim Caviezel se perfila como un actor de gran proyección en Hollywood. Desde su trabajo en “The Thin Red Line” (La Delgada Línea Roja) y luego “La venganza del conde de Montecristo”, se convirtió en uno de los actores favoritos del medio, pero nunca pensó que en tan poco tiempo podría encarnar el papel más importante de su carrera: Caviezel es Jesús en la película “Passion”, que actualmente Mel Gibson rueda en Italia.

El día de la entrevista, Caviezel había pasado 17 horas rodando el interrogatorio de Cristo, cargando sogas y cadenas a la merced de Poncio Pilato y sus centuriones.

“Para tener la apariencia de un hombre que ha sido humillado y golpeado hasta que la carne cuelgue de su cuerpo, el maquillaje puede tardar ocho horas. Tengo que levantarme a las dos de la mañana para estar listo a en el set a las 10 u 11”, revela Caviezel y agrega que si el clima es malo y no se puede filmar, debe dormir con el maquillaje puesto.

Era la cuarta vez que Caviezel recibía este papel en oferta. Siempre se había negado porque consideraba que las producciones en cuestión no eran respetuosas con la historia y la persona de Cristo. Sin embargo, la propuesta de Gibson lo convenció.

Según sostiene, Gibson -como devoto católico también- había entendido la importancia de este proyecto y, lo más importante, está comprometido a recrear las últimas horas de Jesús, desde Getsemaní hasta su muerte- de la forma más auténtica posible.

Para Caviezel, que no duda en proclamar su fe católica, el papel de Cristo representa un desafío espiritual y físico que afronta con esfuerzo, oración, meditación y la permanente asistencia de María.

En una entrevista concedida al diario canadiense Globe and Mail desde Sassi di Matera –escenario de la película-, el testimonio de Caviezel estremeció a la reportera Gayle MacDonald y anticipó una película que podría ser la representación más gráfica del dolor que padeció Cristo en las últimas 12 horas de su vida.

“La exigencia” Según MacDonald, el trabajo de Caviezel ha trascendido el intenso frío del invierno italiano y el dolor de huesos, no en vano pasó los últimos 15 días casi desnudo colgado en una cruz para escenificar la Crucifixión.

“Cuando el viento toca la cruz, a tantos pies de altura, el aire te congela los huesos. La cruz comienza a temblar y piensas que se va a romper. Todo lo que haces es moverte y rezar”, confiesa el actor que agrega no haber estado nunca tan exhausto, ni atravesar tanto dolor físico y mental.

“Después de mi primer día en la cruz, casi llego a la hipotermia. Debieron traer calentadores que funcionaban bien cuando había viento pero cuando el clima se calmaba, podían quemarme las piernas. Trataba de comer algo, pero solo tenía náuseas. Sabía que este papel sería el más duro y difícil de mi carrera. También ha sido increíble”, señala Caviezel.

Según MacDonald, la apariencia y el nervio de Caviezel lo convirtieron en la primera opción de Gibson al pensar en el actor que representaría a Jesús.

Su representación de Cristo parece tan real, que la gente de Sassi di Matera aún no se acostumbra a verlo sin exclamar “¡Jesús! ” cuando camina por las calles, o en la iglesia donde asiste a diario a Misa y reza su rosario.

“Muchas veces estoy tan concentrado que no escucho lo que ocurre a mi alrededor”, señala Caviezel quien en sus oraciones suele recurrir a al patrono de los actores San Genesius de Arles, y San Antonio de Padua, que lo ayuda a encontrar buenos guiones.

En una entrevista que concedió algunos años atrás, Caviezel aseguró creer que Dios y los santos le muestran el camino, y dijo que María lo guió para seguir la ruta de la actuación. Cree que haber rezado un rosario antes de la audición para La Delgada Línea Roja lo ayudó a conseguir un papel en esa cinta.

“Por la conversión” “Todas las descripciones que he leído sobre lo que realmente le pasó a Jesucristo son más duras de lo que estamos mostrando y no podemos mentir. Uno de los látigos que usaron con Jesús, tenía garfios que literalmente le arrancaron la carne del cuerpo. Fue terrible”, asegura. Sin embargo, precisa que la fidelidad a lo que ocurrió no puede alejarlos del mensaje. “No vamos a llegar a un punto en el que la gente se sienta tan afectada por lo que ve en la pantalla que no saque nada del relato. No queremos eso”. Según Caviezel, en este sentido el film quiere que algo cambie en el corazón de la gente y, de repente, regrese a Dios.

Tomado de piensaunpoco y acidigital

El tapiz

El nuevo sacerdote, recién asignado a su primer ministerio pastoral para reabrir una iglesia en los suburbios de Brooklyn, New York, llegó a comienzo de octubre entusiasmado con sus primeras oportunidades. Cuando vio la iglesia se encontró conque estaba en pésimas condiciones y requería de mucho trabajo de reparación. Se fijó la meta de tener todo listo a tiempo para oficiar su primera Misa en la Nochebuena. Trabajó arduamente, reparando los bancos, empañetando las paredes, pintando, etc., y para el 18 de diciembre ya habían casi concluido con los trabajos, adelantándose a su propia meta. Pero el 19 de diciembre cayó una terrible tormenta que azotó la zona durante dos días completos. El día 21 el sacerdote fue a ver la iglesia. Su corazón dio un vuelco cuando vio que el agua se había filtrado a través del techo, causando una gotera enorme en la pared frontal, exactamente detrás del altar, dejando una mancha y un destrozo como a la altura de la cabeza. El sacerdote limpió el suelo, y no sabiendo que más hacer, salió para su casa. En el camino vio que una tienda local estaba llevando a cabo una venta de liquidación de cosas antiguas, y decidió entrar. Uno de los artículos era un hermoso tapiz hecho a mano, color hueso, con un trabajo exquisito de aplicaciones, bellos colores y una cruz bordada en el centro. Era justamente el tamaño adecuado para cubrir el hueco en la pared frontal. Lo compró y volvió a la iglesia. Ya para ese entonces había comenzado a nevar. Una mujer mayor iba corriendo desde la dirección opuesta tratando de alcanzar el autobús, pero finalmente lo perdió. El sacerdote la invito a esperar en la iglesia, donde había calefacción, pues el siguiente autobús tardaría 45 minutos en llegar. La señora se sentó en el banco sin prestar atención al sacerdote, mientras este buscaba una escalera, ganchos, etc., para colocar el tapiz como tapiz en la pared. El sacerdote estaba muy satisfecho de lo bien que quedaba, y de cómo cubría toda la superficie estropeada. Entonces vio que la mujer venía hacia él, desde el pasillo del centro. Su cara estaba blanca como una hoja de papel: “Padre, ¿dónde consiguió usted ese tapiz?”. El sacerdote le explicó. La mujer le pidió que le permitiera ver la esquina inferior derecha para ver si las iniciales EBG aparecían bordadas allí. Sí, estaban. Eran las iniciales de aquella mujer, y ella había hecho ese tapiz 35 anos atrás en Austria. La mujer apenas podía creerlo cuando el sacerdote le contó cómo acababa obtener el tapiz. La mujer le explicó que antes de la guerra ella y su esposo tenían una posición económica holgada en Austria. Cuando los nazis llegaron, la forzaron a irse. Su esposo debía seguirla la semana siguiente. Ella fue capturada, enviada a prisión y nunca volvió a ver a su esposo ni su casa. El sacerdote ofreció regalarle el tapiz, pero ella lo rechazó diciéndole que era lo menos que podía hacer. Se sentía muy agradecida pues vivía al otro lado de Staten Island y solamente estaba en Brooklyn por el día para un trabajo de limpieza de casa. El sacerdote le pidió sus señas, con idea de hacerle llegar el tapiz unos días después. En la Misa de la Nochebuena la iglesia estaba casi llena. La música y el espíritu que reinaban eran increíbles. Al final, el sacerdote despidió a todos en la puerta y muchos expresaron que volverían. Un hombre mayor, que el pastor reconoció del vecindario, seguía sentado en uno de los bancos mirando hacia el frente, y el sacerdote se preguntaba por qué no se iba. El hombre le preguntó dónde había obtenido ese tapiz que estaba en la pared del frente, porque era idéntico al que su esposa había hecho años atrás en Austria antes de la guerra, y no entendía cómo podía haber dos tapices tan idénticos. Le relató cómo llegaron los nazis y cómo el forzó a su esposa a irse, para la seguridad de ella, y cómo él no pudo seguirla, pues fue arrestado y enviado a prisión. Nunca volvió a ver a su esposa ni su hogar en todos aquellos 35 años. El sacerdote le preguntó si le permitiría llevarlo con él a dar una vuelta. Se dirigieron en el carro hacia Staten Island, hacia la casa de aquella mujer que estuvo tres días atrás en la iglesia. Subieron los tres pisos de escalera que conducían al apartamento de la mujer, llamaron a la puerta y presenció el más hermoso encuentro de Navidad que pudo haber imaginado.

¿Quién pliega tu paracaídas?

Charles Plumb era piloto de un bombardero en la guerra de Vietnam. Después de muchas misiones de combate, su avión fue derribado por un misil. Plumb se lanzó en paracaídas, fue capturado y pasó seis años en una prisión vietnamita. A su regreso a los Estados Unidos, daba conferencias contado su odisea y lo que aprendió en su tiempo en prisión. Un día estaba en un restaurante y un hombre lo saludó: “Hola…, ¿usted es Charles Plumb, era piloto en Vietnam y lo derribaron, verdad…? ¿Y usted, cómo sabe eso?, le preguntó Plumb. “Porque yo plegaba su paracaídas. ¿Parece que le funcionó bien, verdad?” . Plumb casi se ahogó de sorpresa y gratitud. “Claro que funcionó. Si no hubiera funcionado, hoy yo no estaría aquí.” Plumb no pudo dormir esa noche, preguntándose: “Cuántas veces lo vi en el portaaviones, y no le dije ni los buenos días, porque yo era un arrogante piloto y él era un humilde marinero…” Pensó también en las horas que ese marinero pasaba en las bodegas del barco enrollando los hilos de seda de cada paracaídas, teniendo en sus manos la vida de alguien a quien no conocía. Ahora, Plumb comienza sus conferencias preguntándole a su audiencia, “¿Quién plegó hoy tu paracaídas? Todos tenemos a alguien cuyo trabajo es importante para que nosotros podamos salir adelante. A veces perdemos de vista lo que es importante, y dejamos de saludar, de dar las gracias, de felicitar a alguien, de decir algo amable.

Ruth de Jesús: ¿Quiénes son? ¿Adónde van?

Testimonio de la joven religiosa Ruth de Jesús, de las Hermanas de la Compañía de la Cruz, fundada por Santa Ángela de la Cruz. Sus palabras conmovieron al casi un millón de jóvenes y al Papa Juan Pablo II en la vigilia del sábado 3 de mayo de 2003 en Cuatro Vientos (Madrid).

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Bajo sus alas

La revista “National Geographic” publicó hace unos años un artículo sobre algo sucedido después de un incendio en el Parque Nacional Yellowstone de EEUU. Después de sofocado el fuego empezó la labor de evaluación de daños, y un guardabosques encontró una ave calcinada al pie de un árbol, en una posición bastante extraña, pues no parecía que hubiese muerto escapando o atrapada, sino que simplemente estaba con sus alas cerradas alrededor de su cuerpo. Cuando el asombrado guardabosques la golpeó suavemente con una vara, tres pequeños polluelos vivos emergieron de debajo de las alas de su madre, que sabiendo que sus hijos no podrían escapar del fuego, no los abandonó en ese momento crítico. Tampoco se quedó con ellos en el nido sobre el árbol, donde el humo sube y el calor se acumula, sino que los llevó, quizás uno a uno, a la base de aquel árbol, y ahí dio su vida por salvar la de ellos. ¿Pueden imaginar la escena? El fuego rodeándolos, los polluelos asustados y la madre muy decidida, infundiendo paz a sus hijos, como diciéndoles: “No tengáis miedo, bajo mis alas nada os pasará”. Tan seguros estaban ahí tocando sus plumas, aislados del fuego, que ni siquiera habían salido de ahí horas después de apagado el incendio. Estaban totalmente confiados en la protección de su madre, y solo al sentir el golpe del guardabosques pensaron que debían salir.

Una historia casi verdadera

Es la tarde de un viernes típico y estás conduciendo hacia tu casa. Sintonizas la radio. Las noticias cuentan una historia de poca importancia: en un pueblo lejano han muerto tres personas de alguna gripe que nunca antes se había visto. No le pones mucha atención a tal acontecimiento. El lunes cuando despiertas, escuchas que ya no son 3, sino 30.000 personas las que han muerto en las colinas remotas de la India. Personal del Control de Enfermedades de EEUU ha ido a investigar. El martes ya es la noticia más importante en la primera página del periódico, porque no sólo es la India, sino Pakistán, Irán y Afganistán y pronto la noticia sale en todos los telediarios. Todos se preguntan cómo van a controlar la epidemia. A los pocos días, Europa cierra sus fronteras: no habrá vuelos a desde la India, ni de ningún otro país en el cual se haya visto la enfermedad. Al día siguiente, en Francia hay un hombre en el hospital muriendo de esa enfermedad. Hay pánico en Europa. La información dice que cuando tienes el virus, es por una semana y ni te das cuenta. Luego tienes cuatro días de síntomas horribles y mueres. Inglaterra cierra también sus fronteras, pero es tarde, pasa un día más y el presidente de los EEUU cierra las fronteras a Europa y Asia, para evitar el contagio en el país, hasta que encuentren un modo de curar esa enfermedad. Al día siguiente la gente se reúne en las iglesias a rezar. Pero en la radio se oye la noticia: dos mujeres han muerto en Nueva York. En horas, parece que la epidemia invade todo el mundo. Los científicos siguen trabajando para encontrar el antídoto, pero nada funciona. Y de repente, viene la noticia esperada: se ha descifrado el código de ADN del Virus. Se puede hacer el antídoto. Va a requerirse la sangre de alguien que no haya sido infectado y de hecho en todo el país se corre la voz que todos vayan al hospital más cercano para que se les practique un examen de sangre. Vas de voluntario con tu familia, junto a unos vecinos, preguntándote ¿Qué pasará? ¿Será esto el fin del mundo? De repente el doctor sale gritando un nombre que ha leído en su cuaderno. El más pequeño de tus hijos está a tu lado, te agarra la chaqueta y dice: “¿Papá?, ¡Ese es mi nombre!”. Antes de que puedas reaccionar se están llevando a tu hijo y gritas: “¡Esperen!”. Y ellos contestan: “Todo está bien, su sangre está limpia, su sangre es pura. Creemos que tiene el tipo de sangre correcta”. Después de cinco largos minutos salen los médicos con cara de satisfacción, emocionados. Es la primera vez que has visto a alguien sonreír en una semana. El doctor de mayor edad se te acerca y dice: “¡Gracias! La sangre de su hijo es perfecta, está limpia y pura, se puede hacer el antídoto contra esta enfermedad”. La noticia corre por todas partes, la gente esta pletórica de felicidad. Entonces el doctor se acerca a ti y a tu esposa y dice: “¿Podemos hablar un momento? Es que no sabíamos que el donante sería un niño y necesitamos que firmen este formato para darnos el permiso de usar su sangre”. “¿Cuánta sangre?”. “No pensábamos que era un niño. ¡La necesitamos toda!”. No lo puedes creer y tratas de contestar: “Pero, pero…”. El doctor te sigue insistiendo: “Usted no entiende, estamos hablando de la cura para todo el mundo. Por favor firme este documento, la necesitamos… toda”. Tu preguntas: “Pero no pueden darle una transfusión?”. “Si tuviéramos sangre limpia, podríamos… ¿Firmará? Por favor…”. En silencio y sin poder sentir los mismos dedos que tienen la pluma en la mano lo firmas. Te preguntan: “¿Quiere ver a su hijo?”. Caminas hacia esa sala de emergencia donde tu hijo esta sentado en la cama. Tomas su mano y le dices: “Hijo, tu madre y yo te amamos y nunca dejaríamos que te pasara algo que no fuera necesario, ¿comprendes eso?”. Y cuando el doctor regresa y te dice: “Lo siento, necesitamos empezar, gente en todo el mundo está muriendo…”, ¿te puedes ir?, ¿puedes darle la espalda a tu hijo y dejarlo allí?… mientras el te dice: “¿Papá?, ¿Mamá? ¿por qué me están abandonando?”. Y a la siguiente semana, cuando hacen una ceremonia para honrar a tu hijo, algunas personas se quedan dormidas en casa, otras no vienen porque prefieren ir de paseo o ver un partido de fútbol y otras vienen a la ceremonia con una sonrisa falsa fingiendo que les importa. Quisieras pararte y gritar: “¡Mi hijo murió por ustedes!, ¿es que no les importa?”. Tal vez eso es lo que Dios nos quiere decir: “Mi hijo murió, ¿todavía no saben cuanto los amó?”.

Enrique González Torres: Una vocación al sacerdocio

Testimonio de un diácono de 27 años ante casi un millón de jóvenes y en la vigilia con Papa Juan Pablo II el sábado 3 de mayo de 2003 en Cuatro Vientos (Madrid).

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Guillermo Blasco: Una vocación nacida ante el enigma del dolor y del perdón

Testimonio de un estudiante de 19 años ante casi un millón de jóvenes y en la vigilia con Papa Juan Pablo II el sábado 3 de mayo de 2003 en Cuatro Vientos (Madrid).

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Un ciego con luz

Había una vez, hace cientos de años, en una ciudad de Oriente, un hombre que una noche caminaba por las oscuras calles llevando una lámpara de aceite encendida. La ciudad era muy oscura en las noches sin luna como aquella. En determinado momento, se encuentra con un amigo. El amigo lo mira y de pronto lo reconoce. Se da cuenta de que es Guno, el ciego del pueblo. Entonces, le dice: “¿Qué haces, Guno, tú que eres ciego, con una lámpara en la mano? ¡Si tú no ves!”. Entonces el ciego le responde: “Yo no llevo la lámpara para ver mi camino. Conozco las calles de memoria. Llevo la luz para que otros encuentren su camino cuando me vean a mí. No solo es importante la luz que me sirve a mí, sino también la que yo uso para que otros puedan también servirse de ella”. Cada uno de nosotros puede alumbrar el camino para uno mismo y para que sea visto por otros, aunque uno aparentemente no lo necesite.

Amar a la vida

Un profesor fue invitado a dar una conferencia en una base militar, y en el aeropuerto lo recibió un soldado llamado Ralph. Mientras se encaminaban a recoger el equipaje, Ralph se detuvo unos instantes para ayudar a una anciana con su maleta, y después para orientar a una persona. Cada vez, una sonrisa iluminaba su rostro. “¿Dónde aprendió a comportarse así?”, le preguntó el profesor. “En la guerra”, contestó Ralph. Entonces le contó su experiencia en Vietnam. Allá su misión había sido limpiar campos minados. Durante ese tiempo había visto cómo varios amigos suyos, uno tras otro, encontraban una muerte prematura. “Me acostumbré a vivir paso a paso. Nunca sabía si el siguiente iba a ser el último; por eso tenía que sacar el mayor provecho posible del momento que transcurría entre alzar un pie y volver a apoyarlo en el suelo. Me parecía que cada paso era toda una vida”. Nadie puede saber lo que habrá de sucederle mañana. Qué triste sería el mundo si lo supiéramos. Toda la emoción de vivir se perdería, nuestra vida sería como una película que ya vimos, sin ninguna sorpresa ni emoción. La vida es una gran aventura, y al final no importará quién ha acumulado más riqueza ni quién ha llegado más lejos, sino quién ha amado más. Y ama más quien más ha servido, porque aprecia su vida y la de los demás.

Un bombero de 6 años

La madre de 26 años se quedó absorta mirando a su hijo que moría de leucemia terminal. Aunque su corazón estaba agobiado por la tristeza, también tenía un fuerte sentimiento de determinación. Como cualquier madre deseaba que su hijo creciera y realizara todos sus sueños. Pero ahora eso ya no iba a ser posible. La leucemia no se lo permitiría. Pero aún así, ella todavía quería que los sueños de su hijo se realizaran. Tomó la mano de su hijo y le preguntó: “Billy, ¿alguna vez pensaste en lo que querías ser cuando crecieras? ¿Soñaste alguna vez y pensaste en lo que harías con tu vida?”. “Mamá, de mayor siempre quise ser bombero”. La madre se sonrió, y un poco más tarde, ese mismo día, se dirigió al Parque de Bomberos de Phoenix, Arizona, donde conoció al bombero Bob, un hombre con un corazón tan grande como la misma Phoenix. Ella le explicó el último deseo de su hijo de seis años y le preguntó si era posible darle un paseo alrededor de la manzana en un camión de bomberos. El bombero Bob dijo: “Mire, podemos hacer algo mejor que eso. Tenga a su hijo listo el miércoles a las 9 en punto de la mañana y lo haremos Bombero honorario durante todo el día. Puede venir con nosotros aquí al Parque de Bomberos, comer con nosotros y salir con nosotros cuando recibamos llamadas de incendios en todo nuestro radio de acción. Y si usted nos dice su talla, le conseguiremos un verdadero uniforme de bombero, con un sombrero verdadero y no uno de juguete, que lleve el emblema del Parque de Bomberos de Phoenix, un traje amarillo como el que nosotros llevamos y botas de goma. Todo se confecciona en Phoenix, así que nos es fácil conseguirlo bastante rápido”. Tres días mas tarde el bombero Bob recogió a Billy, le puso su uniforme de bombero y lo condujo desde la cama del hospital hasta el camión de bomberos. Billy se sentó en la parte de atrás del camión y ayudó a conducirlo de regreso al Parque. Se sentía como en el cielo. Hubo tres avisos de incendio en Phoenix ese día y Billy pudo salir en los tres servicios. Se montó en tres camiones diferentes, en el microbús médico y también en el coche del Jefe de Bomberos. Le tomaron vídeos para las noticias locales de televisión. El haber hecho realidad su sueño, con todo aquel amor y atención con que le trataron, emocionó tan profundamente a Billy que logró vivir tres meses más de lo que cualquier médico pensó que viviría. Una noche todas sus constantes vitales comenzaron a decaer dramáticamente y la Jefa de Enfermeras comenzó a llamar a los miembros de la familia para que vinieran al hospital. Luego, recordó el día que Billy había pasado como si fuera un bombero, así que llamó al Jefe del Parque y le preguntó si era posible que enviara a un bombero uniformado al hospital para que estuviera con Billy mientras entregaba su alma. El Jefe replicó: “Haremos algo mejor. Estaremos allí en cinco minutos. ¿Me hará un favor? Cuando oiga las sirenas sonando y vea el centelleo de las luces, ¿podría anunciar por los altavoces que no hay ningún incendio, sino que es el Departamento de Bomberos que va a ver a uno de sus miembros más destacados una vez más? Y por favor, ¿podría abrir la ventana de su cuarto? Gracias”. Cinco minutos más tarde, el camión de escalera de los bomberos llegó al hospital y extendió la escalera hasta la ventana abierta del cuarto de Billy en el tercer piso. Dieciséis bomberos subieron por ella y entraron al cuarto. Con el permiso de su mamá, cada uno de ellos lo abrazó diciéndole cuánto lo amaban. Con su último aliento, Billy miró al Jefe de Bomberos y dijo: “Jefe, ¿soy verdaderamente un bombero ahora?”. “Sí, Billy, lo eres”. Con esas palabras, Billy sonrió y cerró sus ojos por última vez.

Magaly Llaguno: Mi batalla contra el cáncer

El tesoro del sufrimiento He sufrido mucho en los años que he vivido. Sin embargo, en los últimos seis experimenté un sufrimiento tan grande que creí morir de dolor. En este lapso de tiempo tuve que pasar por el rompimiento de mi matrimonio, murieron mis padres y los médicos me diagnosticaron con cáncer. Todos estos sucesos me llevaron a comprobar que se puede crecer espiritualmente a través del sufrimiento. El sufrimiento ha sido para mí uno de los regalos más valiosos de Dios, una verdadera escuela. Me ha enseñado muchas cosas: a tener paciencia, a sentir mayor compasión por los demás y a saber expresarla; y a aceptarlo todo de la mano de Dios. Lo que más agradezco es que me ha acercado mucho más a El a través del dolor.

El sufrimiento nos hace mejores personas y nos madura emocional y espiritualmente si lo aceptamos por amor y obediencia a Dios y si tratamos de sobreponernos a él, buscando nuestro consuelo y fortaleza en Dios. Son incontables las veces en que me he sentido acongojada, deprimida, agotada física, emocional o espiritualmente; pero en todas he acudido a Dios y siempre me ha dado Su gracia para continuar mi peregrinar hacia Él.

Este documento es el relato de algunas de mis experiencias, las cuales escribo, con la esperanza de poder ayudar a personas que se encuentren en circunstancias parecidas a las mías.

El diagnóstico Fue en el mes de febrero del 2000 cuando me diagnosticaron mieloma múltiple; un raro tipo de cáncer de la médula ósea, lugar donde nuestro cuerpo fabrica la sangre. Desde entonces he pasado cientos de días recibiendo quimioterapia, en el hospital como paciente externo o ingresada. Aunque parezca increíble, fue casi un alivio enterarme de que padecía cáncer, pues había tenido cinco dolorosas fracturas espontáneas sin saber por qué; tres de ellas en dos costillas y una vértebra, después de un resfriado. Había sido examinada por cinco médicos y hablado con seis más, hasta que al fin a uno de ellos (el reumatólogo), se le ocurrió hacer la prueba de un tipo de proteínas en la sangre. Lamentablemente, esperó desde noviembre, fecha en que hizo la prueba, hasta que volví a verlo en su consulta en febrero, para ver el resultado y decirme que tengo cáncer.

Al fin, cuando logré ver por primera vez al doctor hematólogo-oncólogo, me puso bajo un tipo de tratamiento, el cual no fue efectivo. Luego, durante seis meses, estuve ingresanda por 5 ó 6 días cada mes para la quimioterapia, la cual tampoco dió resultado. Del 20% de cáncer en la médula de los huesos, que me habían descubierto durante la primera biopsia, pasé el 81%. Fue como si en lugar de matar el cáncer, lo hubieran estado alimentando.

Cuando el doctor me dio esta mala noticia, le pregunté cuánto tiempo me quedaba de vida y me dijo que menos de un año. Yo le dije que no aceptaba ese diagnóstico, porque de hecho, Dios me había prometido más tiempo de vida. La única verdadera alternativa que me dio mi médico fue un tratamiento experimental con arsénico (¡el veneno!), y vitamina C. Puesto que no tenía nada que perder, acepté después de orar, investigar, y hablar con mis cinco hijos al respecto.

El tratamiento experimental Durante meses iba diariamente al hospital a recibir el arsénico con vitamina C. Soporté seis terribles ciclos de cinco semanas cada uno, con dos semanas de descanso seguida de una biopsia después de cada ciclo. Los lunes y los viernes tenían que hacerme electrocardiograma, análisis de sangre, etc. para saber si había llegado al punto de estar en peligro de complicaciones graves debido al arsénico. También me hacían pruebas para conocer el daño que le estaba haciendo el arsénico a todas las células de mi sangre, tales como las rojas, las blancas y las plaquetas. Por supuesto, tuvieron que darme un número de transfusiones, y ni hablar de los demás efectos secundarios de esta quimioterapia experimental.

Lamentablemente, uno de los efectos secundarios graves de esta medicina (el arsénico), es que daña el sistema inmunológico, porque destruye las células buenas que están en la sangre, junto con las malas (cancerosas). Por añadidura, el tipo de cáncer que yo tengo tiene el mismo efecto en la sangre (además de dañar los huesos). Por tanto, desde hace mucho tiempo he estado luchando contra las infecciones. Fui hospitalizada por tres semanas debido a una septicemia, por una infección en el “port” (catéter colocado quirúrgicamente en la vena cava para administrar la quimoterapia). Estuve en casa una semana, y acto seguido tuve que ser hospitalizada de nuevo debido a una neumonía y para remover el catéter infectado y colocar uno nuevo. Sin embargo, Dios no quiso que muriera en esa oportunidad tampoco y me salvé para continuar el tratamiento con arsénico. ¡Fui la primera en EE.UU. en llegar al final de los seis ciclos viva y hasta me entrevistó un canal de televisión! Durante la segunda semana de hospitalización por la neumonía, cuando comencé a mejorar, se me presentaron otras complicaciones, las llamadas “enfermedades oportunistas”. Por ejemplo, contraje la “culebrilla” (muy dolorosa), sinusitis (la cual me ha dejado sin olfato ni gusto permanentemente), flebitis en ambos brazos debido a los sueros (muy dolorosa también), y otras infecciones más. Por supuesto, debido a la debilidad de mis huesos y la fuerza con que tosía, se me rajó de nuevo una costilla.

Una noche, cuando estaba hospitalizada, después de tantos sueros e inyecciones, tuve problemas con mis venas. El catéter no se podía utilizar por orden del médico, hasta que no transcurrieran 48 horas de ser insertado. Sin embargo, las medicinas había que administrarlas por vía intravenosa. Una hermana en Cristo y yo, hicimos la Coronilla de la Divina Misericordia y le rogamos a Sor Faustina, Apóstol de la Divina Misericordia, su intercesión (todavía no había sido canonizada). Ella nos escuchó. Después de haber tratado de establecer una línea para el suero tres enfermeras, tres veces cada una, otra enfermera me dijo: “Déjame probar una vez más”. ¡Y milagrosamente lo logró! Durante esa estancia en el hospital, aprendí mucho sobre el valor infinito del sufrimiento, tanto para nosotros como para los demás. También medité mucho más sobre la pasión de Cristo. Le doy gracias a Dios por haber derramado tantas bendiciones sobre mi persona durante esta difícil etapa de mi vida, no sólo al darme la fortaleza para continuar luchando por sobrevivir, sino también, por darme el grandísimo honor de compartir su cruz, a pesar de que no soy digna de hacerlo.

El recordar el sacrificio que Jesús hizo por nosotros en la cruz, me ayudó a soportar todos los sufrimientos. Cada vez que me pinchaban con una aguja pensaba en que Jesús fue coronado de espinas y le decía a El: “Esta es una ofrenda tan pequeña, Señor, comparada con lo que tú sufriste para salvarme.” Y cuando me arrancaron dos pequeñitos pedazos de piel al removerme un esparadrapo (al cual soy alérgica) y me dolió tanto, recordé que Jesús fue brutalmente azotado, le pusieron una capa sobre su sangrante espalda y después se la removieron violentamente. Según los relatos científicos, una gran parte de su sanguinolenta piel le fue arrancada junto con la capa, pues se le pegó a la tela. ¡Cuán grandes son los dolores que El sufrió por nosotros! Fue su amor lo que lo llevó a la cruz y lo hizo permanecer en ella, a pesar de los que le gritaban que bajara y se salvara. Y ha sido providencial para mí, el que estos sufrimientos míos hubieran tenido lugar durante el Mes del Sagrado Corazón de Jesús. ¡Qué hermoso regalo de amor pude brindarle! Ofrecí mis sufrimientos (y todavía lo estoy haciendo), por el movimiento provida y por Human Life International y la Sección hispana que dirijo, Vida Humana Internacional y sus organizaciones afiliadas en el mundo hispano.

Dios me dio el regalo del gozo durante esa etapa en que estuve a punto de morir, y me enseñó que no debo temerle a la muerte ni al sufrimiento, pues Él está siempre conmigo.

Enfrentándome al transplante El doctor me dijo que ya que me había bajado tanto el nivel de cáncer en los huesos con la ayuda del arsénico y la Talidomida que recibí por meses, era hora de planear un transplante de células estaminales, utilizando mis propias células. Puesto que el tipo de cáncer que tengo es incurable, solo se trataba de alargar un poco mi vida.

Dos semanas antes de mi transplante, me sentía tan agotada de esta lucha que he estado librando contra el cáncer por los últimos dos años, que no tenía ya las fuerzas para continuar. Sabía que me esperaban muchas más dificultades y sufrimientos. Por lo que había leído, este tipo de transplante es un procedimiento muy largo, difícil y peligroso que requiere mucho tiempo de recuperación.

Me encontraba “al pie de una enorme montaña” que sabía tenía que escalar, pero no tenía las fuerzas para comenzar a hacerlo. Hay momentos en la vida de uno en que súbitamente sentimos sobre los hombros y sobre el corazón, todo el peso de muchos años de sufrimientos. Era como si me hubiera caído con mi cruz y no tuviera fuerzas para levantarme. Hasta ese punto, Dios me había dado una fortaleza sobrenatural que me llenaba de optimismo, energías y hasta gozo espiritual. Pero fue como si en aquellos momentos me la hubiera retirado por completo, quizás para que me diera cuenta de lo débil y frágil que soy, y de lo mucho que dependo de Él. Las palabras de San Pablo cobraron aun más importancia para mí y me aferré a ellas con todo mi corazón: “A todo puedo hacerle frente, gracias a Cristo que me fortalece.” (Filipenses 4: 13 ) Y las de Cristo : “Yo soy la vid y ustedes son las ramas. El que permanece unido a mí, y yo unido a él, da mucho fruto; pues sin mí no pueden ustedes hacer nada” (San Juan 15:5), me hicieron comprender, como nunca antes, que es verdadera y personalmente Cristo quien nos fortalece.

Antes de poder ingresar para el transplante de células estaminales tuve que someterme a un procedimiento llamado eféresis. Me insertaron quirúrgicamente en la vena cava un catéter mucho más grande que los que había tenido anteriormente. Tenía tres tubos en la parte de afuera: por un lado sacaban la sangre, por el otro administraban anticoagulante, y por el tercero devolvían la sangre al cuerpo. Me estimularon primero la médula ósea con unas inyecciones. El objetivo era separar las células estaminales inmaduras del resto de la sangre, y hacer que salieran a flote en la sangre.

Durante el procedimiento tuve una complicación: me bajó mucho el calcio y comencé a sentir como unas terribles corrientes eléctricas por todo el cuerpo, hasta llegar al punto de que se me engarrotaron ambas manos y se me paralizaron los dedos. En aquel momento pasé un gran susto porque creí que me estaba dando un derrame cerebral. De momento no pude evitar las lágrimas y el desaliento y la desesperación, pero de nuevo Cristo me fortaleció. Después de quedar una noche ingresada en el hospital, con los medicamentos que me administraron pudieron seguir el proceso iniciado. Lamentablemente, no alcanzaron a colectar todas las células necesarias para el transplante, pero de todos modos, mi médico decidió seguir adelante porque era la mejor decisión con respecto a mi salud.

El ingreso al hospital Era el 7 de octubre de 2002, Festividad en la Iglesia Católica, de Nuestra Señora del Santo Rosario. El hecho de que iba a ingresar en el hospital en esta piadosa fecha, me dió ánimos para el suplicio que sabía se acercaba inexorablemente. Pensé: He pasado tanto tiempo en este complejo de hospitales, que ya prácticamente son mi segunda casa.

La primera semana de ingreso para el transplante no fue fácil. El primer día me dieron una dosis extremadamente alta de “Melphalen”, una quimioterapia muy fuerte. Según me informaron, era una dosis diez veces más alta que la que regularmente les dan a los pacientes. Inmediatamente, el segundo día, me pusieron por vía intravenosa, las células estaminales que me habían extraído de la sangre y habían congelado.

Después de la quimioterapia, no pude mantener nada en el estómago por mucho tiempo. Las náuseas eran una parte constante de mi vida cuando estaba despierta, no había nada que verdaderamente permitiera que mantuviera líquidos o alimentos en mi estómago. Por 24 días en el hospital viví mediante los sueros. Las pocas veces que pude mantener algún líquido fue gracias a la oración. Pero hasta la oración se me hacía difícil, porque las náuseas eran muy intensas. Con toda mi alma le pedí al Señor que estabilizara mi estómago, no sólo porque me sentía muy débil, sino también porque me dolía la quijada izquierda (afectada por el cáncer), de tanto devolver los alimentos.

Prepararnos para escuchar, tener paciencia y perseverancia Una mañana caí en una pequeña depresión, al sentir que todavía no toleraba alimento en el estómago y que estaba tan débil. De nuevo me fallaron las fuerzas y dejé de tratar de ingerir alimentos. Para colmo de males, los dolores en el cuero cabelludo mientras se me caía el cabello, me molestaban mucho cuando ponía la cabeza en la almohada. Clamé al Señor llorando y su ayuda me llegó de nuevo. El enfermero me aconsejó, explicándome muy delicadamente, que mi actitud era negativa y esto alargaría más tiempo mi recuperación. Me dí cuenta de que había caído en la trampa de pensar negativamente. Dios actúa a veces a través de quien menos esperamos.

Después recordé el poder sanador de Dios a través de la música. Puse en mi equipo portátil un cassette de música religiosa que sabía me daría el mensaje que necesitaba oir de consuelo y fortaleza. La letra de la primera canción titulada “Amigo, no temas”, me recordó la promesa de Jesús de estar siempre conmigo. Dice la canción : “Amigo, no temas, yo estoy contigo en tu caminar” y habla de cómo Dios cuida de las aves y las flores del campo, “y ellas no son más que tú”. Si el Padre Celestial viste los campos de primorosos colores, con muchas flores que duran solo un día, cómo no va a poner en nuestra alma una y otra vez, el amor y la fortaleza que necesitamos en momentos difíciles. ¡Acabé por cantar, bailar, y alabar a Dios! Fue otro encuentro personal con Dios que me fortaleció emocional, física y espiritualmente.

Verdaderamente debemos estar atentos a la Palabra de Dios y obedecerle, si queremos recibir Sus gracias especiales. Si yo hubiera ignorado el consejo del enfermero de cambiar mi actitud y me hubiera dedicado a sentir lástima de mí misma, no habría recibido las gracias que recibí. Debemos recordar siempre la importancia de las “tres p” : Preparar los oídos para escucharle y obedecerle, tener paciencia y perseverancia.

Como nos aconsejó Santa Teresa de Jesús en su poema “Nada te turbe”: “…confianza y fe viva mantenga el alma”. Mi ánimo había cambiado hasta tal punto, que tuve el valor de dejarme rapar la cabeza pues de todos modos el pelo se me estaba cayendo. Y le di gracias a Dios porque al mirarme al espejo, no sentí dolor sino orgullo. Consideré mi calvicie, una de las cicatrices, producto de la difícil batalla que estoy librando.

Ahora, cuando me deprimo por todos mis sufrimientos y ni siquiera tengo deseos de orar; escucho una música religiosa alegre. Entonces comienzo a cantarle a Dios como nos pide la palabra de Dios : “Canten y alaben de todo corazón al Señor” (Efesios 5:19), y acabo siempre dándole gracias y alabándolo. Es indudable que Dios nos da siempre las fuerzas y hasta el gozo espiritual, sin importar las circunstancias, cuando se los pedimos de todo corazón.

Necesitamos el amor de nuestros seres queridos Hay evidencias científicas de que el amor y el apoyo de los demás ayudan a lograr la sanación. Los estudios realizados muestran grandes diferencias con respecto al tiempo que sobreviven las personas gravemente enfermas que reciben amor y apoyo, y las que no los reciben. Uno de los estudios, realizado en la Universidad de Tejas, les preguntó a los pacientes si participaban regularmente en un grupo de apoyo, como por ejemplo asistiendo a una iglesia, y si esa participación les proporcionaba fuerzas y consuelo. Seis meses después del tratamiento, los que contestaron que no a ambas preguntas tuvieron siete veces más probabilidades de morir que los demás. Otro estudio de la Universidad de Los Angeles (UCLA) realizado con grupos de apoyo, investigó a personas a quienes se les practicó una cirugía debido al cáncer melanoma. Después de dicha cirugía algunas de las personas participaron en grupos de apoyo por seis semanas, mientras el resto simplemente se fue a su casa. Cinco años después los investigadores encontraron que entre los que no participaron en ningún grupo de apoyo hubo tres veces más muertes y dos veces más metástasis que entre los que lo hicieron. (“Cancer Recovery Today”, boletín de la organización Cancer Recovery Foundation of America.) Verdaderamente, el amor y el apoyo de otras personas constituyen una necesidad básica para los enfermos. El no obtenerlos es dañino; ¡cuánto más dañino será el ofrecerle a una persona enferma la eutanasia o el suicidio asistido! Los que estamos gravemente enfermos necesitamos una verdadera compasión, no la falsa compasión que ofrecen los promotores de la eutanasia y el suicidio asistido.Y aun más importante es para los enfermos, el amor de sus seres queridos.

Sí, es cierto que solo Dios basta, como dijo Santa Teresa de Jesús. Si tenemos que continuar nuestro peregrinar totalmente solos, lo hacemos con la fuerza que Dios nos da. Sin embargo, el amor de otros seres humanos es para nosotros en momentos difíciles lo que la lluvia para las flores. A ellas las alimenta y las hace abrirse en toda su belleza. A nosotros también, porque nos alegra el alma y nos transforma en personas más humanas. Con ello nos hacemos más compasivos y tenemos aún más fortaleza para enfrentar nuestro dolor.

Enfrentándome a la recuperación Llegó el momento de salir del hospital después del transplante y no tenía quien me ayudara (vivo sola), ni siquiera pagándole. Había hecho muchas gestiones, hablado con varias personas pero al final, las dos que me prometieron ayuda me llamaron para decir que no podían. Desde el principio había confiado en Dios y le había pedido que si no podía conseguir a nadie, me diera las fuerzas para poder cuidar de mí misma. De nuevo, Su gracia no se hizo esperar, pues Dios me dio las fuerzas para cuidarme durante el mes que estuve en casa recuperándome.

Y cada vez que he necesitado algo que no podía resolver por mí misma, Dios me ha enviado personas para ayudarme. Una amiga y hermana en Cristo, que es psiquiatra, me ha ayudado mucho espiritual y psicológicamente. No hubiera podido avanzar tanto en mi recuperación emocional sin su ayuda. Otra buena amiga a quien quiero como una hermana y un matrimonio de mi parroquia, fueron también algunos de los hermanos en Cristo que me ayudaron.

En Dios confiemos Recientemente mi oncólogo me dijo que aunque mi cáncer al fin parece estar en remisión, se me ha presentado otra grave enfermedad de la sangre llamada mielodisplasia, debido a la cantidad de quimioterapia que he recibido o como consecuencia del tipo de cáncer que tengo. La médula de mis huesos no está produciendo las células (rojas, blancas y plaquetas), que mi cuerpo necesita, y algunas de las que produce son anormales. Por lo que me quede de vida, tendré que continuar recibiendo a menudo transfusiones a través de un catéter en la vena cava y medicinas para estimular la producción de las otras células. De este modo podré sobrevivir un tiempo más, puesto que no es posible una curación. Entre otros, me esperan los riesgos de infecciones y hemorragias. Además el doctor me dijo que tengo un 80% de posibilidades de contraer un tipo de leucemia.

Sin embargo, no tengo miedo. Por el contrario, mi alma está llena de gozo, porque hoy Jesús me dio en la misa las gracias extraordinarias que necesitaba para enfrentar este nuevo sufrimiento. Instantes antes de recibir la sagrada comunión, vi claramente en la faz de una escultura de Jesús, una sonrisa.

Hay quienes creen que la religión es solo un bastón en el cual las personas se apoyan cuando se encuentran en circunstancias difíciles de su vida. Piensan que la fe es una creencia en “algo” intangible y esto es cierto, pero es mucho más. La realidad es que la verdadera fe, la fe fructífera, la que crece cada día más si la nutrimos con la oración, la lectura espiritual y los sacramentos (esto último para aquellos que somos católicos); no es algo intangible que imaginamos o que nos hemos inventado. Es una relación íntima y personal con nuestro Creador, que es más real que la luz que vemos y el aire que respiramos. Nuestro Dios nos ama tanto, que está involucrado hasta en los más insignificantes acontecimientos de nuestra vida. Está atento a nuestras más pequeñas necesidades, sabe lo que queremos y necesitamos, y se apresura a dárnoslo si es para nuestro bien.

A través de toda mi odisea, que continuará cada día hasta que Dios quiera, nunca he estado sola, pues Jesús siempre está conmigo y me lo demuestra de diferentes maneras.Y además, he tenido y todavía tengo la inmensa bendición y la alegría de poder contar con incontables oraciones (inclusive en diferentes países del mundo), de personas que he conocido por mi labor en defensa de la vida y la familia. Las cartas, tarjetas y llamadas que he recibido de líderes del movimiento provida hispano han sido numerosas. A todos los tengo en mi corazón , y a Dios he ofrecido mis sufrimientos por la labor que realizan estos valientes hermanos en Cristo en sus respectivos países. Se están enfrentando a grandes batallas para defender la vida y la familia, los cuales sufren graves ataques en los países hispanos.

Un mensaje especial Por último, quiero dirigirte un mensaje personal a ti, que estás enfermo(a) de cáncer o tienes otra enfermedad grave.

De nuestra actitud depende mucho el poder sobrevivir más tiempo. He leído que aquellos enfermos graves que tienen una actitud positiva, una vida activa y la voluntad de vivir, sobreviven más tiempo. No dejes que nada perturbe tu paz, te entristezca o te deprima. Sonríe siempre, pase lo que pase, porque Dios te ama y cuida de ti. El apóstol san Pablo nos dice: “Alégrense siempre en el Señor. Repito: ¡Alégrense! Que todos los conozcan a ustedes como personas bondadosas. El Señor está cerca. No se aflijan por nada, sino preséntenselo todo a Dios en oración; pídanle, y denle gracias también. Así Dios les dará su paz, que es más grande de lo que el hombre puede entender; y esta paz cuidará sus corazones y sus pensamientos por medio de Cristo Jesús”. (Filipenses 4: 4-7) Cuando me olvido momentáneamente de que todo lo que sucede es para nuestro bien, aún lo que nos hace sufrir, repito mentalmente las palabras de San Pablo: “Que la esperanza os tenga alegres, estad firmes en la tribulación, sed asiduos en la oración.” (Romanos 12:12) La esperanza de poder estar con Cristo algún día me proporciona gozo espiritual, el cual me ayuda a mantenerme firme en la tribulación por medio de la oración.

No temas a los sufrimientos. Cuando me diagnosticaron el cáncer y leí sobre las posibles complicaciones y lo dolorosas que podrían ser en las últimas etapas de mi enfermedad, sentí un gran temor. No temía a la muerte, sino a los sufrimientos que podrían acompañarla. Sin embargo, el Señor me llevó a leer una cita bíblica que me tranquilizó y me recordó que Él estará conmigo hasta el final, y nada me sucederá que con la ayuda de su gracia no pueda enfrentar. A través del Salmo 40, “Oración de un enfermo”, Dios me habló: “El Señor lo sostendrá en el lecho del dolor, calmará los dolores de su enfermedad”.

Además Dios nos promete: “…Los que confían en el Señor tendrán siempre nuevas fuerzas y podrán volar como las águilas, podrán correr sin cansarse y caminar sin fatigarse.” (Isaías 40: 31) Y Jesús mismo nos dijo: “No se angustien ustedes. Crean en Dios y crean también en mí… Les doy mi paz, pero no se la doy como la dan los que son del mundo. No se angustien ni tengan miedo.” (Juan 14:1, 27) Por último, si unes tus sufrimientos a los de Cristo, aceptándolos por amor a Dios y ofreciéndoselos a Él, verás sus frutos en la eternidad.

Probablemente el tener que enfrentarte a tu enfermedad y la posibilidad de morir debido a ella, ya te han enseñado el valor tan grande que tiene la vida, regalo de Dios. Atesórala, disfrútala en todo lo posible, diles a tus seres queridos cuánto los amas. Vive cada día como si fuera el último, porque no sabes cuándo será el día ni la hora. Utiliza sabiamente ese valioso tiempo de vida que te queda, que es un regalo que Dios te ha dado, para que te prepares para vivir con El para siempre. Trata de acercarte más a El cada día por medio de la oración, la meditación y los sacramentos (si eres católico). Alguien le preguntó a Santa Ángela de Merici, la fundadora de las Hermanas Ursulinas, qué consejo le daba para comportarse debidamente. Ella le contestó : “Compórtese cada día como usted deseara haberse comportado cuando le llegue la hora de morirse y de darle cuenta a Dios.” No temas a la muerte, el mismo Dios que te ama y cuida de ti, te recibirá en sus amorosos brazos, donde estarás por toda la eternidad. Dile al Señor de todo corazón : “Yo, Señor, confío en ti; yo te he dicho: ‘¡Tú eres mi Dios!, mi vida está en tus manos.” (Salmo 31: 14) Que Dios te bendiga y aumente tu fe, tu paciencia y tu fortaleza para enfrentar tus sufrimientos.

Nota: Este escrito, terminado el 9 de febrero del año 2003, es propiedad intelectual de la autora y de Vida Humana Internacional (VHI), Sección hispana de Human Life International. VHI y la autora dan su autorización para que se reproduzca sin hacer ningún cambio en el texto y se distribuya gratuitamente, sin fines de lucro. VHI es una organización católica educativa y misionera que ofrece en su portal en Internet: http://www.vidahumana.org/, información sobre más de 20 temas relacionados con la defensa de la vida humana y la familia, y un catálogo de materiales educativos. Para comunicarse con Vida Humana Internacional diríjase a: 45 S.W. 71 Ave, Miami, Fl, 33144, U.S.A. Teléfono: (305) 260-0525. E-mail: vhi@vidahumana.org. El portal www.masalladelsol.org, ofrece un “chat room” para las personas que tienen cáncer y sus familiares. Puede escribir a: ishen7@hotmail.com.

El violinista

Ocurrió en París, en una calle céntrica aunque secundaria. Un hombre, sucio y maloliente tocaba un viejo violín. Frente a él y sobre el suelo estaba su boina, con la esperanza de que los transeúntes se apiadaran de su condición y le arrojaran algunas monedas para llevar a casa. El pobre hombre trataba de sacar una melodía, pero era imposible identificarla debido a lo desafinado del instrumento y a la forma displicente y aburrida con que tocaba. Un famoso concertista, que junto con su esposa y unos amigos salía de un teatro cercano, pasó frente al mendigo musical. Todos arrugaron la cara al oír aquellos sonidos tan discordantes. Y no pudieron menos que reír de buena gana. La esposa le pidió, al concertista, que tocara algo. El hombre echó una mirada a las pocas monedas en el interior de la boina del mendigo, y decidió hacer algo. Le pidió el violín, y el mendigo musical se lo prestó con cierto resquemor. Lo primero que hizo el concertista fue afinar sus cuerdas. Y después, vigorosamente y con gran maestría arrancó una melodía fascinante del viejo instrumento. Los amigos comenzaron a aplaudir y los transeúntes comenzaron a arremolinarse para ver el improvisado espectáculo. Al escuchar la música, la gente de la cercana calle principal acudió también y pronto había una pequeña multitud escuchando arrobada el extraño concierto. La boina se llenó no solamente de monedas, sino de muchos billetes de todas las denominaciones. Mientras el maestro sacaba una melodía tras otra, con tanta alegría. El mendigo musical estaba aún más feliz de ver lo que ocurría y no cesaba de dar saltos de contento y repetir orgulloso a todos: ” ¡¡Ese es mi violín!! ¡¡Ese es mi violín!!”. Lo cual, por supuesto, era rigurosamente cierto. La vida nos da a todos un violín, que son nuestros conocimientos, habilidades y aptitudes. Y tenemos libertad para tocar ese violín como nos plazca. Algunos, por pereza, ni siquiera afinan ese violín. No perciben que hay que prepararse, aprender, desarrollar habilidades y mejorar constantemente nuestras aptitudes si hemos de dar un buen concierto. Pretenden una boina llena de dinero, y lo que entregan es una discordante melodía que no gusta a nadie.

Aún puedes ser Einstein

Albert Einstein (1879-1955) es indiscutiblemente el mayor genio científico del siglo XX y uno de los más grandes de la Historia. Sin embargo su carrera de estudiante deja perplejos a más de uno y sirve de consuelo para muchos. Parece que ser que en su infancia algunos le consideraron algo retrasado. A la edad de cinco años algunos informes escolares le consideraban lento y con errores de cálculo, aunque con seguridad a la hora de encarar las matemáticas. Fue suspendido en el examen de ingreso a la Escuela Técnica de Zurich. Cuando terminó su formación intentó conseguir un puesto de ayudante y fue el único que suspendió de los cuatro estudiantes que habían pasado los exámenes finales. En 1901 entregó una tesis de física sobre la teoría cinética de los gases en la Universidad de Zurich,que fue rechazada. En 1902, gracias a una recomendación, pudo empezar a trabajar en la Oficina de Patente de Berna como “técnico experto de tercera clase”…

El hilo rojo

Le fui a quitar el hilo rojo que tenía sobre el hombro, como una culebrita. Sonrió y puso la mano para recogerlo de la mía. Muchas gracias, me dijo, muy amable, de dónde es usted. Y comenzamos una conversación entretenida, llena de vericuetos y anécdotas exóticas, porque los dos habíamos viajado y sufrido mucho. Me despedí al rato, prometiendo saludarle la próxima vez que le viera, y si se terciaba tomarnos un café mientras continuábamos charlando. No sé qué me movió a volver la cabeza, tan sólo unos pasos más allá. Se estaba colocando de nuevo, cuidadosamente, el hilo rojo sobre el hombro, sin duda para intentar capturar otra víctima que llenara durante unos minutos el amplio pozo de su soledad. Pensé que debía adentrarme en el misterio de tantas personas que quizá no nos buscan como el señor del hilillo, pero nos necesitan.

Scott y Kimberly Hahn: Conversión de un matrimonio presbiteriano

Scott y Kimberly Hahn son un matrimonio norteamericano que ofrece el testimonio de su conversión al catolicismo. Ofrecemos a continuación algunos párrafos autobiográficos -alternando marido y mujer- tomados del libro “Roma, dulce hogar”, publicado en castellano por Rialp. Continuar leyendo “Scott y Kimberly Hahn: Conversión de un matrimonio presbiteriano”

Bruno de Stabenrath: A los 35 años irrumpió el dolor en su vida

Pido perdón por hablar de mí mismo. Pero son mis circunstancias personales las que motivan este artículo. Acabo de salir del hospital tras una operación. La convalecencia está resultando bastante molesta y dolorosa. En esta tesitura uno comprende mejor que haya mucha gente que no le encuentre sentido a la enfermedad, al dolor y al sufrimiento. Estando en estas cavilaciones, leí la contra de La Vanguardia del día 27 de este mes de enero. Es una entrevista que hace Ima Sanchís a Bruno de Stabenrath, antiguo actor, músico y guionista. A consecuencia de un accidente de coche a los 35 años cambió su vida. Ha escrito un libro, “Al galope”, sobre su experiencia. De la entrevista entresaco algunos párrafos que ciertamente tienen bastante enjundia: —“Soy tetrapléjico. Mis piernas no responden y la musculatura de los brazos y los dedos está muy disminuida. Soy muy dependiente, no puedo mover la silla por la calle, no puedo cocinar, ni vestirme, ni atarme los zapatos”.

—“Tengo contratadas a dos personas que se turnan para ayudarme. La mayoría de los tetrapléjicos no pueden pagar esos salarios y malviven en centros esperando la muerte. Yo al principio deseé morir”.

—“Estuve un año en el hospital, sólo podía mover la cabeza. Me abandonó la alegría de vivir, la salud y el deseo”.

—“Me había dado cuenta de que en la vida hay cosas que decides por propia voluntad, pero que hay algo que se te escapa por completo y que es el misterio humano. Me puse en contacto con los hermanos de Saint Jean y recuperé la oración. Mi interlocutora preferida es la Virgen María”.

—“El amor que he sentido, de gente inesperada, ha hecho que mi vida cobrara un sentido”.

Al final de la entrevista, cuando la periodista le pregunta qué ha aprendido, responde: —“A despojarme de cualquier ambición; he tomado conciencia de que no estamos solos, de que quizá la respuesta viene de los demás. Me siento feliz porque mi sufrimiento físico no deja espacio a cuestiones intrascendes que antes me consumían. Ahora voy a lo esencial”.

Al leer esto último me acordé de lo que escribió un gran pensador francés, Gustave Thibon: “Cuando un hombre está enfermo si no se encuentra esencialmente rebelado, se da cuenta de que cuando estaba sano había descuidado muchas cosas esenciales; que había preferido lo accesorio a lo esencial” Después de lo anterior se despertó mi curiosidad sobre el sentido del dolor y de la enfermedad y empecé a indagar en otros autores. Esto es lo que he encontré: Dice Víktor Frankl el célebre psiquiatra judío que estuvo internado en un campo de concentración nazi: “El hombre que no ha pasado por circunstancias adversas, realmente no se conoce bien”.

El gran escritor inglés, amigo de Tolkien, C: S: Lewis, afirma: “El dolor es el megáfono que Dios utiliza para despertar un mundo de sordos”.

Y una persona bien experimentada en el dolor tras 50 años de atender enfermos, y él mismo víctima de un cáncer, el Dr. Ortiz de Landázuri, expresaba a este respecto: “La enfermedad siempre nos enseña muchísimo. Es el camino que nos conduce a Dios. Es uno de los caminos más importantes para llegar a ese encuentro… y al final, uno lo agradece”.

Finalmente tenemos lo que señala Juan Pablo II en la Carta “Salvifici Doloris”: “Para percibir la verdadera respuesta al porqué del sufrimiento, tenemos que volver nuestra mirada a la revelación del amor divino, fuente última del sentido de todo lo existente. El amor es también la fuente más rica sobre el sentido del sufrimiento que es siempre un misterio”.

Creo que la experiencia que nos cuenta Bruno de Stabenrath, confirma la veracidad de todos los testimonios anteriores. Y que yo no tengo motivos para quejarme y sí mucho que aprender del misterio del dolor.

Federico Gómez Pardo www.PiensaunPoco.com

Convertido por una frase del Papa

París. Parque de los Príncipes. Un universitario logra acercarse al Papa y le grita: “Santo Padre, soy ateo, ¡ayúdeme!”. El Papa se le acercó. Hablaron a solas unos instantes. De regreso a Roma, Juan Pablo II recordó a ese chico y le dijo a don Estanislao: “Pienso que quizá podía haberle ayudado mejor. Quizá todavía se puede hacer algo por él”. Escribieron a París. La respuesta fue algo así como “lo intentaremos pero va a ser más difícil que encontrar una aguja en un pajar”. Sin embargo, al final se localizó al muchacho y le dijeron: “El Papa quiere que sepas que reza diariamente por ti y está preocupado porque quizá no resolvió tu problema”. Aquel muchacho explicó que al salir de allí fue a una librería y compró un Nuevo Testamento, como el Papa le había dicho…, “y nada más abrirlo, encontré la respuesta que buscaba. Díganselo al Papa. Ya me preparo para mi bautismo”.

Tomado de Miguel Angel Velasco, “Juan Pablo II, ese desconocido”, p.56.

Dos ratones

Dos ratones caen en un cubo de leche. El primer ratón, desilusionado, perezoso, se dejó llevar. El segundo, no perdió el ánimo y, con su buen carácter, mientras nadaba, reflexionaba. Y comprendió algo importante: a base de agitar, la leche se coagula. Se animó, aceleró un poco, y al rato aquello fue nata, y después mantequilla, y después dió un salto y salió. Estos dos ratones reflejan dos formas de afrontar los problemas.

Descubrir al que sufre

Edith Zirer es judía y en 1995, cuando contaba este relato, tenía 66 años. En 1945 fue liberada por los soldados rusos después de pasar tres años en campos de concentración y haber perdido a su familia. Dos días después llegó a una pequeña estación ferroviaria. “Me eché en un rincón de una gran sala donde había docenas de prófugos. Wojtyla me vio. Vino con una gran taza de te, la primera taza caliente que probaba en unas semanas. Después me trajo un bocadillo de queso. No quería comer, pero me forzó levemente a hacerlo. Luego me dijo que tenía que caminar para poder subir al tren. Lo intenté, pero caí al suelo. Entonces me tomó en sus brazos y me llevó durante mucho tiempo, kilómetros, a cuestas, mientras caía la nieve. Recuerdo su chaqueta marrón y su voz tranquila que me contaba la muerte de sus padres, de su hermano, y me decía que él también sufría, pero que era necesario no dejarse vencer por el dolor y combatir para vivir con esperanza. Su nombre se me quedó grabado para siempre”.

Tomado de Miguel Angel Velasco, “Juan Pablo II, ese desconocido”, p.20.

Saber mirar a nuestro alrededor

El drama de un desencantado que se arrojó a la calle desde el décimo piso, y a medida que caía iban viendo a través de las ventanas la intimidad de sus vecinos, las pequeñas tragedias domésticas, los amores furtivos, los breves instantes de felicidad, cuyas noticias no habían llegado nunca hasta la escalera común, de modo que en le instante de reventarse contra el pavimento había cambiado por completo su concepción del mundo, y había llegado a la conclusión de que aquella vida que abandonaba para siempre por la puerta falsa valía la pena ser vivida.

Relato de Gabriel García Márquez

Ser un héroe o morir

Rubén González Gallego nació sin extremidades y fue abandonado por sus padres. Le tocó vivir en un orfanato soviético. Casi nada. Cuando te compadezcas de tu suerte piensa en que otros muchos, como él, no han tenido la suerte que tú has tenido.

Soy apenas un pequeñín. Noche. Invierno. Necesito ir al baño. Es inútil llamar a la cuidadora.

La única solución es arrastrarme hasta los lavabos. Lo primero es salir de la cama. Es posible; a mi solito se me ha ocurrido el modo de hacerlo. Me arrastro hasta el borde de la cama, me doy la vuelta hasta quedar apoyado sobre la espalda; me dejo caer. El golpe contra el suelo. El dolor.

Me arrastro hasta la puerta del pasillo, la empujo con la cabeza y salgo de la habitación, relativamente tibia, al frío, a la oscuridad.

Por la noche, dejan abiertas las ventanas del pasillo. Hace frío, mucho frío. Estoy desnudo.

El trayecto es largo. Cuando paso por delante de la habitación donde duermen las niñeras, en voz alta pido ayuda y con la cabeza doy golpes contra la puerta. Nadie responde. Grito. Silencio. Acaso mis gritos no tienen fuerza suficiente para despertarlas.

Cuando llego al baño estoy totalmente helado.

En el baño las ventanas están abiertas. En el borde de la ventana hay nieve.

Llego hasta el orinal. Descanso. Necesito descansar antes de emprender el camino de vuelta. Mientras lo hago, la orina empieza a helarse por los bordes.

Me arrastro de vuelta. Llego a mi habitación. Con los dientes, tiro sobre mí la manta de la cama, me envuelvo en ella como puedo y trato de dormir.

Soy un héroe. Ser un héroe es fácil: si no tienes brazos ni piernas, eres un héroe o estás muerto. Si no tienes padres, confía en tus brazos y en tus piernas. Y hazte un héroe. Pero si no tienes extremidades y además te ha caído en suerte nacer huérfano, ¡no hay duda!: estás condenado a ser un héroe hasta el final de tus días. O a palmaría. Yo soy un héroe. Simplemente no me queda otro remedio.

Tomado de “Nueva Revista”, marzo-abril 2002.

Torpes y agonizantes

La ballena azul está desapareciendo por culpa del ser humano, pero el hecho de verse sometida a su brutal depredación no impide que las formas naturales de exterminio se sigan produciendo. Las orcas, unos cetáceos carnívoros, que cazan como los lobos, en manada, atacan también a las ballenas y lo hacen con una crueldad que convierte a cualquier arpón en un arma de la misericordia. Las orcas localizan una ballena solitaria, la rodean y acompasan su nadar al suyo, incluso salen a tomar aire a la vez que su majestuosa víctima. Navegan a ambos lados y van arrancando de ella a dentelladas enormes trozos de carne. La ballena no puede hacer otra cosa sino seguir nadando, incapaz de huir de la jauría asesina. El mar se va tiñendo de rojo, mientras la manada de orcas sigue mordiendo con furor, en un terrible festín sobre un ser vivo que aún respira. Las manadas de orcas –veinte, treinta– jamás podrán devorar por completo a su presa: pueden saciarse cuando ya han arrancado de ésta cuatro o cinco toneladas de carne. Y la enorme ballena azul sigue nadando, torpe y agonizante. Muchas veces en nuestra vida, por nuestra culpa, por dejarnos cercar por el peligro, acabamos como esas ballenas, pesadas y torpes, a merced de los mordiscos de las tentaciones.

Vosotros sois mis brazos

En una iglesia de una aldea alemana tenían un Cristo muy bonito y valioso. Estaba crucificado y la gente le tenía mucha devoción. Durante la Segunda Guerra Mundial cayó una bomba y, al explotar, le arrancó los dos brazos. Al final de la contienda, los del pueblo se planteaban restaurarlo. Pero alguien sugirió dejarlo como estaba, sin brazos. Se aceptó la propuesta e incluyeron una leyenda explicativa que decía así: “Vosotros sois mis brazos”. Así recuerda a todos que Jesucristo tiene necesidad de nosotros para seguir su misión en la tierra.

Un sabihondo en el tren

Un joven universitario se sentó en el tren frente a un señor de edad, que devotamente pasaba las cuentas del rosario. El muchacho, con la arrogancia de los pocos años y la pedantería de la ignorancia, le dice: “Parece mentira que todavía cree usted en esas antiguallas…”. “Así es. ¿Tú no?”, le respondió el anciano. “¡Yo! –dice el estudiante lanzando una estrepitosa carcajada–. Créame: tire ese rosario por la ventanilla y aprenda lo que dice la ciencia”. “¿La ciencia? –pregunta el anciano con sorpresa–. No lo entiendo así. ¿Tal vez tú podrías explicármelo?”. “Deme su dirección –replica el muchacho, haciéndose el importante y en tono protector–, que le puedo mandar algunos libros que le podrán ilustrar”. El anciano saca de su cartera una tarjeta de visita y se la alarga al estudiante, que lee asombrado: “Louis Pasteur. Instituto de Investigaciones Científicas de París”. El pobre estudiante se sonrojó y no sabía dónde meterse. Se había ofrecido a instruir en la ciencia al que, descubriendo la vacuna antirrábica, había prestado, precisamente con su ciencia, uno de los mayores servicios a la humanidad. Pasteur, el gran sabio que tanto bien hizo a los hombres, no ocultó nunca su fe ni su devoción a la Virgen. Y es que tenía, como sabio, una gran personalidad y se consideraba consciente y responsable de sus convicciones religiosas.

Aceptarnos como somos

Un cantero se lamentó: —Ay, si tuviera tanto dinero como este rico.

El genio lo llenó de riquezas. Pero apretaba mucho el sol, era verano.

—Ay, si fuera sol.

El genio se lo concedió.

Una nube se interpuso entre el sol y la tierra.

—Ay, si fuera nube.

El genio se lo concedió. Pero comprobó como la roca resistía a sus embates.

—Ay, si fuera roca.

El genio se lo concedió. Pero cuando vio cómo el cantero la destrozaba comentó: —Ay, si fuera cantero.

Eugenio Zolli: La conversión del Gran Rabino de Roma

Israel Zoller (Zolli es la italianización del apellido) nació en la Galizia polaca en 1881, último de una familia de cinco hijos. En 1904, el joven marcha a Viena para seguir la carrera de rabino, fiel a la tradición familiar, ya que por vía materna se habían sucedido antepasados rabinos durante más de dos siglos. Acabará los estudios en Florencia y conseguirá la plaza de vicerrabino de Trieste. En 1918, es nombrado rabino jefe de la ciudad, cargo que ocupará hasta su traslado a Roma y que hará compatible con su tarea docente como profesor de lengua y literatura semíticas en la Universidad de Padua.

En aquellos años, la idea de la conversión no se le pasaba ni tan siquiera por la cabeza. Todas las tardes se limitaba a abrir por donde cayera la Escritura, tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento, para meditar. Fue así como la persona de Jesús y sus enseñanzas se le hicieron familiares, sin que ningún prejuicio se interpusiera ni le diera el gusto de lo prohibido. El fruto fundamental de sus años de Trieste será la obra El Nazareno (1938), un estudio lingüístico y etimológico en el que realiza una exégesis metódica del Evangelio a la luz del Antiguo Testamento.

“Nadie ha tratado de convertirme –relataba algunos años después–. Mi conversión ha sido una lenta evolución interior. Desde hace años, y yo mismo lo ignoraba, mis escritos tenían ya un carácter tan cristiano que un arzobispo dijo de El Nazareno: ‘todos podemos equivocarnos, pero por cuanto puedo juzgar, pienso que podría firmar yo mismo ese libro’”.

Los rumores de guerra hicieron que el eco del libro fuera limitado. Durante esos años, Zolli había ayudado a los hebreos que dejaban la Europa central para trasladarse al futuro Israel. Sus contactos y el conocimiento de la lengua alemana favorecían que contara con informaciones de primera mano sobre el peligro que se acercaba. En 1935 envió una carta al rabino jefe de Roma, Angelo Sacerdoti, sobre los “actos inhumanos” cometidos contra los hebreos en Alemania, para que informara a Mussolini. El Duce dijo que protestaría ante el embajador alemán. Sea lo que fuere, lo cierto es que en 1938, cediendo a las presiones nazis, también en Italia se introdujeron leyes racistas. Zolli protestó públicamente y el gobierno como represalia le quitó la nacionalidad italiana.

Fue en ese contexto en el que le ofrecieron el puesto de rabino jefe de Roma. La comunidad hebrea de la capital (de la que el rabino era un empleado a sueldo) estaba dividida entre filofascistas y sionistas. Tal vez la fama de persona independiente y profundamente religiosa que se había ganado Zolli en esos años influyó en la elección. Sus dos interlocutores fueron Dante Almansi, presidente de las comunidades israelitas de Italia, que había sido jefe de la policía fascista y tenía buenos contactos con el régimen, y Ugo Foà, presidente de la comunidad hebrea de Roma.

Los primeros meses de la estancia de Zolli en Roma se caracterizaron por la defensa de los hebreos ante las leyes antisemitas. La situación, sin embargo, precipitó en septiembre de 1943 con la llegada de las tropas alemanas a la capital italiana. Después de los años pasados en Trieste, Zolli tiene experiencia: advierte a Almansi de que es preciso proteger a la población judía, pero éste sostiene que el día anterior un ministro le había asegurado que no había de qué preocuparse y que no convenía alarmar a la gente.

La respuesta vino pocos días después. El 10 de septiembre, el ejército nazi controla Roma. Un comisario de policía, de sentimientos antifascistas, aconseja a Zolli que se esconda, ya que –como se vio en Praga en esas mismas fechas– la primera víctima entre los hebreos solía ser el rabino.

El 26 de septiembre, el comandante Herbert Kappler impone a los judíos de Roma el pago de cincuenta kilos de oro, en un plazo de 24 horas, como rescate para no deportar a una lista de trescientas personas. La comunidad hebrea consigue reunir treinta y cinco kilos. Los presidentes Almansi y Foà piden a Zolli que acuda al Vaticano para pedir ayuda. Así lo hace –aunque sobre su cabeza pesaba una recompensa de 300.000 liras–, y recibe una respuesta positiva. Al final, los quince kilos del Vaticano no harán falta porque se habían conseguido por otras vías (incluidas, según se escribe, las de algunas casas religiosas y párrocos).

En esas semanas Zolli tuvo un encuentro con Foà en el que presentó un plan práctico para dispersar a los judíos de Roma. La acogida no pudo ser más fría: “Si hay que tomar decisiones, las tomaré yo con mi consejo –respondió Foà–. De momento no se ha decidido nada. Vaya a comprar un poco de valentía en la farmacia”. Años después escribirá Zolli: “Se me había concedido el don de ver sin poder actuar; y a otros, el poder de actuar sin poder ver”.

El oro, desde luego, no sirvió para nada, pues el 16 de octubre comenzaron las deportaciones, que sólo se frenaron por intervención de Pío XII. Zolli, que podía haberse exiliado fuera de Italia, vivió nueve meses en la clandestinidad, huésped de familias amigas, al igual que su mujer Emma y su hija Miriam (la otra hija, Dora, fruto de su primer matrimonio, no corría peligro por estar casada con un “ario”).

En febrero de 1944, la comunidad hebrea lo destituye como rabino, pero en junio los aliados lo ponen de nuevo al frente de la sinagoga. Allí permanecerá solo unos meses, pues en otoño presenta la dimisión por motivos personales. Y es que el día de Yom Kippur, durante la ceremonia en la sinagoga, había oído una voz interior que le dijo: “Estás aquí por última vez. Desde ahora, me seguirás”. Ya en los meses anteriores había meditado dar el paso del bautismo, pero no quiso hacerlo durante la persecución nazi.

La noticia del bautismo de Zolli causó enorme estupor (su mujer se bautizó el mismo día y su hija Miriam, que superaba ya la veintena, lo hizo un año después). La sinagoga de Roma decretó varios días de ayuno como expiación. El paso había dejado a Zolli literalmente en la calle: a los 65 años y sin casa ni sueldo. El futuro cardenal Dezza le ofreció un puesto de docente en el Pontificio Instituto Bíblico, de la Universidad Gregoriana.

Tal vez el mensaje principal de Zolli que se desprende de la lectura de su vida es precisamente la conexión que existe entre la Sinagoga y la Iglesia: “La Sinagoga era una promesa y el Cristianismo es el cumplimiento de esa promesa. La Sinagoga indicaba el Cristianismo; el Cristianismo presupone la Sinagoga”. Por eso, a pesar de la hostilidad que encontró en ambientes judíos, se preocupó por mejorar las relaciones entre hebreos y católicos: es suya, por ejemplo, la primera iniciativa que llevaría a suprimir de la liturgia del Viernes Santo, en 1961, la expresión “pérfidos judíos”: dio como razón que pocos entendían ya su significado original de “judíos incrédulos”.

Sin desfallecer

Lord Carnavon dirigía las excavaciones en Egipto, en el Valle de los Reyes. Todo aparece desvalijado por los ladrones de tumbas. Se acaba el dinero y le retiran la confianza. Pero él siguió trabajando sin desmayos. Unos días antes de que se suspendieran las investigaciones descubrieron el mayor tesoro arqueológico del Antiguo Egipto: la tumba de Tutankamen.

Tomado de Ceram, “Dioses, tumbas y sabios”.

Mantener el buen humor

Tomás Moro, al llegar al pie del cadalso, no perdió su habitual serenidad y sentido del humor. Le dijo al alcalde: “Ayúdeme a subir, que ya me las arreglaré para bajar solo.” Y al verdugo: “Anímate, hombre, y no temas en cumplir tu oficio. Corto es mi cuello: procura no darme un tajo torcido. Aparta mi barba, sentiría que la cortases. Ella no es culpable de alta traición”.

Erasmo decía sobre Tomás Moro: “El hombre que se adapta tanto a la seriedad como a la broma y cuya compañía resulta siempre agradable, ése es el hombre que los antiguos llamaban: “omnium horarum homo”, un hombre para todas las horas”.

Stanislaw Dziwisz: 13 de mayo de 1981

Una crónica detallada de Mons. Stanislaw Dziwisz, Secretario de Juan Pablo II.

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Jonás y la ballena

Una niña estaba hablando de las ballenas a su maestra. La profesora dijo que era físicamente imposible que una ballena se tragara a un ser humano porque aunque era un mamífero muy grande su garganta era muy pequeña. La niña afirmó que Jonás había sido tragado por una ballena. La profesora le repitió con ironía que una ballena no podía tragarse a ningún humano, pues físicamente era imposible. La niña contestó: “Cuando llegue al cielo le voy a preguntar a Jonás”. La maestra le preguntó: “¿Y qué pasa si Jonás se fue al infierno?”. La niña contestó: “Entonces tendrá que preguntarle usted”.

Nguyen Viet Chung: Una vocación nacida en el trabajo entre los leprosos

La dedicación de las religiosas de San Vicente de Paúl hacia los leprosos fue el punto de partida de la conversión al catolicismo de un médico vietnamita que hoy es sacerdote.

El doctor Augustinus Nguyen Viet Chung, de 48 años, médico de Ho Chi Minh, conoció la fe católica hace unos diez años. Tras el adecuado camino espiritual y de formación teológica, fue ordenado sacerdote el pasado 25 de marzo, fiesta de la Anunciación de María.

El obispo auxiliar de Ho Chin Minh –Joseph Vu Duy Thong– presidió el rito de ordenación en la iglesia de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro de la diócesis del sur de Vietnam. Más de medio centenar de personas, entre parientes del padre Chung, religiosos y religiosas, se unieron a la celebración.

Muchas Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, que conocen y trabajan con el doctor Chung, manifestaron: «La gracia de Dios hace milagros: no es corriente que un médico, y además a la edad de 40 años, se convierta y elija ofrecer su vida totalmente al Señor».

El padre Chung se sintió atraído por los estudios de medicina a través de un misionero extranjero que había optado por dedicar su vida al servicio de los leprosos.

Después de la licenciatura y de la especialización en dermatología, hizo sus prácticas en la leprosería estatal de Ben San, donde trabajan algunas religiosas vicencianas.

«Ejerciendo la medicina, me decía: puedo curar las heridas de los pacientes, pero ¿cómo curar su soledad y el sentido de abandono que experimentan? –recuerda el padre Chung–. Después conocí la fe católica y encontré la medicina para el alma de los enfermos, esto es, a Jesucristo».

El padre Chung fue bautizado en 1994. Cuatro meses después ingresó en el noviciado de la Congregación Vicenciana. «En mi conversión fue decisivo el ejemplo de las religiosas de San Vicente de Paúl: su dedicación y el amor hacia los leprosos hablaron a mi corazón», reconoce el sacerdote.

En la actualidad, el padre Chung trabaja en el centro para enfermos terminales de Sida dirigido por religiosas Hijas de la Caridad en el distrito de Cu Chi, a 45 kilómetros al noroeste de Ho Chi Minh City.

La Congregación Vicenciana llegó a Vietnam en 1954. Hoy cuenta en el país con 13 sacerdotes, 12 diáconos y 43 seminaristas que trabajan en la evangelización de las minorías étnicas y en el servicio a los pobres y enfermos.

Tomado de Zenit, ZS03051402 * * * Antoine de Saint-Exupery, literato francés creador del entrañable Principito, solía decir que para salir de la vacuidad que sume a los hombres en la soledad, es preciso recurrir a la amistad, al amor, al don de sí.

Esto fue precisamente lo que descubrió el vietnamita Nguyen Viet Chung cuando, al terminar la carrera de medicina, empezó a desempeñar su labor como doctor entre los leprosos de un hospital de Ho Chi Minh. Hoy, diez años después, el doctor Chung reconoce el gran bien que le ha hecho el servicio a los más necesitados.

Su forma de entender la vida fue cambiando paulatinamente con el ejemplo diario de las religiosas de San Vicente de Paúl, dedicadas por entero al cuidado de esos pacientes. “Comprendí” afirma el doctor Chung “que ejerciendo la medicina podía curar las heridas de los enfermos, pero ¿cómo curar la soledad y el sentido de abandono que experimentaban? Pues bien, aquellas mujeres lo conseguían”.

Pronto descubrió que el secreto de esas enfermeras no era otro que su amor a Dios y a los demás. Cualquiera de ellas habría podido expresarse como lo hizo la Madre Teresa de Calcuta ante una periodista occidental que le dijo que ella “no haría aquello ni por todo el oro del mundo” . “Por dinero nosotras tampoco seríamos capaces”, le respondió, “lo hacemos por amor a Jesucristo”.

Como le dijo el Principito a Antoine: “Lo importante no se ve”. Ciertamente ese amor y esa solidaridad se habían clavado en el corazón de nuestro protagonista oriental sin que éste apenas lo percibiera. La labor escondida del hospital fue acercando al doctor Chung cada vez más a Cristo, al que enseguida logró percibir tras el sufrimiento de los leprosos. Los veía como otros crucificados y le sirvió para tratarles con mucho cariño e interesarse por la salud de sus corazones. También por las miles de pequeñas cosas que a esos pobres hombres les preocupaban.

Comenzó a aprender la doctrina cristiana. Esto le ayudó a desempeñar su labor médica de una modo bastante más humano. Y finalmente, tras años al servicio de los demás, el doctor Chung pidió ser bautizado.

Ahora, tras desechar ofertas de otros centros médicos más prestigiosos y con superiores expectativas económicas, atiende a los enfermos terminales de SIDA de la capital vietnamita. Tal vez la causa de su decisión haya sido el descubrimiento de la Felicidad en el don de sí a los demás por amor.

Carlos González, PUP, 17.V.03

Terminología ascética y espiritual

Abandono: Es la disposición virtuosa por la que el hombre hace entrega de sí mismo a Dios. Implica confiar en el cuidado amoroso de Dios. Por eso se habla de abandono en manos de la Providencia.

Abnegación: Es el sacrificio (entrega, dedicación) que alguien hace de su voluntad, de sus afectos o de sus intereses, por motivos religiosos. Es practicar la mortificación por el progreso del alma y por amor de Dios y a los demás. Ver “Sacrificio”.

Abstinencia: Virtud moral que inclina la voluntad al uso moderado de los alimentos, particularmente de la carne, según lo sugiera la recta razón o la fe, para el bien moral; en este sentido forma parte de la virtud cardinal de la templanza. Como mandamiento de la Iglesia, obliga a los mayores de 14 años a no tomar carne los viernes, aunque fuera de la Cuaresma se puede sustituir por un sacrificio, oración, limosna, etc.

Aburguesamiento: En la vida cristiana el aburguesamiento consiste en querer hacer compatible la entrega a Dios con un afán desordenado de bienestar material, que desemboca en la tibieza. Sus síntomas suelen ser: búsqueda de compensaciones, falta de vibración apostólica; dejadez para la vida de piedad; descuido de la sobriedad; búsqueda habitual de la comodidad en detrimento del espíritu de sacrificio; manías, que afloran cuando se dejan de cultivar las virtudes; etc.

Agnosticismo: Teoría y actitud de aquellos que afirman que la razón humana no puede llegar a conocer nada a acerca de Dios, su existencia y sus atributos.

Alma sacerdotal: Todos los cristianos, por el Bautismo, tenemos una participación en el sacerdocio de Cristo (distinta esencialmente de la que se recibe con el sacramento del Orden). Lleva a ser alma de oración, de sacrificio, de entrega generosa a los demás. Alienta el afán de dar doctrina y de dirigir almas, afán de corredención, de expiación por todos. Se manifiesta en alabar constantemente a Dios, en darle gracias, en ofrecerle el trabajo, los sacrificios y las pequeñas mortificaciones de la jornada con espíritu de reparación, en pedir su ayuda con celo por la salvación de todas las almas.

Ángeles: Son espíritus puros, esto es, sin cuerpo, que tienen entendimiento y voluntad. Los ángeles son seres personales y bienaventurados, que gozan de Dios en el Cielo. Los ángeles que al pecar fueron infieles a Dios son los demonios.

Apologética: Parte de la teología que se ocupa de dar a conocer y defender la vida y doctrina cristianas.

Apostolado: El apostolado es anunciar a Cristo con la palabra y con el testimonio de vida, ya a los no creyentes para llevarlos a la fe, ya a los fieles para instruirlos, confirmarlos y estimularlos a una vida más fervorosa. El apostolado —el anuncio del Evangelio— es acercar Cristo a los hombres y acercar a los hombres a Cristo: llevar a los demás hacia Dios.

Arrepentimiento: Es el dolor o pesar de haber cometido algún pecado o falta.

Atrición: La atrición (o contrición imperfecta) es un don de Dios, un impulso del Espíritu Santo. Nace de la consideración de la fealdad del pecado o del temor de la condenación eterna y de las demás penas con que es amenazado el pecador. Tal conmoción de la conciencia puede ser el comienzo de una evolución interior que culmina, bajo la acción de la gracia, en la absolución sacramental. Sin embargo, por sí misma la atrición no alcanza el perdón de los pecados mortales, pero dispone a obtenerlo en el sacramento de la Penitencia.

Avaricia: Es uno de los siete pecados capitales. Consiste en el deseo desordenado de los bienes materiales.

Basílica: Proviene del griego “(stoa) basilike” que significa “portal real”. Se da el nombre de basílicas a ciertas iglesias que reúnan algunas características concretas y que, además, la Iglesia les haya dado tal título. Hay dos tipos de basílicas: mayores (es el título dado a las cuatro iglesias principales de Roma: San Juan de Letrán, San Pedro del Vaticano, San Pablo Extramuros y Santa María la Mayor, así como la iglesia del convento de San Francisco de Asís; se les llama también “Archibasílicas”) y menores (es un título honorífico otorgado a numerosas iglesias del mundo entero).

Calumnia: Se hace culpable de calumnia el que, mediante palabras contrarias a la verdad, daña la reputación de otros y da ocasión a juicios falsos respecto a ellos. La maledicencia y la calumnia destruyen la “reputación” y el “honor del prójimo”, y lesionan las virtudes de la justicia y de la caridad.

Capilla: Proviene del latín “cappella” que significa “capa pequeña”. Se llama así porque el primer lugar de estas características estaba destinado a la conservación de los restos de la capa de San Martín. Hoy se llama “capilla” a una iglesia pequeña dedicada a la oración y al culto.

Caridad: La caridad es una virtud sobrenatural infundida por Dios en nuestra alma, con la que amamos a Dios por Sí mismo sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos por amor de Dios.

Carisma: Don divino concedido gratuitamente a los hombres, en especial a los apóstoles, para la difusión del reino de Dios.

Castidad: La castidad pertenece al orden de la templanza y es virtud que modera la delectación sexual según el dictamen de la recta razón. Es una disposición del alma que se manifiesta por una voluntad inquebrantable de abstenerse de todos los placeres ilícitos de los sentidos y de la carne, es decir, de todos los pensamientos, delectaciones, deseos y acciones prohibidas por el sexto y noveno mandamientos de la Ley de Dios.

Catedral: Proviene del griego “Kathedra” y del latín “cathedra” y significa “silla”, “asiento”. Es la Iglesia principal de la diócesis, donde se encuentra la sede del obispo del lugar. La “cátedra” , la silla del obispo, se encuentra en el recinto de la catedral detrás o al lado del altar.

Cenobio: Proviene del griego “koinos” (que significa “común”) y “bios” (que significa “vida”). Los cenobios con monasterios. Cuando los eremitas (monjes que vivían en la más estricta soledad en el desierto) empezaron a reunirse para vivir juntos, aparecen los llamados cenobios.

Cientifismo: Tendencia a dar excesivo valor a las nociones científicas (o pretendidamente científicas). No admite como válidas otras formas de conocimiento que no sean las ciencias positivas, relegando el conocimiento teológico, el saber ético y estético, etc.

Colegiata: Proviene del latín “collegere”, que significa “recoger, reunir”. Una colegiata es un templo confiado a un grupo (colegio) de canónigos que forman un capítulo distinto del de la catedral.

Comunión de los santos: La Iglesia es “comunión de los santos”, y eso designa primariamente la comunión en las “cosas santas” y, ante todo, la Eucaristía. Esta expresión designa también la comunión entre las “personas santas” en Cristo, que ha muerto por todos, de modo que lo que cada uno hace o sufre en Cristo y por Cristo da fruto para todos. Creemos en la comunión de todos los fieles cristianos, es decir; de los que peregrinan en la tierra, de los que se purifican después de muertos y de los que gozan de la bienaventuranza celeste, y que todos se unen en una sola Iglesia; y creemos igualmente que en esa comunión está a nuestra disposición el amor misericordioso de Dios y de sus santos, que siempre ofrecen oídos atentos a nuestras oraciones.

Conciencia moral: Es el núcleo más secreto del hombre, en el que está solo con Dios, cuya voz resuena en lo más íntimo de ella. Es el juicio de la razón por el que la persona humana reconoce la calidad moral de sus actos concretos.

Concupiscencia: La inclinación al pecado que todo hombre tiene como consecuencia temporal del pecado es lo que la Tradición llama concupiscencia. O bien, concupiscencia es toda inclinación desordenada del apetito sensitivo que busca un bien sensible y deleitable. De suyo no es pecado, pero sí origen de pecados.

Contemplativos: El fin último del hombre es ver a Dios, viéndole directamente, sin mediación de nada creado, para amarle y gozarle eternamente. Todos estamos llamados a esta contemplación amorosa de Dios, que “será perfecta en la vida futura, cuando veamos a Dios ‘cara a cara y con esta visión nos haga perfectamente felices. Pero ahora, aunque de modo imperfecto —‘a través de espejo y en enigma’—, nos corresponde contemplar a la verdad divina, por lo que se nos da como un adelanto de la bienaventuranza, que se inicia aquí y alcanzará su perfección en la vida futura” (Santo Tomás de Aquino). Dios no niega esta gracia, que supone una preparación para la visión del Cielo, a quienes se esfuerzan por alcanzarla. Hay un doble aspecto de la contemplación: ver a Dios en todas las cosas y sucesos; ver todas las cosas y sucesos con los ojos de Dios. La contemplación es un continuo diálogo de amor con Dios.

Contrición: Es un dolor del alma y una detestación del pecado cometido con la resolución de no volver a pecar. Cuando brota del amor de Dios amado sobre todas las cosas, la contrición se llama contrición perfecta”. Semejante contrición perdona las faltas veniales; obtiene también el perdón de los pecados mortales si comprende la firme resolución de recurrir tan pronto como sea posible a la confesión sacramental.

Convento: Proviene del latín “conventus”, que significa “reunión”. Un convento es la casa donde vive una comunidad religiosa y que no son monjes ni monjas. Al convento se le llama también “claustro”.

Conversión: Un doble aspecto se puede considerar en la conversión: renuncia al pecado y vuelta a Dios. El primero, si bien más negativo, no es por eso menos necesario. Esta renuncia supone detestar el pecado pasado. No basta proponerse cambiar de vida, sino que requiere dolerse de la falta cometida. Convertirse es en primer lugar alejarse positivamente del pecado, de su servidumbre, romper con las ligaduras del pecado que son iniquidad, injusticia, oposición a la Ley de Dios. Pero lo principal de la conversión es el movimiento de vuelta a Dios, el reconocimiento de que el pecado es ante todo ofensa a Dios, alejamiento de Él. La conversión exige volver a ordenar la vida hacia Dios, de forma que nada en la existencia del hombre quede desvinculado de su Creador.

Cripta: Proviene del latín “crypta”, derivada del griego “krypte”, que significa “gruta”. En la antigüedad se utilizaba para acceder a la tumba de algún santo que estaba enterrado bajo el suelo del altar. Es una capilla normalmente subterránea.

Culpa: Falta más o menos grave, cometida a sabiendas y voluntariamente. Responsabilidad, de algún modo infinita, que contraemos ante Dios, al pecar, contradiciendo su Ley.

Culto divino: Se puede definir el culto religioso como el conjunto de actos por los cuales el hombre, tanto individual como colectivamente, intenta expresar las relaciones que debe tener para con Dios. O bien: “Culto divino es el homenaje o suma veneración, que el hombre, como ser inteligente, rinde a Dios”. El culto procede de un disposición permanente, llamada virtud de la religión, pero propiamente consiste en los actos que manifiestan tal disposición, de modo que es esencial al culto la manifestación exterior de los sentimientos de veneración, amor, respeto, desagravio, etc., que el hombre alimenta en relación con la Divinidad. El fin principal del culto es dar gloria a Dios por medio del reconocimiento de su grandeza y de la sumisión del hombre. Las principales manifestaciones exteriores del culto son la oración, los gestos y actitudes de adoración, las ofrendas y el sacrificio.

Derechos humanos: Son los derechos que tiene el hombre por su condición humana, y no por concesión del Estado. Son de derecho natural. El Estado se ha de limitar a reconocerlos y defenderlos. Al derecho del hombre a la existencia, corresponde el deber de conservarla; al derecho de buscar libremente la verdad, el deber de buscarla y abrazarla; etc.

Desagravio: Es la reparación de la ofensa cometida, dando al ofendido satisfacción cumplida.

Devoción: Es la prontitud y generosidad del alma ante todo lo referente al servicio de Dios.

Dirección espiritual: Es un aspecto de la formación que mira al perfeccionamiento ético y religioso de la persona mediante una labor de orientación y acompañamiento. Tiene como fin procurar que una persona se empeñe en vivir el Evangelio, buscando la plenitud de la vida cristiana, cada uno según la vocación que haya recibido. El Beato Josemaría insistía en que la labor de dirección espiritual era una tarea encaminada a situar a cada uno frente a las exigencias completas de su vida, ayudándole a descubrir lo que Dios, en concreto, le pide (Es Cristo que pasa, n. 99).

Dogma: Verdad revelada por Dios y propuesta por el Magisterio de la Iglesia, que obliga al pueblo cristiano a una adhesión de fe.

Ecumenismo: Actividades y obras encaminadas a favorecer la unidad de los cristianos, de acuerdo con las diversas necesidades de la Iglesia y las posibilidades de los tiempos.

Egoísmo: Inmoderado y excesivo amor a sí mismo, que hace atender desmedidamente al propio Interés, sin cuidarse del de los demás.

Envidia: Es un pecado capital. Es el disgusto o tristeza ante el bien del prójimo, y el deseo desordenado de poseerlo, aunque sea en forma indebida.

Ermita: Proviene del latín “eremus” que significa “desierto”. Una ermita es un santuario o capilla situada normalmente en un despoblado y con frecuencia lugar de peregrinación o romerías.

Escándalo: Es la actitud o el comportamiento que induce a otro a hacer el mal. El que escandaliza se convierte en tentador de su prójimo. Atenta contra la virtud y el derecho; puede ocasionar a su hermano la muerte espiritual. El escándalo constituye una falta grave, si por acción u omisión, arrastra deliberadamente a otro a una falta grave.

Escrúpulo: Temor habitual, infundado y aparentemente insuperable de ofender a Dios. El escrúpulo se caracteriza por un sentimiento desmedido de culpabilidad.

Esperanza: Virtud sobrenatural, infundida por Dios en nuestra alma, con la cual deseamos y esperamos la vida eterna que Dios ha prometido a los que le sirven y los medios necesarios para alcanzarla.

Espiritismo: Es la interpretación de algunos fenómenos metapsíquicos, que se tienen como producidos por almas de fallecidos. Es también la doctrina y la práctica acerca de la evocación de esas almas, para conocer por medio de ellas cosas ocultas.

Evolucionismo: Teoría que afirma e intenta explicar una evolución biológica, por la que de unas especies habrían surgido otras. Más en general, sostiene que la actual realidad múltiple de las cosas de este mundo es el resultado de un larguísimo proceso de diversificación, a partir de un estado primitivo mucho más simple e indiferenciado.

Existencialismo: Teoría filosófica que pone la libertad por encima de las normas universales: considera que “es bueno todo lo que yo decido por mí mismo, sin condicionamientos exteriores”. En estas ideas se fundamenta el “no me apetece”, “yo hago lo que quiero”, la rebeldía ante toda autoridad, etc.

Expiación: Purificación de las culpas por medio de algún sacrificio ofrecido a Dios, ya sea como purificación de las propias faltas, o en reparación por las que cometen los demás. Se trata de ofrecer, por amor, algo costoso con el deseo de identificarse con Cristo y seguirle en su afán de redimir nuestros pecados en la Cruz, donde se ofreció a Sí mismo en sacrificio al Padre.

Falso testimonio: Una afirmación contraria a la verdad que se hace públicamente ante un tribunal. Cuando es pronunciada bajo juramento se llama perjurio.

Fe: Virtud sobrenatural que Ilustra la inteligencia y auxilia a la voluntad del hombre, haciéndole capaz de asentir firmemente a todo lo que Dios ha revelado, no por la evidencia de esas verdades sino por la autoridad de Dios que revela.

Filiación divina: Todos los hombres son hijos de Dios. Al querernos como hijos, Dios ha hecho que vivamos en su casa, en medio de este mundo, que seamos de su familia, que lo suyo sea nuestro y lo nuestro suyo, que tengamos esa familiaridad y confianza con Él. La filiación divina es una verdad gozosa, un misterio consolador, que nos enseña a tratar, a conocer, a amar a Dios con la sencillez confiada de los hijos pequeños.

Flexibilidad: Adapta su comportamiento con agilidad a las circunstancias de cada persona o situación, sin abandonar por ello los principios y criterios de actuación personal.

Fortaleza: Virtud cardinal que da firmeza de ánimo en el ejercicio del bien, sin dejarse conmover por graves peligros o males, ni siquiera por la inminencia de la muerte. La fortaleza modera el temor que paraliza los esfuerzos para el bien y da audacia al afrontar las dificultades y peligros.

Generosidad: Actúa en favor de otras personas desinteresadamente, y con alegría, teniendo en cuenta la utilidad y la necesidad de la aportación para esas personas, aunque le cueste un esfuerzo.

Gracia: Beneficio recibido sin merecerlo. Don gratuito. La gracia santificante es un don sobrenatural que, gratuitamente, de balde, infunde Dios en el alma de modo permanente, como fruto de la Redención de Cristo. Se adquiere y crece por la recepción de los sacramentos y las buenas obras, y se pierde por el pecado mortal.

Gula: Es pecado capital, consistente en un apetito desordenado de comer y beber. También se puede decir que es el exceso en la comida y en la bebida, por el mero gusto de comer y beber.

Hedonismo: Doctrina moral errónea que identifica el bien con el placer, y el mal con el dolor. Por eso, asume como principio único de moral la búsqueda de la mayor intensidad de placer posible. Ofrece diversas corrientes: expansión espontánea del sexo; abuso de bebidas y drogas; máximo bienestar y comodidad; etc. Reduce al hombre a mero instinto.

Hipocresía: Fingimiento de cualidades o sentimientos contrarios a los que verdaderamente se tienen o experimentan.

Humildad: Virtud que consiste en el conocimiento de nuestras limitaciones y debilidades, y en obrar de acuerdo con este conocimiento. La humildad nos dispone a actuar sobre la base de una verdadera valoración de nosotros mismos, sin engaños, a la luz de Dios. La humildad se alimenta de la conciencia de nuestra dependencia de Dios.

Idolatría: Tributar a una criatura el culto que sólo es debido a Dios.

Indiferentismo religioso: Actitud teórica o práctica de quienes sostienen que todas las religiones son iguales, o viven completamente al margen de Dios.

Indulgencias: Remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados, en cuanto a la culpa, que un fiel bien dispuesto y cumpliendo determinadas condiciones consigue por mediación de la Iglesia, la cual, como administradora de los frutos de la Redención, distribuye y aplica con autoridad el tesoro de las satisfacciones de Cristo, de la Santísima Virgen y de los santos.

Industrias humanas: “A la hora de trabajar, emplead industrias humanas, medios que os sirvan de despertadores de la presencia de Dios” (Beato Josemaría). Son “trucos” que nos recuerdan que estamos siempre delante de Dios, que nos facilitan el pensar en Dios, o el ofrecerle algo, o el rezar alguna jaculatoria.

Infancia espiritual: Es la actitud interior que corresponde a la enseñanza evangélica: “si no os hacéis como niños… ” (Mt 18, 3). Lleva consigo el seguir un camino de infancia, es decir, desarrollar las actitudes evangélicas de humildad, de abandono, de confianza en Dios, de dependencia, de docilidad para acoger su palabra.

Jaculatorias: Oraciones breves y piadosas.

Jerarquía: En sentido general, jerarquía es el reparto de poderes con subordinación de grados para un fin determinado. La jerarquía de la Iglesia son los fieles cristianos que han recibido el poder —que Cristo ha conferido a su Iglesia— de santificar, enseñar y regir a los demás fieles. La forman el Papa y el colegio episcopal en comunión con él. En sentido estricto y más restringido, el episcopado de un país o de una región.

Juicio temerario: Se hace culpable de juicio temerario el que, incluso tácitamente, admite como verdadero, sin tener para ellos fundamento suficiente, un defecto moral en el prójimo.

Justicia: Virtud cardinal que inclina a la voluntad de modo estable a dar a cada uno lo suyo (lo que le corresponde como derecho propio).

Justificación: Acción por la que Dios aplica su amor al hombre pecador por la gracia santificante. Es el paso, bajo la acción de la gracia divina, del estado de injusticia o aversión a Dios al estado de justicia (santidad).

Laicismo: Teoría que defiende la independencia del hombre, la sociedad y el Estado de toda influencia religiosa o eclesiástica. Estima erróneamente que la moral es ajena a la religión y a las exigencias de la naturaleza humana. El bien moral sería fruto de las decisiones del hombre que sean absolutamente libres, autosuficientes y emancipadas de todo credo religioso. Supone un claro subjetivismo moral, que puede llevar al totalitarismo político en el plano social, y al nihilismo en el orden personal.

Latría: Culto debido exclusivamente a Dios.

Laxismo: Sistema o teoría que defiende la moral relajada.

Lealtad: Cumplimiento de lo que exigen las leyes de la fidelidad, las del honor y la hombría de bien.

Legalismo: Deformación religiosa y moral que tiende a reducir la religión y la moral a la mera observancia externa de los preceptos. Se limita a la literalidad de la ley, como aparece, por ejemplo, en los fariseos del evangelio.

Ley: La ley es una regla de conducta proclamada por la autoridad competente para el bien común.

Ley civil: Es la ley que promulga la legítima autoridad pública, para promover el bien común. La legislación humana sólo posee carácter de ley cuando se conforma a la justa razón; lo cual significa que su obligatoriedad procede de la ley eterna. En la medida en que ella se apartase de la razón, sería preciso declararla injusta, pues no verificaría la noción de ley; sería más bien una forma de violencia.

Ley divino-positiva: Es la ley dictada por Dios en la Revelación: los Diez Mandamientos en el Antiguo Testamento y la Ley de Cristo en el Nuevo Testamento.

Ley eclesiástica: Es la dictada por la legítima autoridad de la Iglesia, en orden a la santificación y el apostolado de los fieles.

Ley eterna: Fuente en Dios de todas las leyes. Es norma suprema, objetiva y universal de la vida humana. Por ella Dios ordena, dirige y gobierna el mundo y los caminos de la comunidad humana, según el designio de su sabiduría y su amor.

Ley moral: Se puede definir, en el sentido bíblico, como una instrucción paternal, una pedagogía de Dios. Prescribe al hombre los caminos, las reglas de conducta que llevan a la bienaventuranza prometida; proscribe los caminos del mal que apartan de Dios y de su amor. Es a la vez firme en sus preceptos y amable en sus promesas. La ley moral tiene en Cristo su plenitud y su unidad.

Ley natural: Es la participación de la ley eterna en la criatura racional. El hombre es el único entre todos los seres animados que puede gloriarse de haber sido digno de recibir de Dios una ley. Es capaz de comprender y de discernir, regular su conducta disponiendo de su libertad y de su razón. Dios le ha conferido el dominio de sus actos y la capacidad de gobernarse con miras a la verdad y al bien. La ley natural expresa el sentido moral original que permite al hombre discernir mediante la razón lo que son el bien y el mal, la verdad y la mentira. La ley natural está inscrita y grabada en el alma de todos y cada uno de los hombres porque es la razón humana que ordena hacer el bien y prohíbe pecar.

Libertad: Dios ha creado al hombre racional, dándole la dignidad de una persona dotada de iniciativa y del dominio de sus actos, de modo que busque al Creador sin coacciones, y uniéndose a Dios llegue a la plena y feliz perfección. También se entiende por libertad la capacidad que Dios otorgó al hombre de querer o no querer una cosa, de ejecutarla o no ejecutarla, de elegirla con preferencia a otra. La libertad es en el hombre una fuerza de crecimiento y de maduración en la verdad y en la bondad. La libertad alcanza su perfección cuando está ordenada a Dios, nuestra bienaventuranza.

Libertad religiosa: Derecho de la persona humana a buscar la verdad religiosa, sin impedimentos, libre de coacciones tanto por parte de los Individuos como de cualquier potestad humana. El derecho a la libertad religiosa no es un supuesto derecho al error, sino un derecho natural de la persona humana a la libertad civil, es decir, a la inmunidad de coacción exterior, en los justos límites, en materia religiosa por parte del poder político. Este derecho natural debe ser reconocido en el ordenamiento jurídico de la sociedad de manera que constituya un derecho civil.

Libertad de enseñanza: Derecho de toda persona a recibir una educación apropiada, para el pleno desarrollo de su personalidad humana. Los padres tienen pleno derecho a elegir el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos, y, especialmente, a elegir la educación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones. También se entiende como el derecho a promover centros educativos en los que se impartan enseñanzas en las que sean competentes.

Liturgia: Designa en general el culto divino y el anuncio del Evangelio. Se considera la liturgia como el ejercicio de la función sacerdotal de Jesucristo en la que, mediante signos sensibles, se significa y se realiza, según el modo propio de cada uno, la santificación del hombre. Por ello, toda celebración litúrgica, como obra de Cristo sacerdote y de su Cuerpo, que es la Iglesia, es acción sagrada por excelencia, cuya eficacia no la iguala ninguna otra acción de la Iglesia.

Lucha ascética: En sentido cristiano, el ascetismo es el esfuerzo metódico, el ejercicio perseverante de la voluntad libre sostenida por la gracia, que tiene por fin rechazar las tendencias malas o peligrosas y el desarrollo de las actividades virtuosas a fin de hacer al hombre agradable a Dios. Es esa pelea contra las malas inclinaciones y todo lo que se oponga a vivir de forma virtuosa.

Magisterio de la Iglesia: Es una de las tres grandes tareas —junto con la de santificar y regir a los fieles—, confiada por Cristo a los Apóstoles y a los Obispos, su Sucesores, para que con la autoridad de Cristo y en su Nombre, guarden, defiendan y enseñen el depósito de la Revelación divina.

Magnanimidad: Es una virtud que inclina a acometer obras grandes, espléndidas y dignas de honor en todo género de virtudes. Es incompatible con la mediocridad.

Maledicencia: Se hace culpable de maledicencia el que, sin razón objetivamente válida, manifiesta los defectos y las faltas de otros a personas que los ignoran. La maledicencia y la calumnia destruyen la “reputación” y el “honor del prójimo”, y por eso lesionan las virtudes de la justicia y de la caridad.

Mansedumbre: Es una virtud especial que tiene por objeto moderar la ira.

Materialismo: Planteamiento que reduce toda la realidad, incluido el hombre, a la materia y a la energía material. Niega la espiritualidad y la inmortalidad del alma humana, la existencia de los ángeles y la existencia de Dios.

Mentalidad laical: Se llama laico a todos los fieles cristianos a excepción de los miembros del orden sagrado y los del estado religioso sancionado por la Iglesia. El Beato Josemaría usaba la expresión “mentalidad laical” para designar el estilo secular con que han de vivir las virtudes cristianas los cristianos, laicos y sacerdotes: “…ser lo suficientemente honrados, para pechar con la propia responsabilidad personal; a ser lo suficientemente cristianos, para respetar a los hermanos en la fe, que proponen —en materias opinables— soluciones diversas a la que cada uno de nosotros sostiene; y a ser lo suficientemente católicos, para no servirse de nuestra Madre la Iglesia, mezclándola en banderías humanas”.

Mentira: Decir algo falso con intención de engañar al prójimo que tiene derecho a la verdad.

Mística: Es la parte de la teología que trata de la vida contemplativa. La mística es experiencia de Dios a través del misterio que nos revela, o los misterios (o signos) que se nos dan de Él. Por extensión y corrientemente, es toda experiencia íntima de Dios y toda doctrina relativa a esta experiencia.

Mística ojalatera: Expresión empleada por el Beato Josemaría: “Dejaos, pues, de falsos idealismos, de fantasías, de eso que suelo llamar mística ojalatera. —¡ojalá no me hubiera casado, ojalá no tuviera esta profesión, ojalá tuviera más salud, ojalá fuera joven, ojalá fuera viejo!…—, y ateneos, en cambio, sobriamente , a la realidad más material e inmediata, que es donde está el Señor”.

Modestia: Muy relacionada con el pudor. Mantiene silencio o reserva donde se adivina el riesgo de una curiosidad malsana. Inclina a guardar el debido decoro en los gestos y movimientos corporales. Inspira la forma de vestir. Rechaza los exhibicionismos o las incitaciones a hacer pública toda confidencia íntima.

Monasterio: Proviene del griego “monastérion”, que significa “celda del eremita”. Un monasterio es el lugar donde vive una comunidad de monjes o monjas. El primer monasterio fue fundado en el año 320 de nuestra era por San Pacomio. Si el monasterio está regido por un abad se llama “abadía”, y si está regido por un prior se llama “priorato”.

Moral cristiana: Es la parte de la teología que —a la luz de la fe y de la razón— estudia el conjunto de principios, leyes y reglas a las que se han de ajustar las acciones humanas para alcanzar el fin sobrenatural a que el hombre está destinado. También se puede definir como la ciencia que trata de los actos humanos y juzga de su bondad o malicia, en orden a la santificación de la persona. O aquella parte de la religión que enseña al hombre a hacer el bien y a evitar el mal. Busca el seguimiento de Cristo en el obrar humano.

Moral permisiva: Desprecio de las leyes divina y humanas sobre el bien y el mal en la conducta humana. Es la actitud de aquellos que dicen que “todo vale”.

Mortificación: Significa literalmente “dar muerte”. Sin embargo, con la mortificación cristiana lo que se pretende y alcanza es vivir, tener vida. Cuando se toma una medicina para matar un virus, se busca recuperar la salud; del mismo modo, la mortificación da muerte a los gérmenes que causan enfermedades en el alma. Consiste en abstenerse de cosas agradables o imponerse cosas desagradables, para “dar muerte” a nuestra inclinación al mal: para morir a nosotros mismos y dejar que Cristo viva en nosotros. No es, por tanto, un fin en sí misma, sino un medio, absolutamente necesario, para el desarrollo de la vida sobrenatural.

Mundo: Tiende dos significados fundamentales y contrapuestos. En primer lugar, toda la realidad visible creada por Dios, que abarca el cielo, el mar, la tierra, las plantas, los animales, y en la cima los hombres. Por cuanto procede de Dios, que lo conserva en el ser, el mundo es bueno. El otro significado, muy distinto, es el “mundo” como uno de los “tres enemigos del hombre”, junto con el demonio y la carne. En este caso significa “mundanidad”, aquello que se opone a Dios: los hombres, cegados por el pecado no reconocen en el mundo la obra del Creador y quedan apegados y desean sólo las cosas de esta tierra. En este sentido, el mundo es, por ejemplo, el mal ambiente en que viven algunas personas que se apartan por el pecado de Dios.

Murmuración: ver “Maledicencia”.

Novísimos: Son los últimos sucesos que acaecen al finalizar la vida temporal: muerte, juicio, infierno, purgatorio y cielo.

Obispo: Por institución divina, los obispos son los Sucesores de los Apóstoles como Pastores de la Iglesia, para ser maestros de la doctrina, sacerdotes del culto sagrado y ministros para el gobierno.

Orden (sacramento): El ministerio eclesiástico, instituido por Dios, está ejercido en diversos órdenes que ya desde antiguo reciben los nombres de obispos, presbíteros y diáconos. La doctrina católica reconocen que existen dos grados de participación ministerial en el sacerdocio de Cristo: el episcopado y el presbiterado. El diaconado está destinado a ayudarles y a servirles. Tanto el episcopado y el presbiterado como el diaconado son conferidos por un acto sacramental llamado ordenación, es decir, por el sacramento del Orden.

Optimismo: Confía, razonablemente, en sus propias posibilidades, y en la ayuda que le pueden prestar los demás, de tal modo que, en cualquier situación, distingue —en primer lugar— lo que es positivo en sí y las posibilidades de mejora que existen y, a continuación, las dificultades que se oponen a esa mejora, aprovechando lo que se puede y afrontando lo demás con deportividad y alegría.

Padres de la Iglesia: Autores eclesiásticos que tienen doctrina eminente, santidad de vida, antigüedad y reconocimiento explícito o tácito de la Iglesia.

Parroquia: Proviene del griego “paroikia”, que significa “vecindario”, “reunión de viviendas”. La parroquia es un territorio donde reside una determinada comunidad de fieles. “Iglesia parroquial” es donde reside el párroco. Suele tener un nombre, que es la advocación de la parroquia.

Pasiones: El término ‘pasiones’ pertenece al patrimonio del pensamiento cristiano. Los sentimientos o pasiones designan las emociones o impulsos de la sensibilidad que inclinan a obrar o a no obrar, en razón de lo que es sentido o imaginado como bueno o como malo. Son componentes naturales de la psicología humana. Las pasiones son en sí mismas indiferentes, pero se convierten en buenas o malas según estén o no ordenadas por la razón y según el objeto al que tiendan. El que somete su propio cuerpo y domina su alma, sin dejarse llevar por las pasiones es dueño de sí mismo: es libre e independiente, capaz de gobernar su propia persona.

Pecado: Palabra, acto o deseo contrarios a la ley eterna. Transgresión de la ley de Dios. Ofensa a Dios. El pecado es un acto contrario a la razón, y al amor que debemos a Dios. Lesiona la naturaleza del hombre y atenta contra la solidaridad humana. La raíz de todos los pecados está en el corazón del hombre.

Penitencia: Es una virtud sobrenatural por la que nos dolemos de los pecados pasados con intención de removerlos del alma. Lleva, pues implícito el deseo de expiarlos.

Perjurio: Falso testimonio es una afirmación contraria a la verdad que se hace públicamente ante un tribunal. Cuando es pronunciada bajo juramento se llama perjurio.

Perseverancia: Una vez tomada una decisión moralmente correcta, lleva a cabo las actividades necesarias para alcanzar lo decidido, aunque surjan dificultades internas o externas, o pese a que disminuya la motivación personal a través del tiempo transcurrido.

Piedad: Virtud que regula las relaciones de los hombres con Dios, de los hijos con los padres y de los ciudadanos con su patria. Es también uno de los siete dones del Espíritu Santo. Nos dispone a amar, respetar y realizar los deberes propios de la religión. La piedad, reflejo de la filiación divina en el cristiano, se mejora con la caridad, que hace realizar con gusto y solicitud los deberes para con Dios y los ejercicios que disponen el corazón para un amor más profundo.

Positivismo jurídico: Doctrina jurídica que no reconoce otra ley que la positiva, es decir, la que está en las leyes y códigos. Niega la ley natural. El bien moral sería aquello a lo que obligan las leyes humanas, y mal moral lo que prohiban. Supone un relativismo moral y somete la conciencia moral a las corrientes ideológicas que controlan el poder de legislar.

Postrimerías: Es lo mismo que los novísimos (muerte, juicio, infierno, purgatorio y cielo).

Prelaturas personales: Son instituciones pertenecientes a la estructura pastoral de la Iglesia. Se componen de sacerdotes y diáconos del clero secular, y de fieles laicos que por medio de un convenio se pueden incorporar a la Prelatura. Al frente de la Prelatura está el prelado, que gobierna con potestad eclesiástica de régimen o jurisdicción.

Proselitismo: La tradición cristiana utiliza desde muy antiguo este término para designar el celo apostólico por anunciar la fe e incorporar nuevos fieles a la Iglesia o a alguna de sus instituciones. En los últimos decenios ha comenzado a difundirse otra acepción de esa palabra, que suele asociarse a actuaciones en las que, para atraer hacia el propio grupo, se usa de violencia o de coerción, o de algún modo se pretende forzar la conciencia o manipular la libertad. Esos modos de actuar, como es obvio, resultan ajenos por completo al espíritu cristiano y son totalmente reprobables. Pero el proselitismo, en su sentido clásico y despojado de esas connotaciones negativas que hemos señalado, es algo totalmente legítimo: si se negara a las personas su libertad de ayudar a otras a encaminarse hacia lo que se considera la verdad, se caería en una peligrosa forma de intolerancia.

Providencia: La creación tiene su bondad y su perfección propias, pero no salió plenamente acabada de las manos del Creador. Camina hacia una perfección última, todavía por alcanzar, a la que Dios la destinó. Llamamos divina providencia a las disposiciones por las que Dios conduce la obra de su creación hacia esta perfección. La solicitud de la divina providencia es “concreta” e “inmediata”; tiene cuidado de todo, de las cosas más pequeñas hasta los grandes acontecimientos del mundo y de la historia. Hay una soberanía absoluta de Dios en el curso de los acontecimientos.

Pudor: Forma parte de la virtud de la templanza. Designa el rechazo a mostrar lo que debe permanecer velado, en relación con el cuerpo humano y, en general, con la intimidad de la persona. Ordena las miradas, los gestos y el habla en conformidad con la dignidad de la persona humana. Las formas que reviste el pudor varían de una cultura a otra; sin embargo, en todas partes constituye la intuición de una dignidad espiritual propia al hombre. Nace con el despertar de la conciencia personal. Educar en el pudor es despertar en las personas el respeto de la persona humana.

Purgatorio: Los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su eterna salvación, sufren después de su muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del Cielo. Se puede decir que el Purgatorio es el lugar de las almas que han de satisfacer aún por la pena temporal debida por sus pecados antes de entrar en el Cielo.

Rectitud de intención: La rectitud de intención es hacer el bien por amor a Dios, evitando que se meta la vanidad o el deseo de quedar bien delante de los demás.

Reliquias: En sentido estricto, se entiende por reliquias los restos mortales de los santos (cuerpo, huesos, cenizas, etc. ); y en un sentido más amplio, los objetos que estuvieron en contacto con ellos o con el sepulcro (instrumentos de penitencia o de martirio, libros, vestidos, trozos de tela, etc.).

Respetos humanos: Miedo al que dirán, temor a ser ridiculizado por obrar bien.

Responsabilidad: Es la otra cara de la libertad. Asume las consecuencias de los actos, resultado de las decisiones que se toman o aceptan.

Restituir: Muchos pecados causan daño al prójimo. Es preciso hacer lo posible para repararlo (por ejemplo, restituir las cosas robadas, restablecer la reputación del que ha sido calumniado, etc.). En virtud de la justicia conmutativa, la “reparación de la injusticia” cometida exige la restitución del bien robado a su propietario. Los que se han apoderado de un bien ajeno, están obligados a restituirlo o a devolver lo equivalente.

Revelación: Manifestación, en hechos y en palabras, que Dios hace de sí mismo y de su voluntad de salvación de los hombres. Es el acto por el que Dios se manifiesta a los hombres y les descubre su voluntad de salvarlos.

Sacrificio: Acto religioso por el que se ofrece y dedica un bien a la divinidad para rendirle homenaje y adoración. En el culto, es la ofrenda que se hace a Dios de un don visible. También, sacrificio es la inmolación de una víctima ofrecida a Dios en reconocimiento de su soberano dominio sobre todas las cosas. La Pasión y Muerte de Cristo en la Cruz es el sacrificio perfecto, porque Él mismo es el Sacerdote y la Hostia, que se inmoló por la salvación de todos los hombres: se renueva cada vez que se celebra la Santa Misa.

Santuario: Proviene del latín “sanctuarium” de “sanctus” que significa “santo”. En un templo en el que se venera de manera especial algún misterio de Jesucristo, de la Virgen o de un santo. Se llama santuario a la iglesia que conserva imágenes sagradas o reliquias milagrosas o que han surgido en un lugar digno de veneración, bien porque ha habido un milagro, una aparición o ha tenido lugar el nacimiento de un santo.

Secularidad: Esta palabra viene de “siglo” (saecula), y significa lo que es temporal, no del cielo o de la futura vida eterna. Por eso se emplea esta palabra para designar la condición los laicos en la Iglesia, que —a diferencia de los frailes, las monjas, etc.— viven en las circunstancias ordinarias y corrientes de la vida: con un trabajo profesional, en familia, dedicados a los negocios, a trabajar en el campo, etc., como un ciudadano más. También se llama seculares los sacerdotes de las diócesis, de las Prelaturas, los capellanes de los militares, a diferencia de los monjes, frailes y religiosos.

Secularismo: Concepción del mundo según la cual éste se explica por sí mismos en clave meramente terrena, excluyendo su referencia esencial a Dios, por considerarlo erróneamente como algo superfluo, e incluso un obstáculo para la vida de los hombres.

Sigilo sacramental: Todo sacerdote que oye confesiones está obligado a guardar un secreto absoluto sobre los pecados que sus penitentes le han confesado, bajo penas muy severas. Tampoco puede hacer uso de los conocimientos que la confesión le da sobre la vida de los penitentes. Este secreto no admite excepción, porque lo que el penitente le ha manifestado queda ‘sellado’ por el sacramento.

Sinceridad: Manifiesta con claridad, si es conveniente, a la persona idónea y en el momento adecuado, lo que ha hecho o visto, lo que piensa, siente, etc. Ver “Veracidad”.

Sobriedad: En sentido amplio, es conservar la justa medida en cualquier cosa deleitable. EN sentido estricto, es la moderación en el uso de alimentos y bebidas. Distingue entre lo que es razonable y lo que es inmoderado, y utiliza razonablemente el tiempo, dinero, esfuerzos, etc., de acuerdo con criterios rectos y verdaderos.

Sociologismo: Según esta doctrina, el bien moral es lo que vive la mayor parte de la gente. Por consiguiente, sí la mayoría aprueba determinada conducta, sería buena.

Sufragio: Toda oración o buena obra ofrecida a Dios en favor de las almas del purgatorio.

Temor de Dios: Don del Espíritu Santo. Es venerarle, respetarle, adorarle con este matiz que la teología expresa por el temor filial. En hebreo la palabra equivalente representa los deberes religiosos de obediencia y respeto.

Templanza: Virtud sobrenatural que modera la inclinación a los placeres sensibles, conteniéndola dentro de los límites de la razón iluminada por la fe. Nos hace refrenar los deseos desordenados de los placeres sensibles y usamos con moderación de los bienes temporales. Uno de sus aspectos es la sobriedad.

Tentaciones: En sentido genérico, toda solicitación de la voluntad para que realice un acto contrario a la virtud. Si una persona no presta su consentimiento a las tentaciones no comete pecado, pero si las admite o las provoca, incurre en pecado grave o leve según sea su objeto.

Tibieza: Una cierta tristeza, por la que el hombre se vuelve tardo para realizar actos espirituales a causa del esfuerzo que comportan. Esa falta de prontitud en el amor sobreviene cuando el alma quiere acercarse a Dios con poco esfuerzo, rehuyendo la necesaria renuncia, e intentando hacer compatible el amor a Dios con cosas que no son gratas a Él.

Tradición: Es la transmisión de las enseñanzas de Cristo (doctrina, sacramentos, instituciones fundamentales) por la predicación oral de los Apóstoles y sus sucesores, y, en general, a través de cualquier medio que no sea la Sagrada Escritura.

Tristeza: Es una reacción de la sensibilidad —pasión— en presencia de un mal que no puede esquivar o en ausencia de un bien del que se siente privada.

Unidad de vida: Expresión empleada por el Beato Josemaría para referirse a la unidad entre los diversos aspectos de la vida cristiana: “Cumplir la voluntad de Dios en el trabajo, contemplar a Dios en el trabajo, trabajar por amor de Dios y al prójimo, convertir el trabajo en medio de apostolado, dar a lo humano valor divino: ésta es la unidad de vida, sencilla y fuerte, que hemos de tener y enseñar”.

Veracidad: Es la conformidad de la palabra con la idea del que habla, o sea, la expresión sincera de lo que uno siente en su interior. Virtud que inclina a decir siempre la verdad y a manifestarnos tal como somos interiormente.

Virtud: Disposición estable para obrar bien, según lo que constituye al hombre.

Visión beatífica: Es la contemplación cara a cara de Dios en el Cielo, que hace al hombre eternamente feliz.

Visión sobrenatural: Vivir con los ojos puestos en la eternidad a la que nos encaminamos, sin dejarnos deslumbrar por los espejuelos de los temporal. Procura ver con los ojos de Cristo todas las situaciones.

Veracidad: Es la virtud que consiste en mostrarse veraz en los propios actos y en decir verdad en sus palabras, evitando la duplicidad, la simulación y la hipocresía. La verdad como rectitud de la acción y de la palabra humana, tiene por nombre veracidad, sinceridad o franqueza.

Vocación: Llamamiento de Dios. Invitación dirigida al hombre a seguir a Jesús y oír el Evangelio. La vocación a la santidad es universal. Pero también hay llamamientos o vocaciones particulares que Dios dirige a algunos hombres para que vivan una entrega más específica.

Cuando callas

George Eliot (1819-1880) Continuar leyendo “Cuando callas”

Detenerse a tiempo

Tao Te King (Lao Tse) Continuar leyendo “Detenerse a tiempo”

Dichosos

Santo Tomás Moro (1478-1535) Continuar leyendo “Dichosos”

Dioses de madera

León Tolstoi Continuar leyendo “Dioses de madera”

¿Quién muere?

Pablo Neruda Continuar leyendo “¿Quién muere?”

Vejez

En la vejez no se hace más que repetirse.

Pío Baroja. Novelista español.

La vejez es un exceso que aumenta por días.

Jardiel Poncela. Escritor español.

Envejecer es el único medio de vivir mucho tiempo.

Daniel-Françoise Auber El hombre comienza en realidad a ser viejo cuando cesa de ser educable.

Arthur Graf

Madre Teresa de Calcuta

Haznos dignos

Señor, cuando tenga hambre, dame alguien que tenga necesidad de alimento. Cuando tenga sed, mándame a alguien que necesite de bebida. Cuando tenga frío, mándame a alguien para que lo abrigue. Cuando tenga un disgusto, ofréceme alguien para que lo consuele. Cuando mi cruz se vuelva pesada, hazme compartir la cruz de otro. Cuando me sienta pobre, condúceme hasta alguien que esté necesitado. Cuando tenga tiempo, dame alguien a quien pueda ayudar unos momentos. Cuando me sienta humillado, haz que tenga a alguien a quien alabar. Cuando esté desanimado, mándame a alguien a quien dar ánimos. Cuando sienta necesidad de comprensión de otros, mándame a alguien que necesite de la mía. Cuando necesite que se ocupen de mí, mándame a alguien de quien tenga que ocuparme. Cuando pienso sólo en mí mismo, atrae mi atención sobre otra persona. Haznos dignos, Señor, de servir a nuestros hermanos que, en todo el mundo, viven y mueren pobres y hambrientos.

Enseñarás a volar

Enseñarás a volar, pero no volarán tu vuelo. Enseñarás a soñar, pero no soñarán tu sueño. Enseñarás a vivir, pero no vivirán tu vida. Sin embargo, en cada vuelo, en cada vida, en cada sueño, perdurara siempre la huella del camino enseñado.

Mujer

Siempre ten presente que la piel se arruga, el pelo se vuelve blanco, los días se convierten en años… Pero lo importante no cambia; tu fuerza y tu convicción no tienen edad. Tu espíritu es el plumero de cualquier telaraña. Detrás de cada línea de llegada, hay una de partida. Detrás de cada logro, hay otro desafío. Mientras estés viva, siéntete viva. Si extrañas lo que hacías, vuelve a hacerlo. No vivas de fotos amarillas… Sigue aunque todos esperen que abandones. No dejes que se oxide el acero que hay en ti. Haz que, en vez de lástima, te tengan respeto. Cuando por los años no puedas correr, trota. Cuando no puedas trotar, camina. Cuando no puedas caminar, usa el bastón. ¡Pero nunca te detengas!

Consejos de la Madre Teresa de Calcuta

Duele amar a alguien y no ser correspondido, pero lo mas doloroso es amar a alguien, y nunca encontrar el valor para decirle a esa persona lo que sientes, tal vez Dios quiere que conozcamos a unas cuantas personas equivocadas antes de conocer a la persona correcta, para que al fin, cuando la conozcamos, sepamos ser agradecidos por ese maravilloso regalo. Una de las cosas mas tristes de la vida es cuando conoces a alguien que significa todo y solo por darte cuenta que al fin no es para ti y lo tienes que dejar ir. Cuando la puerta de la felicidad se cierra, otra puerta que no vemos se ha abierto frente a nosotros. Es cierto que no sabemos lo que tenemos hasta que lo perdemos, pero tambien es cierto que, no sabemos lo que hemos estado perdiendo hasta que lo encontramos. Darle a alguien todo tu amor nunca es seguro de que amarán de regreso, pero no esperes que te amen de regreso, solo espera que el amor crezca en el corazón de la otra persona, pero si no crece, sé feliz porque creció en el tuyo. Hay cosas que te encantaría oír, y que nunca escucharás de la persona que te gustaría que te las dijera, pero no seas tan sordo para no oír las de aquel que las dice desde su corazón. Nunca digas adiós si todavía quieres tratar, nunca te des por vencido si sientes que puedes seguir luchando. Nunca le digas a una persona que ya no la amas si no puedes dejarla ir. El amor llega a aquel que espera, aunque lo hayan decepcionado, a aquel que aun cree, aunque antes haya sido traicionado, aquel que todavía necesite amar, aunque haya sido lastimado y aquel que tiene el coraje y la fe para construir la confianza de nuevo. El principio del amor es dejar que aquellos que conocemos sean ellos mismos y no tratarlos de voltear con nuestra propia imagen, porque entonces solo amaremos el reflejo de nosotros mismos en ellos. No vayas por el exterior, este te puede engañar. No te vayas por las riquezas porque aun eso se pierde, ve por alguien que te haga sonreir, porque toma tan sólo una sonrisa para hacer que un dia oscuro brille. Espero encuentres a aquella persona que te haga sonreir… Hay momentos en los que extrañas a una persona tanto en sueños, que quieres sacarlos de tus sueños y abrazar con todas tus fuerzas. Espero que sueñes con ese alguien especial y que ese alguien especial sueñe lo que quieres soñar. Ve por donde quieres ir. Se lo que quieres ser, porque tienes tan sólo una vida y una oportunidad para hacer todo lo que quieras hacer. Espero que tengas suficiente felicidad para hacerte dulce, suficientes pruebas para hacerte fuerte, suficiente dolor para mantenerte humano, suficiente esperanza para ser feliz, las personas más felices no siempre tienen lo mejor de todo. La felicidad espera aquellos que lloran, aquellos que han sido lastimados, aquellos que buscan, aquellos que tratan, porque sólo ellos pueden apreciar la importancia de las personas que han tocado sus vidas. No puedes ir feliz por la vida hasta que dejes ir tus fracasos pasados y los dolores de tu corazón.

De todos modos

Si las personas son irrazonables, inconsecuentes y egoístas, ámalas de todos modos. Si haces el bien, te acusaran de tener oscuros motivos egoístas, haz el bien de todos modos. Si tienes éxito y te ganas falsos amigos y enemigos verdaderos, lucha de todos modos. El bien que hagas hoy será olvidado mañana, haz el bien de todos modos. La sinceridad y la franqueza te hacen vulnerables, se sincero y franco de todos modos. Lo que has tardado años en construir puede ser destruido en una noche, vuélvelo a construir de todos modos. Alguien que necesita ayuda de verdad puede atrasarte si le ayudas, ayúdale de todos modos. Da al mundo lo mejor que tienes y te golpearan a pesar de ello, da al mundo lo mejor que tienes de todos modos, Dios conoce nuestras debilidades y nos ama de todos modos. El fruto del silencio es la oración. El fruto de la oración es la fe. El fruto de la fe es el amor. El fruto del amor es el servicio. El fruto del servicio es la paz.  

Siempre ten presente que…

La piel se arruga, El pelo se vuelve blanco, Los días se convierten en años… Pero lo importante no cambia; tu fuerza y tu convicción no tienen edad. Tu espíritu es el plumero de cualquier tela de araña. Detrás de cada línea de llegada, hay una de partida Detrás de cada logro, hay otro desafío. Mientras estés vivo, siéntete vivo. Si extrañas lo que hacías vuelve a hacerlo. No vivas de fotos amarillas… Sigue aunque todos esperen que abandones. No dejes que se oxide el hierro que hay en ti. Haz que en vez de lástima, te tengan respeto. Cuando por los años no puedas correr, trota. Cuando no puedas trotar, camina. Cuando no puedas caminar, usa el bastón. Pero nunca te detengas!!!

Alegría: corazón que arde

Un corazón lleno de alegría es resultado de un corazón que arde de amor. La alegría no es solo cuestión de temperamento, siempre resulta difícil conservar la alegría, y eso es motivo mayor para tratar de adquirirla y de hacerla crecer en nuestros corazones. La alegría es oración; la alegría es fuerza; la alegría es amor. Da más quien da con alegría. A los niños y a los pobres, a todos los que sufren y están solos, bríndales siempre una sonrisa alegre; no solo les brindes tus cuidados sino también tu corazón. Tal vez no podamos dar mucho, pero siempre podemos brindar la alegría que brota de un corazón lleno de amor. Si tienes dificultades en tu trabajo y si las aceptas con alegría, con una gran sonrisa, en este caso, como en muchas otras cosas, verás que tu bien si funciona. Además, la mejor manera de mostrar tu gratitud está en aceptar todo con alegría. Si tienes alegría, esta brillara en tus ojos y en tu aspecto, en tu conversación y en tu contento. No podrás ocultarla por que la alegría se desborda. La alegría es muy contagiosa. Trata, por tanto, de estar siempre desbordando de alegría donde quiera que vayas. La alegría, ha sido dada al hombre para que se regocije en Dios por la esperanza del bien eterno y de todos los beneficios que recibe de Dios. Por tanto, sabrá como regocijarse ante la prosperidad de su vecino, como sentirse descontento ante las cosas huecas. La alegría debe ser uno de los pivotes de nuestra existencia. es el distintivo de una personalidad generosa. en ocasiones, también es el manto que cubre una vida de sacrificio y entrega propia. La persona que tiene este don muchas veces alcanza cimas elevadas. El o ella es como el sol en una comunidad. Deberíamos preguntarnos: "¿En verdad he experimentado la alegría de amar?" el amor verdadero es un amor que nos produce dolor, que lastima y, sin embargo, nos produce alegría. Por ello debemos orar y pedir valor para amar. Quien Dios te devuelva en amor todo el amor que hayas dado y toda la alegría y la paz que hayas sembrado a tu alrededor, en todo el mundo.

Cuestionario a la Madre Teresa

¿Cuál es el día más bello? Hoy. ¿Cuál es la cosa más fácil? Equivocarse. ¿Cuál es el obstáculo más grande? El Miedo. ¿Cuál es el mayor error? Abandonarse. ¿Cuál es la raíz de todos los males? El egoísmo. ¿Cuál es la distracción más bella? El trabajo. ¿Cuál es la peor derrota? El desaliento. ¿Quiénes son los mejores profesores? Los niños. ¿Cuál es la primera necesidad? Comunicarse. ¿Qué es lo que hace más feliz? Ser útil a los demás. ¿Cuál es el misterio más grande? La muerte. ¿Cuál es el peor defecto? El mal humor. ¿Cuál es la persona más peligrosa? La mentirosa/o. ¿Cuál es el sentimiento más ruin? El rencor. ¿Cuál es el regalo más bello? El perdón. ¿Qué es lo más imprescindible? El hogar. ¿Cuál es la ruta más rápida? El camino r.ecto ¿Cuál es la sensación más grata? La paz interior. ¿Cuál es el resguardo más eficaz? El optimismo. ¿Cuál es el mayor satisfacción? El deber cumplido. ¿Cuál es la fuerza más potente del mundo? La fe. ¿Quiénes son las personas más necesarias? Los padres. ¿Cuál es la cosa más bella de todas? El amor.

Irradiar a Cristo

¡Oh Jesús!, Ayúdame a esparcir tu fragancia donde quiera que vaya. Inunda mi alma de tu espíritu y vida. Aduéñate tan por completo de mí, que toda mi vida sea una irradiación de la tuya. Ilumina por mi medio y de tal manera toma posesión de mí, que cada alma con la que yo entre en contacto pueda sentir tu presencia en mi alma. Que al verme no me vea a mí sino a Ti en mí. Permanece en mí. Así resplandeceré con tu mismo resplandor, y que mi resplandor sirva de luz para los demás, Mi luz toda de Ti vendrá, Jesús; ni el más leve rayo será mío. Serás Tú el que iluminarás a otros por mi medio. Sugiéreme la alabanza que más te agradara, iluminando a otros a mi alrededor. Que no lo pregone con palabras sino con mi ejemplo, con el influjo de lo que yo lleve a cabo, con el destello visible del amor que mi corazón saca de Ti. Amén.

Pensamientos de la Madre Teresa de Calcuta

1.- Nadie mejor que María aprendió la lección de la humildad. Ella era la esclava del Señor y por haberse vaciado totalmente de sí misma, Dios la colmó de su gracia. "Llena de gracia" quiere decir llena de Dios. Una esclava se pone a disposición de alguien, en plena fidelidad y con total alegría y se siente perteneciente a ese alguien sin reserva de ninguna naturaleza. Es este precisamente uno de los objetivos que animan el espíritu de nuestra Congregación. Un completo abandono: estar a disposición incondicional de Dios, para que podamos ser empleadas por Él como bien le plazca, para ser sus esclavas, sintiendo que le pertenecemos por entero. 2.- Nunca debemos creernos indispensables. Dios tiene sus caminos y sus maneras… El puede permitir que todo marche al revés aun en manos de la hermana más bien dotada. Dios no mira más que su amor. Bien ustedes pueden trabajar hasta el agotamiento, incluso matarse trabajando pero si su trabajo no está tejido por el amor, resulta inútil. ¡Dios no tiene ninguna necesidad de sus obras! 3.- Si no se aman unos a otros, ¿cómo entonces, podrán amar a Jesucristo? ¿Cómo podrán los demás ver en ustedes a Jesús? He aquí el motivo por el cual, para poder ver a Jesús, se necesita un corazón puro. Amarse unos a otros. Esto es todo lo que Jesús vino a enseñarnos. Todo el Evangelio es muy sencillo. ¿Me aman? ¡Obedezcan mis mandamientos! Jesús da vueltas y vueltas al mismo tema para llegar a decir sólo una cosa; Aménse unos a otros. El quiere que todos seamos muy amorosos. Por eso, hemos de darnos con todo el corazón. 4.- Sean sinceros en sus relaciones mutuas y tengan el valor de aceptarse recíprocamente tal como son ustedes. No se escandalicen ni preocupen por las faltas y fallos del otro; procuren más bien descubrir aquello que hay de bueno en cada uno, pues todos nosotros hemos sido hechos a imagen de Dios. Muy bien dijo Jesús: "Yo soy la vid y ustedes los sarmientos". Esforcémonos por ver y por aceptar a cada hermano o hermana como un sarmiento de Cristo, que es la vid. Aquella savia vital que corre por la vid a través de cada uno de los sarmientos es siempre la misma. 5.- Hemos sido llamados a amar al mundo. Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su propio Hijo. Hoy sigue amándolo de tal manera que se nos entrega a ti y a mi para que seamos su amor, su compasión, su presencia, su vida de oración y sacrificio, de total abandono en Él. Y particularmente, hermanos, la respuesta que Dios nos pide es que seamos contemplativos. En la práctica, cada cristiano, en particular, cada católico que vive una vida estrechamente unida a la Eucaristía, es un contemplativo. 6.- Tienen que ejercitarse en el sufrimiento, porque cuando fijen su mirada en la cruz verán que Él tiene inclinada la cabeza, porque quiere besarlos, y tiene los brazos abiertos porque quiere abarcarlos en un fuerte abrazo. Tiene su corazón destrozado para acogerlos. Cuando se sientan interiormente miserables fijen su mirada en la Cruz y comprenderán que Él se les acerca. El sufrimiento, el dolor, el disgusto, la humillación, la experiencia de desolación, no son más que un beso de Jesús, un signo claro de que están sumamente cerca de Él, que ha podido besarlos. 7.- Ustedes mantengan siempre vivo el amor por los más pobres de entre los pobres. Jamás se les ocurra ni siquiera pensar que sea una pérdida de tiempo el alimentar al hambriento, visitar y proporcionar los necesarios cuidados a los enfermos y agonizantes, abrir la puerta y acoger al marginado y rechazado, a quien no tiene casa. En esto se materializa nuestro amor por Cristo traducidos en acciones.

Verdad

Sócrates es mi amigo, pero soy más amigo de la verdad.

Aristóteles Cuando mientes para evitar un esfuerzo, la manta bajo la que te escondes se vuelve un poco más grande hasta que te ahogas debajo.

Rafik Schami Los hechos no dejan de existir solo porque sean ignorados.

T. H. Huxley La verdad, si no es entera, se convierte en aliada de lo falso.

J. Sádaba Los actos contra la naturaleza engendran disturbios contra la naturaleza.

William Shakespeare La peor verdad solo cuesta un gran disgusto. La mejor mentira cuesta muchos disgustos pequeños y al final, un disgusto grande.

Jacinto Benavente Al hombre de cada siglo le salva un grupo de hombres que se oponen a sus gustos.

G. K. Chesterton (1874-1936). Escritor británico.

En las montañas de la verdad nunca escalas en vano.

Anónimo Tu vida real es a menudo la vida que no llevas.

Anónimo El que busca la verdad corre el riesgo de encontrarla.

Manuel Vicent La única verdad es la realidad.

Aristóteles Prefiero molestar con la verdad que complacer con adulaciones.

Lucio Anneo Séneca. Moralista y filósofo latino.

Lo peor que puede hacer una persona en su vida, es huir de sí mimo; tarde o temprano se alcanzará, y además cansado.

Anónimo Una necedad, aunque la repitan millones de bocas, no dejan de ser una necedad.

Anatole France Es fácil hablar claro cuando no va a decirse toda la verdad.

Rabindranath Tagore. Dramaturgo, poeta y filósofo indio.

Siempre se ayuda la mentira de lo cierto para atacar a la verdad.

Séneca No somos nosotros los que creamos la verdad, los que la dominamos y la hacemos valer. Es la verdad la que nos posee.

Alejandro Llano Una vez que tienes el valor de mirar al mal cara a cara, de verlo por lo que realmente es y de darle su verdadero nombre, carece de poder sobre ti y puedes destruirlo.

Lloyd Alexander Nada me inspira más veneración y asombro que un anciano que sabe cambiar de opinión.

Santiago Ramón y Cajal. Médico español, premio Nobel de Medicina.

Una palabra de verdad vale más que el mundo entero.

Aleksander Solzenytsin Una conducta desarreglada aguza el ingenio y falsea el juicio.

De Bonald Si dices la verdad, no tendrás que acordarte de nada.

Mark Twain Tener una mente abierta es como tener la boca abierta: no es un fin, sino un medio. Y el fin es cerrar la boca sobre algo sólido.

G. K. Chesterton (1874-1936). Escritor británico.

El camino del hombre hacia la verdad es, en un noventa por ciento, tarea de descubrir mentiras.

Jesús Arellano No se accede a la verdad sino a través del amor.

San Agustín Los hombres fácilmente se persuaden de que es falso, o al menos dudoso, aquello que no desearían que fuese verdadero.

Pío XII El que tiene la verdad en el corazón no debe temer jamás que a su lengua le falte fuerza de persuasión.

John Ruskin El signo más evidente de que se ha encontrado la verdad es la paz interior.

Amado Nervo Basta a menudo cambiar de modo de vivir para creer en la verdad que se negaba.

Hugo de Lamennais La verdad desnuda no es toda la verdad.

Jean Dolent Si tu intención es describir la verdad, hazlo con sencillez y la elegancia déjasela al sastre.

Albert Einstein La verdad puede ser eclipsada, pero nunca se extingue.

Tito Livio Los mentirosos más nocivos son aquellos que se deslizan sobre el borde de la verdad.

Julius Charles Hare Hay que tener el valor de decir la verdad, sobre todo cuando se habla de la verdad.

Platón ¿Puede haber en el mundo algo más despreciable que la elocuencia de un hombre que no dice la verdad? T. Carly Desde que existe el hombre, es decir, desde que el mundo es mundo, la mejor manera de entenderse es llamar a las cosas por su nombre.

Miguel Maura Si buscas la verdad, podrás encontrar confort al final; si buscas confort, no encontrarás ni verdad ni confort.

C. S. Lewis La verdad no admite sustituto útil.

Leonardo Polo El hombre es el ser que necesita absolutamente de la verdad y, al revés, la verdad es lo único que esencialmente necesita el hombre, su única necesidad incondicional.

José Ortega y Gasset La primera pequeña mentira que se contó en nombre de la verdad, la primera pequeña injusticia que se cometió en nombre de la justicia, la primera minúscula inmoralidad en nombre de la moral, siempre significarán el seguro camino del fin.

Vaclav Havel La verdad padece, pero no perece.

Santa Teresa de Ávila Si dices la verdad, no tendrás que acordarte de nada.

Mark Twain Toda verdad, dígala quien la diga, viene del Espíritu Santo.

Santo Tomás de Aquino

Vida

La vida tiene una historia muy larga, pero cada individuo tiene un comienzo muy preciso: el momento de su concepción.

Jérôme Lejeune Es mucho menos pesado tener a un niño en brazos que cargarlo sobre la conciencia.

Jérôme Lejeune No daré veneno a nadie aunque me lo pida, ni le sugeriré tal posibilidad.

Juramento de Hipócrates Si alguien quiere deshacerse de los dementes, los minusválidos o los ancianos enfermos porque exigen demasiado tiempo o dinero, que contrate verdugos profesionales, pero que no se esconda detrás de una apariencia de respetabilidad.

Stuart Horner.

La vida es fascinante: sólo hay que mirarla a través de las gafas correctas.

Alejandro Dumas. Novelista y dramaturgo francés.

Cada criatura, al nacer, nos trae el mensaje de que Dios todavía no pierde la esperanza en los hombres.

Rabindranath Tagore. Dramaturgo, poeta y filósofo indio.

En realidad vivir como hombre significa elegir un blanco -honor, gloria, riqueza, cultura- y apuntar hacia él con toda la conducta, pues no ordenar la vida a un fin es señal de gran necedad.

Aristóteles Si la escalera no está apoyada en la pared correcta, cada peldaño que subimos es un paso más hacia un lugar equivocado.

Stephen Covey

Virtud

Si el semblante de la virtud pudiera verse, enamoraría a todos.

Platón Los que obran bien son los únicos que pueden aspirar en la vida a la felicidad.

Aristóteles Es extraña la ligereza con que los malvados creen que todo les saldrá bien.

Victor Hugo. Poeta, novelista, dramaturgo, ensayista y pintor francés.

A veces, cuesta mucho más eliminar un sólo defecto que adquirir cien virtudes.

Jean de la Bruyère. Escritor y moralista francés.

El amor sólo se da entre personas virtuosas Aristóteles La virtud es más perseguida de los malos que amada de los buenos.

Miguel de Cervantes Cualquier esfuerzo resulta ligero con el hábito.

Tito Livio Adquirir desde jóvenes tales o cuales hábitos no tiene poca importancia: tiene una importancia absoluta.

Aristóteles Cuando la lucha de un hombre comienza dentro de sí, ese hombre vale algo.

Robert Browning Mira, Sancho, si tomas por medio a la virtud y te precias de hacer hechos virtuosos, no hay que tener envidia a los que tienen príncipes y señores; porque la sangre se hereda, y la virtud se aquista, y la virtud vale por sí sola lo que la sangre no vale.

Miguel de Cervantes (El Quijote)

Ideales

Los grandes espíritus siempre encontraron la violenta oposición de las mentes mediocres.

Anónimo El mundo entero se aparta cuando ve pasar a un hombre que sabe adónde va.

Antoine de Saint-Exupéry Considera el mayor crimen preferir la propia supervivencia al honor y perder, por la vida, la razón de vivir.

Juvenal La imaginación abre a veces unas alas grandes como el cielo y otras una cárcel grande como la mano.

Louis Charles Alfred de Musset El tirano muere y su reino termina. El mártir muere y su reino comienza.

Soren Kierkegaard Las causas perdidas son las únicas que merece la pena defender; porque las demás se defienden solas.

Alejandro Llano Las causas perdidas, las grandes causas por las que en un momento solemne merece la pena dar la vida, se hallan desperdigadas en la cotidianidad.

Alejandro Llano En toda cumbre hay tranquilidad.

J. W. Goethe. Escritor alemán.

El ideal es cuando uno puede morir por sus ideas mientras que la política es cuando se puede vivir de ellas.

Charles Péguy

Naturaleza

Si junto a la biblioteca tienes un jardín, ya no te faltará nada.

Cicerón Quien discute sobre si se puede matar a la propia madre no merece argumentos sino azotes.

Aristóteles

Esperanza

Nunca se da tanto como cuando se dan esperanzas.

Anatole France (1844-1924) Los deseos de nuestra vida forman una cadena, cuyos eslabones son la esperanza.

Lucio Anneo Seneca (55 a.C-39), escritor italiano.

La mediocridad, posiblemente, consiste en estar delante de la grandeza y no darse cuenta.

G. K. Chesterton (1874-1936). Escritor británico.

Quien tiene algo porqué vivir, es capaz de soportar cualquier cómo.

Nietzsche Si no esperas lo inesperado no lo reconocerás cuando llegue.

Heráclito

Serenidad

Cuando no podemos encontrar tranquilidad dentro de nosotros mismos es inútil buscarla en otra parte.

Anónimo Examina tu propio corazón; lo que te duele de los demás en ti mismo puede estar.

Anónimo Cuando un hombre está irritado, sus razones le abandonan.

Proverbio Si eres paciente en un momento de ira, escaparás a cien días de tristeza.

Proverbio chino Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo.

Aristóteles (Ética a Nicómaco) Siempre tendremos razones para estar enfadados, pero esas razones, rara vez serán buenas.

Benjamín Franklin No podemos evitar el viento, pero podemos construir molinos.

Dicho holandés

Ideas

Las grandes ideas son aquellas de las que lo único que nos sorprende es que no se nos hayan ocurrido antes.

Noel Clarasó. Escritor español.

Todo lo que una persona puede imaginar, otras podrán hacerlo realidad.

Julio Verne. Novelista francés.

La inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando.

Pablo Ruiz Picasso. Pintor español.

Lo que conduce y arrastra al mundo no son las máquinas sino las ideas.

Victor Hugo. Poeta, novelista, dramaturgo, ensayista y pintor francés.

En los momentos de crisis, sólo la imaginación es más importante que el conocimiento.

Albert Einstein El arte sacude del alma el polvo acumulado en la vida diaria.

Picasso

Optimismo

No maldigas la oscuridad, sólo prende una vela.

Proverbio Si lloras por haber perdido el sol, las lágrimas no te dejaran ver las estrellas.

Rabindranath Tagore. Dramaturgo, poeta y filósofo indio.

De nada le sirve al hombre lamentarse de los tiempos en que vive, pero siempre le es posible mejorarlos.

Thomas Carlyle Si tus males tienen remedio, ¿por qué te apuras? Y si no lo tienen, ¿por qué te apuras? Proverbio hindú Las crisis nos hacen más inteligentes, nos obligan a dar solución a problemas que sabíamos que existían, pero no podíamos resolver por estar demasiado ocupados.

Jim Wolfensoun, Presidente del Banco Mundial

Exito

Napoleón acabó perdiendo porque libró una batalla de más.

Dominique Nora El éxito tiene muchos padres, pero el fracaso es huérfano.

John F. Kennedy. Estadista estadounidense.

La gloria es un veneno que hay que tomar en pequeñas dosis.

Honoré de Balzac La disciplina es la parte más importante del éxito.

Truman Capote. Novelista estadounidense.

Para obtener éxito en el mundo, hay que parecer loco y ser sabio.

Barón de Montequieu. Filósofo y escritor francés.

He tenido éxito en la vida. Ahora, intento hacer de mi vida un éxito.

Brigitte Bardot. Actriz francesa.

En la pelea, se conoce al soldado; sólo en la Victoria, se conoce al caballero.

Jacinto Benavente. Dramaturgo español.

Presencia de ánimo y valor en la adversidad, valen para conquistar el éxito más que un ejército.

John Dryden. Poeta, autor, drámatico y crítico británico.

Si nunca has tenido un gran éxito, no sabes lo que vales; el éxito es la piedra de toque de los caracteres.

Amado Nervo. Poeta y diplomático mexicano.

Cuando veas un gigante, examina antes la posición del sol, no vaya a ser la sombra de un pigmeo.

Von Hardenberg El hombre vulgar espera lo bueno y lo malo del exterior, el hombre que piensa lo espera de sí mismo.

Chejov No hay nada que tenga más éxito que el éxito y nada es tan contagioso como el fracaso.

Frederick Forsyth Una persona inteligente se recupera enseguida de un fracaso. Una persona mediocre tarda mucho en recuperarse de un triunfo.

Anónimo Aunque la televisión es técnicamente viable, comercial y financieramente no tiene sentido.

Lee Forest. Inventor de la televisión