Alfonso Aguiló, “Alardes y vanidades”, Hacer Familia nº 196, 1.VI.2010

Cicerón y Demóstenes fueron dos de los más grandes oradores de la antigüedad. Cuando Cicerón hablaba, todo el mundo quedaba pasmado ante su capacidad oratoria. Era un hombre muy instruido, que sobresalió en toda clase de estilos, pero sus discursos y sus escritos transmiten un sutil deseo de hacer alarde de erudición. Demóstenes, en cambio, aunque también tuvo un extraordinario talento y superaba a todos los que competían con él en la tribuna y en el foro, cuando hablaba, la gente no quedaba tan impresionada, pero salía encendida, dispuesta a ponerse en marcha, a hacer cosas, y las hacía. Es quizá la diferencia entre una ostentación de destrezas retóricas y una verdadera comunicación.
Continuar leyendo “Alfonso Aguiló, “Alardes y vanidades”, Hacer Familia nº 196, 1.VI.2010″

Alfonso Aguiló, “Remar contra corriente”, Hacer Familia nº 195, 1.V.2010

William Wilberforce era un estudiante en la Universidad de Cambridge que procedía de una familia acomodada de Yorkshire. Desde muy joven demostró unas brillantes dotes como orador, hasta el punto de que fue nombrado miembro del parlamento británico a los 21 años. Su disoluto estilo de vida cambió completamente cuando, un tiempo después, se convirtió a la fe cristiana y comenzó a interesarse por la reforma social, en particular por la mejora de las condiciones laborales en las fábricas de Gran Bretaña.
Continuar leyendo “Alfonso Aguiló, “Remar contra corriente”, Hacer Familia nº 195, 1.V.2010″