¿Siempre de acuerdo con el Papa?

—Entiendo que los que no son católicos pueden estar o no de acuerdo con lo que diga el Papa. Pero, ¿y los católicos? ¿deben estar de acuerdo siempre y en todo?

El Romano Pontífice habla “ex cathedra” y goza por tanto de infalibilidad en razón de su oficio cuando, como supremo pastor y doctor de todos los fieles, proclama de una forma definitiva la doctrina de fe y costumbres. En esos casos, el Romano Pontífice no da una sentencia como persona privada, sino que, en calidad de maestro supremo de la Iglesia universal, en quien singularmente reside el carisma de la infalibilidad de la Iglesia misma, expone o defiende la doctrina de la fe católica.

En el n. 25 de la Constitución Lumen Gentium, del Concilio Vaticano II, se señala también que los que somos católicos debemos aceptar con respeto el magisterio auténtico del Romano Pontífice aun cuando no hable “ex cathedra”, de tal manera que aceptamos con reverencia su magisterio supremo y con sinceridad prestamos adhesión al parecer expresado por él, según su manifiesta mente y voluntad, lo cual se deduce o se concluye principalmente por la índole de los documentos, por la frecuente proposición de la misma doctrina, o por la forma de decirlo.

A la vez, es obvio que, como es natural, con frecuencia los documentos magisteriales de los Papas presentan además otro tipo de consideraciones: referencias a hechos históricos y a la cultura del momento, observaciones sobre cuestiones relativas a las ciencias, exhortaciones y sugerencias para la vida espiritual,  etc., que han de recibirse con respeto y afecto, pero que por su misma naturaleza no piden una adhesión en sentido estricto, salvo que en algún caso, por su relación con la fe o la moral, el tenor de la enseñanza lo requiera.

Es decir, se puede ser un buen católico y disentir de algunas apreciaciones o consideraciones hechas al hilo de lo que es propiamente la enseñanza magisterial, pero, si son efectivamente buenos católicos, deben expresarlo con prudencia y respeto, y evitando que esto les lleve a ignorar o a desaprovechar la gran riqueza espiritual que contienen las palabras de los Papas.

Alfonso Aguiló

Ricardo Estarriol, “El celibato no es la causa de la pedofilia”, Aceprensa, 23.III.2010

Viena.— El Prof. Hans-Ludwig Kröber, director del Instituto de Psiquiatría Forense de la Universidad Libre de Berlín, es uno de los más prestigiosos profesores de su especialidad en Alemania. Preguntado sobre los abusos de menores cometidos por clérigos o religiosos, de los que se habla en las últimas semanas, niega que el problema tenga su origen en el celibato. La probabilidad de que un célibe cometa un abuso sexual es de uno contra 40, dice.
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Enlaces sobre el Opus Dei

 

 

 

Rafael Gómez Pérez, “Los porqués de la leyenda negra”, R.H.I.V, 1.VI.06

El nombre de Leyenda Negra es relativamente reciente, pero el nombre es lo de menos, importa el hecho. Desde el siglo XVI se desarrolla en muchos países de Europa una campaña de descrédito contra España.

Los tópicos de la leyenda negra son bien conocidos: exageración de los males de la Inquisición, invento de oscuras intrigas sobre los reyes Austria, descrédito de la presencia de España en América, presunto fanatismo religioso de los españoles, expulsión de los judíos y de los moriscos, etc. No se trata de entrar en estos temas, sino de intentar explicar los porqués de esa campaña de descrédito y de su perdurabilidad como un locus historicus, un lugar común de la historiografía. Pero baste un dato. España no fue, ni mucho menos, la primera en decidir expulsiones de los judíos. Si en España fue en 1492, varios siglos antes ya habían tenido lugar expulsiones: en Francia, en 1182, por mandato de Felipe Augusto; en Inglaterra, en 1290, por orden de Eduardo I de Inglaterra, que fue la primera expulsión de grandes proporciones; durante todo el siglo XIV, en Francia, expulsiones en 1306, 1321/22, y sobre todo la de 1394 por decisión de Felipe IV. Es mas, durante siglos los judíos expulsados de Francia se refugiaron en España, país por el que tuvieron siempre predilección.

Por qué surge la Leyenda Se descubren tres factores principales: 1. Los propios errores; 2. Los intereses de las contiendas entre naciones; 3. La ofensiva del protestantismo contra el catolicismo.

1. Los errores propios. La política de los Austria, como cualquier otra, no fue una serie de aciertos. Sólo muy por encima cabe destacar: a) el exagerado interés de los Reyes Católicos -sobre todo de Fernando, por calculo político, como vio muy bien Maquiavelo- en una institución, la Inquisición, que ni siquiera los Papas querían con tanta virulencia; b) los titubeos en la legislación sobre Indias, con leyes excelentes pero práctica muy en desacuerdo con ellas, mal crónico en España; c) la rigidez en la equiparación de nación con catolicismo, lo que lleva a la expulsión de judíos y de moriscos. Pero todo eso, con ser condición necesaria para el nacimiento de una leyenda negra, no es condición suficiente. Baste una reflexión: lo mismo se hacía en otros países, católicos o protestantes; Lutero justificó el dominio absoluto de los príncipes y patrocinó matanzas de campesinos rebeldes: Calvino tenía en Ginebra una “inquisición” de la que, por ejemplo, fue víctima el español Miguel Servet; las matanzas de los hugonotes en Francia, para preservar la unidad política y religiosa del reino, fueron frecuentes; Cromwell eliminó a decenas de miles de irlandeses católicos… Por analogía se podría añadir: ¿qué leyenda habría que construir sobre Turquía, con el genocidio de mas de un millón de cristianos armenios; sobre Alemania, después del Holocausto; sobre Rusia, con los mas de cuarenta millones de víctimas del comunismo, sobre todo en el periodo leninista y estalinlano, es decir, entre 1917 y 1953 (pero no sólo en él)? Y, sin embargo, no se ha hecho un lugar histórico de ese conjunto de desmanes y crímenes. Pero hay un caso contemporáneo y muy similar: el de Portugal: país con Inquisición, con una continua colonización en América, con gran abundancia de esclavos (en Brasil), con expulsión de los judíos… Pero no hay una leyenda negra portuguesa, quizá porque: a) no fue nunca un país hegemónico; b) se alió muy pronto con Gran Bretaña, uno de los focos de creación de la leyenda negra española. Entre los errores propios hay que incluir algo insólito, que no se dio con tal virulencia en ningún otro país, al menos hasta el siglo XVIII: los escritos de los propios españoles criticando el sistema. Es el caso de Fray Bartolomé de Las Casas, en su denuncia de los aspectos peores de la gobernación de las Indias, denuncia hecha desde la honradez, pero inevitablemente aprovechada por los enemigos de España. Más culpa tenia Antonio Pérez, antiguo secretario de Felipe II, huido al ser perseguido por determinados delitos. Recalo en Gran Bretaña donde desde 1594 publicó unas Relaciones, calumniosas para la monarquía española, un material que fue aprovechado por los ingleses y los holandeses.

2. Los intereses de las naciones. El gran fenómeno europeo del siglo XV, anticipado a veces en el XIV, es la superación del feudalismo y la aparición de las Naciones-Estado, con un poder que cada vez es más absorbente y absoluto. La división territorial de gran parte de la Europa occidental, central y meridional era tal que no extraña que las principales potencias -bien por derechos de familia o por simple deseo de aumentar el poder y los ingresos económicos- se enzarzaran en una política de alianza o de guerras. Pero esas principales potencias eran España, Francia y, en menor medida porque era un mosaico, el Imperio, en gran parte de Alemania, Austria, Bohemia, Moravia…

Cuando un nieto de los Reyes Católicos, Carlos I, hereda además el Imperio -como Carlos V- la guerra contra Francia se hace casi Inevitable. Durante muchos decenios los franceses son derrotados -Pavía, San Quintín-, su rey humillado… Francisco I escribe a su madre, desde la prisión, que “todo se ha perdido, menos el honor” Junto a Francia, al menos contra España, se alineó, desde mediados del XVII, Gran Bretaña, en concreto desde la fundación del anglicanismo por Enrique VIII, el fracaso de la llamada -por los ingleses, con sarcasmo- “Armada Invencible” por razones tanto políticas como religiosas.

En Francia durante los gobiernos de Richelieu y Mazzarino la enemistad hacia España es tan clara que incluso se prefiere la alianza con países protestantes e incluso -ellos, cardenales- mantienen cierta connivencia con el turco. En la misma Francia la actividad denigratoria hacia España viene a menos en el siglo XVIII, tanto porque España ya no es hegemónica como, sobre todo, porque gobierna un Borbón, Felipe V, un nieto de Luis XIV, con ese nombre que lo hace sucesor de los Felipes de Austria Pero es entonces cuando la principal fuente de la leyenda negra será Gran Bretaña, que de ese modo se opone a la hegemonía francesa. También desde mediados del XVI el descrédito contra lo español es utilizado en los Países Bajos por los protestantes como argumento a favor de su independencia para lo que contaban con el apoyo de los ingleses.

3. Ofensiva protestante contra el catolicismo. Tanto el luteranismo como el calvinismo y el anglicanismo fueron separaciones de la única Iglesia existente entonces en Europa occidental y central: la católica. Pero cualquier creencia colectiva, sobre todo si se identifica con los intereses nacionales, necesita justificarse como originaria, fundante, y no como separación. Como esa tarea no podía hacerse con los datos históricos, se tendió a falsearlo, echando todas las culpas al catolicismo y a los países que se identificaban con el. En los siglos XVI y XVII ese país era España. Y junto a él una entera dinastía, la de los Austria. Las matanzas por ambas partes en la Guerra de los Treinta Años fueron funestas. Pero se difundieron en Europa sólo las causadas por las tropas católicas. A partir del siglo XVIII, la campaña de descrédito de España, y del catolicismo, entra a formar parte de la habitual propaganda de las distintas formaciones masónicas, hasta hoy mismo.

Conclusión La Historia de la civilización Occidental es la historia de sus logros y de sus profundas equivocaciones, incluidos no pocos crímenes personales y colectivos. Si se hiciera la Historia sólo de esto último, España no quedaría en peor lugar que Francia, Alemania, Inglaterra, Estados Unidos, Rusia, por no hablar, en otras latitudes, de las matanzas a manos de hunos, mogoles, árabes, tártaros… La llamada leyenda negra aparece cada vez con mayor claridad como una tarea de relaciones públicas y de marketing político contra España, primero por parte de su directo competidor -Francia- y después por parte de los que, como Inglaterra, Países Bajos, parte de Italia, sacarían una sustanciosa tajada de la decadencia española. Finalmente queda como un tópico histórico, una de esas generalizaciones ociosas que se incorporan con facilidad a la cultura de lo incultural media.

Revista Historia de Iberia Vieja Nº 12

Thomas D. Williams L.C., “El Evangelio de Judas”, Zenit, 6.IV.2006

«National Geographic» ha anunciado su intención de publicar una traducción en varios idiomas de un antiguo texto llamado «El Evangelio de Judas» a finales de este mes. El manuscrito de 31 páginas, escrito en copto, hallado en Ginebra en 1983, no aparece hasta ahora traducido en las lenguas modernas. El padre Thomas D. Williams L.C., decano de la Facultad de Teología de la Universidad «Regina Apostolorum» de Roma, comenta la importancia de este descubrimiento.

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Todo sobre libro y película Código da Vinci

Todo sobre el libro y la película Dan Brown “Código da Vinci” en www.conelpapa.com

Resumen de “Descodificando El Código Da Vinci”

Descodificando El Código Da Vinci Michael Gleghorn Introducción a El Código Da Vinci La tremendamente exitosa novela de Dan Brown, El Código Da Vinci, ha generado un enorme interés en el público lector. A la fecha, el libro ha vendido unos cinco millones de ejemplares. Aparentemente, Ron Howard ha dado su acuerdo para dirigir la historia para Sony Pictures Entertainment, y posiblemente la lleve a las pantallas en 2005.{1} Pero, ¿por qué tanto alboroto? Y ¿por qué ha causado tanto revuelo la novela de Brown? La historia comienza con el asesinato del director del Louvre, dentro del museo. Pero el director no está interesado solo en el arte; es, también, el Gran Maestro de una sociedad secreta conocida como El Priorato de Sion. El Priorato guarda un antiguo secreto que, de ser revelado, minaría la autoridad de la iglesia y desacreditaría completamente el cristianismo bíblico. Antes de morir, el director intenta pasar el secreto a su bisnieta, Sofía, una criptógrafa, y a Robert Langdon, un profesor de Harvard, dejando una serie de pistas que espera que los guiarán a la verdad. Continuar leyendo “Resumen de “Descodificando El Código Da Vinci””

Alejandro Rodríguez de la Peña, “Leyendas negras de ayer, hoy y mañana”, Alfa y Omega, 20.V.2005

Cuando se aborda la historia de la Iglesia católica, tarde o temprano nos encontraremos con el fenómeno historiográfico que se ha dado en llamar leyenda negra. Ésta consiste en una labor de propaganda, de desinformación, que, a través de la presentación tendenciosa de los hechos históricos, bajo la apariencia de objetividad y de rigor histórico o científico, procura crear una opinión pública, bien anticlerical, bien anticatólica. Por eso se aparta de lo que podría aceptarse como una simple crítica, una denuncia honesta y rigurosa de los errores cometidos por los miembros de la Iglesia, dando en cambio una imagen voluntariamente distorsionada del pasado de la Iglesia, para convertirla en una descalificación global de una misión milenaria, tanto antes como, sobre todo, en la actualidad. Continuar leyendo “Alejandro Rodríguez de la Peña, “Leyendas negras de ayer, hoy y mañana”, Alfa y Omega, 20.V.2005″

Algunos mitos sobre el dinero de la Iglesia en España, 27.IV.2005

El español medio no tiene una gran cultura económica y es fácil hablar de dinero dando la sensación de que “hay algo turbio”. Es bueno aclarar algunos mitos.

Queremos comentar aquí algunas ideas que circulan últimamente sobre la economía de la Iglesia en España y más en concreto sobre su relación con el Estado. No hablaremos de las cuentas de la Santa Sede ni de la Iglesia en otros países, excepto por comparación.

MITO 1: La Iglesia es, económicamente, UNA gran entidad Falso. Jurídica y administrativamente, la Iglesia católica no es UNA entidad. Son -textualmente- 40.000 entidades distintas, sólo en España. Son parroquias, órdenes, movimientos, asociaciones, fundaciones, organizaciones, diócesis… Cada una tiene su propio estatuto económico, cada una lleva sus propias cuentas, según las leyes civiles vigentes y según el derecho canónico. El tesorero de un obispado no tiene nada que ver con el de una ONG católica o con el de una parroquia. Hablar de “el dinero de la Iglesia” es como hablar de “el dinero de la sociedad civil”: se refiere a muchas entidades distintas y de muy diversas funciones.

MITO 2: En España, el Estado subvenciona a la Iglesia.

Falso. Son los ciudadanos quienes libremente asignan una cantidad de dinero a la Iglesia mediante la famosa “crucecita” del IRPF. El Estado no da ese dinero, lo dan los ciudadanos. El Estado lo único que hace es ayudar a recaudarlo.

MITO 3: El “sistema alemán” de financiación de la Iglesia es una alternativa que propone el Gobierno Ojalá. El secretario de Libertades Públicas del PSOE, Álvaro Cuesta, propuso hace unos meses recurrir a un sistema “similar al alemán”, que según él es un “impuesto religioso voluntario y adicional” donde el Estado haría de mero recaudador. En realidad, en Alemania, cada ciudadano con capacidad fiscal, por el sólo hecho de estar bautizado, destina automáticamente a su iglesia (católica o protestante) una cantidad adicional de un 9% sobre lo que paga a Hacienda (un 8% en Baviera y Baden-Wutenberg).

La administración alemana se queda entre un 2 y un 4,5% de comisión según el land. Sólo se libran de pagar aquellos que renuncian a su fe mediante declaración de apostasía. Así, en el 2003, la Iglesia católica de Alemania, la más rica de Europa, ingresó, por la vía del Impuesto sobre la Renta, casi 4.500 millones de euros. ¡Compárese el contraste con los 141 millones que recibirá la Iglesia española por la “crucecita” del IRPF este año 2005! Sería muy extraño, realmente, que el Gobierno implantase este sistema en España.

MITO 4: “Lo de las expropiaciones es cosa del pasado”.

En España el Estado tiene una larga tradición de confiscar bienes eclesiales. Cuando al Estado le falta dinero, confisca cosas a la Iglesia. Empezó en 1768 (Reforma de Olavide), cuando se expulsó a los jesuitas y se confiscaron sus tierras. Justo antes de la Guerra de Independencia (desamortización de Godoy) se confiscaron los bienes de hospitales, hospicios, casas de misericordia y cofradías, casi todas ellas entidades eclesiales.

En 1808 era José Bonaparte, el hermano de Napoleón, quien confiscaba bienes eclesiales. En 1823 fueron las Cortes de Cádiz, decretando la reducción a un tercio del número de monasterios y conventos. De 1834 a 1854 la famosa desamortización de Mendizábal confiscó todas las propiedades de monjes y frailes y parte de las del clero secular. En 1855 la Ley Pascual Madoz fue la confiscación más completa de bienes del clero, tanto regular como secular. Estas confiscaciones enriquecieron sobre todo a la burguesía urbana y rural.

Hoy, más eficaz que expropiar es amenazar una y otra vez a la Iglesia con dificultar su financiación. El 4 de mayo de 2004 el ministro de Justicia, Juan-Fernando López Aguilar ya declaró que el Gobierno quiero revisar la financiación de la Iglesia y reformar los Acuerdos de 1979, entre la Santa Sede y el Estado. El 22 de julio era el ministro de Trabajo, Jesús Caldera, quien anunciaba que la financiación de la Iglesia “tendrá que acabarse algún día”.

Pero aún así hoy, en pleno siglo XXI, la tradición de expropiar se mantiene viva. El 27 de diciembre de 2004, uno de los portavoces del tripartito catalán, Joan Boada (IC-V-EUA) pedía en el DIARI DE GIRONA “una confiscación y posterior socialización de los bienes de la Iglesia”. En mayo de 2002, el arquitecto Oriol Bohigas, ex-concejal y actual asesor del alcalde socialista de Barcelona, pedía “que la Sagrada Familia sea el vestíbulo de la estación del Tren de Alta Velocidad”.

Una víctima preferencial son los conventos de monjas carmelitas: en el 2003 el Ayuntamiento de Córdoba (IU) quería expropiar un huerto a un convento carmelita, pero 40.000 firmas y una oleada de e-mails pararon la medida. Lo mismo intentó el ayuntamiento socialista de León en el 2004 con sus carmelitas descalzas, con la consiguiente oleada de quejas ciudadanas. En Esplugues (Barcelona), el Ayuntamiento socialista este año 2005 acosaba con deshaucios y expropiaciones a un monasterio de dominicas aunque la presión ciudadana ha bloqueado el proceso por ahora.

Tomado de ForumLibertas.com

William Shea, “El caso Galileo en un contexto nuevo”, Alfa y Omega, 27.I.2005

Religión y ciencia son dos asuntos cuya capacidad de convocatoria en la opinión pública es cada vez más creciente. El conflicto que en el pasado las había confrontado parece haberse esfumado. El mismo caso Galileo, que representa el momento de mayor tensión entre ambas, se encuadra en un contexto nuevo. Hoy aparece como un acontecimiento sobre el que se ha especulado durante largo tiempo, y que debe ser juzgado con mayor objetividad. Los documentos de los Archivos Vaticanos no concuerdan con lo que la propaganda decimonónica anticlerical dice de este episodio. Lo afirma, en esta entrevista concedida al diario Avvenire, el profesor William Shea, quien, después de haber enseñado en Cambridge y en Harvard, ocupa hoy la misma cátedra de Historia de la Ciencia que ocupó Galileo, en Padua.

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