¿Te has dado cuenta de que…?

Cuando otro actúa de una manera poco adecuada, decimos que tiene mal carácter; pero cuando tú lo haces, son los nervios.

Cuando otro se apega a sus métodos o a sus gustos, es obstinado; pero cuando tú lo haces, es firmeza.

Cuando a otro no le gusta tu amigo, tiene prejuicios; pero cuando a ti no te gusta su amigo, sencillamente, muestras ser un buen juez de la naturaleza humana.

Cuando otro hace las cosas con calma, es una tortuga; pero cuando tú lo haces despacio, es porque te gusta pensar las cosas.

Cuando otro encuentra defectos en las cosas, es un maniático; pero cuando tú lo haces, es porque sabes discernir.

Cuando otro tiene modales suaves, es débil; pero cuando tú los tienes, eres cortés.

Cuando otro se compra el automovil del año, es vanidad; pero cuando tú te lo compras, es necesidad.

Cuando a otro le da ira, es pecado; pero cuando a ti te da ira, es que “tu carácter es así”.

Cuando otro te dice la verdad que no te gusta, es que no tiene amor; pero cuando tú lo haces, es que eres sincero.

Cuando otro no te saluda, es que es orgulloso; pero cuando tú no saludas, es que no lo viste.

Cuando otro no cumple con su deber, es un irresponsable; pero cuando tú no cumples con tu deber, es que realmente no puedes.

Cuando otro tiene serias dificultades, es que se lo ha ganado; pero cuando tú las tienes, es una injusticia.

Cuando otro no trabaja, es que es un vago; pero cuando tú no trabajas, es que no consigues trabajo.

Cuando otro habla de los demás, es un calumniador; pero cuando tú hablas de los demás, es para ayudar.

Cuando otro cae en tentación, es un impresentable; pero cuando tú caes en tentación, es una debilidad disculpable.

Cuando otro no acepta el reto, es un cobarde; pero cuando tú no lo aceptas, es que no podías.

Cuando otro recibe bendiciones, es por la misericordia de Dios; pero cuando tú recibes bendiciones, es porque te las mereces.

Cuando el hijo de otro es rebelde, él es mal padre; pero cuando tu hijo es rebelde, es porque heredó el carácter del abuelo.

Cuando otro paga mal por mal, es porque es un vengativo; pero cuando tú lo haces, es porque estás haciendo justicia.

Cuando otro cumple con su deber, es para acumular puntos; pero cuando tú cumples con tu deber, es porque eres responsable.

Miguel de Cervantes

Los célebres consejos que dio Don Quijote a Sancho al ir éste a gobernar su Insula Dispuesto, pues, el corazón a creer lo que te he dicho, está. ¡Oh, hijo!, atento a este tu Catón, que quiere aconsejarte, y ser norte y guía que te encamine y saque a seguro puerto de este mar proceloso donde vas a engolfarte; que los oficios y grandes cargos no son otra cosa sino un golfo profundo de confusiones.

Primeramente, ¡oh, hijo!, has de temer a Dios; porque en el temerle está la sabiduría, y siendo sabio no podrás errar en nada.

Lo segundo, has de poner los ojos en quien eres, procurando conocerte a ti mismo, que es el más difícil conocimiento que puede imaginarse. Del conocerte saldrá el no hincharte, como la rana que quiso igualarse con el buey; que si esto haces, vendrá a ser feos pies de la rueda de tu locura la consideración de haber guardado puercos en tu tierra.

Haz gala, Sancho, de la humildad de tu linaje, y no te desprecies de decir que vienes de labradores; porque viendo que no te corres, ninguno se pondrá a correrte; y préciate más de ser humilde virtuoso, que pecador soberbio. Innumerables son aquellos que de baja estirpe nacidos han subido a la suma dignidad pontificia o imperatoria; y de esta verdad te pudiera traer tantos ejemplos, que te cansaran.

Mira, Sancho, si tomas por medio a la virtud y te precias de hacer hechos virtuosos, no hay para qué tener envidia a los que los tienen príncipes y señores; porque la sangre se hereda, y la virtud se aquista, y la virtud vale por sí sola lo que la sangre no vale.

Siendo esto así, como lo es, que si acaso viniere a verte cuando estés en tu ínsula alguno de tus parientes, no lo deseches ni le afrentes, antes lo has de acoger, agasajar y regalar, que con esto satisfarás al cielo, que gusta que nadie le desprecie de lo que él hizo, y corresponderás a lo que debes a la naturaleza bien concertada.

Nunca te guíes por la ley del encaje, que suele tener mucha cabida, con los ignorantes que presumen de agudos.

Hallen en ti más compasión las lágrimas del pobre, pero no más justicia que las informaciones del rico.

Procura descubrir la verdad por entre las promesas y dádivas del rico, por entre los sollozos e importunidades del pobre.

Cuando pudiere y debiere tener lugar la equidad, no cargues todo el rigor de la ley al delincuente; que no es mejor la fama del juez riguroso que la del compasivo.

Si acaso doblares la vara de la justicia, no sea con el peso de la dádiva, sino con el de la misericordia.

Cuando te sucediere juzgar algún pleito de algún enemigo tuyo, aparta las mientes de tu injuria, y ponlas en la verdad del caso.

No te ciegue la pasión propia en la causa ajena; que los yerros que en ella hicieres, las más veces serán sin remedio, y si le tuviere, será a costa de tu crédito y aún de tu hacienda.

Si alguna mujer hermosa viniere a pedirte justicia, quita los ojos de sus lágrimas y tus oídos de sus gemidos, y considera despacio la sustancia de lo que pide, si no quieres que se anegue tu razón en su llanto y tu bondad en sus suspiros.

Al que has de castigar con obras, no trates mal con palabras, pues le basta al desdichado la pena del suplicio, sin la añadidura de las malas razones.

Al culpado que cayere debajo de tu jurisdicción, considérale hombre miserable, sujeto a las condiciones de la depravada naturaleza nuestra, y, en todo cuanto fuere de tu parte, sin hacer agravio a la contraria, muéstrate piadoso y clemente; porque aunque los tributos de Dios todos son iguales, más resplandece y campea, a nuestro ver, el de la misericordia que el de la justicia.

Si estos preceptos y estas reglas sigues, Sancho, serán luengos tus días, tu fama será eterna, tus premios colmados, tu felicidad indecible; casarás tus hijos como quieres; títulos tendrán ellos y tus nietos; vivirás en paz y beneplácito de las gentes, y, en los últimos pasos de la vida, te alcanzará el de la muerte en vejez suave y madura, y cerrarán tus ojos las tiernas y delicadas manos de tus terceros netezuelos.” Otras frases celebres de Don Quijote – “Sábete, Sancho, que no es un hombre más que otro si no hace más que otro. Todas estas borrascas que nos suceden son señales de que presto ha de serenar el tiempo y han de sucedernos bien las cosas; porque no es posible que el mal ni el bien sean durables, y de aquí se sigue que, habiendo durado mucho el mal, el bien está ya cerca.” – “¿Saltear de caminos llamáis al dar libertad a los encadenados, soltar los presos, correr a los miserables, alzar los caídos, remediar los menesterosos?” – “¡Majadero! -dijo a esta sazón don Quijote-, a los caballeros andantes no les toca ni atañe averiguar si los afligidos, encadenados y opresos que encuentran por los caminos van de aquella manera, o están en aquella angustia, por sus culpas o por sus gracias; sólo le toca ayudarles como a menesterosos, poniendo los ojos en sus penas y no en sus bellaquerías.” – “Que la virtud más es perseguida de los malos que amada de los buenos.” – “La mentira es mejor cuanto más parece verdadera, y tanto más agrada cuanto tiene más de lo dudoso y posible.” – “Las tristezas no se hicieron para las bestias, sino para los hombres; pero si los hombres las sienten demasiado, se vuelven bestias.” – “La pluma es lengua del alma: cuales fueren los conceptos que en ella se engendraren, tales serán sus escritos.” – “¡Oh fuerza de la adulación, a cuánto te extiendes, y cuán dilatados límites son los de tu jurisdicción agradable!” – “Bien predica quien bien vive -respondió Sancho-, y yo no sé de otras teologías. “ – “Todo esto digo, ¡oh Sancho!, para que no atribuyas a tus merecimientos la merced recibida, sino que des gracias al cielo, que dispone suavemente las cosas.” – “Es como quien mira los tapices flamencos por el revés, que, aunque se ven las figuras, están llenas de hilos que las oscurecen, y no se ven con la lisura y tez de la haz.” Y que en buen saco caigan estas cuatro citas, una para cada lector… y bueno está, “porque de la prolijidad se suele engendrar el fastidio”. Pascual Falces de Binéfar .

Anónimos

Soneto a Cristo crucificado No me mueve, mi Dios, para quererte el cielo que me tienes prometido, ni me mueve el infierno tan temido para dejar por eso de ofenderte.

¡Tú me mueves, Señor! Muéveme el verte clavado en una cruz y escarnecido; muéveme ver tu cuerpo tan herido; muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme en fin, tu amor, y en tal manera que aunque no hubiera cielo, yo te amara, y aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera, pues aunque lo que espero no esperara, lo mismo que te quiero te quisiera.

Explicación de expresiones latinas

A fortiori. Con mayor razón.

Ad hominem. Al hombre, contra el hombre. Suele utilizarse en la expresión argumento ad hominem, refiriéndose a un modo de confundir al adversario empleando sus mismas razones o argumentos.

Ad libitum. A voluntad, a gusto de cada cual.

Alter ego. Otro yo. Persona que es igual a otra por su absoluta identificación con ella (no por parecido físico), y con la que se tiene una total confianza.

Carpe diem. Aprovecha el día presente. Es una exhortación a aprovechar el tiempo ante lo efímero de la vida.

Deus ex machina. Dios de la máquina teatral. Referido a las tragedias clásicas en las que la intervención feliz e inesperada de un dios resuelve la situación; se aplica a la solución milagrosa (o a un subterfugio) que haría falta cuando no se encuentra la solución natural a un problema.

Ecce homo. He aquí el hombre. Son las palabras que Pilatos pronunció ante Jesús.

Habeas hábeas. Es el derecho que tiene el detenido a ser escuchado.

Hic et nunc. Aquí y ahora.

Nihil obstat. Nada impide. Es la fórmula utilizada por la censura eclesiástica para autorizar la publicación de una obra, ya que no hay en ella nada en la misma contraria al dogma o la moral.

Verbi gratia. Por ejemplo. Se ha castellanizado en el sustantivo verbigracia.

Vox populi, vox Dei. Voz del pueblo, voz de Dios. En ocasiones la justicia se basa en la opinión unánime del pueblo.

Tomado de www.inicia.es/de/buzoncatolico