Alfonso Aguiló, “Cómo nos cambia la tecnología”, Hacer Familia nº 231, 1.V.13

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Internet es un mundo bastante reciente y que evoluciona con una enorme rapidez. Todos nos maravillamos de los avances que ha supuesto, nos sorprendemos con novedades que hace bien poco nos parecían ciencia-ficción, y también quizá nos preocupamos ante algunos de los riesgos que se vislumbran.
Vemos como se introduce en nuestras vidas, que se llenan de artilugios y aplicaciones que hacen variar nuestras costumbres, nuestro modo de trabajar, de comunicarnos, de vivir la actualidad, y hasta de hacer amistad. No sabemos bien hacia dónde va a evolucionar, dónde estarán sus nuevas aportaciones o por dónde se avecinan posibles peligros. 

Nos preguntamos con asombro cuál debe ser el papel de todas estas tecnologías en la familia, en la educación, en la escuela, en el ocio. Hace unos años, la pregunta de los padres era sobre la televisión, sobre dónde ubicar el ordenador, cómo poner límites al tiempo dedicado a él, si los videojuegos eran mejores o peores, o cómo proteger a los hijos de contenidos perjudiciales. Las redes sociales han transformado un poco más aún el escenario, sobre todo desde que se ha generalizado su acceso desde terminales de bolsillo.

Es difícil hacer valoraciones generales. Parece positivo pensar en poner límites al tiempo, a algunos contenidos, a posibles modos de contacto, o al peligro de quedar inmersos en un mundo virtual que aleja de la realidad. Pero las cosas avanzan de tal manera que las ideas vinculadas al control cada vez son menos efectivas. Y eso sin duda puede suponer un problema, y a veces grave, pero también puede ser una oportunidad, porque nos obliga a poner más el acento en la educación, el autocontrol y la responsabilidad.

La generación joven sabe más de tecnología que la anterior, y la brecha no parece acortarse. Los adultos debemos centrar nuestro esfuerzo no tanto en el control como en transmitir algunas reflexiones sobre el uso de esas tecnologías, o quizá mejor en contrastar con ellos nuestras ideas sobre lo que las nuevas tecnologías deben ser en nuestra vida. Digo esto porque es fácil hablar con rotundidad sobre estos temas y equivocarse, porque la evolución es muy rápida y podemos tener un conocimiento bastante incompleto sobre las ventajas, oportunidades o amenazas que hay asociadas a todo esto.

Desde luego, si se cuida la calidad del ambiente en la familia, en la escuela, o en el ocio, la tecnología no tiene por qué ser un problema. Por parte de los adultos, tenemos que dar ejemplo de coherencia, porque quizá hablamos del aislamiento virtual de las redes sociales, y resulta que en nuestro entorno familiar o social estamos igualmente aislados, porque no buscamos con suficiente interés la conversación, la amistad, el intercambio de opiniones o de noticias, o estamos tan inmersos como ellos en otros mundos no menos virtuales.

No debemos estar a la defensiva. Tenemos que procurar que en la familia, en la escuela, en los entornos sociales en que nos movemos, haya proyectos que dinamicen ilusiones y movilicen energías, que impliquen a todos, que interesen. Tenemos que transmitir afán de saber, de aprender, de contrastar, de argumentar, y para eso internet es una herramienta fabulosa. Las redes sociales aportan toda una serie de posibilidades que pueden mejorar mucho el mundo en que vivimos. Quien tiene algo que buscar o que decir en internet es quien mejor lo aprovecha y quien menos riesgos corre. La tecnología vertebra en gran medida la vida del hombre de hoy. Tenemos que ingeniárnoslas para que su avance nos ayude a mejorar.

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