Sexo y sentimientos: ¿es necesario aprender?

Cuanto más vacío
está un corazón,
más pesa.

Madame Amiel Lapeyre

El amor y el sexo

El amor es la realización más completa de las posibilidades del ser humano. Es lo más íntimo y más grande, donde encuentra la plenitud de su ser, lo único que puede absorberle por entero.

Y el placer que se deriva de su expresión en el amor conyugal, es quizá el más intenso de los placeres corporales, y también quizá el que más absorbe.

El entusiasmo que produce un enamoramiento limpio y sincero saca al hombre o a la mujer de sí mismos para entregarse y vivir en y para el otro: es el entusiasmo mayor que tienen en su vida la mayoría de los seres humanos.

Cuando el placer y el amor se unen a la entrega mutua, es posible entonces alcanzar un alto grado de felicidad y de placer. En cambio —como ha escrito Mikel Gotzon Santamaría—, cuando prima la búsqueda del simple placer físico, ese placer tiende a convertirse en algo momentáneo y fugitivo, que deja un poso de insatisfacción. Porque la satisfacción sexual es en realidad solo una parte, y quizá la más pequeña, de la alegría de la entrega sexual con alma y cuerpo propia de la entrega total del amor conyugal. Continuar leyendo “Sexo y sentimientos: ¿es necesario aprender?”

¿Hay algo malo en el placer?

Si las acciones humanas
pueden ser nobles, vergonzosas o indiferentes,
lo mismo ocurre con los placeres correspondientes.
Hay placeres que derivan de actividades nobles,
y otros de vergonzoso origen.

Aristóteles

Una ansiosa búsqueda

«Buscaba el placer, y al final lo encontraba —cuenta C. S. Lewis en su autobiografía.

»Pero enseguida descubrí que el placer (ese u otro cualquiera) no era lo que yo buscaba. Y pensé que me estaba equivocando, aunque no fue, desde luego, por cuestiones morales; en aquel momento, yo era lo más inmoral que puede ser un hombre en estos temas.

»La frustración tampoco consistía en haber encontrado un placer rastrero en vez de uno elevado.

»Era el poco valor de la conclusión lo que aguaba la fiesta. Los perros habían perdido el rastro. Había capturado una presa equivocada. Ofrecer una chuleta de cordero a un hombre que se está muriendo de sed es lo mismo que ofrecer placer sexual al que desea lo que estoy describiendo.

»No es que me apartara de la experiencia erótica diciendo: ¡eso no! Mis sentimientos eran: bueno, ya veo, pero ¿no nos hemos desviado de nuestro objetivo?

»El verdadero deseo se marchaba como diciendo: ¿qué tiene que ver esto conmigo?». Continuar leyendo “¿Hay algo malo en el placer?”

¿Una obsesión inducida?

El amor casto
engrandece a las almas.

Víctor Hugo

La omnipresencia del sexo

Es cierto que, desde que el mundo es mundo, el sexo ha tenido siempre una gran presencia en todas las civilizaciones. El instinto de conservación y el instinto sexual (que es como el instinto de conservación de la especie) son los impulsos más fuertes a los que el hombre, desde siempre, ha estado sometido.

Sin embargo, estamos quizá ahora en una época un tanto especial. Como afirma Julián Marías, “el sexo ocupa un espacio absolutamente incomparable con el que le correspondía en cualquier otra época”. Es un reclamo comercial que se difunde masivamente, y la presencia de imágenes y estímulos sexuales en la vida del hombre de hoy no tiene comparación con ningún otro tiempo ni cultura.

Un alto porcentaje de los impulsos eróticos del hombre o la mujer de hoy son consecuencia directa de alguna incitación artificial, casi siempre mediante imágenes en los medios de comunicación o de entretenimiento, o bien del recuerdo de esas imágenes que permanece en la memoria y alimenta la imaginación. Y casi todas proceden de imágenes de televisión, vídeo, cine, internet, videojuegos, ilustraciones de revistas…, que son medios que hace no muchas décadas no existían, o al menos se tenía a ellos un acceso muy limitado. Y son imágenes que se presentan, por lo general, de modo incitante o provocador. Continuar leyendo “¿Una obsesión inducida?”

¿Un respiro de vez en cuando en cuestión de sexo?

Cuando el amor desenfrenado
entra en el corazón,
va royendo todos los demás sentimientos;
vive a expensas del honor,
de la fe y de la palabra dada.

Alejandro Dumas

Somos humanos…

—Todo el mundo tiene deseos y apetencias sexuales. Y como somos humanos, no podemos ignorar que lo natural es que tengamos debilidades. Muchos piensan que no se le debe dar mayor importancia.

Cuando se dice “somos humanos”, muchos parecen querer justificar que lo natural en el hombre es no tener dominio sobre las pasiones y los instintos.

Sin embargo, debemos esperar algo más de nosotros mismos. Somos seres dotados de inteligencia, voluntad y libertad. Dios nos ha otorgado el don de la sexualidad no para deshonrarlo, abusar de él y degradarlo, sino para darle un uso conforme a nuestra naturaleza de personas racionales.

Decir “somos humanos”, en ese sentido, conduce a un lenguaje equívoco:

He estado viendo una película pornográfica cuando mi mujer estaba fuera. ¿Qué quieres que te diga…? Somos humanos.

Mi novio me dice… lo que dicen todos. Que si es verdad que le quiero, que se lo demuestre. Que “eso” es necesario para el conocimiento mutuo. Que es muy importante para enamorarse de una persona “saber cómo funciona en eso”. Somos humanos.

La otra noche, en un congreso en otra ciudad, coincidí en el hotel con una rubia encantadora. Todo el mundo lo hace. Las cosas son diferentes hoy día. Somos humanos.

Algunas revistas traen unas páginas un poco fuertes. Las lee todo el mundo. Es verdad que son bastante morbosas, pero me gusta estar en lo que pasa y en lo que se ve en la sociedad de hoy. Somos humanos. Continuar leyendo “¿Un respiro de vez en cuando en cuestión de sexo?”

¿Se puede superar la adicción al sexo?

El amor consiste
en sentir que el ser sagrado
tiembla dentro del ser querido.

Platón

Adictos al sexo

En un estudio sobre la adicción sexual, Patricia Matey comenzaba diciendo: “La adicción al sexo es una de las dependencias menos confesadas y visibles de todas las que existen. No obstante, ha aumentado el número de pacientes que pide ayuda debido a las consecuencias de su trastorno: ruina económica, matrimonios rotos, problemas laborales, ansiedad y depresión”.

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¿Qué hacer con el deseo sexual no legítimo?

No huye el que se retira;
por que has de saber, amigo Sancho,
que me he retirado, no huido;
y en esto he imitado a muchos valientes,
que se han guardado para tiempos mejores,
y de esto están las historias llenas.

Don Quijote de la Mancha

Siempre el mismo regate

—¿Y por qué el hombre parece especialmente débil ante la tentación del sexo no legítimo?

El regate de la tentación es muy parecido en todos los ámbitos de la vida del hombre.

Si una persona quiere abandonar el alcohol, pero tiene a mano la botella, y su deseo es más fuerte que su razón, sucumbirá tarde o temprano. Y eso aunque luego no tarde mucho en darse cuenta de que la tentación le ha vuelto a engañar de nuevo. Y que además le ha engañado con el mismo quiebro de siempre.

Todo hombre tiene en su interior zonas más o menos extensas de oscuridad, de confusión, de obcecación. Momentos de ofuscación que hacen posible que ejecute una acción mala atraído por los aspectos engañosamente buenos que esa acción presenta.

Quizá por eso, la mejor baza de la tentación siempre ha sido lograr que, mientras dure, el resto del mundo parezca carente de interés. Su gran logro es cortar cualquier discurso racional en contra del deseo. Por eso, en muchos casos, lo más inteligente, la forma más segura de preservar la lucidez de la mente, es, simplemente, mantenerse a cierta distancia de la tentación. Conociendo la fuerza del instinto y la resistencia de la propia voluntad, sabremos a qué podemos exponernos y a qué no. Continuar leyendo “¿Qué hacer con el deseo sexual no legítimo?”

Te querré… ¿mientras me apetezcas?

El amor,
para que sea auténtico,
debe costarnos.

Madre Teresa de Calcuta

Placer individual, aunque en compañía

En el ser humano no hay épocas de celo que garanticen el ejercicio instintivo de la sexualidad, como sucede con los animales. El hombre ha de controlar su sexualidad, que no puede reducirse a una necesidad biológica, sino que debe responder a una libre decisión.

Cuando una persona no busca al otro o a la otra como fin, sino como un medio que proporciona un placer, podría decirse —en palabras de Carmen Segura—, que entonces, en esa actitud, hacer el amor sería más bien hacerse el amor, lo cual, evidentemente, tiene más que ver con la masturbación —pues se circunscribe a la búsqueda individualista de la propia satisfacción— que con el acto sexual, pues, en definitiva, aunque se realice por medio de otro, es algo que se hace para uno mismo.

Cuando lo que se busca sobre todo es aplacar el ansia de sexo, ese placer no alcanza a satisfacer, aunque calme provisionalmente la apetencia, porque todo placer corporal desvinculado de lo espiritual acaba resultando frustrante. Y su búsqueda aislada —individual o en compañía—, cuando se convierte en hábito, llega pronto a saturar y defraudar (y todo eso aunque resulte difícil dejarlo). Continuar leyendo “Te querré… ¿mientras me apetezcas?”