PRÓLOGO

Hablar de identidad en la escuela católica es hablar de una herencia que no se impone, sino que se transmite; de una pertenencia que no encierra, sino que abre horizontes; de una convicción que no adiestra, sino que educa en la libertad. Sin embargo, en tiempos de cambios vertiginosos, la identidad parece a menudo una cuestión incómoda, un ancla que algunos consideran obstáculo para avanzar. La tentación de diluirla en discursos genéricos o de encerrarla en una defensa reactiva siempre está presente. Pero una identidad que renuncia a interrogarse está condenada a la irrelevancia, y una que se cierra sobre sí misma se convierte en un estéril ejercicio de nostalgia. En palabras del autor: «Si no nos ocupamos de reflexionar sobre nuestra identidad, tendremos la identidad que el contexto nos imponga».

En este nuevo libro, Cuestión de identidad, Alfonso Aguiló vuelve a alejarnos de la comodidad de las respuestas fáciles, y nos plantea con rigor y profundidad un tema esencial: ¿cómo se vive y se transmite hoy la identidad en la escuela católica? Más aún, ¿qué significa esa identidad en un mundo donde lo educativo está cada vez más polarizado, en una sociedad donde la fe se ve desplazada al ámbito de lo privado y en un contexto donde la escuela cristiana debe justificar su propia existencia ante modelos educativos que presumen de neutralidad?

Una identidad que se interroga

La identidad no es una estructura rígida ni un refugio inmutable. Se construye en diálogo con la realidad, en la tensión entre la fidelidad a su origen y la necesidad de responder a nuevos desafíos. No hay identidad sin memoria, sin raíces, sin una historia que nos precede y nos explica. Pero tampoco hay identidad sin proyección de futuro, sin creatividad, sin capacidad de leer los signos de los tiempos, porque «la escuela católica es una historia de creatividad».

En este sentido, la escuela de ideario cristiano no puede contentarse con repetir fórmulas del pasado ni con preservar su legado como quien cuida un museo. Su identidad no está en la simple conservación de unas formas, sino en la autenticidad de su misión. Y esa misión exige algo más que transmitir contenidos: requiere educar en la libertad y en la responsabilidad, formar personas capaces de sostener un pensamiento propio en un mundo que premia el conformismo, enseñando a habitar con sentido la complejidad del presente.

Una identidad que se encarna

La identidad tampoco se reduce a un ideario, ni a un conjunto de normas y valores abstractos. Se expresa, sobre todo, en la mirada con la que educa, en la pedagogía que propone, en la manera en que las comunidades educativas viven y transparentan el Evangelio. Una identidad encarnada es aquella que no solo enseña, sino que testimonia. Que no solo habla de justicia, sino que la practica. Que no solo proclama el amor, sino que lo hace experiencia cotidiana en todos los espacios educativos.

En una época de creciente fragmentación, donde la educación se concibe a menudo como una cuestión técnica y no como un proceso humanizador, la escuela cristiana tiene el desafío de seguir ofreciendo una propuesta integral. No se trata solo de transmitir conocimientos, sino de educar en una visión del mundo que reconozca la dignidad de la persona, que enseñe a vivir en comunidad, que forme ciudadanos capaces de comprometerse con la construcción de una sociedad más justa.

Una identidad que dialoga

En una sociedad plural, la identidad católica no puede entenderse como una barrera frente a los otros, sino como una contribución específica al bien común. No puede limitarse a defenderse de un entorno hostil, sino que debe aprender a dialogar con él, a ofrecer respuestas con humildad y valentía. Como señala el autor, en línea con el papa Francisco, la escuela cristiana no es un búnker protector, sino un espacio de encuentro donde se aprende a pensar, a discernir, a convivir con la diferencia sin renunciar a la verdad.

Este diálogo exige claridad y coherencia. No se trata de diluir el mensaje para hacerlo aceptable, sino de proponerlo con autenticidad y convicción. La escuela católica no puede perder de vista su misión evangelizadora, pero tampoco puede caer en la tentación de imponer su visión. Su tarea no es adoctrinar, sino formar personas que puedan encontrar sentido en la propuesta cristiana, que sean capaces de interrogarse, de cuestionar, de descubrir la fe como un camino de búsqueda y no como un corsé impuesto desde fuera.

Educar con propósito

La cuestión de la identidad no es un debate teórico, sino una urgencia práctica. En un mundo donde la superficialidad y el pragmatismo amenazan con vaciar de contenido la educación, la escuela cristiana está llamada a ser un espacio de profundidad y de sentido. Como repite Alfonso Aguiló a lo largo del libro, educar no es solo transmitir valores, sino ofrecer una propuesta de vida con propósito. Porque lo que realmente deja huella en los alumnos no es solo lo que se dice, sino el horizonte de sentido que se les ayuda a descubrir.

Cuestión de identidad no es un libro complaciente ni conformista. Nos interpela, nos invita a la reflexión y, sobre todo, nos llama a la acción. En sus páginas encontramos un análisis lúcido y comprometido sobre el papel de la escuela católica en la actualidad, una propuesta que no se resigna a la irrelevancia ni a la autocomplacencia, sino que busca caminos, desde «su estilo propio, su propósito y su misión», para seguir siendo luz en medio de la complejidad de nuestro tiempo.

Porque cuidar la identidad no es encerrarse en lo propio ni replegarse en la autodefensa. Es, antes que nada, asumir con responsabilidad la vocación de ser, en el mundo educativo, testigos de una esperanza que se siembra cada día en el aula, en el diálogo, en la vida compartida. Es atreverse a seguir educando con autenticidad, con coraje, con fe. No podemos menos que agradecer a Alfonso Aguiló su voz didáctica, cargada de profetismo, que cuestiona, impulsa y, sobre todo, anima.

Fr. Pedro José Huerta Nuño, osst
Secretario General de Escuelas Católicas de España

 

CAPÍTULO I: PROTAGONISTAS DE LA PROPIA IDENTIDAD

Volver al índice: INDICE