Derecho a decidir, pero hay un tercero en juego

La peor verdad solo cuesta un gran disgusto.
La mejor mentira cuesta muchos disgustos pequeños
y al final, un disgusto grande.

Jacinto Benavente

A un paso de algo que parece importante

Cuando Macbeth se da cuenta de que no hay ningún obstáculo entre él y la corona de Escocia, salvo el cuerpo durmiente de Duncan, piensa que con solo realizar un acto cruel podrá ser feliz para toda la vida.

Y decide que compensa hacer ese mal para lograr un bien que considera muy grande.

Sin embargo, el efecto del crimen fue desconcertante e insoportable: un solo acto contra la ley introdujo a Macbeth en un ambiente mucho más sofocante que el de la ley. Continuar leyendo “Derecho a decidir, pero hay un tercero en juego”

Imperialismo demográfico: ¿quién decide quiénes sobran?

Al hombre de cada siglo
le salva un grupo de hombres
que se oponen a sus gustos.

Chesterton

Oscuras profecías

Desde que Thomas Malthus se equivocara, hace ya muchos años, al pronosticar que Inglaterra jamás podría soportar una población superior a diez millones de habitantes, han sido muchos los que continúan repitiendo periódicamente sus mismas y agoreras predicciones. El argumento siempre ha sido el mismo: si la población mundial continúa creciendo, el planeta camina inexorablemente hacia su ruina.

Sin embargo, si echamos una mirada a la historia, deberíamos ser comprensivos con Malthus. Hagamos un supuesto, remontándonos veinticinco o treinta siglos.

Si a los íberos que poblaban la ribera del río Manzanares antes de la llegada de los romanos, alguien les hubiera preguntado por la población máxima que podrían admitir aquellas tierras que ellos ocupaban, es muy probable que hubieran asegurado que allí no había caza para alimentar más que a unos pocos miles de personas; y que si hubiera más, se exterminaría a los elefantes y bisontes de que se alimentaban; y no habría madera para construir sus viviendas; y los pequeños campos cultivables serían insuficientes; etc. Continuar leyendo “Imperialismo demográfico: ¿quién decide quiénes sobran?”

Educar en la preadolescencia

Nunca alcanzarás una meta
más elevada
que la que te hayas propuesto.
E. G. White Continuar leyendo “Educar en la preadolescencia”

Lo propio de la edad

Si existen dos actitudes morales
que nuestro tiempo necesita con urgencia
son el autocontrol y el altruismo.
Daniel Goleman Continuar leyendo “Lo propio de la edad”

Echa una mirada a tu vida

El ejemplo noble
hace fáciles
los hechos más difíciles.
Goethe Continuar leyendo “Echa una mirada a tu vida”

Tu actitud

A pesar de que ya soy mayor,
sigo aprendiendo de mis discípulos.
Cicerón Continuar leyendo “Tu actitud”

Autoridad y libertad

La libertad es
la adecuada gestión de las ganas,
y unas veces habrá que seguirlas
y otras no.
José Antonio Marina Continuar leyendo “Autoridad y libertad”

El ambiente familiar

¿Qué cosa más grande
que tener a alguien
con quien te atrevas a hablar
como contigo mismo?
Cicerón Continuar leyendo “El ambiente familiar”

Educación de la voluntad y del carácter

El hombre inteligente
habla con autoridad
cuando dirige su propia vida.
Platón Continuar leyendo “Educación de la voluntad y del carácter”

Los renglones torcidos de Dios

Es mejor cojear por el camino
que avanzar a grandes pasos fuera de él.
Pues quien cojea en el camino,
aunque avance poco, se acerca a la meta,
mientras que quien va fuera de él,
cuanto más corre, más se aleja.

San Agustín

¿Cómo Dios permite tantos errores?

En los años siguientes a la Primera Guerra Mundial —cuenta José Orlandis—, un joven llamado Gétaz, que ocupaba un alto cargo dentro del socialismo suizo, recibió de su partido el encargo de elaborar un dossier para una campaña que se pretendía lanzar contra la Iglesia católica.

Gétaz puso manos a la obra, con la seriedad y el rigor propios de un político helvético, y recogió multitud de testimonios, estudió la doctrina católica y la historia del cristianismo desde sus primeros siglos, de modo que en poco tiempo logró reunir una amplísima documentación.

El resultado de todo aquello fue bastante sorprendente. Paso a paso, el joven político llegó al convencimiento de que la Iglesia católica no podía ser invención de hombres. Dos mil años de negaciones, sacudidas, cismas, conflictos internos, herejías, errores y transgresiones del Evangelio, la habían dejado, si no intacta, sí al menos en pie. Las propias deficiencias humanas que en ella se advertían a lo largo de veinte siglos, mezcladas siempre con ejemplos insignes de heroísmo y de santidad, las veía como un argumento a favor de su origen divino: “Si no la hubiera hecho Dios —concluyó—, habría tenido que desaparecer mil veces de la faz de la tierra”.

El desenlace de todo aquel episodio fue muy distinto a lo que sus jefes habían planeado. Gétaz se convirtió al catolicismo, se hizo fraile dominico, y en su cátedra del Angelicum, en Roma, enseñó durante muchos años, precisamente, el tratado acerca de la Iglesia. Sus clases tenían el interés de ser, en buena medida, como un relato autobiográfico, como el eco del itinerario de su propia conversión. Continuar leyendo “Los renglones torcidos de Dios”