Mario Santana, “La Guerra Santa en el Corán”, BC, 18.IX.01

Con mucha frecuencia, oímos afirmaciones sobre la belicosidad del Islam. Unas veces se aducen razones humanas, les vemos por televisión gritando, exaltados, profiriendo palabras de guerra…, otras veces escuchamos algunas interpretaciones de los textos del Corán.

Queremos que conozcas de primera mano las afirmaciones que hace el Corán sobre lo que llamamos la guerra santa. Te ofrecemos los textos coránicos, al menos los más importantes, que nos ayuden a entender cómo entiende un musulmán la revolución armada en nombre de Dios.

La traducción del Corán la hemos tomado de la versión al castellano de Julio Cortés, de la editorial Herder de Barcelona, 1986. Hemos comprobado así mismo, los textos de la traducción bilingüe del Corán editado en la República Islámica de Irán por el mismo autor, y hemos optado como referencia la primera obra citada, de la cual extraemos los textos.

El mundo musulmán, en general, es muy reacio a las traducciones del Corán a otras lenguas, ya que piensan que se desvirtúa el sentido de los términos que en él se vierten.

Hay que tener en cuenta que también el Corán tiene, según las distintas escuelas espirituales, una interpretación teológica de los textos; por ello nada más conveniente que no tomar al pie de la letra las afirmaciones que vamos a descubrir en la escritura sagrada del Islam.

Nosotros nos aproximamos a este libro desde un contexto racional, vivencial y experiencial totalmente distinto al de los musulmanes. Nuestras cosmovisiones son radicalmente distintas en muchos aspectos, por eso no nos deben de extrañar que algunas afirmaciones suenen duras a nuestros oídos.

Hay que leer estos textos con el cariño de un hermano, con la ternura de una madre y con la alegría de un creyente; todo ello lo llamamos de una manera muy sencilla: tolerancia.

El musulmán ve en el Corán un texto monolítico al que hay que comentar, no que desmontar, como se ha hecho con la Biblia, para poder entenderla. El Corán es un libro valioso por su unidad que ayuda a entender otros aspectos y afirmaciones de las complejidades de la vida.

Es una experiencia ciertamente curiosa leer los mismos textos que han leído una y otra vez los terroristas muertos en EEUU. Sin duda, algunos de estos textos nos ayudarán a entender el porqué de las cosas que desgraciadamente han ocurrido en este triste mes de septiembre.

La guerra santa: textos del Corán Sura 2: 190-195 “Combatid por Dios contra quienes combatan contra vosotros, pero no os excedáis. Dios no ama a los que se excenden. Matadles donde deis con ellos, y expulsadles de donde os hayan expulsados. “Tentar es más grave que matar. No combatáis contra ellos junto a la Mezquita Sagrada, a no ser que os ataquen allí. Así que, si combaten contra vosotros, matadles: ésa es la retribución de los infieles. Pero, si cesan, Dios es indulgente, misericordioso. “Combatid contra ellos hasta que dejen de induciros a apostatar y se rinda culto a Dios. Si cesan, no haya más hostilidades que contra los impíos. “El mes sagrado por el mes sagrado. Las cosas sagradas caen bajo la ley del talión. Si alguien os agrediera, agredidle en la medida que os agredió. Temed a Dios y sabed que Él está con los que Le temen. Gastad por la causa de Dios y no os entreguéis a la perdición. Haced el bien. Dios ama a quienes hacen el bien”.

Sura 3: 142 “O ¿creéis que vais a entrar en el Jardín sin que Dios haya sabido quiénes de vosotros han combatido y quiénes han tenido paciencia?” Sura 4: 71-78 “¡Creyentes! ¡Tened cuidado! Acometed en destacamentos o formando un solo cuerpo. Hay entre vosotros quien se queda rezagado del todo y, si os sobreviene una desgracia, dice: Dios me ha agraciado, pues no estaba allí con ellos. Pero, si Dios os favorece, seguro que dice, como si no existiera ninguna amistad entre vosotros y él: ¡Ojalá hubiera estado con ellos, habría obtenido un éxito grandioso!. “¡Que quienes cambian la vida de acá por la otra combatan por Dios! A quien, combatiendo por Dios, sea muerto o salga victorioso, le daremos una magnífica recompensa. “¿Por qué no queréis combatir por Dios y por los oprimidos —hombres, mujeres y niños—, que dicen: ¡Señor! ¡Sácanos de esta ciudad, de impíos habitantes! ¡Danos un amigo designado por Ti! ¡Danos un auxiliar designado por Ti!? “Quienes, creen, combaten por Dios. Quienes no creen, combaten por los taguts (en árabe taguts viene a significar todo lo que es adorado fuera de Dios y aleja de Él: demonios, ídolos, magos, adivinos…). “Combatid, pues, contra los amigos del Demonio. ¡Las artimañas del Demonio son débiles! ¿No has visto a aquellos a quienes se dijo: ¡Deponed las armas! ¡Haced la azalá y dad el azaquel? Cuando se les prescribe el combate, algunos de ellos tienen tanto miedo de los hombres como deberían tener de Dios, o aún más, y dicen: ¡Señor! ¿Por qué nos has ordenado combatir? Si lo dejaras para un poco más tarde… Di: El breve disfrute de la vida de acá es mezquino. La otra vida es mejor para quien teme a Dios. No se os tratará injustamente en lo más mínimo. “Dondequiera que os encontréis, la muerte os alcanzará, aun si estáis en torres elevadas. Si les sucede un bien, dicen: Esto viene de Dios. Pero, si es un mal, dicen: Esto viene de ti. Di: Todo viene de Dios. Pero, ¿qué tienen estos, que apenas comprenden lo que se les dice?” Sura 4: 94-96 “¡Creyentes! Cuando acudáis a combatir por Dios, cuidado no digáis al primero que os salude: ¡Tú no eres creyente, buscando los bienes de la vida de acá. Dios ofrece abundantes ocasiones de obtener botín. Vosotros también erais así antes y Dios os agració! ¡Cuidado, pues, que Dios está bien informado de lo que hacéis! “Los creyentes que se quedan en casa, sin estar impedidos, no son iguales que los que combaten por Dios con su hacienda y sus personas. Dios ha puesto a los que combaten con su hacienda y sus personas un grado por encima de los que se quedan en casa. A todos, sin embargo, ha prometido Dios lo mejor, pero Dios ha distinguido a los combatientes por encima de quienes se quedan en casa con una magnífica recompensa, con el rango que junto a Él ocupan, con perdón y misericordia. Dios es indulgente, misericordioso.” Sura 8: 59-66 “¡Que no crean los infieles que van a escapar! ¡No podrán! ¡Preparad contra ellos toda la fuerza, toda la caballería que podáis para amedrentar al enemigo de Dios y vuestro y a otros fuera de ellos, que no conocéis pero que Dios conoce! Cualquier cosa que gastéis por la causa de Dios os será devuelta, sin que seáis tratados injustamente. Si, lo contrario, se inclinan hacia la paz, inclínate tú también hacia ella! ¡Y confía en Dios! Él es Quien todo lo oye, Quien todo lo sabe. “Si quieren engañarte, debe Dios bastarte. Él es Quien te ha fortalecido con Su auxilio y con los creyentes, cuyos corazones Él ha reconciliado. Tú, aunque hubieras gastado todo cuanto hay en la tierra, no habrías sido capaz de reconciliar sus corazones. Dios, en cambio, los ha reconciliado. Es poderoso, sabio. “¡Profeta! ¡Que Dios te baste! ¡Y a los creyentes que te han seguido! “¡Profeta! ¡Anima a los creyentes al combate! Si hay entre vosotros veinte hombres tenaces, vencerán a doscientos. Y si cien, vencerán a mil infieles, pues éstos son gente que no comprende. Ahora, Dios os ha aliviado. Sabe que sois débiles. Si hay entre vosotros cien hombres tenaces, vencerán a doscientos. Y si mil. vencerán a dos mil, con permiso de Dios. Dios está con los tenaces”.

Sura 8: 72-75 “Los creyentes que emigraron y combatieron con su hacienda y sus personas por la causa de Dios y los que les dieron refugio y auxilio, ésos son amigos unos de otros. Los creyentes que no emigraron no serán nada amigos hasta tanto que emigren. Si os piden que les auxiliéis en nombre de la religión, debéis auxiliarles, a menos que se trate de ir contra un pueblo con el que os una un pacto. Dios ve bien lo que hacéis. “Los infieles son amigos unos de otros. Si no obráis así, habrá en la tierra desorden y gran corrupción. Los creyentes que emigraron y lucharon por Dios, y quienes les dieron refugio y auxilio, ésos son los creyentes de verdad. Tendrán perdón y generoso sustento. “Quienes, después, creyeron, emigraron y combatieron con vosotros, ésos son de los vuestros. Con todo, y según la Escritura de Dios, los unidos por lazos de consanguinidad están más cerca unos de otros. Dios es ominiscente”.

Sura 9: 5-16 “Cuando hayan transcurridos los meses sagrados, matad a los asociadores dondequiera que les encontréis. ¡Capturadles! ¡Sitiadles! ¡Tendedles emboscadas por todas partes! Si se arrepienten, hacen la azalá y dan el azaque, ¡dejadles en paz! Dios es indulgente, misericordioso. “Si uno de los asociadores te pide protección, concédesela, para que oiga la Palabra de Dios. Luego, facilítale la llegada a un lugar en que esté seguro. Es que son gente que no sabe. “¿Cómo podrán los asociadores concertar una alianza con Dios y con Su Enviado, a no ser aquéllos con quienes concertateis una alianza junto a la Mezquita Sagrada? Mientras cumplan con vosotros, cumplid con ellos. Dios ama a quienes Le temen. “¿Cómo si, cuando os vencen, no respetan alianza ni compromiso con vosotros? Os satisfacen con la boca, pero sus corazones se oponen y la mayoría son unos perversos. Han malvendido los signos de Dios y han desviado a otros de Su camino. ¡Qué detestable es lo que han hecho! “No respetan alianza ni compromiso con el creyente. ¡Ésos son los que violan la ley! Si se arrepienten, hacen la azalá y dan el azaque, serán vuestros hermanos en religión. Exponemos claramente las aleyas a gente que sabe. Pero, si violan sus juramentos después de haber concluido una alianza y atacan vuestra religión, combatid contra los jefes de la incredulidad. No respetan ningún juramento. Quizás, así, desistan. “¿Cómo no vais a combatir contra gente que ha violado su juramento, que hubiera preferido expulsar al Enviado y os atacó primero? ¿Les tenéis miedo, siendo así que Dios tiene más derecho a que Le tengáis miedo? Si es que sois creyentes… “¡Combatid contra ellos! Dios les castigará a manos vuestras y les llenará de vergüenza, mientras que a vosotros os auxiliará contra ellos, curando así los pechos de gente creyente y desvaneciendo la ira de sus corazones. Dios se vuelve hacia quien Él quiere. Dios es omniscente, sabio. “¿Os habéis creído que se os iba a dejar en paz y que Dios aún no conoce quiénes de vosotros han combatido sin trabar amistad con nadie, fuera de Dios, de Su Enviado y de los creyentes? Dios está bien informado de lo que hacéis”.

Sura 9: 29-31 “¡Combatid contra quienes, habiendo recibido la Escritura no creen en Dios ni en el último Día, ni prohíben lo que Dios y Su Enviado han prohibido, ni practican la religión verdadera, hasta que, humillados, paguen el tributo directamente! “Los judíos dicen: Uzayr es el hijo de Dios. Y los cristianos dicen: El Ungido es el hijo de Dios. Eso es lo que dicen de palabra. Remedan lo que ya antes habían dicho lo infieles. ¡Que Dios les maldiga! ¡Cómo pueden ser tan desviados! “Han tomado a sus doctores y a sus monjes, así como al Ungido, hijo de María, como señores, en lugar de tomar a Dios, cuando las órdenes que habían recibido no eran sino de servir a un Dios Uno. ¡No hay más dios que Él! ¡Está por encima de lo que Le asocian!” Sura 9: 38-52 “¡Creyentes! ¿Qué os pasa? ¿Por qué, cuando se os dice: Id a la guerra por la causa de Dios!, permanecéis clavados en tierra? ¿Preferís la vida de acá a la otra? Y ¿qué es el breve disfrute de la vida de acá comparado con la otra, sino bien poco…? Si no vais a la guerra, os infligirá un doloroso castigo. Hará que otro pueblo os sustituya, sin que podáis causarle ningún daño. Dios es omnipotente. Si le negáis auxilio, Dios sí que le auxilió cuando, expulsado por los infieles, con un solo compañero, le decía a éste estando los dos en la cueva: ¡No estés triste! ¡Dios está con nosotros! Dios hizo descender sobre él Su sakina y le roforzó con legiones invisibles a vuestros ojos. Dios puso Su Palabra por encima de la palabra de los infieles. Dios es poderoso, sabio. “¡Id a la guerra, tanto si os es fácil como si os es difícil! ¡Luchad por Dios con vuestra hacienda y vuestras personas! Es mejor para vosotros. Si supierais… “Si se hubiera tratado de una ventaja inmediata o de un viaje corto, te habrían seguido, pero el objetivo les ha parecido distante. Jurarán por Dios: Si hubiéramos podido, os habríamos acompañado a la guerra. Se pierden a sí mismos. Dios sabe que mienten. “¡Que Dios te perdona! ¿Por qué les has dispensado antes de haber distinguido a los sinceros de los que mienten? “Quienes creen en Dios y en último Día no te piden dispensa cuando de luchar con su hacienda y sus personas se trata. Dios conoce bien a los que Le temen. Sólo te piden dispensa quienes no creen en Dios y en el útlimo Día, aquéllos cuyos corazones están llenos de dudas y que, por dudar, vacilan. Si hubieran querido ir a la guerra, se habrían preparado para ello, pero Dios no ha aprobado su marcha. les ha infundido pereza y se les ha dicho: ¡Quedaos con los que se quedan! Si os hubieran acompañado a la guerra, no habrían hecho más que aumentar la confusión y habrían sembrado la desconfianza entre vosotros, buscando soliviantaros. Hay entre vosotros quienes dan oídos a lo que dicen, pero Dios conoce bien a los impíos. Ya buscaron antes soliviantar y enredaron bien tus asuntos hasta que vino la Verdad y apareció la orden de Dios, a despecho de ellos. Hay entre ellos quien dice: ¡Dispénsame! y no me tientes! Pero ¿es que no han caído ya en la tentación? La gehena, ciertamente, cercará a los infieles. Si te sucede algo bueno, les duele, y, si te aflige una desgracia, dicen: Ya hemos tomado nuestras precauciones! Y se van tan contentos… “Di: Sólo podrá ocurrirnos lo que Dios nos haya predestinado. Él es nuestro Dueño. ¡Que los creyentes, pues, confíen en Dios! “Di: ¿Qué podéis esperar para nosotros sino de las dos contingencias más bellas? Nosotros, en cambio, esperamos que Dios os aflija con un castigo venido de Él o a manos nuestras. ¡Esperad , pues! Nosotros también esperamos con vosotros”.

Sura 9: 81-89 “Los dejados atrás se alegraron de poder quedarse en casa en contra del Enviado de Dios. Les repugnaba luchar por Dios con su hacienda y sus personas y decían: No vayáis a la guerra con este calor. Di: El fuego de la gehena es aún más caliente. Si entendieran… “¡Que rían, pues, un poco! Ya llorarán, y mucho, como retribución de lo que han cometido. Si Dios vuelve a llevarte a un grupo de ellos y te piden permiso para ir a la guerra, di :¡No iréis nunca conmigo! ¡No combatiréis conmigo contra ningún enemigo! Preferisteis una vez quedaros en casa. ¡Quedaos, pues, con los que se quedan detrás! “¡No ores nunca por ninguno de ellos cuando muera, ni te detengas ante su tumba! No han creído en Dios, y en Su Enviado y han muerto en su perversidad. “¡No te maravilles de su hacienda y de sus hijos! Dios sólo quiere con ello castigarles en la vida de acá y que exhalen su último suspiro siendo infieles. “Cuando se revela una sura: Creed en Dios y combatid junto a Su Enviado, los más ricos de ellos te piden permiso y dicen: Deja que nos quedemos con los que se quedan! Prefieren quedarse con las mujeres dejadas detrás. Han sido sellados sus corazones, así que no entienden. Pero el Enviado y los que con él creen combaten con su hacienda y sus personas. Suyas serás las cosas buenas. Ésos son los que prosperarán. Dios les ha preparado jardines por cuyos bajos fluyen arroyos, en los que estarán eternamente. ¡Ése es el éxito grandioso!” Sura 16: 110 “Tu Señor, para quienes hayan emigrado, después de haber sufrido pruebas y de haber, luego, combatido y tenido paciencia, tu Señor, serás, ciertamente, después de eso, indulgente, misericordioso”.

Sura 22: 39-41 (Permiso para combatir) “Les está permitido a quienes son atacados, porque han sido tratados injustamente —Dios es, ciertamente, poderoso para auxiliarles—. “A quienes han sido expulsados injustamente de sus hogares, sólo por haber dicho: Nuestro Señor es Dios. Si Dios no hubiera rechazado a unos hombres valiéndose de otros, habrían sido demolidas ermitas, iglesias, sinagogas y mezquitas, donde se menciona mucho el nombre de Dios. Dios auxiliará, ciertamente, a quienes Le auxilien. Dios es, en verdad, fuerte, poderoso. “A quienes, si les diéramos poderío en la tierra, harían la azalá, darían el azaque, ordenarían lo que está bien y prohibirían lo que está mal. El fin de todo es Dios…” Sura 29: 6 “Quien combate por Dios, combate, en realidad, en provecho propio. Dios, ciertamente, puede prescindir de las criaturas”.

Sura 47: 4-13 “Cuando sostengáis, pues, un encuentro con los infieles, descargad los golpes en el cuello hasta someterles. Entonces, atadlos fuertemente. Luego devolvedles la libertad, de gracia o mediante rescate, para que cese la guerra. Es así como debéis hacer. Si Dios quisiera, se defendería de ellos, pero quiere probaros a unos por medio de otros. No dejará que se pìerdan las obras de los que hayan caído por Dios. Él les dirigirá, mejorará su condición y les introducirá en el Jardín, que Él les habrá dado ya a conocer. “¡Creyentes! Si auxiliáis a Dios, Él os auxiliará y afirmará vuestros pasos. ¡Ay de aquéllos, en cambio, que no hayan creído! Invalidará sus obras. Y esto es así porque les repugnó la revelación de Dios. E hizo vanas sus obras. “¿No han ido por la tierra y mirado cómo terminaron sus antecesores? Dios los destruyó. Y los infieles tendrán un fin semejante. Y esto así porque Dios es el Protector de los creyentes, mientras que los infieles no tienen protector. “Dios introducirá a quienes hayan creído y obrado bien en jardines por cuyos bajos fluyen arroyos. Quienes, en cambio, hayan sido infieles, gozarán brevemente y comerán como comen los rebaños. Tendrán el Fuego por morada. ¡Cuántas ciudades hemos hecho perecer, más fuertes que tu ciudad, que te ha expulsado, sin que hubiera quien les auxiliara!” Sura 47: 35-38 “¡No flaqueéis, pues, invitando a la paz, ya que seréis vosotros los que ganen! Dios está con vosotros y no dejará de premiar vuestras obras. La vida de acá es sólo juego y distracción; pero, si creéis y teméis a Dios, Él os recompensará sin reclamaros vuestros bienes. Si os lo reclamara con insistencia, os mostraríais avaros y descubriría vuestro odio. “He aquí que sois vosotros los invitados a gastar por la causa de Dios, pero hay entre vosotros algunos avaros. Y quien es avaro lo es, en realidad, en detrimento propio. Dios es Quien Se basta a Sí mismo, mientras que sois vosotros los necesitados. Y , si volvéis la espalda, hará que otro pueblo os sustituya, que no será como vosotros”.

Sura 49: 15 “Son creyentes únicamente los que creen en Dios y en Su Enviado, sin abrigar ninguna duda, y combaten por Dios con su hacienda y sus personas. ¡Ésos son los veraces!” Sura 61: 10-13 “¡Creyentes! ¿Queréis que os indique un negocio que os librará de un castigo doloroso? ¡Creed en Dios y en Su Enviado y combatid por Dios con vuestra hacienda y vuestras personas! Es mejor para vosotros. Si supierais… “Así os perdonará vuestros pecados y os introducirá en jardines por cuyos bajos fluyen arroyos y en viviendas agradables en los jardines del edén. ¡Ése es el éxito grandioso! Y otra cosa, que amaréis: el auxilio de Dios y un éxito cercano ¡Y anuncia la buena nueva a los creyentes! “¡Creyentes! Sed los auxiliares de Dios como cuando Jesús, hijo de María, dijo a los apóstoles: ¿Quiénes son mis auxiliares en la vía que lleva a Dios?. Los apóstoles dijeron: Nosotros somos los auxiliares de Dios. De los hijos de Israel unos creyeron y otros no. Fortalecimos contra sus enemigos a los que creyeron y salieron vencedores”.

Llamamiento a la guerra. Sura 8: 39 “Combatid contra ellos hasta que dejen de induciros a apostatar y se rinda todo el culto a Dios. Si cesan. Dios ve bien lo que hacen”.

Combatir por los oprimidos. Sura 4: 75 “¿Por qué no queréis combatir por Dios y por los oprimidos —hombres, mujeres y niños—, que dicen: ¡Señor! ¡Sácanos de esta ciudad, de impíos habitantes! ¡Danos un amigo designado por Ti! ¡Danos un auxiliar designado por Ti!” © Mario Santana Bueno, www.buzoncatolico.com

José Morales, “El cristianismo y las religiones”, Palabra, IX.01

La Iglesia mantiene una actitud positiva hacia las tradiciones no cristianas.

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José Miguel Odero, “Evangelización e Islam”, ARVO, IX.01

En los comienzos del III Milenio cristiano se hace pertinente un examen de cuáles han sido los progresos en la labor evangelizadora de la Iglesia y de qué tareas, por el contrario, merecen una nueva y especial atención y esfuerzo pastoral. Es sabido cómo el actual Pontífice ha destacado reiteradamente que los cristianos no podemos conformarnos con la escasa difusión del Evangelio alcanzada hasta ahora en Asia, pues el mandato apostólico de Cristo tiene un carácter universal y transcultural.En este sentido el teólogo debe preguntarse con audacia cuáles son los obstáculos que han “impermeabilizado” la mentalidad de los pueblos semíticos – especialmente todos aquellos que hoy soy confesionalmente musulmanes – ante el Evangelio de Jesús, cuando dicho Evangelio fue predicado originariamente en una lengua asiática y semítica, cuando la predicación de Jesús y de sus Apóstoles se inculturó de forma inicial en formas propias de los pueblos que – como es el caso del Islam – reconocen a Abraham como su padre en la fe, cuando la primera expansión del Islam tuvo por escenario lugares como Egipto, Siria o el Magreb donde estaba presente la Iglesia desde los inicios de ésta [1].Una de las cuestiones abordadas en la Segunda Asamblea Especial para Europa del Sínodo de los Obispos (1999) fue precisamente este mismo reto evangelizador. La actual presencia masiva de musulmanes que vienen a trabajar y a vivir en la Europa contemporánea es sólo un germen – según los pronósticos económicos y demográficos – de lo que en este siglo XXI será con toda probabilidad una ingente ola inmigratoria de colectividades procedentes de países norafricanos (tanto mediterráneos como subsaharianos), colectividades todas ellas igualmente musulmanas.De la urgencia que reviste este esfuerzo de evangelización da idea una reciente Pastoral de los Obispos italianos, en la cual se desaconsejan los matrimonios mixtos con musulmanes: un hecho que sociológicamente será más frecuente, pero del cual la Iglesia tiene una experiencia claramente negativa; las familias surgidas de dichas uniones lejos de ser vehículo de evangelización, resultan ser en la mayoría de los casos una ocasión próxima para que el cónyuge cristiano abandone la práctica de su fe [2].El presente estado de cosas dibujado así de modo somero suscita consecuentemente – como antes se apuntaba – la reflexión del teólogo. ¿Por qué la evangelización en culturas musulmanas resulta especialmente ardua? ¿Qué actitudes específicas del creyente musulmán (muslim) se oponen a la acción santificadora del Espíritu de Cristo? Y, sobre todo, ¿cuáles han de ser las líneas maestras que deben guiar la acción apostólica de los cristianos entre los musulmanes? Peculiaridad del Islam como religión Antes de abordar qué características del Islam se oponen más específicamente al Evangelio y a la evangelización, conviene hacer notar la asimetría formal que existe entre Islam e Iglesia Católica. Suele decirse que ha sido muy característico de los católicos saber qué es lo que creen en común y saber porqué lo creen. Esta claridad a la hora de determinar en qué consiste ser católico (la unidad en la fe) permite hablar en un sentido muy concreto de la Iglesia católica. Ahora bien, en el caso del Islam – como en el de otras muchas religiones – la esencia del ser musulmán no se muestra de forma tan inmediata ni indubitable ante los ojos del observador. Porque existen muchos modos de ser musulmán, cada uno de los cuales pretendiendo ser “el único modo legítimo”. En parte, ello es fruto de exclusiones mutuas de unos grupos respecto de los demás, pero sobre todo se explica porque en la comunidad islámica no existe una autoridad jerárquica de tipo magisterial similar a la del Colegio Episcopal y a la de su cabeza, el Obispo de Roma. El Islam no cuenta, en definitiva, con un común punto de referencia similar y ni siquiera análogo al que poseen los más de mil millones de católicos en el mundo.El Islam no contempla la existencia sobre la Tierra de una autoridad permanente a la cual Dios haya encomendado de forma eficaz “atar y desatar” al unísono del atar y desatar divino, constituyéndola en sacramento y ministerio de unidad [3].. En este sentido, ni los musulmanes ni tampoco los estudiosos de la religiosidad islámica están en condiciones de determinar a priori si es más ortodoxo – más fiel al deseo divino del cual se habría hecho eco Mahoma – un fundamentalista como el paquistaní Mawdúdí (1903-1979) que preconiza la constitución de una Estado y sociedad que se atengan literalmente a El Corán y a la Sunna, o bien si resultan ser más fieles al carisma original divino quienes se esfuerzan por vivir el espíritu del Islam, desechando sin dudarlo elementos culturales caducos – costumbres marcadamente medievales o arábigas – aunque dichos elementos hayan pervivido durante siglos como sagrados e intocables.¿Qué es lo esencial y definitorio del Islam? Ante esta pregunta muchos traen a colación las llamados “cinco pilares del Islam”: confesión de fe, oración ritual diaria (al-salat), la prestación pecuniaria obligatoria (al-zakat), la peregrinación ritual a La Meca y el ayuno durante el mes del Ramadán [4]. En realidad, todas estas prácticas simbólicas constituyen la catequesis apropiada para realizar el acto de islam: el acto y la actitud de someterse absolutamente al Señorío del único Dios, viviendo como siempre y en todo como siervo de Dios (‘abd ´Alá) [5].Este acto de fe fundamental es notablemente similar a la fe bíblica y neotestamentaria: el hombre ha de vivir para Dios, no para sí mismo. Juan Pablo II se muestra buen conocedor del Islam al reiterar que judíos, cristianos y musulmanes son las tres grandes religiones monoteístas; más aún, se revela como buen conocedor del mismo Corán al describir a estas tres colectividades religiosas como “los hijos de Abraham”.En efecto, Abraham (Ibrahim) aparece descrito en El Corán como el prototipo del hombre creyente en Dios, del que confía en Él, de quien se somete totalmente a su Voluntad. Abraham es el perfecto creyente. Así, el carácter sagrado de la Kaaba proviene de que – según Mahoma – fue el templo erigido por Abraham tras sacrificar a su hijo. La peregrinación a La Meca y sus rituales específicos (en especial, los sacrificiales) se entienden como reiteración de la suprema sumisión a Dios que hiciera allí mismo Abraham.La fe sumisa a Dios conduce inmediatamente a una actitud ética de sometimiento a la Voluntad divina. Este es el sentido prístino de la sunna, que designa el modo de vivir propio de un creyente, ejemplarizado en la vida de Mahoma [6]. La sunna se crea alrededor de un núcleo fundamental, que en líneas generales coincide con los preceptos del Decálogo – es decir, con normas que la cultura cristiana considera contenidos de ley divina natural – (cf. Corán 17, 22-39).Mahoma, por su parte, se presenta como último eslabón de una cadena de testigos que Dios ha enviado a los hombres durante su historia para hacerles ver la gloria de Dios y la adoración singular que Él merece por parte de cada persona humana. Mahoma sería el último de los profetas, inmediatamente posterior a Jesús “el hijo de María”, y habría estado precedido también en su tarea profética por el patriarca José – el hijo de Jacob – , por Moisés y otros.Ahora bien, los estudiosos de El Corán disciernen en este texto determinadas suras que se limitan a presentar el Islam en esa continuidad con la religiosidad humana auténtica, una actitud compartida especialmente por judíos y cristianos. Se trata de aquellas predicadas en La Meca antes de la Hégira.Por el contrario, las suras predicadas posteriormente en Medina se tiñen de un novedoso carácter polémico, que refleja la historia misma de la comunidad islámica. En Medina se produjo, en efecto, un enfrentamiento abierto con la tribu árabe judía de los Beni Kainuká, obligada por Mahoma a abandonar la ciudad. Desde entonces el profeta del Islam dejó de orar postrándose en dirección a Jerusalén, y eligió a La Meca – con sus connotaciones abrahámicas – como nuevo norte de su plegaria. En estos años concede el permiso de llevar adelante la difusión del Islam mediante la guerra. En fin, entonces escribe: “Abraham no era ni judío ni cristiano. Era monoteísta puro (kalil) y musulmán” (Corán, 3, 67). Sólo los musulmanes han recibido a través de Mahoma “el Libro de Alá”; los hebreos y cristianos sólo recibieron “una parte del Libro”; su vocación consiste, pues, en llegar a ser musulmanes plenamente (Corán, 3, 23) [7].Mahoma se convierte así en “el Profeta”, es decir, en el único profeta que ha transmitido a los hombres la plena revelación de Dios, una religión (dín) perfecta ya concluida, la religión verdadera, la única querida por Dios (cf. Corán 5, 3; 3, 19). Moisés y Jesús habrían fracasado en esta tarea, lo cual se muestra – afirma Mahoma – en las divisiones doctrinales internas que sufren judíos y cristianos [8]. El Corán es terminante al respecto: “Quienquiera que desee una religión diversa del Islam no será aceptado [por Dios], y en el más allá se encontrará entre los perdidos” (3, 85). Sólo el Islam es vía de salvación [9].Esta institucionalización exclusivista de la fe islámica lleva a separar de hecho el acto de creer en Dios (‘ímán) y la praxis propia del creyente (islam); a su vez, la univocidad originaria del término islam “queda perdida de modo total. Junto al doble sentido de actitud existencial y de modo global de vida que supone convicciones y praxis – fe y obras – , el término islam queda limitado a [designar] un solo aspecto de la religión: el ritual, la práctica del culto” [10]. La pertenencia a la comunidad islámica (umma) tiende a identificarse en la práctica con la adhesión al culto específicamente islámico. Este fenómeno de translación semántica es comprensible, si se considera que los musulmanes han esperimentado vivamente en su historia pasada y contemporánea las dificultades insoslayables que impiden a la umma poseer “un mismo espíritu” (Hechos 2,46) y compartir “una misma fe” (Ef 4,5) [11].Mahoma, profeta y líder político, cedió a la tentación de considerar que Dios permitió a la umma islámica el uso de la violencia para fines religiosos [12]. Primero alude a ella como derecho a la autodefensa: “Combatid en el sendero de Dios a quienes os combaten” (Corán 2, 190). Más tarde, en los días postreros de su vida abre las puertas a una escalada coactiva: “Combatid a quienes no creen en Dios ni en el último Día, a quienes no prohíben lo que han prohibido Dios y su mensajero y – entre los que han recibido el Libro [judíos y cristianos] – a quienes no profesan la religión de la verdad, hasta que no paguen la prestación pecuniaria (al-djizya) con sus propias manos tras haber sido humillados” (Corán 9, 29). Este espíritu de lucha (djihad), esta declaración formal contra la libertad religiosa civil se constituirá de hecho en un punto de apoyo para arbitrariedades casi ilimitadas por parte de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial, que hacen sumamente precaria y penosa la existencia de cristianos en sociedades de mayoría musulmana [13].Pero la sangre derramada durante la historia de la Umma no se limita ni mucho menos a la persecución de los no musulmanes. Contra los deseos más íntimos de su fundador, que predicó vivamente la necesidad de que reinara la paz dentro de la umma [14], el Islam iba a sufrir desde sus mismos inicios trágicas divisiones (sobre todo a raíz de la batalla de Shiffín en el año 657, apenas veinticinco años tras la muerte de Mahoma) [15]. Estas divisiones enfrentarían a unos musulmanes contra otros de una manera mucho más drástica, sangrienta y persistente que las “guerras de religión” europeas; para un muslim devoto este hecho constituye “la gran prueba” o castigo de Dios [16].

El Islam: religiosidad, cultura y política Las primeras predicaciones de Mahoma se centraron en un núcleo de carácter netamente religioso: en la fe y en las obras mediante las cuales el hombre puede disponerse a realizar ese acto de fe / sumisión. Dichas obras son principalmente de tipo cúltico y ético.Ahora bien, una vez instalado en Medina, Mahoma decidió determinar muchas cuestiones de orden social y político, estableciendo así una vinculación religiosa entre determinadas formas culturales y la fe en Dios.A este respecto su postura difiere fundamentalmente de la adoptada por Jesús, quien se negó repetidamente a regular “las cosas del César”, es decir, aspectos sociopolíticos de la conducta de los cristianos [17]. Mediante este acto Cristo dejaba a la discreción libre de cada cristiano muchas de las grandes cuestiones humanas, cuya solución no nos es revelada por Dios. Jesús indicaba así que la pluralidad cultural, social y política es una consecuencia natural del orden establecido por Dios en la Historia. Y, en consecuencia, reconocía una legítima autonomía de las realidades humanas. Jesús enseñó que Dios Creador ha querido libremente establecer ese ámbito de autonomía, merced a la cual no deben buscarse soluciones sagradas vinculantes para todos los creyentes en la mayor parte de los aspectos que configuran la sociedad y la civilización. No deben buscarse soluciones de ese tipo, porque no existen como tales [18].Ante los ojos de la fe cristiana la autonomía de las cuestiones sociopolíticas y culturales no conlleva en modo alguno una disminución de la gloria divina. Sólo un Dios Omnipotente y libre podía crear seres libres y otorgarles un amplio ámbito en el cual ejercer ellos mismos su propia providencia. La secularidad de la Ciudad terrenal no es ontológicamente el resultado de un proceso de secularización ejercitado en contra de la fe cristiana, sino que sobreviene, por el contrario, como una dimensión implícita de esa misma fe.Por el contrario lo usual en la mentalidad musulmana reside en la convicción de que, para establecer el Reino de Dios no basta la actitud personal de sumisión (islam), sino que esta sumisión conlleva necesariamente la implantación de las normas sociales, culturales y políticas que Mahoma preconizó de palabra o mediante su propia conducta. Mahoma – como es obvio a cualquier historiador – no fue sólo un profeta religioso, sino también un líder político, un estratega bélico y un legislador social. Él formuló el núcleo de una nueva estructuración sociopolítica, la cual cristalizará más tarde en la sharí ‘a o ley islámica [19]. El conjunto de normas contenidos en la sharí ‘a ha sido sacralizado por el profetismo de Mahoma como parte de la revelación divina. La fe musulmana contempla en la sharí ‘a aquella forma predeterminada mediante la cual Dios desearía ver al hombre sometido a su Señorío. De forma que no es posible el Islam – el sometimiento del hombre y de lo humano requerido por la gloria divina – sin la instauración de la sharí ‘a .El juridicismo característico de los líderes musulmanes va unido a un autoritarismo cultural, porque en la mentalidad social islámica el pluralismo cultural aparece como fruto del extravío de los hombres y no como una manifestación gozosa de la libertad de los hijos de Dios [20].En este sentido deben interpretarse los continuos rebrotes de islamismo que se han sucedido desde la muerte de Mahoma, y que – como sobradamente conoce la opinión pública mundial – siguen originándose en el siglo XX. La historia de aquellos estados donde existe una mayoría de población musulmana – muchos de ellos surgidos en la última centuria – se forja al hilo de dos fuerzas que operan dialécticamente entre sí: a) el proyecto cultural de autoridades islámicas tradicionales; b) los siempre reiterados movimientos islamistas, que denuncian la complicidad de las autoridades tradicionales con el poder (ya sea militar ya económico) o con una determinada situación social que a algunos les parece desviada, proponiendo un retorno a las fuentes del Islam – una nueva lectura de su origen – con el fin de revolucionar las estructuras vigentes y crear una sociedad auténticamente islámica [21].La efervescencia del islamismo no debería hacer olvidar al observador algo obvio: tanto los nuevos visionarios radicales como los musulmanes integrados o integristas buscan de hecho un mismo fin objetivo: islamizar la sociedad, someterla a la sharí ‘a . Sus caminos pueden ser muy diversos y sus altercados mutuos violentísimos, pero el musulmán ni siquiera concibe que la secularidad pueda ser una condición intrínseca de la sociedad humana diseñada por Dios.En el Islam sólo se reconoce un ámbito de posible secularidad lícita: el de la técnica (incluyendo la lógica, la matemática y las ciencias positivas concebidas en forma meramente pragmática, no como saber acerca de la naturaleza de la Creación).

Islam y evangelización El hecho al que venimos aludiendo – la integración fundamental de la sharí ‘a en aquello que los musulmanes tienen como revelación divina – es a nuestro juicio el obstáculo más imponente para la evangelización.En efecto, la predicación del Evangelio de Cristo escandaliza al musulmán creyente (muslim) en un nivel muy hondo, subyacente incluso al de los contenidos de dicho Evangelio. Es bien sabido que las suras de El Corán predicadas tras la Hégira enuncian de modo explícito que la fe cristiana es inaceptable como tal a causa de una hipotética manipulación del mensaje de Jesús, mediante la cual entre los contenidos del Evangelio se habría incluido de modo arbitrario (en contra de la auténtica predicación de Jesús) la creencia en la divinidad de Cristo y en la Trinidad de Dios.Evidentemente es deseable emprender un diálogo que pueda conducir a una clarificación de conceptos en el credo musulmán (al ‘aquída), mostrando que la fe cristiana ni imputa a Dios el acto biológico de engendrar ni introduce forma alguna de politeísmo. Dicho diálogo puede fundarse en la común concepción de la absoluta trascendencia divina, en la familiaridad musulmana con la recitación de los múltiples nombres (“atributos”) de Dios [22]. Sin embargo, al emprender este diálogo el cristiano habrá de tener en cuenta que la ausencia de una tradición musulmana propiamente teológica – hecho que resulta muy significativo, cuando se advierte de modo paralelo el enorme desarrollo de las ciencias jurídicas religiosas – no facilitará encontrar interlocutores receptivos [23].En el ámbito de la Teología Fundamental es preciso observar además la existencia de una barrera – también fundamental y quizás más radical – entre musulmanes y cristianos. Este distanciamiento compete, no ya a la formulación de los contenidos de la revelación, sino a la naturaleza del acto mismo de creer en Dios. Creer consiste esencialmente para ambas comunidades religiosas en someterse a Dios el hombre entero. Ahora bien, ¿cómo ha de entenderse este sometimiento respecto al ejercicio de la propia libertad?Mahoma subraya la existencia y consistencia del libre albedrío siempre que alude a la responsabilidad de cada hombre ante Dios Juez escatológico (lo cual es tema reiterado de su predicación). Pero lo que importa ahora no es tanto la cuestión de si el acto de fe es libre (fruto de una decisión personal y auténtica), sino cuál es el papel de la libertad en quien es ya creyente: cuáles son los designios divinos respecto a la vida social humana.La teología cristiana sostiene que la fe debe ser una luz perpetuamente inspiradora de la praxis humana. Pero simultáneamente afirma que Dios ha deseado para el hombre algo más que el libre albedrío: la libertad. Libertad significa para el cristiano que gran parte de su quehacer ha de ser necesariamente espontáneo y autónomo, porque Dios no ha querido ser el único ingeniero de la Creación y de la Historia, dejando así al hombre como mero ejecutor de unos planes preexistentes. Ser creyente en Dios consiste en dejar iluminar la propia vida por la fe, pero también radica en actuar según el propio leal entender humano, respetando y amando que otros obren de modo diverso. El cristiano sabe que así se asemeja más a quien “hace llover sobre justos y pecadores” (Mat 5,45), a quien eligió crear un mundo determinado – escogiendo libremente los detalles de su configuración – entre otros muchos posibles.Sin embargo, el musulmán ortodoxo no concibe que en las cuestiones propiamente humanas la libertad – que es no se reduce al libre albedrío – tenga un papel decisivo. Según la doctrina que le enseñan sus maestros religiosos, el espacio para ejercitar dicha libertad creadora se halla estrechamente limitado, pues la Revelación determina cuestiones tan precisas como el modo de vestir, los impuestos, las herencias o los castigos penales; y desde luego decide con bastante minuciosidad sobre cómo ha de conformarse la sociedad que Dios desea [24]. Sociedad y estado han de ser, pues, confesionales, y dicha confesionalidad se manifiesta en la aplicación de grandes principios y en la observancia civilmente obligatoria de unas normas preexistentes que han de regir los múltiples aspectos del quehacer humano. Cabe afirmar que, para la mentalidad musulmana más generalizada, no existe nada importante que sea de suyo profano o secular.Dentro de esta lógica el hombre – ante los ojos del muslim – no da gloria a Dios con su libertad. Por el contrario: la libertad real es concebida como un desafío a la Soberanía divina, como impiedad.Por esta razón tanto el islamismo como el tradicionalismo islámico rechazan la esencia de la democracia: la existencia de unos derechos humanos y, sobre todo, la del derecho a la libertad religiosa. Unos derechos humanos naturales a la persona como tal, ¿no serían una forma de rebeldía y de insumisión frente a Dios? [25] Y un régimen jurídico de libertad religiosa, ¿no constituye acaso la renuncia a construir el Reino de Dios que Dios mismo ha diseñado pormenorizadamente en la sharí ‘a ? No es de extrañar que, dentro de esta peculiar lógica, la libertad religiosa aparezca ante los ojos de islamistas y de tradicionalistas como una impiedad fundamental, una forma insufrible de occidentalismo, como el más taimado y perverso colonialismo cultural. Unos y otros la tolerarán en ocasiones (ciertamente muy pocas, y con muchas restricciones), pero su cultura religiosa dificulta enormemente contemplar la libertad religiosa jurídica como un bien real, como un estado social querido decididamente por Dios.En este punto procede quizá examinar críticamente la noción de musulmán ortodoxo en la perspectiva de las ciencias de las religiones y, sobre todo, a la luz de Historia de la Salvación.En primer lugar, ¿qué significa ortodoxia en una comunidad religiosa profundamente dividida entre diversas formas de integrismos e islamismos? ¿Qué valor cabe atribuir a dicho concepto, cuando las autoridades religiosas que han de definir la esencia de lo musulmán son múltiples y divergentes en sus enseñanzas? Los estudiosos suelen apelar en esta situación a un criterio meramente pragmático de tipo sociológico: es musulmán aquello que resulta difícil imaginar que quien se denomina musulmán pudiera rechazar. Tal es el caso del carácter revelado de El Corán o de la obligatoriedad universal de los mentados “cinco pilares del Islam” [26].Ahora bien, desde la perspectiva de la historia salutis se sitúa en primer plano una consideración de gran importancia que la sociología desconoce por su metodología propia: Dios llama a la salvación a cada persona concreta por vías muy diversas. Esa llamada divina, cuando es acogida por una persona cristaliza en la fe teologal, en una realidad que no procede de las fuerzas humanas – “la carne, ni la sangre” (Mat 16,17) – sino que “ha nacido de Dios” (1 Juan 5,4): es un don divino sobrenatural. Mediante la fe divina el hombre se somete a Dios, pone en sus manos su corazón y su mente, deja que sea Otro – Dios trascendente – quien guíe toda su existencia [27].En definitiva, mediante la fe el hombre se somete a la Libertad divina, a unos designios que – como muestra la fenomenología religiosa y especialmente la experiencia de la Iglesia – a menudo contrarían tendencias, opiniones y actitudes antes muy arraigadas en el sujeto. La vivencia de esta resistencia del “hombre viejo” (Ef 4,22) es una garantía de la autenticidad de la sumisión prestada a Dios.Por su parte, la evangelización se dirige igualmente al corazón de cada persona concreta; nada más lejos de su naturaleza que la propaganda, la edulcoración del kérigma, cualquier tipo de chantaje (ofrecer bienes terrenales como contrapartida de la conversión) y – por supuesto – cualquier tipo de coacción.En el plano existencial propio de la evangelización, donde prima la iniciativa libre de Dios – el Espíritu Santo que ilumina la mente y alienta el corazón – , lo inusual y lo impredecible (para la sociología de las religiones) resulta ser algo de ordinaria administración. La fe – como gustaba repetir Karl Barth – es siempre un milagro. En consecuencia, por lo que atañe a la evangelización, una valoración sociológica del impacto probable que pueda tener la predicación del Evangelio sobre el musulmán ortodoxo será siempre accidental. Dicha ortodoxia carece de consistencia ontológica frente a la Libertad divina: el Espíritu de Verdad “sopla donde quiere” (Juan 3,8) y su querencia es de hecho cristocéntrica, ya que es Espíritu del Hijo (Gal 4,6), Espíritu de Cristo (Lc 4,18; Rom 5,9), Espíritu de Jesús (Hechos 16,7). Dicho en otros términos: si un musulmán recibe de Dios la fe teologal, será obediente a las mociones del Espíritu de Dios y se sentirá atraído por el Evangelio de Cristo, y no de cualquier modo sino precisamente en cuanto verbum salutis.Ciertamente sería simplista ignorar la gran fuerza que sobre dicho creyente ejerce “la ortodoxia islámica”. Ésta constituye un complejo entramado de creencias, principios éticos y rituales que están integrados más o menos hondamente en su personalidad. Se trata de una forma de vida, una cultura, en la cual aparecen integrados auténticos elementos salvíficos – por ejemplo, la necesidad de someterse a Dios; el conocimiento de la unicidad divina; o la práctica de la oración – , con valores humanos muy ricos (si bien, de orden no sacral) – la belleza literaria de El Corán; el sentido de hermandad comunitaria – y algunos elementos que contrarían la Voluntad divina – el menosprecio de la libertad religiosa o el rechazo de Cristo como Salvador – .Reconstruir la propia vida, discerniendo aquello que puede y debe ser conservado de esas tradiciones y lo que ha de rechazarse sin ambages, es una tarea no exenta de dificultades. La experiencia de un gran africano magrebí como fue San Agustín, su lucha por someterse a Dios sacrificando convicciones y costumbres – quizá menos poderosas que las vigentes en una sociedad islámica – es todo un paradigma para la evangelización de quienes se han educado en una cultura islámica. Un paradigma que invita a la esperanza teologal y a perseverar en la tarea evangelizadora, desterrando cualquier impaciencia al respecto.Tras morir Mahoma, en momentos de confusión, Abu-Bakr – su sucesor y primer califa del Islam – pronunció ante la comunidad musulmana unas palabras que, tomadas en su sentido literal, resultan hoy proféticas: “Hombres, si adoráis a Mahoma, Mahoma ha muerto; si adoráis a Dios, Dios está vivo” [28]. Mahoma fue en la historia de las religiones un gran profeta, que predicó doctrinas fundamentales para la salvación; algo que ya había resumido la Epístola a los Hebreos: “Sin fe es imposible agradarle, pues quien se acerca a Dios ha de creer que existe y que recompensa a quienes lo buscan” (Heb 11,6). Como es sabido, Tomás de Aquino comentaba estas palabras en el sentido de que “todos los artículos [de fe] se hallan implícitamente contenidos en algunas realidades primeras que se han de creer; es decir, todo se reduce a creer que existe Dios y que tiene providencia de la salvación de los hombres”; en el ser de Dios – continúa – se halla contenido el misterio de la Trinidad de Personas en la unidad ontológica, y creyendo en la realidad de la providencia salvadora se cree implícitamente en toda la Historia de la Salvación centrada en Cristo [29]. Pero en el corazón de un auténtico muslim las palabras de Mahoma deben subordinarse a la Libertad del Dios vivo, al obrar del Padre (cf. Juan 5,36), quien sigue actuando mediante el Cuerpo de Cristo que es la Iglesia: “Mi Padre actúa siempre, y yo también actúo” (Juan 15,17).El cristiano enfrentado a la tarea de la evangelización debe tener fe en la fe, es decir, convencerse confiadamente de que “todo el que ha nacido de Dios vence al mundo. Y lo que ha conseguido la victoria sobre el mundo es nuestra fe” (1 Juan 5,4). Es preciso confiar en esa dinámica interna de la fe teologal, dinámica promovida por el Espíritu del Hijo, a quien se atribuye el don de la fe plena [30]. Es preciso tener en cuenta que una fe auténtica (teologal) atraerá al creyente musulmán hacia Cristo, lo moverá internamenta a amarle y a seguirle.En un medio culturalmente islamizado el evangelizador ha de ocuparse activamente en dar testimonio de su ser-creyente, de su sumisión a la Voluntad divina. Este es sin duda el signo de credibilidad que puede tocar las fibras más íntimas del muslim honrado. A este respecto, la defensa de la santidad de la vida humana desde su concepción, una defensa llevada a cabo por la Santa Sede a contracorriente y resistiendo la presión de los poderes de este mundo, ha suscitado de hecho el afecto y la adhesión de muchos musulmanes. En definitiva, es sumamente importante dar testimonio de que el cristiano lucha seriamente contra la infidelidad, contra la tentación del hombre que “es cada vez más insolente, pues cree bastarse a sí mismo” (Corán 96, 6). La mente islámica resulta especialmente sensible a todo lo que sea manifestación de esa insolencia frente a Dios y, por lo mismo, percibe con agudeza el sentido que tienen actos como bendecir la mesa, saludarse con fórmulas que mencionan implícitamente a Dios, reconocer con sencillez los errores propios y la falibilidad humana, estar desprendido de las cosas materiales (no quejarse cuando faltan, pues ello revela confiar en la Providencia), acudir a la oración al tomar una decisión y no adoptar un talante calculador respecto al futuro de nuestras vidas – pues sólo Dios sabe lo que nos sucederá: “No andéis preocupados por vuestra vida” (Mat 6,25-34) – , etc.Evangelizar en medios islámicos será siempre dar testimonio de la auténtica sumisión a un Dios que es Amor. Por eso, la amistad – el acercamiento de corazones – no sólo es un ámbito en el cual es posible que otros perciban la fuerza y sinceridad de ese ser-creyentes en Dios-Amor, sino que constituye ella misma el modo más idóneo de materializar dicha fe, de hacerla fructificar. Como recientemente ha declarado el Arzobispo de Argel, Mons. Henri Teissier, “no estamos en este país para fabricar mártires, sino para ser amigos. Pensamos en Jesucristo que nos ha dicho: Amaos como yo os amo. No nos hemos quedado en Argelia para que pueda haber mártires sino para construir amistad entre cristianos y musulmanes. (…) Nuestros mártires no han sido asesinados por su fe sino por su amistad con los vecinos musulmanes. Hay grupos que no aceptan esta relación positiva y han asesinado. (…) Estamos en la sociedad argelina porque tenemos la convicción de que hay una Palabra de Dios en el Evangelio y que esta Palabra la podemos compartir también con los hermanos musulmanes. Esta Palabra es un tesoro para cada hombre” [31].Las relaciones históricas de la Iglesia con el Islam recuerdan en parte las polémicas que Jesús mantuvo en el Templo antes su última Pascua en Jerusalén: “Si fuérais hijos de Abraham, haríais las obras de Abraham. (…) Quien es de Dios, escucha las palabras de Dios; vosotros no las escucháis, porque no sois de Dios” (Juan 8,39.47). La reacción airada de fariseos y saduceos ante la autoridad de Jesús que actuaba con libertad divina y subordinaba la tradición del sabbath a la necesidad de curar y perdonar los pecados a enfermos graves, ¿no presenta paralelismos con la intransigencia de algunos musulmanes que condenan con la muerte apartarse de algunas de sus tradiciones culturales cuando se produce una conversión al camino de Jesús? [32].A este respecto resultan esperanzadores algunos hechos que se están produciendo en estos años. Por ejemplo, la condena prácticamente unánime del terrorismo islámico por parte de la Umma argelina y egipcia – incluidos sus ulemas – no se ha fundamentado ni en El Corán ni en la Sunna; y sin embargo la apelación de grupos terroristas islámicos a pasajes coránicos donde se admite el derecho a la violencia o a la tradición de la djihad ha sido, a pesar de todo, descalificada por esas comunidades musulmanas. Por otra parte, no faltan voces – singularmente la de los sufíes [33], pero también la de otros intelectuales musulmanes – en pro de una convivencia respetuosa y tolerante de los buenos musulmanes con hombres santos de otras religiones [34]. En esta realidad se inspiran las esperanzas de un diálogo interreligioso franco, en el cual la parte musulmana ha de estar dispuesta a no descalificar por principio – desvinculándose de tradiciones multiseculares, apoyándose en las primeras suras de La Meca y aceptando el principio de libertad religiosa – el discurso cristiano sobre Cristo [35].De un modo u otro, siempre se cumplirá la promesa de Cristo a Pedro, y la fe vencerá en el corazón de esta y de aquella persona, que constatarán con ojos de fe la verdad divina del Evangelio de Cristo: “Mi doctrina no es mía, sino de Aquel que me ha enviado. El que quiera cumplir su Voluntad, verá si mi doctrina es de Dios. (…) El que cree en mí, no cree en mí, sino en Aquel que me ha enviado” (Juan 7,16s.; 12,44).La realidad social de la inmigración masiva de musulmanes a estados donde la ley civil tutela el derecho a seguir las propias convicciones religiosas se está mostrando como una ocasión privilegiada para que algunas de estas personas alcancen libremente la libertad que Cristo nos ha ganado [36]. Nos encontramos, pues, ante un claro “signo de los tiempos”, ante unas circunstancias propiciadas por la Providencia divina para emprender una etapa nueva en la historia de las relaciones entre la fe cristiana y el Islam. En esta nueva etapa la evangelización de Cristo dará frutos insospechados.Ello depende de nuestra correspondencia a la gracia. Es preciso superar netamente recelos y barreras que naturalmente plantea la convivencia con personas de culturas aparentemente extrañas. La actuación de los cristianos laicos que trabajan y conviven con musulmanes se carga, pues, de una especial responsabilidad: sobre ellos recae la tarea de establecer vínculos de amistad y fraternidad con los emigrantes musulmanes – aquellos vínculos que deberían surgir lógicamente entre los hijos de Abraham, creyentes en Dios, pero que serán suscitados en buena parte como iniciativa de la benevolencia y caridad cristianas – [37]. Estas relaciones interpersonales harán presente a Cristo ante los musulmanes honrados, desvelando el verdadero rostro de Jesús, el del Enmanuel: Dios con nosotros.

Comunicación al XXI Simposio Internacional de Teología (Univ. de Navarra). Abril de 2000 —————————– [1] Los mismos historiadores musulmanes explican que en tiempos de la conquista islámica muchos cristianos de estas Iglesias se hallaban desorientados ante las controversias eclesiales doctrinales y disciplinares, de modo que “pudieron sentirse atraídos por la simplicidad de la respuesta de los musulmanes a tales preguntas en el seno de lo que venía a ser, en líneas generales, el mismo universo de ideas [monoteísmo, primacía de la confianza en Dios, de la oración, etc.]. La ausencia de una iglesia musulmana o de un elaborado ritual de conversión, la necesidad de utilizar unas pocas y sencillas palabras, convirtió la aceptación en un cómodo proceso”, aún más cómodo en cuanto eximía de pesados impuestos establecidos sólo para los cristianos y proporcionaba una mínima seguridad jurídica, negada a quienes no eran musulmanes (A. hourani, Historia de los pueblos árabes, Barcelona 1992, p. 22).

[2] Los obispos italianos, al considerar la “delicata questione dei matrimoni fra cattolici e musulmani”, recomiendan que al respecto se aplique la ley canónico en todo su rigor: “prevale l’orientamento che si debba comunque seguire una prassi rigorosa, valutando caso per caso se sussistono le condizioni per concedere la dispensa per la celebrazione del matrimonio” (CONSIGLIO PERMANENTE della Conferenza Episcopale Italiana, Puntualizzazioni sul rapporto con l’Islam, 3-II-2000, en: “M.Press” 12, nr. 6 [2000]).

[3] Ciertamente la expresión atar y desatar se atribuye literalmente en el Islam a los ulemas o doctores de la Ley islámica (sharí ‘a ). Pero éstos nunca han estado estructurados jerárquicamente y su autoridad tan sólo alcanza un ámbito más o menos localista.

[4] Obra de consulta obligada para precisar la naturaleza de estos y otros temas relacionados con el Islam es: Encyclopaedia of Islam, T.W. ARNOLD y otros (ed.), Leiden – New York 1986 ss. (incluye dos volúmenes de Índices; la 1º edición fue publicada entre 1913 y 1936). Cf. The Encyclopedia of Religion, 16 vols., M. ELIADE (ed.), New York 1987.

[5] Someterse a Dios, confiar en Dios o ponerse en su manos “son matices que tratan de delimitar el sentimiento fundamental que impregna al creyente musulmán: no existir gracias a uno mismo y, desde luego, no existir para sí mismo”; simultáneamente, la etimología de islam está emparentada con la de salam, porque la fe reconstruye el orden debido de las cosas, coloca al hombre en su justa relación con Dios, otorgándole una paz sin igual (E. PLATTI, Islam… étrange?, Paris 2000, pp. 19-21).

[6] De ahí que las tradiciones sobre palabras o actos del profeta (hadith) sean consideradas como parte de la revelación salvadora.

[7] Cf. W.M. WATT, Muhammad at Meca, Oxford 1953; Muhammad at Medina, Oxford 1956.

[8] Por esta y otras muchas razones es una simpleza concebir que la presencia respetada de Jesús “hijo de María” en El Corán hace de este texto un cuasi-evangelio. En efecto, además de omitir todo lo relativo a la pasión y resurrección de Cristo, su predicación es reducida a generalidades; como efecto de todo ello, el cristiano no reconoce al Jesús que retrata El Corán, sino que le resulta un personaje extraño. Todos los elementos cristianos están íntimamente mistificados por un espíritu que no es el evangélico (cf. PLATTI, Islam, 164-176).

[9] Acerca de los problemas que conlleva aplicar el concepto cristiano de revelación al Corán, cf. J. MORALES, Revelación y religiones: ScrTh 32 (2000) 52s.; 66-72.

[10] PLATTI, Islam, 224.

[11] “La Umma no ha poseído jamás un Magisterio, en el sentido de una instancia superior que tenga una autoridad decisiva en relación a la ortodoxia o a la ortopraxis” (PLATTI, Islam, 259ss.).

[12] “Su religión y sus acciones político-militares no eran dos actividades separadas que llegaron a mezclarse. Estaban fusionadas, y esta fusión se expresaba doctrinalmente en el vocabulario de política monoteísta que impregana a El Corán” (M. COOK, Muhammad, Oxford 21996, p. 51).

[13] Según el derecho musulmán (al-Fiqg) estas normas tardías deben ser interpretadas de acuerdo con el llamado “principio de abrogación” (násikh), de modo que el espíritu de celo intransigente que inspiran estas suras tardías abroga otras suras anteriores más irénicas. Y de hecho en el discurso que pronunció durante su última peregrinación a La Meca explícitamente ordenó que “los musulmanes tendrían que luchar contra todos los hombres hasta que aquellos dijeran: No hay más dios que Dios” (hourani, Historia de los pueblos árabes, 14). La vigencia de esta sentencia puede constatarse fácilmente. “Un joven cristiano paquistaní que se convirtió al Islam para casarse con una joven musulmana de la que se había enamorado (según el código de familia islámico una mujer musulmana sólo se puede casar con un hombre musulmán), fue encarcelado la semana pasada en Pakistán, acusado de cometer una blasfemia porque intentó regresar a su fe cristiana. Según el Código Penal Paquistaní, inspirado en la sharí ‘a, se castiga con pena de muerte la profanación del nombre del profeta Mahoma, que está implícita en la conversión al cristianismo” (Agencia Zenit, 9-V-2000, Serv.

ZS000509-05).

[14] “Y si dos grupos de creyentes se combaten, haced que se reconcilien entre ellos” (Corán 49, 9), pues “los creyentes no son sino hermanos. Estableced la concordia entre vuestros hermanos, y temed a Dios, a fin de que tenga misericordia con vosotros” (49, 10).

[15] Cf. H. LAOUST, Les schismes dans l’Islam, Paris 1965; J. WANSBROUGH, The Sectarian Milieu, Oxford 1978.

[16] En la raíz de estas divisiones violentas se encuentra una práctica de intolerancia reiterada en las sociedades musulmanas: la tendencia siempre viva y activa de excluir al pecador de la Umma. Así, las diferencias de opinión se ventilan una y otra vez con mutuas acusaciones de “impiedad”, de traición al Islam. La consecuencia de ello es una ininterrumpida fragmentación de la Umma en facciones. Por eso es un error atribuir a los chiítas la exclusiva del extremismo militante islámico; más bien debería hablarse de un permanente tentación kháridjita o aislacionista – por referencia a quienes se apartaron de chiítas y sunnitas en la crisis del año 657 – (cf. G.Ch. ANAWATI, Une résurgence du kharijisme au XXè siècle: L’obligation absente, en “Mélanges de l’Institut dominicain d’études orientales du Caire (MIDEO)” 16 [1989] 191-228).

[17] Cfr. Mc 12,17: el episodio aparece recogido en todos los Sinópticos. La negativa a regular cuestiones como el impuesto exigido por Roma a los judíos se plantea en una contexto en el cual Jesús discierne un ámbito estrictamente sagrado (“lo que es de Dios”) de una multitud de cuestiones que se sitúan en otro nivel, el de lo legítimamente profano. En este sentido, Jesús rechaza decidir sobre otras muchas cuestiones jurídicas que ciertamente presentan un aspecto ético, pero que no son éticamente universalizables y que requieren en cada caso un juicio prudencial; así, lo relativo a las herencias (Lc 12,4); al derecho penal (Juan 8,1-11), etc.

En contraposición, Mawdúdí escribe como lema supremo de la vida social: “La religión para Dios, y la nación para todos” (Abú l-A’ lá MAWDÚDÍ, Al Islam wa l-Madina al-haditha, Djidda 1987, cit. por PLATTI, Islam, 288).

[18] Paradójicamente quien arrolla esta legítima autonomía, llevado por cierto afán sacralizador de la vida social, no debería ser tenido por persona auténticamente religiosa, pues atenta contra el orden querido por Dios. El fundamentalismo es a fin de cuentas una artera manifestación de impiedad, una injusticia hipócrita respecto a Dios.

[19] Ya en los años veinte de este siglo lo puso de relieve Alí ‘Abd ar-Ráziq.

[20] En las sociedades musulmanas que se extienden desde Indonesia a Marruecos, de Alemania a Nigeria, “por profundas que sean las diferencias [entre ellas], el Islam tiende a unificar su cultura”, pues el la sharí ‘a se extiende a los reductos culturales más íntimos (cf. PLATTI, Islam, 261s.).

[21] Cf. Gema MARTÍN MUÑOZ, El estado árabe. Crisis de legitimidad y contestación islamista, Barcelona 1999.

[22] A este respecto debe señalarse que la ausencia entre dichos nombres del de Padre debe contrapesarse, sin embargo, con la realidad de que el muslim establece con Dios una relación de intimidad mediante la fe (cf. PLATTI, Islam, 238ss.).

[23] Entre el legado teórico del Islam “resulta sorprendente constatar el mínimo número de obras de dogmática y de filosofía por contrate con la producción y edición de antologías de Hadíth, de Sunna, de jurisprudencia y de géneros análogos” (PLATTI, Islam, 200). Cf. Ch.Si H. BOITELAAR, Traité moderne de théologie islamique, Paris 1985. Pero en general, los estudios acerca de la filosofía y teología del Islam suelen consistir meramente en una historia de la filosofía, que se centra en la Edad Media: cf. J. VAN ESS, Theologie und Gesellschaft im 2. und 3. Jahrhundert Hidschra. Eine Geschichte des religiösen Denkens im frühen Islam, 6 vols., Berlin – New York 1991-1995.

[24] Tras la Hégira “se aprecia una honda preocupación [en Mahoma] por definir las partes rituales de la religión, la moral social, las reglas de la paz social, la propiedad, el matrimonio y la herencia. En algunos aspectos se ofrecen preceptos específicos” (hourani, Historia de los pueblos árabes, 13).

[25] Los derechos humanos no pueden ser considerados en las sociedades islámicas como fundamento del orden social, porque el Islam no ha desarrollado una teología donde éstos se fundamenten debidamente en la Ley divina, en el querer de Dios. El pensador musulmán contemporáneo más claro e influyente al respecto ha sido el paquistaní Mawdúdí (1903-1979).

[26] “Los musulmanes ortodoxos siempre han creído que El Corán es la palabra de Dios, revelada en lengua árabe a través de un ángel a Mahoma, en diversos momentos y de formas adecuadas a las necesidades de la comunidad” (hourani, Historia de los pueblos árabes, 15).

[27] Esta descripción de la fe no es extraña a un muslim: “A quien Dios desea guiar, le abre el corazón al sometimiento (islam) [de la fe]” (Corán, 6, 125; cf. 39, 22).

[28] Cit. por hourani, Historia de los pueblos árabes, 17.

[29] Cfr. TOMÁS DE AQUINO, Suma de teología, II-II, q. 1, a. 7, ad c.

[30] Para salvarse es preciso “nacer del agua y del Espíritu” (Juan 3,5). Cf. J.M. ODERO, Teología de la fe, Pamplona 1997, cap. I, X-XI.

[31] Entrevista con monseñor Henri Teissier, arzobispo de Argel, Agencia Zenit (8-V-2000), Serv. ZS000508-06.

[32] No faltan musulmanes que se muestran perplejos ante la generalizada persecución que desencadenan las conversiones a la fe cristiana (en países como Arabia Saudí la policía religiosa persigue cualquier asomo de estas “apostasías”), sobre todo cuando leen en El Corán: “¡Ninguna coacción en religión! Pues el buen camino se ha distinguido del extravío” (2, 256). Cf. PLATTI, Islam, 83. A este respecto, el rector de la Gran Mezquita de París, Dalil Boubakeur, tras denunciar “el integrismo y el fanatismo» explica así la situación en Arabia Saudita (donde el mero hecho de poseer una Biblia o una imagen cristiana es considerado y castigado como un delito): “En este caso estamos de frente a una teocracia y, por otra parte, en aquel país no hay cristianos”. Respecto a Sudán se manifiesta de modo menos ambiguo: “Estamos en presencia de un Estado integrista que no nos gusta, desde luego. El Islam en Sudán es usado como un instrumento político, lo mismo que en Irlanda la religión católica o la protestante” (Agencia Zenit, 27-II-1999, Serv.

ZS991027-02). Su información sobre el estado saudí es notablemente insuficiente: El pasado 7 de enero la policía religiosa saudí irrumpió en una casa privada de Riad y arrestó a quince de las cien personas presentes. El crimen que estas personas, cristianos provenientes de Filipinas, habían cometido era mantener un servicio religioso no permitido. Entre los detenidos estaban tres niños, uno de ellos de sólo tres años de edad. Mientras tanto otro filipino, Edmar Romero, sigue bajo arresto tras ser detenido el uno de diciembre de 1999; la policía confiscó una Biblia y otras publicaciones cristianas que tenía en su casa. Según las leyes en el país los que no son musulmanes, unas seis millones de personas actualmente, no pueden practicar su propia fe (Compass Direct, 10-I-2000).

[33] El sufismo, con la relatividad que atribuye al conocimiento humano terreno en materia de salvación, tiene una indudable raíz coránica: “Sabed que la vida presente no es sino un juego, diversión, adorno vano, una solicitación a vuestro orgullo y una rivalidad en acaparar riquezas e hijos” (Corán 57, 20). Esta humildad cognitivo-salvífica permite a los sufíes ser tolerantes teórica y prácticamente respecto a la fe cristiana.

[34] La Asamblea de las Religiones que se celebró del 25 al 28 de octubre de 1999 en el Vaticano concluyó con un mensaje final aprobado también por los representantes del Islam allí presentes; en dicho texto se lee: “La colaboración entre las diferentes religiones tiene que basarse en el rechazo del fanatismo, del extremismo y del mutuo antagonismo que genera violencia. (…) Estamos convencidos de que nuestras tradiciones religiosas tienen los recursos necesarios para fomentar la amistad mutua y el respeto entre los pueblos» (Agencia Zenit, 29-X-1999, Serv. ZS991029-09).

[35] Las líneas maestras de este diálogo han sido expuestas por el Card. Francis Arinze (Christian-Muslim Relations in the 21st Century: “Pro Dialogo” 97 [1998] 81-92). Ciertamente algunas reuniones teológicas cristiano-islámicas aportan signos de esperanza al respecto; por ejemplo, en el Seminario reunido en Islamabad en octubre de 1997 “religious freedom was strongly emphasized” (“Pro Dialogo” 97 [1998] 117).

[36] En 1999 se bautizaron en Francia 2.500 adultos; el 10% de los mismos procedían del Islam (cf. La Croix, 12-V-2000).

[37] Cf. J.M. ODERO, El testimonio de los laicos y la credibilidad de la revela­ción en el Concilio Vaticano II, en “La misión del laico en la Iglesia y en el mundo. Actas de VIII Simpo­sio Internacional de Teolo­gía de la Universidad de Navarra”, A. SARMIENTO (ed.), Pamplona 1987, pp. 537-544.

Javier Mora-Figueroa, “El judaísmo”, Palabra, IX.01

El judaísmo ha sido, sobre todo, una religión; en segundo lugar, una forma de vida.

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José Ramón Pérez Arangüena, “El hinduismo”, Palabra, IX.01

Hinduísmo: el patrimonio socio-religioso de una cultura con cuatro mil años de historia Continúa leyendo José Ramón Pérez Arangüena, “El hinduismo”, Palabra, IX.01

Manuel Guerra Gómez, “El budismo”, Palabra, IX.01

Budismo: La paradoja de una religión agnóstica.

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Miguel Ángel Torres-Dulce, “El Islam”, Palabra, IX.01

Islam: Una religión monoteísta, totalizante y en expansión.

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Jesús Azcárate, “El animismo”, Palabra, IX.01

Animismo: En el siglo XXI sobreviven aún las religiones tradicionales.

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Agencia Fides, “Situación de los cristianos en países musulmanes”, 15.XI.01

Informe de la Agencia Fides, 15.XI.01.

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José Morales, “El Islam”, IX.01

El Islam ha estado siempre, como mundo religioso y cultural, muy próximo a la geografía del Cristianismo, e incluso inmerso fragmentariamente en esa geografía. La fe y la civilización musulmanas han mantenido desde el siglo VII con los cristianos una relación constante, caracterizada generalmente por la tensión y el enfrentamiento, mucho más que por la convivencia y la colaboración.

A diferencia de las religiones que se han desarrollado lentamente, a partir muchas veces de orígenes oscuros y legendarios, el Islam -la más joven y sencilla de las religiones universales- nació a la plena luz de la historia y se propagó acto seguido con la celeridad de un huracán.

El interés por el Islam es un fenómeno incontrovertible y creciente en el mundo occidental. Se trata de un interés y de una atención polivalentes y cargados de ambigüedad. Atrae sin duda el hecho religioso musulmán, que ha llevado a Juan Pablo II a hablar de la «gran religión musulmana» y a mostrar su respeto hacia el Islam besando el Corán durante su visita a Egipto en marzo de 2000.

Despierta asimismo atención hacia el Islam el resurgir del radicalismo musulmán que, extremo o moderado, se considera un factor desestabilizador en el equilibrio del planeta y una amenaza a los intereses hegemónicos -económicos y políticos- del Occidente. Se impone además el hecho de la presencia en aumento de activas comunidades islámicas de cierta importancia numérica en casi todos los países que han representado históricamente la civilización cristiana.

El mundo académico europeo y norteamericano acusa también una intensificación del interés por el Islam. Lo muestra el crecimiento de los estudios islámicos que las universidades de Occidente llevan a cabo en centros y departamentos de historia, lingüística, religión, filosofía, etc. Junto a los numerosos islamistas que trabajan en estos lugares, se encuentran no pocos musulmanes cultos que han hecho del Occidente su patria intelectual y la sede de su docencia e investigación. Estos hombres viven en el mundo académico y no representan necesariamente «el punto de vista» musulmán. Aunque se presentan en ocasiones como los verdaderos conocedores del Islam vivo, pueden no tener de éste más conocimientos reales que muchos cristianos y judíos.

La percepción que los hombres y mujeres occidentales tienen del Islam es una mezcla de temor, recelo, curiosidad y vago respeto. Se ha dicho que para el Occidente cristiano, los musulmanes fueron un peligro antes de convertirse en un problema. Puede afirmarse que el Islam y los musulmanes se nos presentan actualmente como peligro y a la vez como problema. Nadie se atrevería a pronosticar cuál será el impacto futuro de lo islámico en la situación religiosa de Europa y en la relación entre comunidades en el plano de la convivencia social. La actitud reivindicativa que, derivada del pasado colonial y de la dominación política y económica occidental, se advierte en los países musulmanes, añade un factor de incertidumbre a las relaciones presentes y futuras entre el Islam y el Occidente.

La civilización cristiana ha sentido históricamente, con raras excepciones de momentos y personas, antipatía y desprecio hacia el Islam. En una conferencia pronunciada en marzo de 1883, decía Ernest Renan: «Islam es la unión inseparable de lo espiritual y lo temporal, es el reino del dogma, es la cadena más pesada que haya soportado la humanidad». Los tiempos han cambiado, y sobre todo lo han hecho las actitudes que, fruto de mayores contactos y de una mejor información, son capaces de superar prejuicios y sobre todo ignorancia.

Son muchos los hombres y mujeres occidentales que lamentan el pasado y desean borrar o al menos compensar de algún modo las ofensas que se hayan infligido al Islam en el ámbito de la Cristiandad.

El Islam se presenta a sí mismo como la religión del sentido común. Ha entrado en la historia a principios del siglo VII de nuestra era como una religión de conquista en un mundo considerado decadente, y no como un secta oriental insignificante en un orden sólidamente establecido.

A diferencia de otros nombres de religiones, como Hinduismo, Shinto, Cristianismo, que les han sido impuestos desde fuera, Islam -que significa sumisión a Dios-, es el nombre con el que los mismos musulmanes designan su propia creencia, y el nombre con el que desean también ver designada la religión que practican. Piensan que es Dios mismo quien ha denominado Islam al monoteísmo predicado por Mahoma. Sólo recientemente han comenzado los occidentales a usar el nombre de Islam, que en la Edad Media eran simplemente «los sarracenos».

Cuando hablamos del Islam lo hacemos, consciente o inconscientemente, en diversos registros. Nos podemos referir a este hecho religioso masivo como cultura, como refugio espiritual, como protesta reivindicativa, como esbozo de sistema económico, como realidad política, etc. Pero lo que nosotros separamos es vivido por las masas arabomusulmanas como una unidad, que nos recuerda la solidaridad latente bajo múltiples divisiones y cuya alma es una fe común. Una misma realidad aparece en el Islam como «iglesia» o comunidad espiritual, cuando se la contempla desde una determinada perspectiva, y se manifiesta como estado o como poder político cuando se la mira desde otro ángulo. Pero el Islam es una realidad única e indivisible, que es una cosa u otra según cambie el modo de considerarla. El conocido y elemental principio de que el hecho religioso no existe en estado puro, y es al mismo tiempo un hecho histórico, sociológico, cultural, psicológico…, alcanza en el caso del Islam su máxima vigencia.

Es frecuente imaginar una comparación entre el Islam y el Occidente en la que éste aparece revestido de las notas positivas y la realización del respeto a los valores del humanismo y la democracia, mientras que el Islam sería, por el contrario, el reino del arcaísmo y la tradición inmóvil, la discriminación de la mujer y la barbarie del código penal.

El Islam parece haber sido dejado fuera de la modernidad, lo cual no es juzgado por los mismos creyentes musulmanes como negativo. Pero es muy cierto que el Islam y toda la realidad geográfica, cultural y humana que supone ha sido el objeto y no el sujeto del cambio histórico desde el siglo XIII. El proceso secularizador ha demostrado con toda su ambivalencia la capacidad del Cristianismo para enfrentarse y entenderse, según los casos, con el pensamiento filosófico, la ciencia, la historia crítica, y el desarrollo democrático y social del estado y la sociedad modernos.

No puede decirse lo mismo del mundo islámico, para el que estos desarrollos contendrían promesas de renovación pero sobre todo amenazadoras crisis, latentes o abiertas. Las estructuras sociales y familiares de las sociedades musulmanas sufren importantes disfunciones y problemas crónicos, a causa principalmente de la pobreza, el analfabetismo, las condiciones miserables de vida, y la multitud de familias rotas. Todo ello en un marco de estancamiento cultural y económico. La tragedia que ha significado para el mundo árabe la humillante derrota infligida por Israel en 1967 ha intensificado psicológicamente el impacto letal de tantos males, que se hacen cada vez más insoportables.

Contrariamente a lo que muchos piensan, no es la religión musulmana la causa determinante de esta situación negativa, que no tiene visos de modificarse a corto plazo. Mucho más importante es el despotismo oriental, que ignora por principio los derechos y la dignidad de la persona individual, y mantiene en casi todos los órdenes un régimen de arbitrariedad que bloquea cualquier evolución positiva de carácter individual o social. Al despotismo se unen las estructuras feudales y la corrupción a gran escala, así como, más recientemente, la desintegración del consenso político que había nacido después de la independencia de los poderes coloniales.

Debe mencionarse asimismo la situación inferior de la mujer, porque el desarrollo armónico de una sociedad exige que mujeres y hombres sean tratados y actúen como iguales en cuanto seres humanos. Hay también otras causas, derivadas sin duda del pasado colonial y de las contingencias de la historia pretérita o reciente, pero ninguna encierra probablemente la importancia de un sistema político que, a pesar del impulso coránico, no parece capaz de buscar la justicia, y de los prejuicios culturales y sociales que imponen a la mujer un régimen permanente de tutela.

No es posible hablar o escribir sobre el Islam en nuestra cultura sin tener en cuenta el considerable volumen de informaciones y conocimientos que forman la memoria de una sociedad como la occidental, que asocia espontánea y necesariamente el hecho islámico con las Cruzadas, la Cristiandad, las incursiones recíprocas que han tenido lugar a lo largo de la historia, y el terrorismo del siglo xx. La imaginación de Occidente sobre el Islam no puede desprenderse fácilmente de los recuerdos y datos evocados por la revolución religiosa del Irán en 1979, la guerra del Líbano de 1977, la resistencia afgana, las erupciones de violencia social en Egipto y Argelia, el régimen de los Talibanes y la guerra que arde en Chechenia. Pocos europeos y norteamericanos hay capaces de pensar con imparcialidad en el mundo musulmán. Puede afamarse también que, de modo simétrico, la gran mayoría de los musulmanes nutren en sus mentes una visión deformada del Occidente, que para ellos es siempre cristiano, como un mundo de arrogancias imperialistas, corrupción social, y concesiones impías al secularismo y a la irreligiosidad.

Es evidente al mismo tiempo que un cristiano de nuestros días que reflexione sobre la historia de la salvación dispuesta por Dios para la entera humanidad, ha de tener en cuenta, por respeto a los designios divinos, el hecho religioso del Islam. Es éste un fenómeno polivalente que ha modificado en alguna medida el curso de la historia humana, ha alimentado valiosas experiencias religiosas, y proporciona una identidad espiritual a millones de hombres y mujeres en los cinco continentes.

No se debe, sin embargo, idealizar el Islam ni su azarosa historia. La historia de los musulmanes no deja de ser la de seres humanos que no han sido ni son siempre fieles a todas las enseñanzas de su religión, y que con frecuencia han coaccionado injustamente, vejado, humillado y aniquilado.

Es preciso huir de la denigración sistemática del Islam y de los valores musulmanes, que era una actitud muy de moda a principios del siglo xx, cultivada por bastantes cristianos y por la mayoría de los orientalistas. Hace falta también controlar el excesivo entusiasmo que algunos círculos manifiestan hoy hacia el Islam y que conduce a una ingenua idealización de éste, y a un lamentable e injusto vilipendio del Cristianismo. La relativa fascinación por el Islam, extendida actualmente en ámbitos occidentales y especialmente dentro de la Iglesia católica, impide en ocasiones un mínimo de objetividad, tanto científica como teológica. Es necesario un conocimiento desmitificado del pasado y una liberación de mitos e idealizaciones que impiden comprender el presente. No se pueden ignorar ni minimizar los aspectos de tensión que afloran a la superficie cuando se comparan y relacionan en serio dos religiones de vasta implantación que viven contiguas.

La religión es el mejor camino para introducirse en la comprensión del mundo árabe, lo cual no es cierto en igual medida del mundo occidental. Porque si bien la raíz del mundo cultural de Occidente puede ser religiosa, el hecho es que los elementos e impulsos religiosos se ocultan con frecuencia bajo formas filosóficas, políticas o sociológicas. El Islam muestra en cambio poderosas estructuras visibles de creencia, aunque la religión sea también aquí un arma política, en distinta medida según países, tiempos y circunstancias históricas.

El Islam no es una religión de poco valor. Desde su nacimiento se ha presentado al mundo como una fuerza con la que hay que contar. Representa para muchos la negativa a ver el mundo de modo racional y crítico. Pero esta religión despreciada por siglos ha manifestado una energía, una solidez y una capacidad de unir a sus seguidores, que son objeto de asombro cuando no de alarma. No es una religión anquilosada. Habla a los corazones de millones de hombres y mujeres, a muchos de los cuales proporciona principios de temor de Dios y deseos de conducta honrada. El Islam afirma y encierra una fuerza orientada hacia el bien. Una vida conforme a sus mejores preceptos puede ser una vida que mira a lo moralmente irreprochable.

Texto de José Morales (Doctor in Theology. Systematic Theology. Creation and Fundamental Theology. Newman), Islam, Ed. Rialp, 2001, Introducción.

Joseph Mouannes, “Uso político de la religión en algunos países islámicos”, Avvenire, 24.IX.01

FRIBURGO (SUIZA), 24.IX.01. El padre Joseph Mouannes, teólogo y antropólogo libanés, rector de la Universidad Católica de Kaslik, la segunda del país, se muestra crítico con el uso político de la religión que se ha dado en muchos países islámicos.

Tras los atentados contra Estados Unidos, el experto en cuestiones de Oriente Medio hace en esta entrevista un llamamiento a todos los líderes políticos y religiosos musulmanes a condenar las escuelas coránicas que enseñan el terrorismo.

–¿Cuál es la reacción a esta crisis internacional en el Líbano? –Joseph Mouannes: Existe una difundida condena de la ideología religiosa que justifica la violencia y que se vuelve contra el mismo Islam. Existe, de hecho, un Islam tolerante, desarmado, que comparte con nosotros cristianos el respeto a la vida, la ley, los derechos humanos. Quien ha atentado contra Estados Unidos ha atacado también a este Islam, promoviendo el terrorismo al nivel de una especie de teología sagrada.

Esto es inmoral, injustificable. Se quiere hacer precipitar Oriente Medio en una situación de miedo, como si no hubiera bastado la violencia entre israelíes y palestinos. La violencia es obra de pequeños grupos, pero a la larga acaba por contagiar al pueblo a través de la interpretación distorsionada de los textos religiosos. Sin embargo, no se elimina con más violencia, sino con el derecho, la tolerancia y el amor.

–¿Ha habido entre los musulmanes «moderados» demasiada indulgencia hacia el fanatismo? –Joseph Mouannes: El problema no está en la masa, sino en los intelectuales y líderes religiosos que interpretan los textos sagrados. Los intelectuales islámicos saben lo que es el integrismo, y si quieren saben también cómo ponerle freno. Los líderes religiosos, a su vez, conocen el modo de detener o empujar a la gente en ese camino. También ellos son responsables de lo que ha sucedido. Ahora deben condenar las escuelas coránicas en las que se justifica el terrorismo y se enseña a atentar contra mujeres y niños.

–¿Cuál es la estrategia que ha tolerado al extremismo? –Joseph Mouannes: No hay ninguna estrategia, son los políticos los que han permitido el avance de los fanáticos. En Egipto, en Siria, en Jordania, en Irak, los regímenes están contra el extremismo. Pero una cosa es vigilar a las fuerzas más radicales y otra declarar públicamente que esta forma de interpretación del Corán es inaceptable, no sólo dentro del país. Esto no lo dicen: tienen miedo la reacción de la gente. Y la masa tiene el corazón sensible al fundamentalismo incendiario. Ahora bien, muchos países islámicos tienen miedo del fanatismo religioso, al menos en su territorio y no permitirán que se extienda.

–Tras lo que ha sucedido, el Islam de los kamikazes lo tendrá difícil…

–Joseph Mouannes: Sí, la oleada de desprecio en todo el mundo no quedará sin consecuencias. Recordemos sin embargo que Osama Bin Laden nació como aliado de Occidente, que lo usó contra la Unión Soviética, y ahora se ha convertido en su enemigo mortal. La misma cosa sucedió con Jomeini, primero albergado por Francia y luego transformado en enemigo público. A veces se da de comer al diablo en casa. Hay que tener mucho cuidado a la hora de usar la religión como arma política para luego darse cuenta que te apunta con la pistola.

–¿Qué consecuencias tendrá para el mundo islámico él que se considere como autores del atentado a musulmanes? –Joseph Mouannes: Muy serias. Moralmente, la imagen de los musulmanes sale oscurecida. Las restricciones por motivos de seguridad afectarán sobre todo a los jóvenes de los países árabes, a los que se les niegan los visados para salir al extranjero. De este modo se aumentará la frustración, en lugar de garantizar la seguridad.

–¿Hay todavía espacio para el diálogo con el Islam? –Joseph Mouannes: Si, a condición de que se logre el respeto y que no se hagan concesiones en materia de derechos y libertades, así como en nuestra concepción de Dios. No podemos deslucir nuestra fe en el Dios trinitario por el hecho de que ellos no crean en él. Tampoco podemos aceptar el que la ley islámica se anteponga a la civil.

–¿Hay responsabilidades del mundo occidental en la génesis de esta crisis? –Joseph Mouannes: Occidente debe sentirse culpable de dos errores: por una parte no ha comprendido la historia y la realidad del mundo árabe, basando sus juicios en análisis equivocados; por otra parte, se ha mostrado tolerante, debido a intereses políticos y económicos, con regímenes que no respetan los derechos humanos, la libertad religiosa, la igualdad entre los hombres. Con estos errores no se llegará nunca a la paz.

Joseph Mouannes, Avvenire, 24.IX.01 Tomado de www.zenit.org – www.avvenire.it

Mario Santana, “Algunos datos sobre el Islam”, BC, 22.IX.01

1.-¿Qué significa la palabra Islam y cuándo aparece el Islam? La palabra Islam quiere decir entrega, abandono de sí mismo a Allah. El Islam es la sumisión a Allah. El Islam aparece en el año 610 de nuestra era cristiana en el desierto arábico. Fue fundado por Mahoma, aunque los musulmanes no aceptan esto; para ellos no es Mahoma sino Allah quien fundó el Islam a través de él. Mahoma no es el equivalente de Cristo. Jamás Mahoma afirmó ser Dios, sino el transmisor de la revelación que Allah trae a los hombres. El nombre Mahoma significa en español: el elogiado, el ensalzado.

2.- ¿Los musulmanes son cristianos? No. Ellos no creen que Jesucristo es Dios. Para los musulmanes Dios solamente es uno, por tanto no aceptan, ni jamás aceptarán la Santísima Trinidad, a la que consideran como una blasfemia contra Allah, el Único. A Jesús sólo lo aceptan como a un profeta anterior a Mahoma.

3.- ¿En qué creen? ¿Tienen algún credo? Ellos creen por encima de todo que hay un solo y único Dios. Tienen una especie de credo que cinco veces al día; el almuecín lo proclama a los cuatro vientos diciendo: “¡No hay ningún dios a excepción de Allah. Muhammad es el Enviado de Allah!” Esto es lo que tiene que creer una persona para convertirse en musulmán. En árabe Dios se dice Allah.

4.- ¿Por qué se ve tan frecuentemente el color verde en el Islam? El color verde es el color del Islam. Mahoma lo elogia y los musulmanes creen que las almas de los mártires del Islam entrarán al Paraíso bajo la forma de aves de color verde.

5.- ¿Tienen alguna escritura sagrada? Sí, el Corán. La palabra Corán significa lectura, proclamación. Para los creyentes musulmanes el Corán es el libro sagrado donde se recogen las palabras de Allah, comunicada a Mahoma por el arcángel Gabriel como mediador. El Corán está formado por 114 suras o capítulos y tiene 6.226 aya, aleyas o versículos. Los capítulos del Corán están ordenados de mayor a menor, excepto la primera sura que es una súplica a Allah y las dos últimas, que son fórmulas mágicas para proteger el texto sagrado. Las suras o capítulos no tienen un orden ni lógico ni histórico. Se tratan muchos temas e incluso hace referencia a acontecimientos del Antiguo Testamento de la Biblia. El Corán se imprimió por primera vez en Europa en el siglo XVI, y en tierras musulmanas, en el año 1787. En el año 1923 en el Cairo se fijó el Corán actual para todo el mundo islámico; lo hizo el rey Fuad I, es la llamada edición del rey Fuad. A los musulmanes no les gusta que el Corán sea traducido a otras lenguas ya que, según ellos, esto hace perder el hechizo misterioso que le da la lengua árabe.

6.- ¿Por qué siempre vemos esa unidad entre Islam y política? En esto hay una diferencia grande con nosotros los cristianos. Para nosotros la fe es una opción personal y una gracia de Dios, en cambio, en el mundo musulmán Islam y política es lo mismo, van unidos. Tienen en este aspecto un sistema que intenta ser teocrático.

7.- ¿El Islam tiene sacerdotes, iglesias, sacramentos, etc… como nosotros los católicos? No. No existe ningún tipo de sacerdocio ni sacramentos ni casta sacerdotal. Los laicos son los que realizan las distintas acciones del ritual islámico. No tienen ninguna jerarquía ni ningún magisterio. Cuando oímos hablar de visires, ayatollahs, muftíes, cadíes, imanes, ulemas, jeques y almuecines, etc… nos están hablando de personas que para el mundo musulmán ostentan un poder y un prestigio espiritual muy real, pero no podemos concebirles como sacerdotes. No tienen iglesias. Tienen mezquitas que son lugares de reunión para adorar y lugares de postración. Un musulmán va a la mezquita no sólo a orar o a escuchar la predicación coránica, sino también puede ir para discutir de política, para echarse una siesta o a cambiar impresiones sobre diversos asuntos, incluso cosas sin mayor importancia. Para los musulmanes tiene gran importancia el sentido de pertenencia a una comunidad: la del mundo musulmán.

8.- ¿Qué calendario usan los musulmanes? Como sabes, existen varios calendarios. Los cristianos usamos el calendario gregoriano que es solar. Los musulmanes utilizan el calendario musulmán, que es lunar. Ellos cuentan los años a partir de la Hégira (La Hégira es el viaje que Mahoma hace de la Meca a Medina) en el año 622 de nuestra era. Para los musulmanes el calendario hegiriano comienza el 16 de julio del 622. Para pasar de un calendario a otro hay que hacer unos simples cálculos. Para pasar del calendario musulmán al calendario gregoriano (al nuestro), se multiplica la cifra del año por 0,97 (diferencia entre el año lunar y el solar) y se añade 622. Veamos un ejemplo: El año 1420 de la era hegiriana es el 1420 x 0,97 = 1377 + 622 = 1999 de nuestra era. Pasar del calendario gregoriano al calendario musulmán se hace de la siguiente manera: se resta 622 de la cifra del año y se divide por 0,97: El año 1999 de la era cristiana es el 1999-622 = 1377:0,97 = 1420 de la era hegiriana.

9.- ¿Cómo se convierte una persona al Islam? ¿Tienen también el bautismo o algún rito de iniciación? No tienen ningún tipo de bautismo para formar parte dela fe musulmana. Solamente hace falta que una persona recite el credo musulmán que es muy sencillo y muy simple de recordar y que dice: “No hay más dios que Allah y Mahoma es su Enviado” (7,158). Esto es suficiente. En esto, ya lo hemos visto, es lo que cree el Islam como su base y único dogma. Cuando una persona recita este credo ante dos testigos y expresa su voluntad de ser islámico ya forma parte de esa comunidad.

10.- En materia religiosa, ¿qué piensan los musulmanes de los cristianos? Ellos creen de nosotros que adoramos a tres dioses (Misterio de la Santísima Trinidad). Entienden que el cristianismo es una deformación, es más, los musulmanes creen que ellos son los auténticos discípulos de Jesús, los únicos que han comprendido su doctrina y que le son fieles. En varios países islámicos está prohibida la edición, la comercialización e incluso la lectura de la Biblia bajo pena de cárcel. El buscar adeptos para el cristianismo está castigado incluso con la pena de muerte. Los musulmanes dicen que nosotros hemos falsificado la palabra de Dios.

11.- ¿Cuál es la ley por la que se rige el mundo musulmán? Ellos tienen una ley a la que llaman la Sharia. En muchos países árabes han institucionalizado la Sharia como única y exclusiva ley que rige la vida de los habitantes y de los visitantes de ese lugar. Sharia significa el camino o la calle. Es por tanto el camino por el cual va un creyente para hacer la voluntad de Allah. Son como una especie de mandamientos que los musulmanes tienen que cumplir. Muchas personas no musulmanas se extrañan cuando ven las prescripciones hasta en las más mínimas cosas, que tiene que realizar un creyente en Allah. La Sharia tiene su base en el Corán. Para las cosas que no vienen indicadas en el libro sagrado, ellos disponen de la Sunna o tradición, que es la que tiene que ver qué debe hacer cada musulman en los actos no previstos en el Corán. La ley la administran los teólogos, en especial en los países que han adoptado la Sharia como ley.

12.- ¿Qué obligaciones tiene un creyente musulmán? Tienen cinco obligaciones: 1. Recitar la shahada o credo musulmán: “¡No hay más dios que Allah y Mahoma es el enviado de Allah!” Los almuecines la proclaman desde los minaretes cinco veces al día. Los creyentes tienen que repetirla a lo largo de la jornada.

2. Hacer las plegarias al alba, al mediodía, al anochecer y por la noche. Las plegarias se hacen individualmente, excepto el viernes a mediodía , que es cuando los hombres deben de reunirse en la mezquita. Se debe hacer en lengua árabe, sobre una alfombra, descalzo y orientado hacia la Meca. Hay que purificarse lavándose con agua o arena. El estado de impureza legal de la mujer —la menstruación— la dispensa de rezar, de hacer el remadán y de la peregrinación. Los viernes al mediodía los hombres van a la mezquita para la plegaria, presidida ordinariamente por un imán, que es como un delegado de la comunidad. El imán de cada mezquita es elegido por la gente del barrio.

3. Dar la limosna legal. Hay tres clases de limosnas: – limosna legal: es la única obligatoria, que viene a ser como una especie de impuesto religioso.

– limosna privada: el Corán habla de ella con frecuencia y que se tiene que dar incluso a un no creyente musulmán.

– las donaciones que se hacen para favorecer al Islam: construir mezquitas, escuelas coránicas, beneficencia, etc… 4. El ramadán. El ayuno anual. Durante el mes del ramadán los musulmanes tienen el deber de hacer ayuno, o sea, no comer, ni beber, ni fumar, ni mantener relaciones sexuales, desde el amanecer hasta el ocaso. A partir de este momento, el ayuno finaliza y todo lo prohibido vuelve a estar permitido. El ayuno tiene casi el mismo sentido que la limosna: el desprenderse de los bienes de este mundo por la privación.

5. La peregrinación a la Meca. La debe hacer todo musulmán que tenga buena salud y que disponga de medios económicos, por lo menos una vez en la vida. Allí realizan tres ritos fundamentales: – Dan siete vueltas al santuario en sentido contrario al recorrido solar y luego recorren siete veces en camino de ida y vuelta el espacio que separa las dos colinas que la rodean.

– A los ocho días van a la llanura de Arafa,t a 25 kms. de la Meca , donde pasan rezando todo el noveno día. Por la noche van al torrente de Mina y allí todo el mundo lapida tres estelas que representan al Diablo lapidado. Luego se sacrifican los corderos.

– La veneración de la Piedra Negra.

Para muchos musulmanes hay, además de estas cinco prescripciones, una más: la llamada al-yihad o Guerra Santa. No todos los musulmanes piensan así. La Guerra Santa se considera como una obligación del conjunto de la comunidad musulmana y no como un deber individual.

13.- ¿Qué otras diferencias tienen los musulmanes con los cristianos? Son muchas las perspectivas y la forma de entender a la persona humana. Ambas religiones parten de postulados totalmente distintos, por eso las diferencias son muy acentuadas. Veamos algunas de ellas: El Islam no mira nada bien la soltería, incluso desfavorece el celibato y lo ve como algo negativo. La sexualidad está para pasarlo bien, sobre todo el hombre. La soltería es sinónimo de egoísmo y de esterilidad. Los musulmanes piensan que en el Paraíso en el más allá, cada hombre musulmán disfrutará eternamente de cuatro bellas huríes… Los matrimonios no son ni un sacramento ni un matrimonio civil. Se parece más a un contrato de compraventa. No olvides que el Islam también le da al placer carnal un sentido religioso. Tienen un matrimonio forzado, donde la mujer no elige a su marido sino que es un tercero quien les une. La mujer sólo puede heredar la mitad en relación al hombre. El marido puede repudiar a la mujer cuando le plazca y no tiene que dar cuentas a nadie de tal decisión.

Tienen también un tipo de matrimonio que podríamos denominar temporal, ya que se puede contraer por meses, semanas o días.

A las mujeres musulmanas se les prohíbe contraer matrimonio con un no musulmán. Si una musulmana enamorada de un cristiano se quiere casar con él, el cristiano debe antes hacerse musulmán.

Los hombres musulmanes pueden casarse con una mujer judía o cristiana. El cristiano en cambio no puede casarse con una musulmana.

Se valora mucho la familia que es el núcleo fuerte del Corán.

Aceptan la poligamia.

En el derecho musulmán, un cristiano no hereda jamás de un musulmán; reciprocamente, el marido musulmán no será nunca el heredero de su mujer cristiana.

14.- Otros elementos diferenciadores del mundo musulmán y cristiano.

La lapidación a la mujer en caso de adulterio probado.

La mujer islámica está obligada a llevar el velo (el hiyab o shador); el motivo es para que la mujer musulmana esté protegida de la mirada perversa del hombre. En los países más rigoristas es totalmente obligatorio, ya que creen que las mujeres que no lo llevan son unas depravadas, caso de las cristianas… La ablación del clítoris. Una práctica que no aparece en el Corán, pero sí en la tradición y que es ilegal y penada en muchos países árabes, mientras que en otros no sólo es permitida sino exigida.

Todo en el mundo musulmán tiene un componente netamente religioso. El comer también. Ellos distinguen entre alimentos puros e impuros. En nuestras ciudades ya conocemos las carnicerías islámicas Halal. No comen carne de cerdo ni sus derivados, en especial su grasa: no comen ni croissants, buñuelos, helados, etc… No toman bebidas alcoholicas ni, por supuesto, drogas.

A los ladrones se les corta las manos.

La apostasía del Islam es un hecho gravísimo sancionado con la pena de muerte.

15.- Relaciones entre católicos y musulmanes.

La comisión episcopal de relaciones interconfesionales de España, ha editado un interesante trabajo que recomendamos vivamente, ya que es un material muy bien elaborado y que puede servir de pistas claras para saber situarnos ante la realidad musulmana. La obra es: Católicos y musulmanes al encuentro, Ed. Edice. Madrid, 2000. 86 pp.

© Mario Santana Bueno, www.buzoncatolico.com