José Morales, “El Islam”, IX.01

El Islam ha estado siempre, como mundo religioso y cultural, muy próximo a la geografía del Cristianismo, e incluso inmerso fragmentariamente en esa geografía. La fe y la civilización musulmanas han mantenido desde el siglo VII con los cristianos una relación constante, caracterizada generalmente por la tensión y el enfrentamiento, mucho más que por la convivencia y la colaboración.

A diferencia de las religiones que se han desarrollado lentamente, a partir muchas veces de orígenes oscuros y legendarios, el Islam -la más joven y sencilla de las religiones universales- nació a la plena luz de la historia y se propagó acto seguido con la celeridad de un huracán.

El interés por el Islam es un fenómeno incontrovertible y creciente en el mundo occidental. Se trata de un interés y de una atención polivalentes y cargados de ambigüedad. Atrae sin duda el hecho religioso musulmán, que ha llevado a Juan Pablo II a hablar de la «gran religión musulmana» y a mostrar su respeto hacia el Islam besando el Corán durante su visita a Egipto en marzo de 2000.

Despierta asimismo atención hacia el Islam el resurgir del radicalismo musulmán que, extremo o moderado, se considera un factor desestabilizador en el equilibrio del planeta y una amenaza a los intereses hegemónicos -económicos y políticos- del Occidente. Se impone además el hecho de la presencia en aumento de activas comunidades islámicas de cierta importancia numérica en casi todos los países que han representado históricamente la civilización cristiana.

El mundo académico europeo y norteamericano acusa también una intensificación del interés por el Islam. Lo muestra el crecimiento de los estudios islámicos que las universidades de Occidente llevan a cabo en centros y departamentos de historia, lingüística, religión, filosofía, etc. Junto a los numerosos islamistas que trabajan en estos lugares, se encuentran no pocos musulmanes cultos que han hecho del Occidente su patria intelectual y la sede de su docencia e investigación. Estos hombres viven en el mundo académico y no representan necesariamente «el punto de vista» musulmán. Aunque se presentan en ocasiones como los verdaderos conocedores del Islam vivo, pueden no tener de éste más conocimientos reales que muchos cristianos y judíos.

La percepción que los hombres y mujeres occidentales tienen del Islam es una mezcla de temor, recelo, curiosidad y vago respeto. Se ha dicho que para el Occidente cristiano, los musulmanes fueron un peligro antes de convertirse en un problema. Puede afirmarse que el Islam y los musulmanes se nos presentan actualmente como peligro y a la vez como problema. Nadie se atrevería a pronosticar cuál será el impacto futuro de lo islámico en la situación religiosa de Europa y en la relación entre comunidades en el plano de la convivencia social. La actitud reivindicativa que, derivada del pasado colonial y de la dominación política y económica occidental, se advierte en los países musulmanes, añade un factor de incertidumbre a las relaciones presentes y futuras entre el Islam y el Occidente.

La civilización cristiana ha sentido históricamente, con raras excepciones de momentos y personas, antipatía y desprecio hacia el Islam. En una conferencia pronunciada en marzo de 1883, decía Ernest Renan: «Islam es la unión inseparable de lo espiritual y lo temporal, es el reino del dogma, es la cadena más pesada que haya soportado la humanidad». Los tiempos han cambiado, y sobre todo lo han hecho las actitudes que, fruto de mayores contactos y de una mejor información, son capaces de superar prejuicios y sobre todo ignorancia.

Son muchos los hombres y mujeres occidentales que lamentan el pasado y desean borrar o al menos compensar de algún modo las ofensas que se hayan infligido al Islam en el ámbito de la Cristiandad.

El Islam se presenta a sí mismo como la religión del sentido común. Ha entrado en la historia a principios del siglo VII de nuestra era como una religión de conquista en un mundo considerado decadente, y no como un secta oriental insignificante en un orden sólidamente establecido.

A diferencia de otros nombres de religiones, como Hinduismo, Shinto, Cristianismo, que les han sido impuestos desde fuera, Islam -que significa sumisión a Dios-, es el nombre con el que los mismos musulmanes designan su propia creencia, y el nombre con el que desean también ver designada la religión que practican. Piensan que es Dios mismo quien ha denominado Islam al monoteísmo predicado por Mahoma. Sólo recientemente han comenzado los occidentales a usar el nombre de Islam, que en la Edad Media eran simplemente «los sarracenos».

Cuando hablamos del Islam lo hacemos, consciente o inconscientemente, en diversos registros. Nos podemos referir a este hecho religioso masivo como cultura, como refugio espiritual, como protesta reivindicativa, como esbozo de sistema económico, como realidad política, etc. Pero lo que nosotros separamos es vivido por las masas arabomusulmanas como una unidad, que nos recuerda la solidaridad latente bajo múltiples divisiones y cuya alma es una fe común. Una misma realidad aparece en el Islam como «iglesia» o comunidad espiritual, cuando se la contempla desde una determinada perspectiva, y se manifiesta como estado o como poder político cuando se la mira desde otro ángulo. Pero el Islam es una realidad única e indivisible, que es una cosa u otra según cambie el modo de considerarla. El conocido y elemental principio de que el hecho religioso no existe en estado puro, y es al mismo tiempo un hecho histórico, sociológico, cultural, psicológico…, alcanza en el caso del Islam su máxima vigencia.

Es frecuente imaginar una comparación entre el Islam y el Occidente en la que éste aparece revestido de las notas positivas y la realización del respeto a los valores del humanismo y la democracia, mientras que el Islam sería, por el contrario, el reino del arcaísmo y la tradición inmóvil, la discriminación de la mujer y la barbarie del código penal.

El Islam parece haber sido dejado fuera de la modernidad, lo cual no es juzgado por los mismos creyentes musulmanes como negativo. Pero es muy cierto que el Islam y toda la realidad geográfica, cultural y humana que supone ha sido el objeto y no el sujeto del cambio histórico desde el siglo XIII. El proceso secularizador ha demostrado con toda su ambivalencia la capacidad del Cristianismo para enfrentarse y entenderse, según los casos, con el pensamiento filosófico, la ciencia, la historia crítica, y el desarrollo democrático y social del estado y la sociedad modernos.

No puede decirse lo mismo del mundo islámico, para el que estos desarrollos contendrían promesas de renovación pero sobre todo amenazadoras crisis, latentes o abiertas. Las estructuras sociales y familiares de las sociedades musulmanas sufren importantes disfunciones y problemas crónicos, a causa principalmente de la pobreza, el analfabetismo, las condiciones miserables de vida, y la multitud de familias rotas. Todo ello en un marco de estancamiento cultural y económico. La tragedia que ha significado para el mundo árabe la humillante derrota infligida por Israel en 1967 ha intensificado psicológicamente el impacto letal de tantos males, que se hacen cada vez más insoportables.

Contrariamente a lo que muchos piensan, no es la religión musulmana la causa determinante de esta situación negativa, que no tiene visos de modificarse a corto plazo. Mucho más importante es el despotismo oriental, que ignora por principio los derechos y la dignidad de la persona individual, y mantiene en casi todos los órdenes un régimen de arbitrariedad que bloquea cualquier evolución positiva de carácter individual o social. Al despotismo se unen las estructuras feudales y la corrupción a gran escala, así como, más recientemente, la desintegración del consenso político que había nacido después de la independencia de los poderes coloniales.

Debe mencionarse asimismo la situación inferior de la mujer, porque el desarrollo armónico de una sociedad exige que mujeres y hombres sean tratados y actúen como iguales en cuanto seres humanos. Hay también otras causas, derivadas sin duda del pasado colonial y de las contingencias de la historia pretérita o reciente, pero ninguna encierra probablemente la importancia de un sistema político que, a pesar del impulso coránico, no parece capaz de buscar la justicia, y de los prejuicios culturales y sociales que imponen a la mujer un régimen permanente de tutela.

No es posible hablar o escribir sobre el Islam en nuestra cultura sin tener en cuenta el considerable volumen de informaciones y conocimientos que forman la memoria de una sociedad como la occidental, que asocia espontánea y necesariamente el hecho islámico con las Cruzadas, la Cristiandad, las incursiones recíprocas que han tenido lugar a lo largo de la historia, y el terrorismo del siglo xx. La imaginación de Occidente sobre el Islam no puede desprenderse fácilmente de los recuerdos y datos evocados por la revolución religiosa del Irán en 1979, la guerra del Líbano de 1977, la resistencia afgana, las erupciones de violencia social en Egipto y Argelia, el régimen de los Talibanes y la guerra que arde en Chechenia. Pocos europeos y norteamericanos hay capaces de pensar con imparcialidad en el mundo musulmán. Puede afamarse también que, de modo simétrico, la gran mayoría de los musulmanes nutren en sus mentes una visión deformada del Occidente, que para ellos es siempre cristiano, como un mundo de arrogancias imperialistas, corrupción social, y concesiones impías al secularismo y a la irreligiosidad.

Es evidente al mismo tiempo que un cristiano de nuestros días que reflexione sobre la historia de la salvación dispuesta por Dios para la entera humanidad, ha de tener en cuenta, por respeto a los designios divinos, el hecho religioso del Islam. Es éste un fenómeno polivalente que ha modificado en alguna medida el curso de la historia humana, ha alimentado valiosas experiencias religiosas, y proporciona una identidad espiritual a millones de hombres y mujeres en los cinco continentes.

No se debe, sin embargo, idealizar el Islam ni su azarosa historia. La historia de los musulmanes no deja de ser la de seres humanos que no han sido ni son siempre fieles a todas las enseñanzas de su religión, y que con frecuencia han coaccionado injustamente, vejado, humillado y aniquilado.

Es preciso huir de la denigración sistemática del Islam y de los valores musulmanes, que era una actitud muy de moda a principios del siglo xx, cultivada por bastantes cristianos y por la mayoría de los orientalistas. Hace falta también controlar el excesivo entusiasmo que algunos círculos manifiestan hoy hacia el Islam y que conduce a una ingenua idealización de éste, y a un lamentable e injusto vilipendio del Cristianismo. La relativa fascinación por el Islam, extendida actualmente en ámbitos occidentales y especialmente dentro de la Iglesia católica, impide en ocasiones un mínimo de objetividad, tanto científica como teológica. Es necesario un conocimiento desmitificado del pasado y una liberación de mitos e idealizaciones que impiden comprender el presente. No se pueden ignorar ni minimizar los aspectos de tensión que afloran a la superficie cuando se comparan y relacionan en serio dos religiones de vasta implantación que viven contiguas.

La religión es el mejor camino para introducirse en la comprensión del mundo árabe, lo cual no es cierto en igual medida del mundo occidental. Porque si bien la raíz del mundo cultural de Occidente puede ser religiosa, el hecho es que los elementos e impulsos religiosos se ocultan con frecuencia bajo formas filosóficas, políticas o sociológicas. El Islam muestra en cambio poderosas estructuras visibles de creencia, aunque la religión sea también aquí un arma política, en distinta medida según países, tiempos y circunstancias históricas.

El Islam no es una religión de poco valor. Desde su nacimiento se ha presentado al mundo como una fuerza con la que hay que contar. Representa para muchos la negativa a ver el mundo de modo racional y crítico. Pero esta religión despreciada por siglos ha manifestado una energía, una solidez y una capacidad de unir a sus seguidores, que son objeto de asombro cuando no de alarma. No es una religión anquilosada. Habla a los corazones de millones de hombres y mujeres, a muchos de los cuales proporciona principios de temor de Dios y deseos de conducta honrada. El Islam afirma y encierra una fuerza orientada hacia el bien. Una vida conforme a sus mejores preceptos puede ser una vida que mira a lo moralmente irreprochable.

Texto de José Morales (Doctor in Theology. Systematic Theology. Creation and Fundamental Theology. Newman), Islam, Ed. Rialp, 2001, Introducción.

Joseph Mouannes, “Uso político de la religión en algunos países islámicos”, Avvenire, 24.IX.01

FRIBURGO (SUIZA), 24.IX.01. El padre Joseph Mouannes, teólogo y antropólogo libanés, rector de la Universidad Católica de Kaslik, la segunda del país, se muestra crítico con el uso político de la religión que se ha dado en muchos países islámicos.

Tras los atentados contra Estados Unidos, el experto en cuestiones de Oriente Medio hace en esta entrevista un llamamiento a todos los líderes políticos y religiosos musulmanes a condenar las escuelas coránicas que enseñan el terrorismo.

–¿Cuál es la reacción a esta crisis internacional en el Líbano? –Joseph Mouannes: Existe una difundida condena de la ideología religiosa que justifica la violencia y que se vuelve contra el mismo Islam. Existe, de hecho, un Islam tolerante, desarmado, que comparte con nosotros cristianos el respeto a la vida, la ley, los derechos humanos. Quien ha atentado contra Estados Unidos ha atacado también a este Islam, promoviendo el terrorismo al nivel de una especie de teología sagrada.

Esto es inmoral, injustificable. Se quiere hacer precipitar Oriente Medio en una situación de miedo, como si no hubiera bastado la violencia entre israelíes y palestinos. La violencia es obra de pequeños grupos, pero a la larga acaba por contagiar al pueblo a través de la interpretación distorsionada de los textos religiosos. Sin embargo, no se elimina con más violencia, sino con el derecho, la tolerancia y el amor.

–¿Ha habido entre los musulmanes «moderados» demasiada indulgencia hacia el fanatismo? –Joseph Mouannes: El problema no está en la masa, sino en los intelectuales y líderes religiosos que interpretan los textos sagrados. Los intelectuales islámicos saben lo que es el integrismo, y si quieren saben también cómo ponerle freno. Los líderes religiosos, a su vez, conocen el modo de detener o empujar a la gente en ese camino. También ellos son responsables de lo que ha sucedido. Ahora deben condenar las escuelas coránicas en las que se justifica el terrorismo y se enseña a atentar contra mujeres y niños.

–¿Cuál es la estrategia que ha tolerado al extremismo? –Joseph Mouannes: No hay ninguna estrategia, son los políticos los que han permitido el avance de los fanáticos. En Egipto, en Siria, en Jordania, en Irak, los regímenes están contra el extremismo. Pero una cosa es vigilar a las fuerzas más radicales y otra declarar públicamente que esta forma de interpretación del Corán es inaceptable, no sólo dentro del país. Esto no lo dicen: tienen miedo la reacción de la gente. Y la masa tiene el corazón sensible al fundamentalismo incendiario. Ahora bien, muchos países islámicos tienen miedo del fanatismo religioso, al menos en su territorio y no permitirán que se extienda.

–Tras lo que ha sucedido, el Islam de los kamikazes lo tendrá difícil…

–Joseph Mouannes: Sí, la oleada de desprecio en todo el mundo no quedará sin consecuencias. Recordemos sin embargo que Osama Bin Laden nació como aliado de Occidente, que lo usó contra la Unión Soviética, y ahora se ha convertido en su enemigo mortal. La misma cosa sucedió con Jomeini, primero albergado por Francia y luego transformado en enemigo público. A veces se da de comer al diablo en casa. Hay que tener mucho cuidado a la hora de usar la religión como arma política para luego darse cuenta que te apunta con la pistola.

–¿Qué consecuencias tendrá para el mundo islámico él que se considere como autores del atentado a musulmanes? –Joseph Mouannes: Muy serias. Moralmente, la imagen de los musulmanes sale oscurecida. Las restricciones por motivos de seguridad afectarán sobre todo a los jóvenes de los países árabes, a los que se les niegan los visados para salir al extranjero. De este modo se aumentará la frustración, en lugar de garantizar la seguridad.

–¿Hay todavía espacio para el diálogo con el Islam? –Joseph Mouannes: Si, a condición de que se logre el respeto y que no se hagan concesiones en materia de derechos y libertades, así como en nuestra concepción de Dios. No podemos deslucir nuestra fe en el Dios trinitario por el hecho de que ellos no crean en él. Tampoco podemos aceptar el que la ley islámica se anteponga a la civil.

–¿Hay responsabilidades del mundo occidental en la génesis de esta crisis? –Joseph Mouannes: Occidente debe sentirse culpable de dos errores: por una parte no ha comprendido la historia y la realidad del mundo árabe, basando sus juicios en análisis equivocados; por otra parte, se ha mostrado tolerante, debido a intereses políticos y económicos, con regímenes que no respetan los derechos humanos, la libertad religiosa, la igualdad entre los hombres. Con estos errores no se llegará nunca a la paz.

Joseph Mouannes, Avvenire, 24.IX.01 Tomado de www.zenit.org – www.avvenire.it

Mario Santana, “Algunos datos sobre el Islam”, BC, 22.IX.01

1.-¿Qué significa la palabra Islam y cuándo aparece el Islam? La palabra Islam quiere decir entrega, abandono de sí mismo a Allah. El Islam es la sumisión a Allah. El Islam aparece en el año 610 de nuestra era cristiana en el desierto arábico. Fue fundado por Mahoma, aunque los musulmanes no aceptan esto; para ellos no es Mahoma sino Allah quien fundó el Islam a través de él. Mahoma no es el equivalente de Cristo. Jamás Mahoma afirmó ser Dios, sino el transmisor de la revelación que Allah trae a los hombres. El nombre Mahoma significa en español: el elogiado, el ensalzado.

2.- ¿Los musulmanes son cristianos? No. Ellos no creen que Jesucristo es Dios. Para los musulmanes Dios solamente es uno, por tanto no aceptan, ni jamás aceptarán la Santísima Trinidad, a la que consideran como una blasfemia contra Allah, el Único. A Jesús sólo lo aceptan como a un profeta anterior a Mahoma.

3.- ¿En qué creen? ¿Tienen algún credo? Ellos creen por encima de todo que hay un solo y único Dios. Tienen una especie de credo que cinco veces al día; el almuecín lo proclama a los cuatro vientos diciendo: “¡No hay ningún dios a excepción de Allah. Muhammad es el Enviado de Allah!” Esto es lo que tiene que creer una persona para convertirse en musulmán. En árabe Dios se dice Allah.

4.- ¿Por qué se ve tan frecuentemente el color verde en el Islam? El color verde es el color del Islam. Mahoma lo elogia y los musulmanes creen que las almas de los mártires del Islam entrarán al Paraíso bajo la forma de aves de color verde.

5.- ¿Tienen alguna escritura sagrada? Sí, el Corán. La palabra Corán significa lectura, proclamación. Para los creyentes musulmanes el Corán es el libro sagrado donde se recogen las palabras de Allah, comunicada a Mahoma por el arcángel Gabriel como mediador. El Corán está formado por 114 suras o capítulos y tiene 6.226 aya, aleyas o versículos. Los capítulos del Corán están ordenados de mayor a menor, excepto la primera sura que es una súplica a Allah y las dos últimas, que son fórmulas mágicas para proteger el texto sagrado. Las suras o capítulos no tienen un orden ni lógico ni histórico. Se tratan muchos temas e incluso hace referencia a acontecimientos del Antiguo Testamento de la Biblia. El Corán se imprimió por primera vez en Europa en el siglo XVI, y en tierras musulmanas, en el año 1787. En el año 1923 en el Cairo se fijó el Corán actual para todo el mundo islámico; lo hizo el rey Fuad I, es la llamada edición del rey Fuad. A los musulmanes no les gusta que el Corán sea traducido a otras lenguas ya que, según ellos, esto hace perder el hechizo misterioso que le da la lengua árabe.

6.- ¿Por qué siempre vemos esa unidad entre Islam y política? En esto hay una diferencia grande con nosotros los cristianos. Para nosotros la fe es una opción personal y una gracia de Dios, en cambio, en el mundo musulmán Islam y política es lo mismo, van unidos. Tienen en este aspecto un sistema que intenta ser teocrático.

7.- ¿El Islam tiene sacerdotes, iglesias, sacramentos, etc… como nosotros los católicos? No. No existe ningún tipo de sacerdocio ni sacramentos ni casta sacerdotal. Los laicos son los que realizan las distintas acciones del ritual islámico. No tienen ninguna jerarquía ni ningún magisterio. Cuando oímos hablar de visires, ayatollahs, muftíes, cadíes, imanes, ulemas, jeques y almuecines, etc… nos están hablando de personas que para el mundo musulmán ostentan un poder y un prestigio espiritual muy real, pero no podemos concebirles como sacerdotes. No tienen iglesias. Tienen mezquitas que son lugares de reunión para adorar y lugares de postración. Un musulmán va a la mezquita no sólo a orar o a escuchar la predicación coránica, sino también puede ir para discutir de política, para echarse una siesta o a cambiar impresiones sobre diversos asuntos, incluso cosas sin mayor importancia. Para los musulmanes tiene gran importancia el sentido de pertenencia a una comunidad: la del mundo musulmán.

8.- ¿Qué calendario usan los musulmanes? Como sabes, existen varios calendarios. Los cristianos usamos el calendario gregoriano que es solar. Los musulmanes utilizan el calendario musulmán, que es lunar. Ellos cuentan los años a partir de la Hégira (La Hégira es el viaje que Mahoma hace de la Meca a Medina) en el año 622 de nuestra era. Para los musulmanes el calendario hegiriano comienza el 16 de julio del 622. Para pasar de un calendario a otro hay que hacer unos simples cálculos. Para pasar del calendario musulmán al calendario gregoriano (al nuestro), se multiplica la cifra del año por 0,97 (diferencia entre el año lunar y el solar) y se añade 622. Veamos un ejemplo: El año 1420 de la era hegiriana es el 1420 x 0,97 = 1377 + 622 = 1999 de nuestra era. Pasar del calendario gregoriano al calendario musulmán se hace de la siguiente manera: se resta 622 de la cifra del año y se divide por 0,97: El año 1999 de la era cristiana es el 1999-622 = 1377:0,97 = 1420 de la era hegiriana.

9.- ¿Cómo se convierte una persona al Islam? ¿Tienen también el bautismo o algún rito de iniciación? No tienen ningún tipo de bautismo para formar parte dela fe musulmana. Solamente hace falta que una persona recite el credo musulmán que es muy sencillo y muy simple de recordar y que dice: “No hay más dios que Allah y Mahoma es su Enviado” (7,158). Esto es suficiente. En esto, ya lo hemos visto, es lo que cree el Islam como su base y único dogma. Cuando una persona recita este credo ante dos testigos y expresa su voluntad de ser islámico ya forma parte de esa comunidad.

10.- En materia religiosa, ¿qué piensan los musulmanes de los cristianos? Ellos creen de nosotros que adoramos a tres dioses (Misterio de la Santísima Trinidad). Entienden que el cristianismo es una deformación, es más, los musulmanes creen que ellos son los auténticos discípulos de Jesús, los únicos que han comprendido su doctrina y que le son fieles. En varios países islámicos está prohibida la edición, la comercialización e incluso la lectura de la Biblia bajo pena de cárcel. El buscar adeptos para el cristianismo está castigado incluso con la pena de muerte. Los musulmanes dicen que nosotros hemos falsificado la palabra de Dios.

11.- ¿Cuál es la ley por la que se rige el mundo musulmán? Ellos tienen una ley a la que llaman la Sharia. En muchos países árabes han institucionalizado la Sharia como única y exclusiva ley que rige la vida de los habitantes y de los visitantes de ese lugar. Sharia significa el camino o la calle. Es por tanto el camino por el cual va un creyente para hacer la voluntad de Allah. Son como una especie de mandamientos que los musulmanes tienen que cumplir. Muchas personas no musulmanas se extrañan cuando ven las prescripciones hasta en las más mínimas cosas, que tiene que realizar un creyente en Allah. La Sharia tiene su base en el Corán. Para las cosas que no vienen indicadas en el libro sagrado, ellos disponen de la Sunna o tradición, que es la que tiene que ver qué debe hacer cada musulman en los actos no previstos en el Corán. La ley la administran los teólogos, en especial en los países que han adoptado la Sharia como ley.

12.- ¿Qué obligaciones tiene un creyente musulmán? Tienen cinco obligaciones: 1. Recitar la shahada o credo musulmán: “¡No hay más dios que Allah y Mahoma es el enviado de Allah!” Los almuecines la proclaman desde los minaretes cinco veces al día. Los creyentes tienen que repetirla a lo largo de la jornada.

2. Hacer las plegarias al alba, al mediodía, al anochecer y por la noche. Las plegarias se hacen individualmente, excepto el viernes a mediodía , que es cuando los hombres deben de reunirse en la mezquita. Se debe hacer en lengua árabe, sobre una alfombra, descalzo y orientado hacia la Meca. Hay que purificarse lavándose con agua o arena. El estado de impureza legal de la mujer —la menstruación— la dispensa de rezar, de hacer el remadán y de la peregrinación. Los viernes al mediodía los hombres van a la mezquita para la plegaria, presidida ordinariamente por un imán, que es como un delegado de la comunidad. El imán de cada mezquita es elegido por la gente del barrio.

3. Dar la limosna legal. Hay tres clases de limosnas: – limosna legal: es la única obligatoria, que viene a ser como una especie de impuesto religioso.

– limosna privada: el Corán habla de ella con frecuencia y que se tiene que dar incluso a un no creyente musulmán.

– las donaciones que se hacen para favorecer al Islam: construir mezquitas, escuelas coránicas, beneficencia, etc… 4. El ramadán. El ayuno anual. Durante el mes del ramadán los musulmanes tienen el deber de hacer ayuno, o sea, no comer, ni beber, ni fumar, ni mantener relaciones sexuales, desde el amanecer hasta el ocaso. A partir de este momento, el ayuno finaliza y todo lo prohibido vuelve a estar permitido. El ayuno tiene casi el mismo sentido que la limosna: el desprenderse de los bienes de este mundo por la privación.

5. La peregrinación a la Meca. La debe hacer todo musulmán que tenga buena salud y que disponga de medios económicos, por lo menos una vez en la vida. Allí realizan tres ritos fundamentales: – Dan siete vueltas al santuario en sentido contrario al recorrido solar y luego recorren siete veces en camino de ida y vuelta el espacio que separa las dos colinas que la rodean.

– A los ocho días van a la llanura de Arafa,t a 25 kms. de la Meca , donde pasan rezando todo el noveno día. Por la noche van al torrente de Mina y allí todo el mundo lapida tres estelas que representan al Diablo lapidado. Luego se sacrifican los corderos.

– La veneración de la Piedra Negra.

Para muchos musulmanes hay, además de estas cinco prescripciones, una más: la llamada al-yihad o Guerra Santa. No todos los musulmanes piensan así. La Guerra Santa se considera como una obligación del conjunto de la comunidad musulmana y no como un deber individual.

13.- ¿Qué otras diferencias tienen los musulmanes con los cristianos? Son muchas las perspectivas y la forma de entender a la persona humana. Ambas religiones parten de postulados totalmente distintos, por eso las diferencias son muy acentuadas. Veamos algunas de ellas: El Islam no mira nada bien la soltería, incluso desfavorece el celibato y lo ve como algo negativo. La sexualidad está para pasarlo bien, sobre todo el hombre. La soltería es sinónimo de egoísmo y de esterilidad. Los musulmanes piensan que en el Paraíso en el más allá, cada hombre musulmán disfrutará eternamente de cuatro bellas huríes… Los matrimonios no son ni un sacramento ni un matrimonio civil. Se parece más a un contrato de compraventa. No olvides que el Islam también le da al placer carnal un sentido religioso. Tienen un matrimonio forzado, donde la mujer no elige a su marido sino que es un tercero quien les une. La mujer sólo puede heredar la mitad en relación al hombre. El marido puede repudiar a la mujer cuando le plazca y no tiene que dar cuentas a nadie de tal decisión.

Tienen también un tipo de matrimonio que podríamos denominar temporal, ya que se puede contraer por meses, semanas o días.

A las mujeres musulmanas se les prohíbe contraer matrimonio con un no musulmán. Si una musulmana enamorada de un cristiano se quiere casar con él, el cristiano debe antes hacerse musulmán.

Los hombres musulmanes pueden casarse con una mujer judía o cristiana. El cristiano en cambio no puede casarse con una musulmana.

Se valora mucho la familia que es el núcleo fuerte del Corán.

Aceptan la poligamia.

En el derecho musulmán, un cristiano no hereda jamás de un musulmán; reciprocamente, el marido musulmán no será nunca el heredero de su mujer cristiana.

14.- Otros elementos diferenciadores del mundo musulmán y cristiano.

La lapidación a la mujer en caso de adulterio probado.

La mujer islámica está obligada a llevar el velo (el hiyab o shador); el motivo es para que la mujer musulmana esté protegida de la mirada perversa del hombre. En los países más rigoristas es totalmente obligatorio, ya que creen que las mujeres que no lo llevan son unas depravadas, caso de las cristianas… La ablación del clítoris. Una práctica que no aparece en el Corán, pero sí en la tradición y que es ilegal y penada en muchos países árabes, mientras que en otros no sólo es permitida sino exigida.

Todo en el mundo musulmán tiene un componente netamente religioso. El comer también. Ellos distinguen entre alimentos puros e impuros. En nuestras ciudades ya conocemos las carnicerías islámicas Halal. No comen carne de cerdo ni sus derivados, en especial su grasa: no comen ni croissants, buñuelos, helados, etc… No toman bebidas alcoholicas ni, por supuesto, drogas.

A los ladrones se les corta las manos.

La apostasía del Islam es un hecho gravísimo sancionado con la pena de muerte.

15.- Relaciones entre católicos y musulmanes.

La comisión episcopal de relaciones interconfesionales de España, ha editado un interesante trabajo que recomendamos vivamente, ya que es un material muy bien elaborado y que puede servir de pistas claras para saber situarnos ante la realidad musulmana. La obra es: Católicos y musulmanes al encuentro, Ed. Edice. Madrid, 2000. 86 pp.

© Mario Santana Bueno, www.buzoncatolico.com

Mario Santana, “La Guerra Santa en el Corán”, BC, 18.IX.01

Con mucha frecuencia, oímos afirmaciones sobre la belicosidad del Islam. Unas veces se aducen razones humanas, les vemos por televisión gritando, exaltados, profiriendo palabras de guerra…, otras veces escuchamos algunas interpretaciones de los textos del Corán.

Queremos que conozcas de primera mano las afirmaciones que hace el Corán sobre lo que llamamos la guerra santa. Te ofrecemos los textos coránicos, al menos los más importantes, que nos ayuden a entender cómo entiende un musulmán la revolución armada en nombre de Dios.

La traducción del Corán la hemos tomado de la versión al castellano de Julio Cortés, de la editorial Herder de Barcelona, 1986. Hemos comprobado así mismo, los textos de la traducción bilingüe del Corán editado en la República Islámica de Irán por el mismo autor, y hemos optado como referencia la primera obra citada, de la cual extraemos los textos.

El mundo musulmán, en general, es muy reacio a las traducciones del Corán a otras lenguas, ya que piensan que se desvirtúa el sentido de los términos que en él se vierten.

Hay que tener en cuenta que también el Corán tiene, según las distintas escuelas espirituales, una interpretación teológica de los textos; por ello nada más conveniente que no tomar al pie de la letra las afirmaciones que vamos a descubrir en la escritura sagrada del Islam.

Nosotros nos aproximamos a este libro desde un contexto racional, vivencial y experiencial totalmente distinto al de los musulmanes. Nuestras cosmovisiones son radicalmente distintas en muchos aspectos, por eso no nos deben de extrañar que algunas afirmaciones suenen duras a nuestros oídos.

Hay que leer estos textos con el cariño de un hermano, con la ternura de una madre y con la alegría de un creyente; todo ello lo llamamos de una manera muy sencilla: tolerancia.

El musulmán ve en el Corán un texto monolítico al que hay que comentar, no que desmontar, como se ha hecho con la Biblia, para poder entenderla. El Corán es un libro valioso por su unidad que ayuda a entender otros aspectos y afirmaciones de las complejidades de la vida.

Es una experiencia ciertamente curiosa leer los mismos textos que han leído una y otra vez los terroristas muertos en EEUU. Sin duda, algunos de estos textos nos ayudarán a entender el porqué de las cosas que desgraciadamente han ocurrido en este triste mes de septiembre.

La guerra santa: textos del Corán Sura 2: 190-195 “Combatid por Dios contra quienes combatan contra vosotros, pero no os excedáis. Dios no ama a los que se excenden. Matadles donde deis con ellos, y expulsadles de donde os hayan expulsados. “Tentar es más grave que matar. No combatáis contra ellos junto a la Mezquita Sagrada, a no ser que os ataquen allí. Así que, si combaten contra vosotros, matadles: ésa es la retribución de los infieles. Pero, si cesan, Dios es indulgente, misericordioso. “Combatid contra ellos hasta que dejen de induciros a apostatar y se rinda culto a Dios. Si cesan, no haya más hostilidades que contra los impíos. “El mes sagrado por el mes sagrado. Las cosas sagradas caen bajo la ley del talión. Si alguien os agrediera, agredidle en la medida que os agredió. Temed a Dios y sabed que Él está con los que Le temen. Gastad por la causa de Dios y no os entreguéis a la perdición. Haced el bien. Dios ama a quienes hacen el bien”.

Sura 3: 142 “O ¿creéis que vais a entrar en el Jardín sin que Dios haya sabido quiénes de vosotros han combatido y quiénes han tenido paciencia?” Sura 4: 71-78 “¡Creyentes! ¡Tened cuidado! Acometed en destacamentos o formando un solo cuerpo. Hay entre vosotros quien se queda rezagado del todo y, si os sobreviene una desgracia, dice: Dios me ha agraciado, pues no estaba allí con ellos. Pero, si Dios os favorece, seguro que dice, como si no existiera ninguna amistad entre vosotros y él: ¡Ojalá hubiera estado con ellos, habría obtenido un éxito grandioso!. “¡Que quienes cambian la vida de acá por la otra combatan por Dios! A quien, combatiendo por Dios, sea muerto o salga victorioso, le daremos una magnífica recompensa. “¿Por qué no queréis combatir por Dios y por los oprimidos —hombres, mujeres y niños—, que dicen: ¡Señor! ¡Sácanos de esta ciudad, de impíos habitantes! ¡Danos un amigo designado por Ti! ¡Danos un auxiliar designado por Ti!? “Quienes, creen, combaten por Dios. Quienes no creen, combaten por los taguts (en árabe taguts viene a significar todo lo que es adorado fuera de Dios y aleja de Él: demonios, ídolos, magos, adivinos…). “Combatid, pues, contra los amigos del Demonio. ¡Las artimañas del Demonio son débiles! ¿No has visto a aquellos a quienes se dijo: ¡Deponed las armas! ¡Haced la azalá y dad el azaquel? Cuando se les prescribe el combate, algunos de ellos tienen tanto miedo de los hombres como deberían tener de Dios, o aún más, y dicen: ¡Señor! ¿Por qué nos has ordenado combatir? Si lo dejaras para un poco más tarde… Di: El breve disfrute de la vida de acá es mezquino. La otra vida es mejor para quien teme a Dios. No se os tratará injustamente en lo más mínimo. “Dondequiera que os encontréis, la muerte os alcanzará, aun si estáis en torres elevadas. Si les sucede un bien, dicen: Esto viene de Dios. Pero, si es un mal, dicen: Esto viene de ti. Di: Todo viene de Dios. Pero, ¿qué tienen estos, que apenas comprenden lo que se les dice?” Sura 4: 94-96 “¡Creyentes! Cuando acudáis a combatir por Dios, cuidado no digáis al primero que os salude: ¡Tú no eres creyente, buscando los bienes de la vida de acá. Dios ofrece abundantes ocasiones de obtener botín. Vosotros también erais así antes y Dios os agració! ¡Cuidado, pues, que Dios está bien informado de lo que hacéis! “Los creyentes que se quedan en casa, sin estar impedidos, no son iguales que los que combaten por Dios con su hacienda y sus personas. Dios ha puesto a los que combaten con su hacienda y sus personas un grado por encima de los que se quedan en casa. A todos, sin embargo, ha prometido Dios lo mejor, pero Dios ha distinguido a los combatientes por encima de quienes se quedan en casa con una magnífica recompensa, con el rango que junto a Él ocupan, con perdón y misericordia. Dios es indulgente, misericordioso.” Sura 8: 59-66 “¡Que no crean los infieles que van a escapar! ¡No podrán! ¡Preparad contra ellos toda la fuerza, toda la caballería que podáis para amedrentar al enemigo de Dios y vuestro y a otros fuera de ellos, que no conocéis pero que Dios conoce! Cualquier cosa que gastéis por la causa de Dios os será devuelta, sin que seáis tratados injustamente. Si, lo contrario, se inclinan hacia la paz, inclínate tú también hacia ella! ¡Y confía en Dios! Él es Quien todo lo oye, Quien todo lo sabe. “Si quieren engañarte, debe Dios bastarte. Él es Quien te ha fortalecido con Su auxilio y con los creyentes, cuyos corazones Él ha reconciliado. Tú, aunque hubieras gastado todo cuanto hay en la tierra, no habrías sido capaz de reconciliar sus corazones. Dios, en cambio, los ha reconciliado. Es poderoso, sabio. “¡Profeta! ¡Que Dios te baste! ¡Y a los creyentes que te han seguido! “¡Profeta! ¡Anima a los creyentes al combate! Si hay entre vosotros veinte hombres tenaces, vencerán a doscientos. Y si cien, vencerán a mil infieles, pues éstos son gente que no comprende. Ahora, Dios os ha aliviado. Sabe que sois débiles. Si hay entre vosotros cien hombres tenaces, vencerán a doscientos. Y si mil. vencerán a dos mil, con permiso de Dios. Dios está con los tenaces”.

Sura 8: 72-75 “Los creyentes que emigraron y combatieron con su hacienda y sus personas por la causa de Dios y los que les dieron refugio y auxilio, ésos son amigos unos de otros. Los creyentes que no emigraron no serán nada amigos hasta tanto que emigren. Si os piden que les auxiliéis en nombre de la religión, debéis auxiliarles, a menos que se trate de ir contra un pueblo con el que os una un pacto. Dios ve bien lo que hacéis. “Los infieles son amigos unos de otros. Si no obráis así, habrá en la tierra desorden y gran corrupción. Los creyentes que emigraron y lucharon por Dios, y quienes les dieron refugio y auxilio, ésos son los creyentes de verdad. Tendrán perdón y generoso sustento. “Quienes, después, creyeron, emigraron y combatieron con vosotros, ésos son de los vuestros. Con todo, y según la Escritura de Dios, los unidos por lazos de consanguinidad están más cerca unos de otros. Dios es ominiscente”.

Sura 9: 5-16 “Cuando hayan transcurridos los meses sagrados, matad a los asociadores dondequiera que les encontréis. ¡Capturadles! ¡Sitiadles! ¡Tendedles emboscadas por todas partes! Si se arrepienten, hacen la azalá y dan el azaque, ¡dejadles en paz! Dios es indulgente, misericordioso. “Si uno de los asociadores te pide protección, concédesela, para que oiga la Palabra de Dios. Luego, facilítale la llegada a un lugar en que esté seguro. Es que son gente que no sabe. “¿Cómo podrán los asociadores concertar una alianza con Dios y con Su Enviado, a no ser aquéllos con quienes concertateis una alianza junto a la Mezquita Sagrada? Mientras cumplan con vosotros, cumplid con ellos. Dios ama a quienes Le temen. “¿Cómo si, cuando os vencen, no respetan alianza ni compromiso con vosotros? Os satisfacen con la boca, pero sus corazones se oponen y la mayoría son unos perversos. Han malvendido los signos de Dios y han desviado a otros de Su camino. ¡Qué detestable es lo que han hecho! “No respetan alianza ni compromiso con el creyente. ¡Ésos son los que violan la ley! Si se arrepienten, hacen la azalá y dan el azaque, serán vuestros hermanos en religión. Exponemos claramente las aleyas a gente que sabe. Pero, si violan sus juramentos después de haber concluido una alianza y atacan vuestra religión, combatid contra los jefes de la incredulidad. No respetan ningún juramento. Quizás, así, desistan. “¿Cómo no vais a combatir contra gente que ha violado su juramento, que hubiera preferido expulsar al Enviado y os atacó primero? ¿Les tenéis miedo, siendo así que Dios tiene más derecho a que Le tengáis miedo? Si es que sois creyentes… “¡Combatid contra ellos! Dios les castigará a manos vuestras y les llenará de vergüenza, mientras que a vosotros os auxiliará contra ellos, curando así los pechos de gente creyente y desvaneciendo la ira de sus corazones. Dios se vuelve hacia quien Él quiere. Dios es omniscente, sabio. “¿Os habéis creído que se os iba a dejar en paz y que Dios aún no conoce quiénes de vosotros han combatido sin trabar amistad con nadie, fuera de Dios, de Su Enviado y de los creyentes? Dios está bien informado de lo que hacéis”.

Sura 9: 29-31 “¡Combatid contra quienes, habiendo recibido la Escritura no creen en Dios ni en el último Día, ni prohíben lo que Dios y Su Enviado han prohibido, ni practican la religión verdadera, hasta que, humillados, paguen el tributo directamente! “Los judíos dicen: Uzayr es el hijo de Dios. Y los cristianos dicen: El Ungido es el hijo de Dios. Eso es lo que dicen de palabra. Remedan lo que ya antes habían dicho lo infieles. ¡Que Dios les maldiga! ¡Cómo pueden ser tan desviados! “Han tomado a sus doctores y a sus monjes, así como al Ungido, hijo de María, como señores, en lugar de tomar a Dios, cuando las órdenes que habían recibido no eran sino de servir a un Dios Uno. ¡No hay más dios que Él! ¡Está por encima de lo que Le asocian!” Sura 9: 38-52 “¡Creyentes! ¿Qué os pasa? ¿Por qué, cuando se os dice: Id a la guerra por la causa de Dios!, permanecéis clavados en tierra? ¿Preferís la vida de acá a la otra? Y ¿qué es el breve disfrute de la vida de acá comparado con la otra, sino bien poco…? Si no vais a la guerra, os infligirá un doloroso castigo. Hará que otro pueblo os sustituya, sin que podáis causarle ningún daño. Dios es omnipotente. Si le negáis auxilio, Dios sí que le auxilió cuando, expulsado por los infieles, con un solo compañero, le decía a éste estando los dos en la cueva: ¡No estés triste! ¡Dios está con nosotros! Dios hizo descender sobre él Su sakina y le roforzó con legiones invisibles a vuestros ojos. Dios puso Su Palabra por encima de la palabra de los infieles. Dios es poderoso, sabio. “¡Id a la guerra, tanto si os es fácil como si os es difícil! ¡Luchad por Dios con vuestra hacienda y vuestras personas! Es mejor para vosotros. Si supierais… “Si se hubiera tratado de una ventaja inmediata o de un viaje corto, te habrían seguido, pero el objetivo les ha parecido distante. Jurarán por Dios: Si hubiéramos podido, os habríamos acompañado a la guerra. Se pierden a sí mismos. Dios sabe que mienten. “¡Que Dios te perdona! ¿Por qué les has dispensado antes de haber distinguido a los sinceros de los que mienten? “Quienes creen en Dios y en último Día no te piden dispensa cuando de luchar con su hacienda y sus personas se trata. Dios conoce bien a los que Le temen. Sólo te piden dispensa quienes no creen en Dios y en el útlimo Día, aquéllos cuyos corazones están llenos de dudas y que, por dudar, vacilan. Si hubieran querido ir a la guerra, se habrían preparado para ello, pero Dios no ha aprobado su marcha. les ha infundido pereza y se les ha dicho: ¡Quedaos con los que se quedan! Si os hubieran acompañado a la guerra, no habrían hecho más que aumentar la confusión y habrían sembrado la desconfianza entre vosotros, buscando soliviantaros. Hay entre vosotros quienes dan oídos a lo que dicen, pero Dios conoce bien a los impíos. Ya buscaron antes soliviantar y enredaron bien tus asuntos hasta que vino la Verdad y apareció la orden de Dios, a despecho de ellos. Hay entre ellos quien dice: ¡Dispénsame! y no me tientes! Pero ¿es que no han caído ya en la tentación? La gehena, ciertamente, cercará a los infieles. Si te sucede algo bueno, les duele, y, si te aflige una desgracia, dicen: Ya hemos tomado nuestras precauciones! Y se van tan contentos… “Di: Sólo podrá ocurrirnos lo que Dios nos haya predestinado. Él es nuestro Dueño. ¡Que los creyentes, pues, confíen en Dios! “Di: ¿Qué podéis esperar para nosotros sino de las dos contingencias más bellas? Nosotros, en cambio, esperamos que Dios os aflija con un castigo venido de Él o a manos nuestras. ¡Esperad , pues! Nosotros también esperamos con vosotros”.

Sura 9: 81-89 “Los dejados atrás se alegraron de poder quedarse en casa en contra del Enviado de Dios. Les repugnaba luchar por Dios con su hacienda y sus personas y decían: No vayáis a la guerra con este calor. Di: El fuego de la gehena es aún más caliente. Si entendieran… “¡Que rían, pues, un poco! Ya llorarán, y mucho, como retribución de lo que han cometido. Si Dios vuelve a llevarte a un grupo de ellos y te piden permiso para ir a la guerra, di :¡No iréis nunca conmigo! ¡No combatiréis conmigo contra ningún enemigo! Preferisteis una vez quedaros en casa. ¡Quedaos, pues, con los que se quedan detrás! “¡No ores nunca por ninguno de ellos cuando muera, ni te detengas ante su tumba! No han creído en Dios, y en Su Enviado y han muerto en su perversidad. “¡No te maravilles de su hacienda y de sus hijos! Dios sólo quiere con ello castigarles en la vida de acá y que exhalen su último suspiro siendo infieles. “Cuando se revela una sura: Creed en Dios y combatid junto a Su Enviado, los más ricos de ellos te piden permiso y dicen: Deja que nos quedemos con los que se quedan! Prefieren quedarse con las mujeres dejadas detrás. Han sido sellados sus corazones, así que no entienden. Pero el Enviado y los que con él creen combaten con su hacienda y sus personas. Suyas serás las cosas buenas. Ésos son los que prosperarán. Dios les ha preparado jardines por cuyos bajos fluyen arroyos, en los que estarán eternamente. ¡Ése es el éxito grandioso!” Sura 16: 110 “Tu Señor, para quienes hayan emigrado, después de haber sufrido pruebas y de haber, luego, combatido y tenido paciencia, tu Señor, serás, ciertamente, después de eso, indulgente, misericordioso”.

Sura 22: 39-41 (Permiso para combatir) “Les está permitido a quienes son atacados, porque han sido tratados injustamente —Dios es, ciertamente, poderoso para auxiliarles—. “A quienes han sido expulsados injustamente de sus hogares, sólo por haber dicho: Nuestro Señor es Dios. Si Dios no hubiera rechazado a unos hombres valiéndose de otros, habrían sido demolidas ermitas, iglesias, sinagogas y mezquitas, donde se menciona mucho el nombre de Dios. Dios auxiliará, ciertamente, a quienes Le auxilien. Dios es, en verdad, fuerte, poderoso. “A quienes, si les diéramos poderío en la tierra, harían la azalá, darían el azaque, ordenarían lo que está bien y prohibirían lo que está mal. El fin de todo es Dios…” Sura 29: 6 “Quien combate por Dios, combate, en realidad, en provecho propio. Dios, ciertamente, puede prescindir de las criaturas”.

Sura 47: 4-13 “Cuando sostengáis, pues, un encuentro con los infieles, descargad los golpes en el cuello hasta someterles. Entonces, atadlos fuertemente. Luego devolvedles la libertad, de gracia o mediante rescate, para que cese la guerra. Es así como debéis hacer. Si Dios quisiera, se defendería de ellos, pero quiere probaros a unos por medio de otros. No dejará que se pìerdan las obras de los que hayan caído por Dios. Él les dirigirá, mejorará su condición y les introducirá en el Jardín, que Él les habrá dado ya a conocer. “¡Creyentes! Si auxiliáis a Dios, Él os auxiliará y afirmará vuestros pasos. ¡Ay de aquéllos, en cambio, que no hayan creído! Invalidará sus obras. Y esto es así porque les repugnó la revelación de Dios. E hizo vanas sus obras. “¿No han ido por la tierra y mirado cómo terminaron sus antecesores? Dios los destruyó. Y los infieles tendrán un fin semejante. Y esto así porque Dios es el Protector de los creyentes, mientras que los infieles no tienen protector. “Dios introducirá a quienes hayan creído y obrado bien en jardines por cuyos bajos fluyen arroyos. Quienes, en cambio, hayan sido infieles, gozarán brevemente y comerán como comen los rebaños. Tendrán el Fuego por morada. ¡Cuántas ciudades hemos hecho perecer, más fuertes que tu ciudad, que te ha expulsado, sin que hubiera quien les auxiliara!” Sura 47: 35-38 “¡No flaqueéis, pues, invitando a la paz, ya que seréis vosotros los que ganen! Dios está con vosotros y no dejará de premiar vuestras obras. La vida de acá es sólo juego y distracción; pero, si creéis y teméis a Dios, Él os recompensará sin reclamaros vuestros bienes. Si os lo reclamara con insistencia, os mostraríais avaros y descubriría vuestro odio. “He aquí que sois vosotros los invitados a gastar por la causa de Dios, pero hay entre vosotros algunos avaros. Y quien es avaro lo es, en realidad, en detrimento propio. Dios es Quien Se basta a Sí mismo, mientras que sois vosotros los necesitados. Y , si volvéis la espalda, hará que otro pueblo os sustituya, que no será como vosotros”.

Sura 49: 15 “Son creyentes únicamente los que creen en Dios y en Su Enviado, sin abrigar ninguna duda, y combaten por Dios con su hacienda y sus personas. ¡Ésos son los veraces!” Sura 61: 10-13 “¡Creyentes! ¿Queréis que os indique un negocio que os librará de un castigo doloroso? ¡Creed en Dios y en Su Enviado y combatid por Dios con vuestra hacienda y vuestras personas! Es mejor para vosotros. Si supierais… “Así os perdonará vuestros pecados y os introducirá en jardines por cuyos bajos fluyen arroyos y en viviendas agradables en los jardines del edén. ¡Ése es el éxito grandioso! Y otra cosa, que amaréis: el auxilio de Dios y un éxito cercano ¡Y anuncia la buena nueva a los creyentes! “¡Creyentes! Sed los auxiliares de Dios como cuando Jesús, hijo de María, dijo a los apóstoles: ¿Quiénes son mis auxiliares en la vía que lleva a Dios?. Los apóstoles dijeron: Nosotros somos los auxiliares de Dios. De los hijos de Israel unos creyeron y otros no. Fortalecimos contra sus enemigos a los que creyeron y salieron vencedores”.

Llamamiento a la guerra. Sura 8: 39 “Combatid contra ellos hasta que dejen de induciros a apostatar y se rinda todo el culto a Dios. Si cesan. Dios ve bien lo que hacen”.

Combatir por los oprimidos. Sura 4: 75 “¿Por qué no queréis combatir por Dios y por los oprimidos —hombres, mujeres y niños—, que dicen: ¡Señor! ¡Sácanos de esta ciudad, de impíos habitantes! ¡Danos un amigo designado por Ti! ¡Danos un auxiliar designado por Ti!” © Mario Santana Bueno, www.buzoncatolico.com