Caso práctico de Educación en la preadolescencia nº 2

SITUACIÓN: Susana es viuda desde hace siete años. Su marido falleció en un accidente de tráfico, y de la noche a la mañana se encontró sola con sus tres hijos pequeños (que ahora tienen ya nueve, once y trece años). Estos años le han hecho saber bien lo que cuesta sacar una familia adelante. Las cosas le han ido bien, dentro de todo, pero está preocupada porque sus hijos empiezan a fallar en su rendimiento académico. Se ve que hasta entonces la exigencia escolar era menor, pero ahora, al avanzar los cursos, empiezan los problemas. OBJETIVO: Ganar en laboriosidad. MEDIOS: Mejorar la organización en los estudios. MOTIVACIÓN: Aquel día, durante la cena, sacó este tema, con un talante todo lo positivo que pudo. Les habló de la ilusión de ser profesionales brillantes, de ser personas muy competentes para prestar un buen servicio a la sociedad y sacar adelante con desahogo a sus futuras familias, de ilusión por tener una cultura amplia, por saber de tantas cosas tan interesantes que nos rodean. Le sorprendió que le escuchaban con más interés de lo que ella esperaba. HISTORIA: Al terminar, en un rato de sobremesa muy animado, acordaron varias cosas. La primera es que tenían que respetar todos un horario que permitiera el silencio necesario para estudiar bien: por lo menos, las dos horas siguientes a la merienda (lo cual suponía que a esas horas no se ponía música ni televisión). También quedaron en ayudarse entre ellos siempre que pudieran. La madre se mostró dispuesta a refrescar viejos conocimientos de sus años escolares y a ayudarles a seguir la buena marcha de sus tareas. No tardaron en descubrir que una cosa es proponerse algo, y otra muy distinta llevarlo a la práctica. Fallaron algunos días, y tuvieron que proponérselo de nuevo. La madre se dio cuenta de que era la que más tenía que esforzarse, pues notaba que a ella le costaba más no ceder que a sus hijos perseverar en el estudio. RESULTADO: Los frutos llegaron en pocas semanas. Se ponían a estudiar a hora fija. La madre les preguntaba en voz baja a cada uno, y a veces les explicaba alguna cosa. Esas explicaciones las hacía en otra habitación, para no distraer a los demás, y a raíz de eso siempre salían conversaciones interesantes, en las que sus hijos le contaban cosas de su clase, de sus amigos, e iban saliendo cosas más personales, de mayor confidencia. Fue así como se dio cuenta de que los chicos son los que más ganas tienen de sacar buenas notas, de llevar los estudios con soltura, de saber muchas cosas. Cuando los estudios no van bien es por algo, y hay que descubrirlo. Por ejemplo, se dio cuenta que uno de ellos no tenía bien graduada la vista y no veía bien la pizarra, y que otro estaba atemorizado por un compañero que le pegaba. También advirtió que tenían una gran capacidad de ilusionarse cuando las cosas empezaban a ir mejor: una buena nota después de una racha de malas notas es mucho mejor estímulo que cualquier regalo o castigo. Con este plan, la familia estaba más unida, las notas eran mejores, y a todos les parecía que conseguían estudiar mucho más que antes y, sorprendentemente, cansarse mucho menos.

Caso práctico de Educación del carácter nº 1

SITUACIÓN: Natalia tiene 14 años y es muy tímida. Sus padres no saben bien por qué, pero desde muy pequeña es así. Tienen la impresión de que no han conseguido acertar en este punto en su educación, y que incluso ellos mismos han debido tener bastante culpa, pues al verla tan tímida han tendido siempre a protegerla más de lo debido. Se lo han planteado varias veces en los últimos años, y han probado diversos sistemas que pensaban que podían ser útiles, pero todos han tenido poco éxito. Primero quisieron que hablara e hiciera demostraciones de naturalidad delante de otras personas, o forzarla un poco a hablar en público, pero sólo conseguían pasar todos un mal rato. Luego pensaron en hablar directamente con ella sobre el asunto de su timidez, pero no consiguieron arrancarle ni una palabra en claro. Finalmente, se empeñaron en apuntarla en el grupo de teatro del colegio, para que se soltara un poco, pero ella se negó rotundamente. OBJETIVO: Superar la timidez. MEDIOS: Fomentar su seguridad personal. MOTIVACIÓN: Ganarse más su confianza y potenciar sus puntos fuertes. HISTORIA: Los padres de Natalia tuvieron ocasión de comentar sus preocupaciones con un matrimonio amigo con el que coincidieron en la boda de un pariente. Eran unos antiguos conocidos, muy abiertos y con una demostrada experiencia en educación. La conversación fue muy animada, y salieron de allí con algunas ideas prácticas. Primero, no obsesionarse con el asunto. Segundo, descubrir puntos fuertes en su hija y fomentarlos, pero sin hacer cosas raras, pues si ella se sentía observada o tratada como un "caso preocupante", sólo lograrían potenciar su timidez. Y tercero, ganar en confianza con su hija, pues "el hecho de que Natalia hable poco —les había dicho su amiga—, no quiere decir que tenga pocas cosas que decir, sino que ella no encuentra suficiente confianza para decirlas." "Es verdad —comentaba la madre de vuelta a casa—, ahora lo veo todo bastante claro. El hecho de que Natalia hable poco no quiere decir que tenga la mente en blanco, sino que para expresarse requiere un marco de confianza mayor que el que han necesitado sus hermanos. La solución no está ni en protegerla más ni en hacerle pasar vergüenza, sino en ganarse más su confianza y hacer que se sienta más segura." RESULTADO: Procuraron poner en práctica lo que habían quedado. Pensaron que era necesario escuchar más a su hija, pero de forma natural, aprovechando las ocasiones normales de la vida diaria. Se dieron cuenta de que bastaba con poner más interés en lo poco que Natalia solía decir, y hacer preguntas sencillas sobre lo que intuían que ella sabía. Pronto encontraron amplios temas que eran de interés para su hija, y vieron que hablaba de ellos con sorprendente soltura. Descubrieron, por ejemplo, que Natalia sabía mucho de música y de literatura, y sus padres tuvieron el buen sentido de interesarse más por esos temas y pronto empezaron a surgir conversaciones con ella de una duración hasta entonces impensable. También se dieron cuenta de que Natalia se crecía cuando se le preguntaba ante otras personas sobre esos temas que dominaba bien. Comprendieron algo bastante elemental, pero muy importante y no siempre evidente: para superar la timidez la solución no es exponer a esa persona a que se sienta en ridículo ante los demás —como habían hecho antes algunas veces—, sino más bien facilitar que se sienta segura en presencia de otros, pues así es como se va soltando. La mejor sorpresa la recibieron unos meses después, cuando Natalia les dijo que quería apuntarse a un nuevo grupo de teatro que se había formado en el colegio. La idea de apuntarse fue una iniciativa suya, en la que se mezclaba su interés por la literatura y su deseo de lanzarse a actuar y hablar en público. Cuando se lo habían propuesto sus padres, la vez anterior, le producía pánico sólo pensar en esa posibilidad, pero ahora lo veía asequible.

Caso práctico de Educación en la preadolescencia nº 3

SITUACIÓN: David y Cristina tienen cuatro hijos. Han procurado educarlos cristianamente, pero lo cierto es que no han concedido demasiada importancia a la educación en la fe. Ahora se dan cuenta, cuando ven que Luis, su hijo mayor, está en plena "edad del pavo" y ha dejado de ir a Misa y de confesarse, y repite unas ideas sobre la religión bastante sorprendentes. "Deben ser esos amigos que se ha echado –comenta su padre–, que no me gustan nada. Lo malo es que a esta edad ya apenas nos escucha". "Pues lo primero que tenemos que hacer –afirma la madre– es pensar en sus hermanos pequeños y sacar experiencia. Hemos llegado un poco tarde con Luis, y tenemos que hacer todo lo posible por ayudarle, pero lo mejor sería prevenir esto en los demás". OBJETIVO: Educar en la fe con profundidad a los hijos pequeños. MEDIOS: Implicarse más toda la familia. MOTIVACIÓN: Llegar a tiempo para que su fe sea firme y bien fundamentada cuando empiecen las turbulencias de los años de la adolescencia. Lo primero que pensaron David y Cristina es que tenían que hacer un cierto ejercicio crítico sobre su forma de educar en la fe. Para sacar ideas, decidieron hablarlo con un matrimonio amigo con el que tenían bastante confianza. Aquella conversación, a solas los cuatro y con tiempo por delante, fue muy enriquecedora para todos. David y Cristina se dieron cuenta de que tenían que hablar de la fe con un estilo más positivo. A veces hacían unos planteamientos de la práctica religiosa que eran un poco antipáticos y reiterativos, y debían sustituirlos por otros que crearan una imagen de Dios y de la fe más atractiva en la mente de sus hijos. "Me parece –resumía David– que hemos creado en nuestros hijos la idea de que Dios es un personaje un poco aguafiestas que parece prohibirnos todo lo que nos apetece, y que ser cristiano es una ingrata secuencia de prácticas, obligaciones y renuncias. Tenemos que dar la vuelta a eso". HISTORIA: A raíz de aquella conversación, ambos se esforzaron en esa línea. Se dieron cuenta de que lo primero era ser más coherentes personalmente. Los hijos tienen que ver cómo la fe se traduce en obras concretas, y que no son simples formalidades exteriores vacías e inconexas. Pero todo eso no podía quedarse en unas simples ideas, sino traducirse en cosas concretas cada día. Desde entonces procuraron que sus palabras y sus hechos asociaran la idea de agradar a Dios con la idea de mejorar, estar más pendientes de los demás, ser generosos, trabajadores, sinceros. La alegría, la buena sintonía entre todos, el cariño…, surgen como realidades espontáneas cuando Dios está verdaderamente presente en la vida de una familia. En cuanto a la formación religiosa, organizaron una simpática catequesis familiar todos los sábados por la mañana, con una especie de concurso con preguntas y respuestas de catecismo. Lo preparaba y dirigía Cristina, dando un tiempo antes para repasar lo que tocaba ese día, y tuvo gran éxito. Fijaron también algunas sencillas devociones, como bendecir la mesa, leer cada día unos minutos el Evangelio o algún libro espiritual y comentarlo después un poco, rezar los sábados un misterio del Rosario, etc. Pocas cosas y breves, pero bien explicadas y realizadas con esmero y puntualidad. Pusieron empeño en explicar la necesidad de rezar que tenemos los hombres, y que constatamos cada día cuando vemos que suceden cosas desagradables que no podemos cambiar, o que no hemos cumplido lo que nos habíamos propuesto, o que deberíamos dar gracias por tanto que hemos recibido. En todas esas situaciones hemos de levantar el corazón a Dios, pidiendo ayuda, dando gracias, pidiendo perdón, etc. También vieron que iban a Misa cada uno por su lado, y que a veces llegaban tarde sin motivo, o pasaban meses sin confesarse, etc. Decidieron que a partir de entonces irían a Misa todos juntos a una hora temprana, y que organizarían después un desayuno más de fiesta. También empezaron a seguir la costumbre de llegar un rato antes a la iglesia y confesarse, pues comprobaron que unos y otros solían retrasarse por simple olvido o pereza, y que así les resultaba mucho más fácil. RESULTADO: En unos meses los avances fueron muy grandes. David y Cristina comprobaron cómo la preocupación por educar mejor a los hijos y darles un buen ejemplo les había llevado a mejorar ellos mismos de un modo que de otra manera difícilmente habrían alcanzado. Además, este cambio de actitud de todos hizo que Luis, el hijo mayor, superara en buena parte la crisis de fe que atravesaba.

Caso práctico de Educación del carácter nº 2

SITUACIÓN: Raúl tiene 15 años y es el pequeño de tres hermanos. Sus padres no saben bien por qué, pero desde hace varios meses muestra una creciente tendencia a criticar a todo el mundo. Demuestra tener una notable agudeza para captar los defectos de los demás, y se siente impulsado a manifestar lo que él considera flagrantes faltas coherencia. Sus padres procuran decirle que no está bien criticar con tanta dureza a la gente, que debe ser más comprensivo, etc. Ante esas razones, Raúl suele indignarse más aún, y dice cosas como "¿por qué no voy a decirlo si es verdad?", o "me parece una hipocresía callarse lo que uno piensa: si no es verdad, que me lo demuestren". OBJETIVO: Reconducir de modo constructivo el sentido crítico. MEDIOS: Enseñarle a comprender mejor a los demás, ponerse en su lugar, y saber corregir de modo oportuno, positivo e inteligente. MOTIVACIÓN: Favorecer un ambiente familiar en el que todos tengan la tranquilidad de saber que cuando hagan algo mal se lo dirán los demás lealmente y de modo privado, sin criticarle a sus espaldas. HISTORIA: Raúl lleva varios días un poco más acelerado de lo normal. Su sentido crítico está en plena efervescencia, y le lleva a una agresividad que produce tensiones fuertes a su alrededor. En su clase le están pagando con la misma moneda, y de los conflictos que produce sale a veces bastante malparado. Hoy ha llegado a casa malhumorado y hundido. Ha debido pasar algo. Sus padres llevan tiempo preocupados, pero no saben bien qué más decirle. "Estoy pensando —concluía su padre cuando lo comentaba por la noche con su mujer— que tendría que hablar con él con un poco de calma. Veo que siempre hablamos de estas cosas en unas circunstancias negativas, a raíz de escuchar sus críticas y tener que atajarlas. Como he visto que hay estos días una feria de últimas tecnologías multimedia, que a él le encantan, igual que a mí, voy a proponerle que me acompañe, a ver si encontramos después un buen momento para charlar". RESULTADO: A Raúl le hizo ilusión el plan. Quedaron en aprovechar el mediodía, que siempre hay menos gente, y después comer allí juntos en plan rápido unas hamburguesas, cosa que a Raúl le gustaba casi más que la informática. Durante el trayecto no pararon de hablar sobre ordenadores. Su padre se esforzó en escuchar. A raíz de los comentarios del chico, salían también sus opiniones sobre otros temas muy diversos, expresados siempre con gran rotundidad. El tiempo de la visita se pasó en un suspiro y llegó la hora de comer. Su padre pensó que había ya un ambiente adecuado para hablar con más confianza sobre el carácter de su hijo. De todas formas, no le resultaba fácil sacar el tema. Pensó en dejarlo para otra ocasión, pero se dio cuenta de que era por pura pereza: "He quedado con mi mujer en hablar con él de esto —pensaba para sí—; no puedo volverme sin hacerlo". Sacó por fin el tema, con el mejor tono que supo. Intentó hacer un enfoque positivo. "Mira, Raúl, me gustaría que habláramos en plan serio y constructivo. No quiero ahora recriminarte nada, estate tranquilo. Más bien quiero pedirte ayuda." Raúl le miraba con asombro: "¿De qué se trata? Nunca te había visto con tanto misterio…". "Se trata —le explicó— de que veo que tienes talento para ver lo que los demás hacemos mal. Y eso es un don con el que puedes ayudarnos mucho, si lo empleas bien. Pero si lo empleas mal puedes hacer sufrir mucho también." Raúl escuchaba con interés. Era bastante consciente de casi todo lo que le pasaba, pero se veía superado por sus frecuentes sentimientos de rebeldía y de indignación. Solía acabar manifestándolos ásperamente, y luego se pasaba horas dándole vueltas en la cabeza a los motivos por los que él tenía razón. Con frecuencia también le dolían luego las cosas que había llegado a decir en esos momentos de enfado, y se sentía culpable. Su padre le encontró receptivo, y pudo hablarle con calma de cómo todos tenemos muchos defectos, y que lo mejor era ayudarnos entre todos a superarlos, en vez de recriminárselos unos a otros en los momentos de enfado o indignación, que es cuando todos estamos menos ponderados para hablar y menos receptivos para escuchar. Hablaron de la maravilla de poder actuar con naturalidad, sabiendo que tenemos las espaldas guardadas por los demás, que nos dirán lealmente, a la cara y con cariño, las cosas que hagamos mal. Hablaron bastante, de manera que tuvieron luego que salir a toda prisa para no llegar tarde al trabajo y a clase respectivamente. Raúl quedó contento, y reconoció que su actitud hipercrítica le estaba dando malos resultados, pues le había alejado de algunos de sus compañeros y ahora tenía que recuperar mucho terreno en sus relaciones de amistad. Sabía que le iba a costar, pero había visto las cosas claras y había llegado a un acuerdo con su padre para hablar de estas cosas con calma al menos una vez cada semana.

Caso práctico de Educación en la tolerancia nº 1

SITUACIÓN: La hermana mayor, Laura, ha traído a casa a su amiga Teresa para pasar con ellos unos días durante las vacaciones de verano. La madre de Laura está sorprendida de la escasa educación y diplomacia que ha demostrado Teresa, e intenta comentarlo con su hija, para ver así cómo ayudar a su amiga a corregirse. "Mamá, es que no lo entiendes –argumenta Laura, molesta–, la gente joven dice lo que piensa, sin hipocresías". La madre se ha quedado un poco cortada. No sabe cómo explicar a su hija que la espontaneidad y la libertad de expresar las propias opiniones tiene unos límites, y le preocupa también el mal ejemplo que todo esto supone para los hermanos más pequeños. OBJETIVO: Aprender a conjugar libertad y espontaneidad con el respeto a unos determinados valores. MEDIOS: Mantener una conversación larga y tranquila en un contexto positivo. MOTIVACIÓN: La madre desea encontrar una ocasión propicia que facilite sacar el tema sin que Laura esté a la defensiva. HISTORIA: Los padres de Laura comentaron el asunto durante la comida, cuando los hijos estaban en el colegio. Pensaron que era bueno esperar a estar tranquilos, y a que llegara una ocasión propicia. La situación llegó esa misma noche de modo imprevisto. Estaban invitados a cenar unos tíos de Laura, ambos de carácter un poco difícil. A lo largo de la cena surgieron algunos temas de conversación que dejaron claro que lo mejor era "seguirles la corriente", pues llevaban fatal que se les llevara la contraria, por poco que fuera. Cuando ya se marcharon, Laura se quedó ayudando a su madre a recoger la cocina mientras su padre acostaba a los pequeños. Laura estaba indignada: "Cómo pueden ser tan obtusos, mamá, parece que no existe en el mundo más opinión que la suya, no hay quien los aguante". La madre dejó que Laura hablara, y después, comentó: "Hija, yo creo que eso nos pasa un poco a todos, aunque a tus tíos se les note más; ten en cuenta que ellos tuvieron menos oportunidades en la educación que recibieron". A partir de ahí, la conversación discurrió con sorprendente fluidez: "Ya sabes, Laura, que para descubrir un defecto propio no hay nada como verlo de modo patente en los demás". "¿Ah, sí?", comentó Laura pensativa y con cara de preocupación… Al día siguiente, Laura se acercó a su madre y le preguntó, sin mediar más explicaciones: "Oye, mamá, si yo tengo algo parecido a los defectos de los tíos, ya estás diciéndomelo ahora mismo". RESULTADO: La madre de Laura fue inteligente y le dijo que no iba a improvisar una respuesta. Además, le dijo que ese "favor" tenía que ser mutuo: ella, aunque fuera su madre, también tenía defectos, y no le importaba hablar sobre eso: "Todos necesitamos que nos digan las cosas a la cara; en buen plan, claro". Fueron a dar un paseo, aprovechando unas compras, para poder así charlar con calma. A partir de aquella conversación cambiaron mucho las cosas: aumentó la confianza entre ellas, quedaron en decirse siempre todo con lealtad y serenamente, pudieron comentar la estancia de Teresa en casa, y Laura comprendió enseguida que es buena la espontaneidad, pero ha de ir unida a la ponderación, al respeto de las ideas de los demás y al deseo de enriquecerse con lo que otros piensan.

Caso práctico de Educación del carácter nº 3

SITUACIÓN: Silvia tiene 16 años y es la mayor de la casa. Tiene un carácter muy vivo. Sus padres están preocupados. Lo han comentado entre ellos muchas veces: "A esta chica le cuesta mucho aceptar la autoridad. Tiene demasiado orgullo. Siempre quiere tener razón." Piensan que es cosa de la edad, y tienen la esperanza de que se le pase, pero entre tanto les preocupa bastante el mal ejemplo que da a sus hermanos pequeños con los frecuentes conflictos que se organizan en casa por culpa de su mal carácter. OBJETIVO: Superar un conflicto de autoridad y obediencia. MEDIOS: Pedir consejo a personas experimentadas y ver después cómo abordarlo. MOTIVACIÓN: Todos están sufriendo bastante con esos desencuentros, y desean que haya una mejor comunicación en la familia. HISTORIA: La madre de Silvia llamó a Mónica, la tutora de su hija. Quedaron en que se acercaría con su marido al colegio para charlar con ella. Nada más comenzar la entrevista, expusieron sus impresiones sobre la situación. Mónica les escuchaba en silencio. Hablaron con gran viveza, quitándose a veces la palabra entre ellos dos. "Es que Silvia —apuntaba su padre— está en una edad malísima. Como siga así, puede acabar con nosotros." "Sí —apostillaba la madre—, hace dos o tres años era encantadora, pero ahora no hay quien sepa qué quiere ni qué le pasa." La tutora les dejó hablar. A los veinte minutos ya habían reiterado dos o tres veces las mismas ideas, y ellos mismos se dieron cuenta de que no sabían bien qué más añadir. "Bueno, Mónica —concluyó la madre—, a ver si puedes ayudarnos, que no sabemos ya qué hacer. A Silvia no hay quien la entienda, es que ni nos escucha." Mónica tenía mucha confianza con ellos y pudo decirles —con gracia y sin ofenderles—, que para resolver el problema lo primero que debían hacer era darse cuenta de que Silvia se parecía mucho a ellos. Silvia era muy segura de sí misma —quizá demasiado—…, como ellos. A Silvia le costaba escuchar y cambiar de opinión…, como a ellos. "Tienes razón, Mónica —reconoció la madre—, y perdona que te interrumpamos otra vez, pero es que no te hemos dejado hablar en todo este rato, y ahora me doy cuenta de que seguimos sin dejarte hablar. Tienes razón, nos cuesta mucho escuchar." "Vosotros decís —consiguió por fin explicar la tutora— que a Silvia no hay quien la entienda, que ni os escucha. Y en la propia frase está la solución. Para que vosotros la entendáis a ella lo importante no es que os escuche, sino que vosotros la escuchéis a ella. No digo que Silvia tenga razón, pero quizá tenga algo de razón, o quizá bastante. Yo al menos, siempre que voy a hablar con una persona y llevo una idea previa, después de escucharla un rato casi siempre descubro que la idea con que iba no era muy exacta." RESULTADO: Los padres de Silvia eran personas de gran corazón, deseosos de hacer las cosas bien, sacrificados y con verdaderos deseos de mejorar. Cuando escuchaban, eran humildes y receptivos. Lo malo es que tenían muy poca costumbre de escuchar. Pero por lo menos lo reconocían con sencillez. Aquella conversación con la tutora fue muy fructífera. Habían visto —fue una buena lección práctica— cómo Mónica les había escuchado hasta que se desahogaron por completo. Luego les explicó que eso era una actitud fundamental. Si ella les hubiera dicho de entrada lo que pensaba, probablemente ellos se habrían sentido molestos y no habrían resuelto nada. Por eso les aconsejó que adquirieran el hábito de no declarar antes de escuchar, de no hacer juicios antes de tener datos suficientes, y de mostrarse dispuestos a cambiar de opinión si se les daban razones (o incluso, mejor, mostrarse deseosos de conocer las razones de los demás, para enriquecer así el propio juicio). "Y un último consejo —concluyó Mónica— es que no penséis que el problema está en Silvia. En ella hay una parte del problema, y el resto está en vosotros. Vosotros tenéis que actuar sobre vuestra parte, sea pequeña o grande, y animarle a ella a mejorar en la suya. Pero vuestra principal responsabilidad está en mejorar vosotros. Lo de ella vendrá luego casi solo." No puede decirse que las cosas cambiaran de la noche a la mañana, porque estos cambios exigen tiempo, pero ya en los primeros días hubo un cambio de actitud importante, que se vio recompensado con una notable mejora en la comunicación con su hija. Le contaron la conversación con su tutora y manifestaron su deseo de mejorar conjuntamente en esos puntos. Silvia lo tomó con mucha ilusión, pues era la primera vez que veía a sus padres con una actitud tan franca y positiva, y en pocos meses cambiaron mucho las cosas en aquella familia.

Caso práctico de Educación en la tolerancia nº 2

SITUACIÓN: La escena se desarrolla en la sala de estar de una familia con cuatro hijos. La tercera, Elena, está en plena crisis adolescente y lleva unos días bastante insoportable. Después de cenar, y con intención clara de provocar un poco, hace ruido ostentosamente mientras los demás ven la televisión. Todos hacen un esfuerzo para seguir como si no pasara nada, a ver si la chica se cansa, pues saben que si "hay bronca" será peor y no conseguirán ver pacíficamente el programa, que está en su punto álgido. Esperan un poco a ver si se le pasa, pero no es así, y a los cinco minutos su padre está a punto de perder los nervios: "Elena, eso que haces no está bien", dice con un tono lo más conciliador que puede. "Pues eso es tu opinión. No sé por qué va a estar mal. Para mí está bien. No sé dónde está la libertad en esta casa, no la veo por ningún sitio".La escena terminó ahí. Todos vieron que era mejor no tomar en consideración aquel desplante (un ejemplo práctico de tolerancia, para evitar un mal mayor), y siguieron viendo el programa, hasta que terminó y se fueron a dormir. Ya en su dormitorio, los padres comentaron su preocupación por su hija: "Está que no hay quien la aguante, hay que pensar algo". OBJETIVO: Aprender a encontrar un equilibrio sensato entre opinión, libertad y autoridad. MEDIOS: Mantener una conversación larga y tranquila sobre el tema en un contexto positivo. MOTIVACIÓN: Buscar una ocasión propicia para hablarlo en una tertulia familiar, de modo que todos vean que es necesario encontrar ese equilibrio. HISTORIA: Los padres estaban bastante preocupados, pues el ambiente familiar iba peor últimamente. Hablaron bastante. No era un tema nada sencillo. Pensaron que era preciso tratarlo en familia, pero debían buscar –o provocar– una ocasión propicia. Dos días después, Silvia, la mayor, volvió a casa poco antes de cenar. Nada más entrar en la sala de estar, Elena saltó inmediatamente con un tono desafiante: "Oye, Silvia, guapa, que esas gafas de sol que llevas son las mías. No está nada bien que te lleves lo que no es tuyo". Silvia la miró, dudó un momento, y finalmente contestó a su hermana con un tono parecido: "Pues eso es tu opinión. No sé por qué va a estar mal. Para mí está bien. No sé dónde está la libertad en esta casa, no la veo por ningún sitio". Se paró un momento y añadió: "¿Te suenan esas frases…? Son tuyas, guapa, las que nos decías el otro día, cuando no nos dejabas ver la televisión". La escena fue breve pero tensa. Hubo referencias a otros ejemplos pasados, y habrían acabado a gritos si no fuera porque intervino su padre con contundencia: "Será mejor que hablemos con calma sobre todo esto mañana, que es sábado, después de desayunar". RESULTADO: Hubo sorpresa. Un desayuno muy especial, del gusto de todos. Papá y mamá habían madrugado para prepararlo. Eso ayudó a que se despejaran los nubarrones de la noche anterior. La conversación fue muy animada, pero esperaron a terminar para "entrar en materia". Finalmente, en un ambiente ya caldeado y positivo, abordaron con serenidad lo que anoche habían hablado a gritos. La madre hizo una introducción, para situar las cosas en un marco de cierto nivel. No podían seguir molestándose unos a otros amparados en que eran libres de hacer lo que les diera la gana. Todos reconocieron que veían demasiado la televisión y eso hacía que el ambiente fuera de poca atención de unos por otros. Y que sin respetar unos valores y un mínimo de autoridad, acabarían por caer en la dictadura de la fuerza, como en la selva. Que cada uno tenía sus opiniones, pero esas opiniones podían ser buenas o malas, pues hay cosas que están por encima de la opinión.

Caso práctico de Educación del carácter nº 4

SITUACIÓN: Tomás es un gran empresario, hecho a sí mismo. Empezó con muy poco, y ahora, con menos de cuarenta años, tiene ya un patrimonio nada despreciable. Eso sí, le lleva un trabajo enorme. Viaja mucho, come y cena casi siempre fuera de casa y, la verdad es que apenas puede pasar tiempo con su mujer y sus dos hijos. De vez en cuando piensa en que las cosas no deberían ser así, pero casi nunca esas ideas le duran mucho. La urgencia de atender miles de compromisos le hace olvidarlas pronto. Lo que sí advierte es que se enfría cada vez más la relación con su mujer y sus hijos. Se hablan poco, viven como indiferentes unos de otros. Se ha creado un clima de individualismo, de mucho consumo y poca preocupación por los demás, y los roces surgen de modo inevitable a la menor ocasión. Un día, al volver a casa, palpa esa realidad de un modo muy doloroso. Además, durante las últimas semanas ha sufrido unos serios reveses en sus negocios, a causa de varias operaciones importantes que han fallado por la deslealtad de uno de sus socios. Tomás siente una gran sensación de fracaso vital, una frustración que jamás había imaginado que pudiera llegarle a él, tan acostumbrado siempre a triunfar: "He sacrificado casi todo por el trabajo, y ahora se me hunde, y me encuentro sin ilusión por trabajar, y además veo que, por mi culpa, estoy sin el cariño de mi mujer y de mis hijos". OBJETIVO: Recuperar el buen clima familiar. MEDIOS: Tener una clara jerarquía de valores. MOTIVACIÓN: Poner ilusión en las cosas de la casa y de la familia, para manifestar con hechos el cariño y para que todos también se sientan queridos. HISTORIA: Tomás estaba muy abatido. Por suerte, se encontró durante esos días con un viejo amigo, al que confío todas sus preocupaciones. Aquel desahogo le alivió de una forma sorprendente y clarificó mucho las ideas en su cabeza. En aquella conversación sacó varias conclusiones, pero la primera y más clara es que debía empezar por reconocer su error, y así lo hizo. Nada más volver a casa, habló largamente con su mujer y le pidió perdón por las innumerables desconsideraciones que había tenido con ella a causa de su excesiva dedicación al trabajo durante todos esos años. Su mujer no se lo esperaba, y lo acogió muy bien. Ella también le pidió perdón, pues –decía– "hemos sido todos los que nos hemos deslizado por esa pendiente del egoísmo, de refugiarnos cada uno en nuestro trabajo, de tener mucho de todo pero pensar poco en los demás". RESULTADO: Aquella conversación con su mujer fue decisiva. Los dos supieron estar a la altura de las circunstancias, y gracias a eso las cosas cambiaron bastante en poco tiempo. Se dieron cuenta de que aquel fracaso económico podía ser providencial, pues había facilitado que cayeran en la cuenta de muchos de sus errores. Comprendieron la necesidad de unirse más en la familia y de tener una clara jerarquía de valores, tanto en sus intereses como en el empleo de su tiempo. Tomás comprendió que había caído en la trampa del exceso de actividad, del dejarse absorber por el ajetreo y el torbellino de la vida, en el afán de trabajar cada vez más, para trepar más rápido por la escalera del éxito, para descubrir al final que… la escalera estaba apoyada en una pared equivocada. No fue fácil cambiar el ambiente de la casa, pues las inercias siempre pesan mucho, y cuesta trabajo superar todo ese cúmulo de pequeños egoísmos que se habían hecho habituales. Procuraron hablar mucho, decirse las cosas con lealtad y cariño, y ser muy constantes en su empeño por mejorar el clima familiar. Las cosas cambiaron bastante en unos meses, y pocos años después todos veían aquel revés económico como lo mejor que les había sucedido en muchos años. La familia estaba mucho más unida –también era mayor, pues tuvieron dos hijos más–, y aunque los ingresos no eran los de antes, disfrutaban mucho más de lo que tenían. Comprobaron que el éxito en la vida no está en ganar mucho dinero, tener muchas cosas, o hacer muchas cosas, sino en hacer lo que estamos llamados a hacer, y establecer una juiciosa distribución de nuestro tiempo, en el que tenga cabida el trabajo, la familia, las amistades, la propia formación, la atención de otras obligaciones, etc.

Caso práctico de Educación en la tolerancia nº 3

SITUACIÓN: Jorge acaba de cumplir 16 años. Está viendo una serie de televisión que le apasiona. La protagonista, Vanesa, tiene 17 años y es una chica desenfadada, segura de sí misma, que dice que "ya tiene edad para saber lo que quiere". Se sabe atractiva, y adopta un estilo ligero en el modo de vestir y de comportarse, aunque de hecho mantiene las distancias y juega un poco con varios chicos que la cortejan. En el capítulo de hoy, Roberto, uno de sus amigos, ha invitado a Vanesa a una fiesta el sábado por la noche en su casa. Van pasando las horas, con música a todo volumen, baile, ratos de conversación… y copas, muchas copas. Vanesa piensa que tiene "un buen aguante" y que "sabe ponerse alegre sin perder el control". Sin embargo, la elegancia y la simpatía del anfitrión hace que no se dé realmente cuenta de lo que, poco a poco, está bebiendo. Los demás invitados se van yendo, y al final Roberto se ofrece a llevarla a su casa en coche. Vanesa acepta. Ya en el coche, Roberto pretende hacer una pequeña demostración de su modo de conducir, por las calles ya casi vacías. Va muy aprisa. Vanesa quiere aparentar que no le impresiona. Está un poco mareada, y también algo nerviosa, y le pide a Roberto que pare, pues prefiere seguir andando un poco. Sin embargo, él entiende que al pedir que pare le está insinuando que da vía libre para otro tipo de cosas, y es lo que acaba ocurriendo, aunque en la televisión no se ve nada. Cuando Vanesa se da cuenta de lo que ha sucedido, le invade un sentimiento mezcla de desconcierto, tristeza y rabia. Parece que se va sobreponiendo conforme pasan los días, pero al cabo de pocas semanas percibe algún indicio que le lleva a creer que está embarazada. Se hace una prueba, y sus temores se confirman. Alarmada, va a ver a Roberto y se lo cuenta. Roberto elude toda responsabilidad, con gran cinismo: "lo siento de verdad, pero ya sabes lo que tienes que hacer". Así acabó el capítulo de la serie. Jorge estaba indignado: "Ese Roberto es un cínico impresentable, habría que partirle la cara". OBJETIVO: Pensar con profundidad sobre estos temas. MEDIOS: Su padre desea comentar el programa para que Jorge sepa enjuiciar esas situaciones con sensatez y con principios claros. MOTIVACIÓN: A Jorge le gusta hablar y debatir, igual que a su padre. Han ido aprendiendo a hacerlo cada vez con más respeto por la opinión del otro y más esfuerzo en escuchar. Gracias a eso, comentan muchas cosas con frecuencia. HISTORIA: Su padre ha llegado cuando quedaban solo diez minutos del programa, pero con un poco que Jorge le ha contado, lo han visto juntos hasta el final. Después se pusieron a charlar, mientras ayudaban a preparar la mesa para la cena."A ver, Jorge –pregunta su padre–, ¿y ahora qué crees que debe hacer Vanesa?". No tardó en salir a relucir la idea de abortar: "Tiene 17 años, es un lío", reflexiona Jorge. Al tiempo, se da cuenta que es matar a una criatura inocente, y además llevar luego una vida llena de remordimientos: "Lo mejor es que sea valiente y siga adelante. Se arreglará. Hace falta que sus padres no sean aún más imbéciles que ella y no se lo pongan todavía más difícil". RESULTADO: La conversación fue larga y provechosa. Al final, Jorge concluyó: "Pues lo tiene crudo la pobre chica, porque tanto si decide abortar, como si decide criar a su hijo, o incluso si decide entregarlo en adopción, en cualquier caso, la vida se le ha complicado un montón. Desde luego, lo que se ve es que hay que tener cuidado con la noche y con el alcohol".

Caso práctico de Educación del carácter nº 5

SITUACIÓN: Natalia tiene 18 años y acaba de empezar su carrera universitaria. Es una chica muy activa. Todo le atrae y le interesa. El problema es que no sabe medir bien sus posibilidades y se ilusiona con muchas cosas que nunca consigue terminar. Llega tarde a todo, se le olvidan las cosas, y se siente agobiada por no poder cumplir lo que se ha comprometido a hacer. El curso avanza y el susto de los primeros exámenes es tremendo. Ha suspendido todas las asignaturas menos una. Está estresada y hundida. OBJETIVO: Hacer rendir el tiempo. MEDIOS: Aprender a organizarse. MOTIVACIÓN: Podrá hacer más cosas, con menos tiempo, y cansándose menos. HISTORIA: Sus padres, al saber los resultados de los exámenes, se enfadaron muchísimo. Luego, al ver que su hija estaba tan hundida, se dieron cuenta de que el enfado no era la mejor solución, y menos estando su hija como estaba. Pensaron que había que hablar con ella y cambiar de actitud. Era mejor ayudarla de manera práctica y positiva, en vez de querer resolver las cosas a base de broncas o castigos. Quedaron en que sería la madre quien hablaría con ella sobre esto. La madre de Natalia buscó un momento adecuado para charlar con calma. Primero dejó tiempo a que su hija se desahogara por completo, cosa que ella agradeció muchísimo, pues –como le dijo después– "la verdad, mamá, es que no estaba para sermones…; me habría puesto como una fiera". Cuando la chica estaba más serena y animada, empezaron a hablar del futuro. "Mira, Natalia –le dijo su madre con un tono tranquilo pero animante–, un pequeño batacazo en los estudios no tiene más importancia. Lo malo es dejar que el desorden nos gane terreno, porque eso sí que es peor. Además, lo que más cansa es el desorden. Trabajar cansa mucho menos. Estamos todo el día haciendo cosas, y nos cansamos, es verdad, pero tampoco tanto. En cambio, nos sentimos mucho peor, mucho más cansados, cuando, por desorden, hemos atropellado las cosas: esto que se nos ha olvidado, aquello que no habíamos previsto y nos ha llevado el doble de esfuerzo, esa cita a la que hemos llegado tarde, ese detalle de desconsideración que hemos tenido simplemente por ir tan acelerados, eso otro que hemos dejado mal por comprometernos sin haberlo pensado bien, o por no saber decir que no…". Natalia escuchaba con atención. Se sentía totalmente retratada por esa descripción sobre el desorden. Su madre había hablado de todos esos defectos en plural, como incluyéndose ella, y, gracias a eso, lo que decía no resultaba hiriente. "Si lo pensamos bien –prosiguió–, el desorden es agotador. En cambio, con un poco de orden, podemos hacer muchas más cosas, con menos tiempo, y cansándonos menos. Tú, Natalia, tienes ilusión por hacer muchas cosas –ahora se dirigía a su hija hablando en singular, para estimular de modo personal–, porque veo que eres una mujer activa, con muchas ilusiones y proyectos en la vida. Si consigues ser una persona ordenada, llegarás muy lejos". RESULTADO: Hablaron bastante más, y la eficacia de aquella conversación fue sorprendente. Su madre supo activar sus ilusiones, que eran muchas, en vez de pretender solucionar el asunto a base de controles y restricciones, que era lo que Natalia se temía que sucediera. Quedaron en charlar con frecuencia sobre detalles de organización, con toda confianza. Las dos leyeron un libro sobre gestión del tiempo, y lo iban comentando, haciéndose bromas, con gracia. Natalia se compró una agenda electrónica y se propuso seriamente llevarla siempre encima, apuntar todo, y mirar con mucha frecuencia lo apuntado. Se dio cuenta de su gran eficacia como instrumento de planificación, como almacén de datos, e incluso como memoria auxiliar. Anotaba en la agenda todo lo que se le ocurría, sin interrumpir el trabajo que estaba haciendo. Cada día dedicaba un tiempo a organizarse: temas pendientes, llamadas, correo electrónico, etc. También se propuso tener bien ordenada su mesa, el armario, las estanterías, sus apuntes, etc. Se dio cuenta de que ganaba mucho tiempo ordenando las cosas en el momento, y que además así luego las encontraba enseguida. Otro gran descubrimiento fue darse cuenta de que caía con frecuencia en la llamada "pereza activa". Es muy fácil estar siempre ocupado, pero hay muchas ocupaciones que son pura y simple evasión de las cosas que nos cuestan más, y nos autoengañamos. Natalia se propuso esforzarse en ese punto, llamando a las cosas por su nombre, y en pocos meses dio grandes pasos. Aprendió a decir que no a cosas que le apetecían pero no debía comprometerse, y a establecer unas prioridades en la organización del tiempo. Pronto comprobó lo cierto que era eso de que con un poco de orden el tiempo se multiplica, y se multiplican también las satisfacciones, en la misma medida en que se ahorran disgustos y ansiedades.

Caso práctico de Educación en la fe nº 1

SITUACIÓN: Lorena tiene 13 años y es la mayor de cuatro hermanos. Hoy ha vuelto de clase con bastante mal humor, parece que por ciertas diferencias con una de sus amigas. Nada más llegar se ha puesto a ver la televisión a todo volumen, a ver si así olvida sus enfados. Da la impresión de que, tal como está, es mejor no acercarse mucho. Su madre espera un poco, pero al final decide intervenir. Llevan tiempo intentando respetar en la casa un antiguo acuerdo familiar por el que convinieron que, salvo excepciones, no se vería la televisión y habría un cierto silencio para facilitar el estudio hasta última hora de la tarde, antes de cenar. Lorena es la mayor y debe dar ejemplo. Además, lleva una temporada más brusca de carácter y un poco altiva. También está estudiando poco, y –lo que más preocupa a su madre– va bastante a lo suyo y su egoísmo está deteriorando el ambiente familiar. Como era de prever, y aunque la madre se esforzó en hacerlo suavemente, hubo un poco de tensión. Su hija reaccionó mal, mezclando ámbitos muy diversos, como suele suceder cuando uno está enfadado. "Ya estamos como siempre –saltó Lorena–, tanto control que no hay quien viva. Además, seguro que lo dices porque te parece mal todo lo que sale por la televisión. Parece que está prohibido divertirse, que todo lo divertido es pecado. Yo no hago mal a nadie. Hay que saber disfrutar de la vida, que para eso está". OBJETIVO: Lograr que entienda que felicidad y virtud no son realidades contrapuestas, sino que se exigen mutuamente. MEDIOS: Hacer que descubra un sentido más positivo de la fe y de la virtud. MOTIVACIÓN: Lorena habla últimamente con un tono un tanto engolado, que no es el suyo de siempre. Su madre está ya un poco harta del paso de su hija por la adolescencia, pero se contiene: "Esta niña –comenta con su marido– tiene un pavo terrible, pero tenemos que armarnos de paciencia, porque si perdemos los nervios será peor, y haremos el ridículo tanto o más que ella". "Además –concluía la madre–, he estado pensando que Lorena tiene cierta razón. Creo que quizá les hemos educado con un sentido de la fe y de la virtud un poco negativo. Tenemos que tener esto más presente". HISTORIA: La madre deseaba encontrar una ocasión favorable, en que su hija estuviera receptiva. A los pocos días llegó la ocasión esperada. Lorena llegó a casa visiblemente alterada, pero esta vez no con actitud altiva sino muy hundida. Necesitaba desahogarse. Su madre se dio cuenta enseguida y se lo facilitó con delicadeza. La chica empezó a contar sus preocupaciones, y a los pocos segundos rompió a llorar: "No sé que me pasa. Me parece que estoy perdiendo a todas mis amigas. ¿Es que acaso soy tan antipática…?". La madre dejó que Lorena hablara largo rato. Procuraba escuchar con atención, y asentir a lo que decía, dando a entender que se hacía cargo de cómo se sentía su hija. Sólo preguntaba algo de vez en cuando para facilitar el desahogo. Saltaba a la vista que el carácter de la chica se había ido enrareciendo y que sus amigas estaban hartas de los planteamientos teóricos en los que escudaba su soberbia, su pereza y su egoísmo. La madre de Lorena fue inteligente y esperó a que terminara el desahogo de su hija. Una vez que Lorena estaba relajada y en un estado emocional más receptivo, comenzó por pedirle disculpas: "Lorena, estuve comentando con papá que quizá tengas buena parte de razón en lo que me dijiste el otro día, cuando te enfadaste por lo de la televisión". "Lo siento, mamá, estuve insufrible, perdona", se adelantó a disculparse. "No te preocupes, hija. Te decía que puede que nos hayamos preocupado demasiado de deciros lo que está mal, y quizá hemos de hablar más de lo que está bien. Quizá no lo hemos sabido hacer mejor, o explicarnos mejor. Lo que quería hacerte ver es que hay cosas que parece que, si las haces, no haces daño a nadie; pero no es así, porque, como poco, te haces daño a ti misma. Cuando se cede a la seducción de la pereza, o de la soberbia, o del egoísmo, o de imágenes que invitan al sexo egoísta, aunque una misma se crea que no hace daño a nadie, y se intente convencer de que todo eso es inofensivo, y se llene de otros argumentos, la realidad es que luego no se tarda mucho en encontrarse una misma con que está muy estropeada, que se ha hecho daño, y que además ha acabado por hacer daño a otros. Y una misma se encuentra con que está insoportable, y es porque no se soporta a sí misma. Y entonces lo mejor es reconocerlo, y pedir perdón. Y en tu caso y en el mío, que somos creyentes, confesarnos, y así recibimos el perdón de Dios y una gran ayuda para superarnos." RESULTADO: La situación mejoró bastante a raíz de aquella conversación, pues tanto Lorena como su madre reconocieron la necesidad de plantear mejor las cosas y se propusieron comentarlo con confianza de vez en cuando, lo cual evitó muchos de los conflictos que venían surgiendo en los últimos meses.

Caso práctico de Educación del carácter nº 6

SITUACIÓN: Los padres de Luis están preocupados. Advierten en su hijo una cierta insustancialidad de fondo que les inquieta. Ven que su cabeza está ocupada casi siempre por la música, el fútbol, las modas de cada momento… y poco más. Es cierto que siempre ha sido buen estudiante, pero ahora tiene 16 años y parece que está dejando de serlo. Dice que no se concentra, que le aburren todas las asignaturas, que este año ha tenido muy mala suerte con los profesores, que son todos insoportables. OBJETIVO: Superar esa insustancialidad. MEDIOS: Fomentar intereses y aficiones de mayor nivel. MOTIVACIÓN: Hacerle ver el atractivo de ser una persona cultivada, y del mismo hecho de cultivarse. HISTORIA: Los padres de Luis ven que su hijo apenas lee, que no le preocupa la actualidad, ni la historia, ni el pensamiento. Comprenden que una persona así tendrá serios problemas a medio o largo plazo, si no cambia. Es la madre quien más insiste en que no pueden permanecer pasivos: "Hemos de hacer algo para que se ilusione con cosas un poco más altas, con más contenido. No podemos dejar que esto siga así, porque va a más." Su marido es bastante escéptico respecto a ese empeño: "Si no le interesan esas cosas, poco podemos hacer. La gente joven de hoy es así. Ya madurará". Pero ella no está de acuerdo: "No podemos quedarnos tranquilos pensando que la culpa es suya por no interesarse por esas cosas: nuestro reto es interesarle por esas cosas". RESULTADO: Finalmente estuvieron de acuerdo en hacer algo. Pensaron que, para ser sinceros, los primeros culpables eran ellos, pues llegaban los dos muy cansados de trabajar, y el poco tiempo libre que tenían lo dedicaban a ver la televisión. Tuvieron la honradez de reconocer que ellos mismos ponían poco empeño en cultivarse y, en el fondo, vivían de las rentas. Además, pensaron que no basta con decir a los hijos que lean, que se organicen, que se dejen de tonterías… Tenían que ir ellos por delante, porque de otra manera sería difícil cambiar las cosas. Se propusieron hacer que en la casa hubiera un tono más alto, que se trataran más cuestiones de tipo cultural, temas de cierta envergadura, que dieran una mayor amplitud de miras. Empezaron por encender la televisión sólo para programas concretos de interés, y apagarla luego enseguida. Compraron libros, pero poco a poco, y asegurándose de que fueran interesantes y asequibles a un tiempo, pues no querían limitarse a recomendar genéricamente la lectura, sino recomendar títulos concretos; y veían que si fallaban en los primeros consejos bibliográficos perderían su prestigio como promotores de la lectura. Procuraron poner imaginación para hacer planes culturales. Querían hacerlos con sus hijos, y organizarlos con ellos, pero sin dárselos hechos. Al principio parecía difícil encontrar ideas del gusto de todos, pero con un poco de observación, y gracias a las conversaciones que empezaron a surgir desde que la televisión estaba más callada, fueron saliendo a la luz algunas aficiones e intereses de los hijos que estaban latentes pero tenían fuerza. Tirando de esas inclinaciones, poco a poco, salieron planes muy diversos: viajes culturales, visitas a exposiciones, hobbies constructivos, etc. De esos planes, así como de las lecturas de todos, y de las tertulias que formaban para comentar cada película después de verla, salían siempre conversaciones e ideas interesantes. Todos se dieron cuenta –y quizá los padres fueron los más sorprendidos– de que eran buenos modos de descansar, de mejorar la cultura y de preocuparse de los demás. En algún momento pensaron si estaban exagerando, pero pronto se dieron cuenta de que era difícil que fuera ése el problema. El nivel tiende a bajar solo, y el problema suele ser la constancia en mantener la línea emprendida. Al cabo de unos meses había mejorado mucho el ambiente de la familia, con un resultado palpable en los resultados académicos de los hijos y en el enriquecimiento mutuo de todos.

Caso práctico de Educación en la fe nº 2

SITUACIÓN: Alberto era vagamente consciente de estar en la edad del pavo. No podía decirse que el despertar sexual le hubiera llegado entonces, pues hacía ya tiempo que –por decirlo de alguna manera– había perdido la inocencia. Le hacía gracia la ingenuidad de sus padres, sobre todo el día que su padre se propuso explicarle de dónde venían los niños. Fue hace unos tres años, cuando Alberto tenía doce. "Es una pena –pensó en aquella ocasión– ver en qué mundo viven mis padres. No se dan cuenta de que hoy día un chico de doce años seguramente sabe sobre el sexo más que ellos cuando se casaron". Los padres de Alberto eran, efectivamente, un poco ingenuos. Escuchaban poco. No sabían tirar de la lengua a sus hijos y situarse en la realidad de lo que pasaba. No es que no fueran conscientes de sus deberes en cuanto a la educación sexual de sus hijos, pero no acertaban en cómo hacerlo. Y como no se aclaraban mucho, ponían unos ejemplos digamos que poco adecuados. A Alberto le parecían casi siempre una exageración. Además, percibía siempre un cierto tono negativo y desconfiado en torno a estos temas, y eso le disgustaba: "Si mis padres hablan con tanta rotundidad –pensaba–, ya podrían explicar los porqués. Todo son agobios, pecados y peligros". Pero Alberto nunca llegaba a decirles nada de lo que pensaba, y últimamente ya casi ni les escuchaba. Un día habían quedado toda la familia para ir a celebrar el cumpleaños de la abuela. Ya estaban todos menos Alberto, y pasaron en coche a recogerle a la salida de clase. Su hermana Lucía –que tenía catorce años y era realmente muy guapa–, esperaba a su hermano a la puerta del colegio. Alberto estaba con un grupo de amigos, intercambiando unas cintas un momento antes de salir. Ellos no conocían a Lucía, ni sabían que era hermana de Alberto. Ella tampoco había visto aún a su hermano. Cuando ellos la vieron, uno saltó con el típico comentario un poco atrevido, al que siguió otro más bien obsceno. Alberto se desconcertó de que se refirieran así a su hermana. Al principio dudó, pero al ver que los comentarios subían de tono, cortó tajante: "¡Imbéciles, que es mi hermana, sois unos cerdos!". "Oye, perdona, no sabíamos nada", se excusaron. Todo quedó un poco tenso, porque ella les vio en ese momento, y Alberto tuvo que irse sin que se hablara una palabra más. Alberto estaba silencioso y con cara de pocos amigos. Dos o tres veces le preguntaron sobre qué le pasaba. Él contestaba invariablemente: "Nada". En casa de los abuelos Alberto coincidió con un tío suyo, Jorge, que acababa de terminar arquitectura, lo mismo que él soñaba ser. Tenían de siempre mucha confianza. Alberto le contó lo que le preocupaba: "Con mis padres, en cambio, ni se lo puedo decir. Me hablan como a un niño. No me escuchan, me aleccionan. Además, es que viven en otro planeta…". El padre de Alberto buscó después un momento para estar a solas con Jorge: "No sabemos qué hacer con Alberto –le dijo–, no nos escucha". Como tenían mucha confianza, Jorge le dijo: "Pues mira, si no os escucha, probad a escucharle vosotros, a lo mejor es la solución". OBJETIVO: Lograr hablar de modo fluido y confiado sobre estos temas. MEDIOS: Recuperar la buena comunicación, para poder aconsejar con un mínimo de eficacia. MOTIVACIÓN: El padre de Alberto pensó que tenía que buscar cuanto antes una buena ocasión para romper el hielo. "Como esperemos a que la ocasión llegue sola –pensaba–, no haremos nada." Esa noche, leyendo el periódico, vio anunciada una exposición sobre arquitectura y urbanismo de la ciudad a comienzos del siglo XX. Recordó que Alberto quería ser arquitecto y probablemente le interesaría. "Ya está, voy a llamar a Jorge y nos vamos los tres. Luego merendamos por allí. Seguro que podremos hablar". HISTORIA: Alberto estaba sorprendido de que su padre por fin un día le hubiera planteado algo como si fuera una persona normal, no un niño. La exposición era buena y les encantó a los tres, incluso al padre de Alberto, que al principio no estaba demasiado motivado por la arquitectura precisamente. La conversación durante la merienda fue provechosa para Alberto, pero sobre todo para su padre. Jorge lo supo hacer muy bien, porque fue sacando con habilidad los temas más delicados. Alberto hablaba con confianza y decía cosas que a su padre le dejaban asombrado, aunque procuraba no decir nada, pues se había propuesto hablar lo imprescindible y fijarse en qué hacía su hermano Jorge para ganarse la confianza de una persona tan difícil como parecía ser Alberto. Observó que Jorge escuchaba mucho y nunca manifestaba asombro ni extrañeza. Se fijó también en que evitaba el consejo directo, y procuraba plantear las cosas siempre a modo de pregunta, para provocar la reflexión. Jorge sabía tirar de la lengua hasta que el otro contaba todo lo que le preocupaba, y además era patente que para Alberto contarlo era un gran desahogo. Lo sorprendente es que al final apenas hacían falta recomendaciones: las cosas quedaban en claro casi sólo con comentarlas en un marco de confianza. Salió el episodio de la salida del colegio de unos días antes. "Al ver lo que decían de mi hermana mis amigos –comentaba Alberto–, me pareció que eso era impresentable. Pero lo peor es que me daba cuenta de que yo podía haber hecho o dicho algo muy parecido, o peor, en otras ocasiones. Al ver que la otra persona era mi hermana, me di cuenta de golpe de a dónde lleva la manera de entender el sexo a la que yo mismo había llegado." RESULTADO: Lo que abrió los ojos a Alberto fue darse cuenta que una vida sin castidad marchita el buen corazón. Al comprobar el deterioro que se estaba produciendo en el suyo, comenzó a reflexionar a fondo y a replantearse todo. Sus padres también comprendieron que tenían que tener una actitud más confiada y positiva, y su ayuda resultó decisiva en aquellos momentos delicados, como lo fue también el papel de su tío: siempre es útil la colaboración de personas cercanas a la familia, que con frecuencia tienen incluso mayor entrada que los propios padres.

Caso práctico de Educación de los sentimientos nº 1

SITUACIÓN: David tiene 15 años y es el pequeño de tres hermanos. Hoy ha vuelto de clase con bastante mal humor, cosa que por desgracia es bastante habitual. Su madre, que lo conoce bien, intuye que ha vuelto a pelearse. Sabe que su hijo tiene un carácter fuerte y le preocupa ver que con los años no mejora, sino que parece seguir igual, o incluso peor. El chico es discutidor y tiende a resolver sus diferencias de manera contundente. Enseguida "se dispara" y acaba diciendo palabras fuertes –y a veces no sólo palabras–, que producen conflictos, tanto en clase como en casa o con sus amigos. OBJETIVO: Aprender a controlar los propios sentimientos. MEDIOS: Evitar los enfados, superar el resentimiento y aprender a perdonar y pedir perdón. MOTIVACIÓN: Su padre desea encontrar una ocasión favorable, en la que David esté receptivo, para hablar de cómo el enfado y el resentimiento no suelen arreglar los problemas sino agrandarlos. HISTORIA: David ha tenido esta semana varios enfados en clase. Tiene poca paciencia y es cada vez más susceptible. Enseguida se pone nervioso y acaba discutiendo. Como además ha crecido ya bastante y se siente físicamente fuerte, tiende casi sin darse cuenta a querer imponerse de modo poco razonado. Sus padres llevan tiempo preocupados, pero no saben bien qué más decir a su hijo. "Estoy pensando –concluía su padre– que tendría que hablar con él con un poco de calma. Veo que siempre hemos hablado de estas cosas después de algún problema y estando David poco receptivo. Como este viernes no tienen clase, voy a proponerle que me acompañe a la visita que tengo que hacer a la fábrica. Como dice que quiere ser ingeniero, seguramente le gustará". RESULTADO: Efectivamente, a David le hizo ilusión el plan. Durante el trayecto, que fue casi de hora y media, hablaron mucho de cosas de ingeniería. Su padre hizo un esfuerzo para explicarse bien y ser paciente. Se dio cuenta de que cuando hablaba a su hijo como a una persona adulta, éste le contestaba como una persona adulta. "Veo que este chico es más sensato y profundo de lo que parece", pensaba para sí. Ya de vuelta, su padre pensó que había ya un ambiente adecuado para hablar con más confianza sobre el carácter de su hijo. Le preguntó, con el mejor tono que supo. Intentó que David se explicara, y le pidió que pusiera ejemplos concretos y expresara cómo eran sus sentimientos en esos momentos. Tuvo que hacer un esfuerzo para no interrumpirle en algunos puntos que juzgaba muy poco objetivos, pero pensó que en ese momento era mejor no romper el hilo del desahogo. David era bastante consciente de su problema, pero se veía superado por el ímpetu de sus frecuentes sentimientos de desagrado, rabia, rencor y tristeza. Además, luego se pasaba horas dándole vueltas en la cabeza a los motivos por los que él tenía razón, y acababa más enfadado todavía. Su padre le encontró receptivo, y pudo hablarle con calma de cómo los enfados no suelen arreglar los problemas sino agravarlos; cómo con ellos se sufre y se hace sufrir inútilmente; se dicen cosas de las que luego uno se arrepiente enseguida; se producen heridas que tardan mucho en cicatrizar; etc. Todo iba muy bien, hasta que debió decir algo un poco más fuerte, y entonces David saltó: "Tampoco te vayas a creer tú que no tienes defectos, ¿o es que no te acuerdas de las veces que te has enfadado en casa?". El padre de David fue inteligente y supo encajar el golpe, que por otra parte era bastante objetivo. "La verdad –pensó– es que este chico tiene unos arranques bastante parecidos a los míos. Se ve que a tal palo, tal astilla". Por un momento sintió que comenzaba a enfadarse, pero enseguida se sobrepuso y vio que tenía que dar ejemplo a su hijo de no ser susceptible. Aprovechó la ocasión para explicárselo: "Mira, David –le dijo–, lo que me has dicho me ha producido una reacción primaria de enfado, porque yo me parezco bastante a ti. Enseguida he advertido que enfadarme no iba a arreglar nada, sino que más bien iba a estropear este rato de conversación tranquila que hacía tiempo que no teníamos." Siguió hablando. David le miraba con cara de asombro. Le parecía que su padre le hablaba con más franqueza que nunca. Cuando además le dijo que él también se iba a esforzar, aquello a David le sonó aún más a nuevo. Las cosas cambiaron mucho a raíz de aquella conversación, pues quedó abierta la comunicación entre ambos, y en los meses siguientes pudieron hablar con confianza de estos temas, descendiendo a detalles concretos, y los dos lograron mejorar bastante.

Caso práctico de Educación en la fe nº 3

SITUACIÓN: Luis tiene 18 años y ha empezado este año la universidad. En los primeros días de clase todo es nuevo para él, y a su vuelta en casa no para de contar cosas. Después de unas semanas, ya toda la familia sabe bastante sobre cada uno de sus profesores. Un día llega de clase bastante impresionado por un profesor que, según explica, "hoy de nuevo ha puesto a la Iglesia como una institución autoritaria, corrompida y llena de intereses torcidos". Luis quiere contarlo como sin darle casi importancia, pero se ve que le ha hecho mella. "Este profesor –continúa– es de los que achacan a los curas y frailes todos los males habidos y por haber a lo largo de la historia y en todo el mundo. Esta vez ha estado media hora hablando de control de las conciencias, ideología al servicio del poder, comeduras de coco, dominio ideológico de la ciencia…, y, cómo no, tuvo que salir lo de Galileo, con las torturas por parte de la Inquisición medieval y su muerte en la hoguera por decir que el mundo era redondo." Su padre está un poco preocupado. Sintió tener que irse pronto, pero tenía una reunión importante a primera hora de la tarde. Por la noche lo comenta con su mujer: "Tenemos que preocuparnos de la formación de este chico. Un profesor así hace más mella de lo que parece". OBJETIVO: Pensar con profundidad sobre estos temas. MEDIOS: Que Luis desarrolle su sentido crítico y sepa enjuiciar con acierto estas cuestiones. MOTIVACIÓN: A Luis le gusta hablar y debatir, igual que a su padre. Hace tiempo toda la familia decidió ver menos la televisión –nunca durante las comidas–, y desde entonces hablan bastante. Han ido aprendiendo a tratarse cada vez con más respeto por la opinión del otro y con más esfuerzo en escuchar. El padre de Luis pensó que tenía que sacar el tema y hablarlo con calma, pero enseguida se dio cuenta de que le faltaban argumentos: unos porque la memoria le fallaba, y otros porque… –ahora se daba cuenta– en realidad nunca los tuvo. De entrada, le sonaba que Galileo no murió en la hoguera, pero no estaba seguro. Tenía que documentarse un poco. Enseguida pensó en un compañero de la oficina con el que había hablado varias veces. Les unía cierta amistad: "He visto que Roberto sabe mucho sobre estas cosas, y sobre todo, veo que es una persona abierta y de fiar". HISTORIA: La conversación con Roberto tuvo lugar aquel mismo día. Tomaron un café al salir del trabajo. Sólo pudieron hablar diez minutos, pero fueron suficientes para enterarse de que efectivamente Galileo no murió en la hoguera. Pero es que, además, resulta que tampoco fue torturado; ni estuvo en la cárcel; ni pudo ser condenado por la Inquisición medieval, pues vivió en el siglo XVII; ni discutió con nadie que el mundo fuera redondo, pues eso era evidente desde el viaje de Magallanes, más de cien años antes. Realmente asombroso. Aquella noche Luis vio que su padre se había comprado un par de libros sobre el tema. "Le ha dado fuerte", pensó su hijo. Además, se fijó en que después de cenar se puso a visitar unas páginas web. Se acercó y vio que eran páginas con datos e información sobre fundamentos de la fe cristiana. Enseguida se unió a la búsqueda con su padre. A Luis siempre le había entusiasmado el hecho de que en la red hubiera cosas tan variadas, pero nunca pensó que internet ofreciera también esas cosas, y estaba claro que las había. RESULTADO: Aquel día aprendieron mucho. Pero, sobre todo, se les metió el gusanillo del deseo de saber más. Siempre han sido muy organizados, así que hicieron una lista de temas y acordaron dividirse el trabajo. Tenían que documentarse cada uno y luego comentarlo en una tertulia familiar. De esta manera se implicaron todos, encontraron información abundante y enseguida se hicieron una idea más clara de lo que había sido realmente la historia de la Iglesia. Era una historia de santidades en medio de miserias humanas, algunas en su mismo seno. Una institución que había mantenido su doctrina en medio de la compleja historia humana y pese a sufrir grandes presiones para que adaptara esa doctrina al gusto de la época (no era cosa sólo de nuestros días). Y saltaba a la vista que todo eso habría sido imposible sin una especial asistencia de Dios. Les asombraba ver cómo la Iglesia se había mantenido a lo largo de los siglos, ante constantes intentos de apoderarse de ella, someterla, desfigurarla o simplemente destruirla; y esa resistencia tampoco tenía explicación humana. Se dieron cuenta también que en las civilizaciones cristianas es donde más había progresado la ciencia. Llegaron a la conclusión de que la historia de la Iglesia es muy interesante, y que además conocerla bien es de gran ayuda para la fe.

Caso práctico de Educación de los sentimientos nº 2

SITUACIÓN: Luis y Sonia tienen cuatro hijos –dos chicos y dos chicas– de edades bastante seguidas, entre 12 y 16 años, menos el último, que tiene sólo 7. Se consideran muy afortunados porque las cosas van bastante bien en la educación de sus hijos, pero no dejan de tener frecuentes preocupaciones cuando miran al futuro y ven lo que pasa con los hijos de muchos conocidos suyos. "Veo que nos va bien –comentaba Sonia a su marido–, pero que están en esas edades difíciles, o lo estarán pronto, y las cosas se pueden poner mal si nos descuidamos. Por ejemplo, veo que tienden a ser un poco individualistas, y que tendrían que ser más generosos, pensar más en los demás. A veces tienen unos despistes asombrosos, parece que no sufren con los sufrimientos de los demás". OBJETIVO: Ser más generosos y aprender a centrar más la vida en los demás. MEDIOS: Aprender a reconocer los sentimientos de los demás. MOTIVACIÓN: Favorecer un ambiente familiar en el que todos estén más pendientes de los demás: "si cada uno está en lo suyo, sólo hay uno pendiente de cada uno; en cambio, si cada uno está pendiente de todos los demás, estaremos todos pendientes cada uno". HISTORIA: El sábado tenían previsto viajar toda la familia a casa de los padres de Sonia, que viven en una ciudad cercana. Era una buena ocasión de charlar sobre estos temas. Aunque van un poco apretados en el coche familiar, eso es quizá una ventaja para hablar con calma del tema: será difícil que se distraigan con otras cosas. Así lo hicieron. Procuraron caldear un poco el ambiente. Antes de salir hicieron un pequeño extraordinario en el desayuno, que fue muy bien acogido por todos. Enseguida, ya en el coche, plantearon la idea. Tenían que proponerse mejorar en preocupación de unos por otros, dentro de la familia, y también con todas las demás personas. Se pidieron ideas, y pronto comenzaron a quitarse la palabra unos a otros para aportar lo que se les ocurría. RESULTADO: Efectivamente salieron muchas propuestas. Cuando por la noche el matrimonio hacía balance de la jornada, como acostumbraban hacer antes de irse a dormir, estaban sorprendidos: "La verdad –decía Luis– es que a nosotros solos jamás se nos hubieran ocurrido ni la cuarta parte de las ideas que han salido". Ahora se trataba de lograr llevarlas a la práctica. Lo primero que pensaron es que para saber qué necesitan los demás, antes hay que escuchar con interés: se propusieron recordarlo con frecuencia si veían que se descuidaba este asunto. La hermana mayor, Cristina, propuso que también debían ser más sensibles ante tanta gente que sufre en todo el mundo. Quedaron en que, para que no quedara en algo teórico o poco comprometido, lo mejor era que cada semana acudieran a visitar alguien necesitado. Unas veces a un pariente enfermo, otras a una vecina que está muy mayor y nunca recibe visitas, otras a un asilo de ancianos cercano a casa, etc. También se propusieron ayudarse entre todos a advertir cómo se sienten los demás ante lo que cada uno hace. Por ejemplo, fijarse más en qué cosas agradan o desagradan a cada uno, procurar acompañar al que se pueda sentir solo, sacar temas de conversación que interesen a los demás, preguntar antes de poner música o televisión para ver qué le apetece a los demás, etc. El resultado de todas esas medidas fue muy positivo, pues hizo que cada uno conociera mejor a los demás y que afloraran más los buenos sentimientos de todos.

Caso práctico de Educación en la fe nº 4

SITUACIÓN: Paloma tiene ya 16 años y ha empezado a salir con un chico –David– con el que está encandilada. Su madre piensa que ese chico no le conviene, pero no sabe cómo decírselo sin que se enfade. La chica ha empezado a suspender y se ha enrarecido su carácter. Por una casualidad, su madre se ha enterado de que Paloma consume pastillas que no son precisamente para la tos, y que frecuenta con David lugares poco recomendables. Se lo recriminó nada más verla: —"Sí, ¿y qué…?", contestó su hija. —"Pues que todo eso está muy mal". —"¡Ay, no me digas!", replicó con ironía. La madre, desconcertada, no sabía cómo seguir. Al final dijo: —"Y…, ¿si te mueres, qué, al infierno? ¿O es que no has pensado que te puedes morir?". —"Pues por eso…, hay que vivir, que son dos días". —"Pero luego…". —"Luego…, ¿qué? ¿Has estado allí? ¿Has visto algo? A lo mejor me convierto en una vaca. David dice que se está tomando en serio lo de la reencarnación. Además, yo no creo en el infierno. ¿No ha venido Dios a salvar a los pecadores? ¿No es tan misericordioso? Yo no paso por ahí, ya habéis asustado a mucha gente." La madre se dio cuenta de que le faltaban argumentos, y de que además había planteado bastante mal la conversación. Lo comentó aquella noche con su marido. OBJETIVO: Lograr que Paloma entienda que los hombres estamos sujetos a un orden natural fuera del cual no alcanzaremos nuestra plenitud. MEDIOS: Hacer que descubra un sentido más claro y positivo de la fe y de las verdades eternas. MOTIVACIÓN: Los padres de Paloma estuvieron comentando cómo encontrar el modo y la ocasión de hablar con su hija constructivamente sobre estos temas. Era preciso que entendiera que desoír los mandatos de Dios lleva a las personas a situaciones que siempre producen daño, a uno mismo y a otros. HISTORIA: A los pocos días, Paloma llegó a casa bastante tarde y muy abatida. Parecía no querer hablar con nadie, pero su madre enseguida advirtió que en realidad lo deseaba vivamente. Decidió no hacer mención al hecho de que hubiera llegado tan tarde. Pensó que en ese momento era mejor ayudar a su hija a desahogarse. Ya había aprendido de su error en la anterior conversación, así que esta vez lo planteó de modo muy distinto. En cuanto la chica vio que su madre no estaba en plan de sermonearla, le fue contando todo, de principio a fin. Había roto con David después de enterarse de que la engañaba. Se sentía muy humillada. Pensaba que la habían usado como se usa a un objeto. Ahora comprendía que había sido seducida de la forma más simple, y que se había entregado con total ingenuidad: "Ya me parecía que David se pasaba conmigo. Me molestaba, pero no quería perderlo, ni parecer una tonta. Pero ahora me doy cuenta de que fue un error desde el principio." David había tenido un accidente con el coche. No le pasó casi nada, aunque podía haberse matado. Tuvieron que darle unos puntos. Paloma acudió al hospital, sin saber casi nada. Una vez allí, no tardó en enterarse de que en el momento del accidente su novio iba con otra chica. David conducía demasiado rápido, para impresionar a su acompañante, y se salió de la carretera. Al verse tan cerca de la muerte, se había llenado de miedo y estaba muy conmocionado interiormente. Paloma explicó a su madre que David estaba también muy hundido. No era mala persona, pero llevaba tiempo dejándose arrastrar por el egoísmo, y había acabado haciendo cosas que le avergonzaban mucho. Disimulaba su desazón interior con teorías diversas, con las que intentaba justificar su lujuria y su deslealtad, pero al verse al borde de la muerte todo aquello se había venido abajo en un instante. David pidió perdón a Paloma, y ella lo aceptó, pero quedaron en que ya no saldrían juntos. Paloma y su madre estuvieron hablando bastante tiempo. Al final, acabó saliendo la conversación que habían tenido ellas dos unos días antes: "Perdona, mamá. Estuve inaguantable. Ahora veo que me pasaba lo mismo que a David." "Deja, hija, que yo tampoco estuve a la altura", terció su madre. RESULTADO: Fue una conversación muy fructífera. Ahora Paloma veía de otra manera todo lo que había dicho el otro día sobre la muerte, el infierno y la reencarnación. Al final, coincidieron en que lo que había sucedido era providencial para comprender que Dios no ha puesto sus Mandamientos para fastidiar, sino para facilitar a los hombres y mujeres su desarrollo más pleno, su felicidad. El dicho popular de que en el pecado va la penitencia refleja el hecho real de que el alejamiento de Dios –y por tanto, del último fin del hombre–, constituye a la larga la más dolorosa de las penas. Vivir de espaldas a la muerte es vivir en el engaño. Y si en la propia vida hay engaño, considerar la realidad de la muerte puede ser una buena ayuda para desengañarse. Pensar en la muerte no tiene por qué suponer un lastre para la vida, sino que nos ayuda a darnos cuenta de que el tiempo a nuestra disposición es limitado y hemos de hacerlo rendir. No debe llevar a reflexiones pesimistas, sino a esforzarnos por llenar la vida de sentido.

Caso práctico de Educación de los sentimientos nº 3

SITUACIÓN: Mónica tiene 16 años y es la menor de la casa. Sus dos hermanos mayores han sido siempre estudiantes brillantes. Ella, en cambio, va sacando los cursos con dificultad. Dedica muchas horas al estudio, pero le rinden poco y se siente decepcionada. Sus padres están preocupados, pues con frecuencia la ven triste y abatida. Por los comentarios que hace, tiene una fuerte tendencia a compararse –tanto con sus hermanos como con sus amigas–, y eso hace que esté arraigando en ella un cierto complejo de inferioridad. Una tarde, charlando con su madre a la vuelta de clase, Mónica se desahogó: "Mamá, es que no lo entiendes, es horrible. Veo que lo que yo tardo una tarde entera en estudiar, y luego además casi ni me acuerdo, en cambio mi compañera lo estudia en una hora. Y yo me paso encerrada todo el fin de semana estudiando, y ella, en cambio, no da ni golpe y saca luego mejor nota. Y estamos las dos igual de distraídas en clase, nos pregunta la profesora, y ella con dos ideas que se acuerda le sale una respuesta convincente, y yo, en cambio, me quedo sin saber qué decir. Cuando pienso en esto me pongo muy triste al ver que todas me aventajan y que es algo que nunca podré evitar, porque no puedo hacer nada por remediarlo…". OBJETIVO: Superar un incipiente complejo de inferioridad. MEDIOS: Ganar en conocimiento propio y autoestima. MOTIVACIÓN: Transmitir seguridad a Mónica descubriendo y potenciando sus puntos fuertes. HISTORIA: La madre de Mónica quedó bastante impresionada tras aquel desahogo de su hija. Por la noche lo comentó con su marido. Estuvieron charlando un buen rato sobre el tema. Pensaron en cómo podrían hacer entender a Mónica que no podía pasarse la vida lamentándose de los talentos que no tenía. "Quizá lo primero –pensaron– es que se dé cuenta de que tiene talento para muchas cosas". Repasaron diversas posibilidades. Concluyeron que su hija tenía muchas virtudes: era generosa, sincera, leal. Además, se le daba bien el deporte, tenía buen oído para los idiomas y era muy rápida e intuitiva para la informática. Al llegar a lo de la informática, ella tuvo una idea: "Podemos empezar por eso. Voy a proponerle a Mónica que me acompañe a la oficina el miércoles por la tarde, que ella no tiene clase". RESULTADO: A Mónica le hizo ilusión ayudar a su madre en la oficina. Fueron varias horas de trabajo muy intenso, y quedó bien patente que la chica era muy eficaz. Una compañera del trabajo lo comentó, y se veía que Mónica se derretía de satisfacción al oírlo. El miércoles siguiente fue muy parecido, pues en la oficina estaban con muchísimo trabajo pendiente. El punto culmen fue cuando se descubrió que Mónica leía y escribía en inglés con gran soltura: de nuevo se escucharon diversos elogios, que resultaron muy oportunos. De vuelta a casa, la chica estudiaba con más ganas. Por la noche lo comentaba con su madre: "Esta tarde me ha cundido muchísimo. Hemos trabajado tres horas, luego he estudiado otras dos, y estoy menos cansada que otros días que no hago ni la mitad". Su madre la escuchó un rato, y poco a poco fue dejando caer algunas de las ideas que había ido leyendo sobre el tema en esos días (era una persona de las que le gustaba documentarse). Habló a su hija de cómo las personas que sufren con esas preocupaciones, deben convencerse de que no es verdad que estén en casi todo en inferioridad de condiciones, ni que sus limitaciones no tengan remedio. Que la naturaleza suele otorgar sus dones de forma más repartida de lo que parece. Que otras personas con limitaciones muy superiores han triunfado en la vida y han sido muy felices. Que junto a esas limitaciones poseen muchas otras cualidades, probablemente más importantes que esas otras que tanto le deslumbran en los demás. Que tantas veces, además, el que tiene menos talentos pero se esfuerza por hacerlos rendir, aunque le parezcan escasos, acaba finalmente por superar a otros mucho más capacitados. Mónica entendió que no podía contemplar constantemente su vida como lo que habría podido ser si hubiera nacido con otras dotes, o si hubiera actuado de modo distinto. Que podía y debía vivir aceptándose como era, sacando partido a su talento natural y dejándose de vivir entre fantasías. También descubrió que su falta de autoestima le hacía aspirar a poco, y que eso le hacía exigirse poco, y que con facilidad se autoengañaba con ensoñaciones que eran fundamentalmente pereza. Mónica entendió que lo mejor en la vida es ser el que somos y procurar ser cada día un poco mejor. En pocas semanas su actitud vital cambió notablemente.

Caso práctico de Educación en la fe nº 5

SITUACIÓN: Durante las vacaciones de verano Nuria está saliendo con un chico extranjero que vive desde hace unos meses en su ciudad. Se llama Michael y tiene 17 años, como ella. Es buen estudiante, y bastante inquieto intelectualmente. Los hermanos de Nuria, para meterse un poco con ella, le llaman "el filósofo", y le toman el pelo por su modo de ser un tanto seguro y sentencioso. Michael es protestante, pero asegura ser muy respetuoso con las creencias de los demás. Dice que no hay ningún problema en que Nuria sea muy católica y él no. Afirma que "en el fondo apenas hay diferencia", puesto que los dos están de acuerdo en lo fundamental: "Creo que vosotros –dice Michael– tenéis un concepto un tanto estrecho del cristianismo. No deben verse las diversas iglesias como rivales, sino como complementarias. Todos vamos a lo mismo, y entre todos podemos proporcionar una oferta religiosa más completa." Pasadas unas semanas, se fue viendo que, a pesar de todo lo dicho, Michael pertenecía a un sector protestante bastante hostil hacia el catolicismo. Aseguraba que la Iglesia católica era arrogante y orgullosa, que miraba a las personas de las demás iglesias como destinadas a la condenación, que habían puesto a un hombre –al Papa– en el lugar de Jesucristo, y que pretendían imponer una moral agobiante a base de amenazas. Discutía bastante sobre esto con Nuria. Ella intentaba rebatirle –con muy poco éxito–, aunque ante sus padres y sus hermanos siempre defendía a su novio. Decía que aunque Michael fuera crítico con la Iglesia, luego la acompañaba a Misa los domingos y le había dicho que respetaría siempre sus creencias. OBJETIVO: Lograr que Nuria sepa entender y explicar bien su fe. MEDIOS: Abordar con profundidad los puntos que Michael plantea. MOTIVACIÓN: Los padres de Nuria no tienen mucha formación religiosa, y no saben bien cómo responder a todas esas cuestiones. Lo comentaron con Juan, que es el hermano mayor y siempre ha estado muy unido a Nuria. HISTORIA: Juan invitó a su hermana y a Michael a un día de excursión. Tuvieron tiempo de hablar con calma. No tardaron en entrar en materia, pues a Michael le encantaba hablar sobre esto y se sentía muy seguro. Juan le preguntó por qué tenía tanta animadversión hacia la Iglesia católica, sobre todo después de defender que no había que ver a las diversas iglesias como rivales. "Es por que los católicos –contestó– han pervertido la fe cristiana y el verdadero seguimiento de Jesucristo". Pararon a la orilla de un río y siguieron charlando mientras Nuria se metía un rato en el agua. En determinado momento, Juan preguntó a Michael: "Y si os casarais Nuria y tú, ¿dejarías que vuestro hijo fuera católico?". Él contestó: "Nuria ya se va dando cuenta de que está engañada en la Iglesia católica. Desde luego, a mis hijos les ahorraré ese paso." Nuria había vuelto ya del río y estaba unos metros más atrás, pero Michael no advirtió su presencia. Ella escuchaba con atención. La conversación siguió, y fue quedando claro que Michael no era tan tolerante como al principio se presentó. Juan estuvo comentando que el Nuevo Testamento recoge en varias ocasiones que Jesucristo fundó una sola Iglesia, y que la Iglesia es la Esposa de Cristo –y solo puede haber una esposa–, y que es universal, sin restricciones ni exclusivismos. La Iglesia católica no ve a las demás iglesias como "rivales", ni a sus miembros como "destinados a la condenación". Reconoce en ellas muchos elementos de santificación y de verdad, pues Cristo se sirve de ellas como medios de salvación, aunque su fuerza proviene de la plenitud de gracia y de verdad que Cristo ha confiado a la Iglesia católica. RESULTADO: Aquel día de excursión fue muy provechoso para los tres. Juan acabó sabiendo bastante sobre las iglesias protestantes, Michael tuvo oportunidad de conocer mejor la realidad de la Iglesia católica, y Nuria de darse cuenta de que la postura de su novio en lo relativo a la fe no dejaba casi ningún margen en cuanto a la educación de los hijos: se lo había escuchado bien claro. Como ella siempre consideró este punto como muy importante, aquel noviazgo no duró mucho.

Caso práctico de Educación en la preadolescencia nº 1

SITUACIÓN: Ignacio y Silvia tienen tres hijos, de ocho, diez y doce años. Están preocupados. Siempre han sido unos padres bastante exigentes, pues no quieren caer en los errores que ven en algunas familias amigas, cuyos hijos están muy consentidos y son un auténtico desastre. Sin embargo, ellos tampoco están muy satisfechos de cómo les van las cosas. Se han dado cuenta de que su exigencia es bastante negativa. Así se lo ha hecho ver el tutor de sus hijos esa misma tarde en el colegio. Sus hijos son tímidos, poco comunicativos, se valoran poco a sí mismos. Según parece, les pesa mucho que, hagan lo que hagan, sus logros siempre son insuficientes a los ojos de sus padres. Aquella noche Ignacio y Silvia lo comentan con preocupación. "Es verdad –dice Silvia–, ahora lo veo todo bastante claro. Si se recrimina demasiado un defecto, el chico acaba pensando que está tan arraigado en él que es inútil luchar por corregirlo. Si confías poco en él, se le quitan las ganas de esforzarse". Ignacio está pensativo: "¿Y qué quieres que hagamos…? Hace cosas mal, y no podemos dejarlo pasar, ni aplaudirlo… OBJETIVO: Crear un ambiente de exigencia positivo. MEDIOS: Procurar cambiar los castigos y reprensiones por estímulos positivos. MOTIVACIÓN: Silvia supo llevar a buen puerto aquella conversación con su marido. Le convenció para cambiar un poco la estrategia: "Vamos a probar de esa otra manera, Ignacio. Seguro que nos va mejor. Tenemos que intentar hacer ver a los chicos que estamos seguros de que harán las cosas sin que estemos constantemente exigiéndoles, regañando o castigando. Tenemos que apoyarnos más en su deseo natural de hacer las cosas bien, y fomentarlo". HISTORIA: Procuraron poner en práctica lo que habían acordado. Se esforzaron en no enfadarse, no querer corregir cada detalle, procurar alabar lo que hicieran bien, y darles más confianza. Al principio fue bien, pero Ignacio perdía la paciencia de vez en cuando, y salía con alguna de sus clásicas referencias a "la juventud de ahora", y a que "cuando yo tenía tu edad…". Silvia no decía nada, pero luego hablaban a solas con mucha claridad: "Ignacio, tenemos que dar ejemplo nosotros primero. Si hemos quedado en no enfadarnos y no ser aguafiestas, tenemos que cumplirlo. No me digas que te lo propones y no lo consigues, porque esa razón no se la admites a tus hijos". RESULTADO: Fueron firmes en su propósito y a las pocas semanas llegaron los frutos. Al cambiar un estilo autoritario por otro de más cercanía y confianza, el nivel de exigencia en la familia no se debilitó, sino que se fortaleció y se hizo más amable. Empezó a haber en la familia un clima de más confianza, y fue entonces cuando se dieron cuenta de lo mucho que habían sufrido ellos y sus hijos por no escucharse más, por no hablar las cosas, por no sacar más partido a ese sentimiento natural que todos tenemos de desear agradar, de ser útiles, de sentirnos valorados. Ignacio y Silvia supieron aceptar las observaciones del tutor de su hijo, y gracias a eso pusieron el acento en los estímulos positivos, que son los más eficaces en el camino de la mejora personal.

Caso práctico de Educación en la fe nº 6

SITUACIÓN: Pablo tiene 16 años y ha advertido que en las noticias de la televisión y de la prensa se ataca bastante a la Iglesia. Tiene la impresión de que se da mucha relevancia a cualquier actuación desafortunada de un eclesiástico, y casi nunca sale nada de todo lo bueno que hacen. También ve que se habla mucho de las voces discrepantes que hay en la Iglesia, y salen frecuentes declaraciones de esas personas asegurando que ese "sector crítico" es muy numeroso y son tratados injustamente. Lo comentó un día en el colegio con un amigo suyo: "Normal –le contestó–: también cuando sale uno del gobierno sacan después a otro de la oposición". Sin darse mucha cuenta, el asunto despertó aún más su interés y empezó a fijarse en todas las noticias relativas a la Iglesia. Se hablaba mucho de conservadores y progresistas, de presiones de unos y de otros. Todo eso le decepcionaba. En esos días, la prensa dedicó bastante espacio a un profesor de una facultad eclesiástica de teología que había sido "desposeído de su cátedra porque sus enseñanzas eran contrarias a la línea oficial de la Iglesia". El expulsado decía que era un atropello y que conculcaba "no sólo el derecho a la libertad de cátedra, sino también el derecho a la libertad de expresión, elemental en cualquier sociedad que no sea una dictadura". Y añadió que además pretendían amordazarle con amenazas de suspensión. A Pablo todo esto le produjo una pequeña conmoción. Pensaba que quizá la doctrina católica que él había aprendido no era tan segura, sino que dependía de quién tuviera las riendas en la Iglesia en cada momento. Estaba ensimismado en esto mientras leía la noticia. Su padre se dio cuenta, y le preguntó qué leía tan absorto. Pablo se lo explicó. OBJETIVO: Ayudarle a tener una idea más clara y completa sobre la naturaleza de la Iglesia católica. MEDIOS: Explicar bien los conceptos de autoridad, dogma y libertad en la Iglesia. MOTIVACIÓN: Los padres de Pablo comentaron el asunto. Pensaban que no bastaba con la breve conversación que habían tenido su padre y él. Era preciso propiciar otras nuevas, en las que de modo distendido salieran a la luz todas esas dudas. HISTORIA: "Pablo –le dijo su padre–, esta noche entrevistan en televisión al teólogo sancionado. ¿Quieres que lo veamos juntos?". A Pablo le gustó la idea. Su padre estaba siempre muy ocupado, y eso de que le prestara atención y le tratara como a alguien ya mayor, le gustaba. El programa fue muy interesante. Al acabar, siguieron los dos hablando casi una hora. Al principio, Pablo preguntaba con cierta prevención, pero después lo hacía ya con una confianza total. Se veía que tenía muy dentro todas esas dudas e inquietudes. Al final, Pablo estaba muy satisfecho: "Oye, se aprende bastante así…". "Sí –contestó su padre–, y creo que no solo tú". "¿Tú también…? ¿Y qué has aprendido?". "Pues, de entrada, que esto hay que repetirlo", contestó, dejando así abierta la cuestión para otro momento. RESULTADO: En esa conversación y en otras siguientes salieron los principales temas. Lo primero, que no se puede entender la Iglesia si se pierde de vista su carácter sobrenatural. Pretender introducir la democracia en la Iglesia, acabaría –por la misma dinámica de la democracia–, sometiendo a votación lo que Jesucristo instauró, y eso sería una contradicción. Luego hablaron de que la fe pide una adhesión a Dios, y por tanto una adhesión a lo que Dios ha enseñado y establecido, y a quienes actúan como legítimos representantes suyos. Hay una especial asistencia del Espíritu Santo, y quien habla en nombre de la Iglesia –en lo que pertenece al depósito de la fe, de conformidad con su cabeza y con su tradición–, se puede decir que habla en nombre de Dios. Y si se examina lo que Cristo dispuso, se debe concluir que los maestros de la fe son en primer lugar los obispos unidos al Papa. Aquel teólogo se quejaba de que no se respetaba su opinión, cuando lo que estaba haciendo no era opinar, sino enseñar en una cátedra de teología de la Iglesia católica. No tiene derecho a quejarse de que los responsables de esa enseñanza declaren que lo que ese hombre enseña no se ajusta a lo que enseñó Jesucristo y la Iglesia tiene el deber de conservar. Y en cuanto a las "amenazas de suspensión" a las que se refería el mencionado teólogo, son sanciones de orden espiritual. El Derecho Penal de la Iglesia habla de "suspensiones" (de ejercer como clérigo) o de "excomuniones" (se aparta del culto y los sacramentos), no de penas de cárcel. En toda sociedad debe existir una autoridad, pues de lo contrario se disgregaría, sería una sociedad anárquica. Jesucristo quiso que los designados para transmitir su enseñanza y su gracia también tuvieran autoridad y pudieran gobernar la Iglesia. Por eso fundó una Iglesia con una jerarquía, y una autoridad suprema, que es el sucesor de Pedro: el Papa. La jerarquía no está para sancionar, sino sobre todo para guiar, pero no podría cumplir bien su cometido si no tuviera ese poder sancionador.