Alfonso Aguiló, “Anfitriones de ideas”, Hacer Familia nº 298, 1.XII.2018

C. S. Lewis publicó en 1942 un libro muy original. Era un conjunto de cartas breves que un demonio ya anciano escribe a un demonio joven, sobrino suyo, para enseñarle el oficio de tentar a los humanos. Pronto se tradujo al castellano con el título “Cartas del diablo a su sobrino”. La singularidad de su planteamiento, su buen estilo literario y la agudeza del autor, hicieron de este título uno de los más apreciados y brillantes de Lewis.


En esas cartas describe las corrientes de pensamiento, costumbres y contradicciones más extendidas en la vida cotidiana, y las critica con ingenio y sentido del humor. En varias ocasiones, por ejemplo, el diablo veterano recomienda a su sobrino que no se empeñe en tentar a los humanos sugiriéndoles ideas malvadas, puesto que suele ser más eficaz distraerles para que no piensen demasiado. Le explica que la mayoría de los males del mundo no proceden de una maldad premeditada, sino de no haber tenido valor o sosiego suficiente para pensar.

Quizá, efectivamente, muchos de nuestros errores provienen de que nos falta valor para atrevernos a pensar con mayor hondura. Aristóteles decía que es señal de mente educada ser capaz de entretener un pensamiento, aun sin aceptarlo. Es decir, que igual que sabemos tratar educadamente a las personas, aunque no simpaticemos con ellas, podemos tratar educadamente a las ideas que lleguen a nuestra mente, aunque las consideremos equivocadas.

No hace falta ser un experto para saber tratar educadamente a un invitado. Cuando recibimos un visitante, procuramos tener la casa medianamente presentable, procuramos prestarle atención, crear un ambiente acogedor. Cuando llega, procuramos que no se quede esperando, en silencio o incómodo. Le invitamos a pasar, a sentarse, le ofrecemos algo. Procuramos ser atentos y corteses. La misma actitud deberíamos tener frente a una idea que nos visita, porque si recibimos a las ideas habitualmente con escepticismo, miedo, torpeza o indiferencia, poco podremos aprender de ellas. Deben sentirse a gusto mientras permanezcan con nosotros.

Cuando llega un invitado, se hacen las presentaciones correspondientes, facilitamos que se integre con las demás personas presentes, sobre todo con quienes pueda tener algo en común. Las nuevas ideas también deben ser relacionadas con otras. Tanto las personas como las ideas podemos mejorar al entrar en relación con nuevas personas e ideas.

Al invitado se le da una cierta preferencia, un tiempo para explicarse, una oportunidad de responder a las objeciones, una atención a sus argumentos y a sus respuestas. Procuramos escuchar con interés, preguntar con inteligencia para saber más, y sobre todo no caer en la deshonestidad de simplificar las ideas para rebatirlas fácilmente.

A las ideas, y a las personas, a veces hay que darles una nueva oportunidad, una posibilidad de conocerlas mejor, de cambiar nuestra anterior opinión y apreciarlas más…, porque quizá las habíamos juzgado prematura o precipitadamente.

Ser buenos anfitriones, de las personas o de las ideas, es una señal de respeto, educación, amistad. Es indicativo de una mente abierta, que entiende, que aprende. Si las nuevas ideas se sienten a gusto en nuestra mente, no querrán irse, invitarán a otras nuevas, generarán relaciones entre ellas, nos harán mejores.

A veces nos falta coherencia de vida porque no damos entrada a nada que cuestione nuestras propias ideas, cada vez más simples y anquilosadas. Por supuesto que es razonable tener un conjunto de convicciones que no nos cuestionamos, pero el problema es que solemos extender esa actitud a muchas cosas que no son convicciones sino obcecaciones en las que nos encastillamos de un modo poco razonable. Está bien mantener unos principios de honestidad, de servicio, de respeto. O de trascendencia, de fe, de tradición. Pero la fidelidad a esos principios debe ir unida a la capacidad de actualizar nuestras ideas cada día con nuevas aportaciones que las enriquecen.

Alfonso Aguiló, índice artículos “El carácter”

Alfonso Aguiló, “Responsabilidad de grupo”, Hacer Familia nº 297, 1.XI.2018

El gabinete de crisis que en 1961 ideó la invasión de Cuba mediante un desembarco en la playa de Bahía Cochinos ha sido motivo de estudio durante décadas. Aquella sucesión de reuniones que acabaron en tan desastrosa decisión se ha considerado una interesante muestra de cómo un equipo de personas inteligentes y capaces, sin especiales problemas de relación entre ellos, puede cometer colectivamente errores garrafales.

Continuar leyendo “Alfonso Aguiló, “Responsabilidad de grupo”, Hacer Familia nº 297, 1.XI.2018″

Alfonso Aguiló, “Narcisismo”, Hacer Familia nº 296, 1.X.2018

Narciso era un chico muy guapo, hijo del río Cefiso y de la ninfa Liríope, pero tenía un gran defecto: solo sabía quererse a sí mismo. Un día de mucho calor el joven se acercó a un arroyo. Al verse reflejado en las aguas cristalinas quedó fascinado por la visión de su propia figura. Pero cuando se acercaba y tocaba el agua, la imagen desaparecía. Por eso quedó quieto, absorto durante horas y días, perdidamente enamorado de sí mismo, en un castigo sin fin que le llevó a la muerte.  Continuar leyendo “Alfonso Aguiló, “Narcisismo”, Hacer Familia nº 296, 1.X.2018″

Alfonso Aguiló, “Leer en diagonal”, Hacer Familia nº 295, 1.IX.2018

Cerca de Naucratis, en Egipto –cuenta uno de los Diálogos de Platón–, hubo un Dios que se llamaba Teut. Se dice que inventó los números, el cálculo, la geometría, la astronomía, el ajedrez… y también la escritura. El rey Tamus habitaba en Tebas, la gran ciudad del alto Egipto. Teut se presentó al rey y le habló de lo que había inventado, y de lo conveniente que era extenderlo entre los egipcios. El rey le preguntaba por la utilidad de cada invención, y la aprobaba o desaprobaba, dando sus razones en cada caso.

Continuar leyendo “Alfonso Aguiló, “Leer en diagonal”, Hacer Familia nº 295, 1.IX.2018″

Alfonso Aguiló, “Ideas meridianas”, Hacer Familia nº 292-293, 1.VII.2018

Jeff Bezos se formó en computación y electrónica. Luego trabajó en Wall Street en desarrollo de negocios. En 1994 concibió la idea de Amazon. Eran los comienzos balbuceantes de internet y apenas había modelos de negocio que funcionaran en ese nuevo mundo. Él fue de los primeros en vislumbrar cómo iba a cambiar profundamente la relación del usuario con el consumo.

Bezos narró muchas veces cómo tomó la decisión de dejar un trabajo bien pagado en Wall Street y atravesar el país en su automóvil hasta Seattle para lanzarse a la aventura de construir Amazon. Fue una idea clara y meridiana tomada en un momento concreto de su vida.

Continuar leyendo “Alfonso Aguiló, “Ideas meridianas”, Hacer Familia nº 292-293, 1.VII.2018″

Alfonso Aguiló, “Acertar en las causas”, Hacer Familia nº 291, 1.VI.2018

En el año 1958 Mao Zedong lanzó su famoso gran proyecto que llamó “El Gran Salto Adelante”, una serie de medidas económicas, sociales y políticas que pretendían transformar la tradicional economía agraria de China a través de una rápida industrialización. Se crearon las famosas comunas populares, se prohibió la agricultura privada y se promovieron muchos proyectos intensivos en mano de obra dentro de la política que llamó “caminando con dos piernas”, que combinaba pequeñas y medianas colectivizaciones industriales con grandes emprendimientos, alejándose así del modelo soviético.

Continuar leyendo “Alfonso Aguiló, “Acertar en las causas”, Hacer Familia nº 291, 1.VI.2018″

Alfonso Aguiló, “Saber de quién son nuestras opiniones”, Hacer Familia nº 291, 1.V.2018

Muchas veces he pensado que realmente no sabemos bien cuál es nuestra opinión sobre multitud de cuestiones en las que quizá pensamos que sí tenemos opinión, pero en realidad lo que hacemos es repetir algo que hemos oído y que nos ha sonado bien, o que responde a una línea de pensamiento que consideramos merecedora de crédito. Pero lo cierto es que apenas hemos contrastado esa opinión con otras y, por tanto, quizá todavía no hemos llegado a saber realmente qué pensamos sobre eso… porque apenas lo hemos pensado.

Continuar leyendo “Alfonso Aguiló, “Saber de quién son nuestras opiniones”, Hacer Familia nº 291, 1.V.2018″

Alfonso Aguiló, “Transparencia y confianza”, Hacer Familia nº 290, 1.IV.2018

Toda gran empresa tiene su gran historia que contar. Y así es también en el caso de Netflix, cuya idea primigenia surgió por un problema que hoy resulta totalmente anacrónico: devolver una película en un videoclub.

Reed Hasting era un ingeniero informático de Stanford nacido en Boston en 1960. Un día del año 1997, Hasting alquiló la película “Apollo 13” en un local de Blockbuster de California, pero no pudo devolverla porque la había perdido. Hasting tuvo que pagar una multa de 40 dólares. Aquel asunto le generó cierta vergüenza, pero sobre todo le hizo pensar que aquel sistema de alquiler de cintas de vídeo se estaba quedando obsoleto y era manifiestamente mejorable.

Continuar leyendo “Alfonso Aguiló, “Transparencia y confianza”, Hacer Familia nº 290, 1.IV.2018″

Alfonso Aguiló, “Superar la adversidad”, Hacer Familia nº 289, 1.III.2018

Este cuento trata sobre un hombre común. Un hombre que tenía un trabajo que nadie quería. No había en aquel pueblo un oficio peor conceptuado y peor pagado que el de ser portero de un viejo prostíbulo… Pero ¿qué otra cosa podría hacer aquel hombre? Si no sabía ni leer ni escribir…

Un día, el viejo propietario del viejo tugurio murió y se hizo cargo del negocio otro más emprendedor, que decidió modernizar un poco el negocio. Fue haciendo cambios y un día dijo al portero que tenía que apuntar todas las quejas de los clientes y sus sugerencias para mejorar el servicio.

Continuar leyendo “Alfonso Aguiló, “Superar la adversidad”, Hacer Familia nº 289, 1.III.2018″

Alfonso Aguiló, “Forzar la realidad”, Hacer Familia nº 288, 1.II.2018

Brno, 1965. Arrojada en el rincón de un jardín, abandonada y olvidada, yace una estatua. Representa a un hombre maduro, vestido con el hábito agustino monacal. Ese hombre es Gregor Mendel. Hace años que las autoridades del mundo soviético lo consideran anticomunista y contrario a los intereses del proletariado.

La historia de ese hombre y esa estatua comienza un siglo antes, en 1865, en ese mismo lugar. Gregor Mendel pasea por el jardín del monasterio observando las plantas de Pisum sativum, unos guisantes que él cultiva y con los que lleva años experimentando. Ya ha presentado ante la Sociedad de Ciencias Naturales de Brno sus resultados. Ha empleado mucho tiempo en esa investigación, escogiendo cepas puras, haciendo cruzamientos y observando cómo funciona la herencia genética. De aquellos cálculos, Mendel ha deducido las famosas tres leyes que algún día llevarán su nombre y serán la primera piedra de la genética moderna.

Continuar leyendo “Alfonso Aguiló, “Forzar la realidad”, Hacer Familia nº 288, 1.II.2018″